• Desde el sur
  • Sur global
  • El sur posible
  • Archivo Revista Sur
  • Video
  • ESPECIAL SOBRE BOGOTÁ
  • SUR COOPERANDO

Corporación Latinoamericana Sur

  • INICIO
  • NOSOTROS
    • Quienes somos
    • Qué hacemos
    • Nuestro Equipo
  • TEMÁTICAS
    • Participación y cultura política
    • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
    • Jovenes
    • Victimas
    • Salud
    • Derechos humanos
    • Democracia y ciudadania
    • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones
  • Contáctenos

La estrategia ganadora de Irán

14 septiembre, 2026 By Carlos Jimenez Leave a Comment

PDF
Imprimir
Estoy plenamente de acuerdo con analistas militares estadounidenses tan calificados como Larry Johnson o Scott Ritter cuando afirman que la estrategia militar de Irán terminará siendo estudiada en todas las academias militares del mundo.  Porque es una estrategia que ha conseguido poner contra las cuerdas a la primera potencia militar del planeta de una manera en la que no lograron ni siquiera las guerras de Corea o Vietnam y mucho menos las de Iraq o Afganistán, por mucho que ambas hayan concluido en sonoras derrotas de Washington. Pero como sabemos desde Sun Tzu y Karl von Clausewitz ninguna guerra es igual a otra y que, por lo tanto, la primera obligación de quien comanda a uno de los bandos enfrentados es entender de qué clase de guerra se trata, para a continuación ceñirse a la máxima del legendario teórico de la guerra chino: “Conoce a tu enemigo, conócete a ti mismo y la victoria será tuya”.

El hecho que 8 meses después de que Estados Unidos e Israel desencadenaran la guerra Irán, la situación militar sea ampliamente favorable a los iranies, demuestra que ni en Washington ni en Tel Aviv aplicaron correctamente las enseñanzas de Sun Tzú y de Von Clausewitz. Quienes están al mando en ambas capitales definieron esta guerra como una Blitzkrieg, una guerra relámpago que, iniciada con la decapitación del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y de 52 altos mandos militares iraníes, seguida por un abrumador bombardeo aéreo de instalaciones militares e infraestructuras estratégicas, causaría el colapso inmediato de las fuerzas armadas iranies. Y un masivo levantamiento popular culminaría en los días siguientes la tarea de liquidar definitivamente a la odiada república islámica.   O en el peor de los casos en unas cuantas semanas.

Todos recordamos cómo los medios del Occidente colectivo, pusieron sus focos de atención informativa en Reza Pahlevi, hijo del último sha de Persia. Él era el llamado por Washington a encabezar el gobierno de transición que permitiría la liquidación de la república islámica y la eventual restauración de la monarquía. Hoy en día esos mismos medios de persuasión de masas (que diría Noan Chomsky), tienen tan olvidado Reza Pahlevi, como las esperanzas en una pronta victoria militar de Estados Unidos. Incluso para ellos, se está imponiendo la idea de que la guerra de Irán está a punto de transformarse en una de esas “guerras interminables en el extranjero”, que no han hecho más que empobrecer al pueblo estadounidense y cuya denuncia fue uno de los principales motivos por los que Trump ganó la extraordinaria popularidad que le permitió ganar por primera vez la presidencia.

Diversas fuentes afirman que fue el líder israelí Benjamín Netanyahu, quien convenció a Trump de la verosimilitud de esta versión de la guerra relámpago. Pero no debió costarle mucho trabajo hacerlo. Él propio Trump ya estaba muy envalentonado por el éxito de su fulminante operación de decapitación del régimen venezolano. El bombardeo de dos horas de Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, le permitió quedarse con el petróleo del país hermano, como no ha parado de vanagloriarse desde entonces.

El mando iraní, en cambio, pensó la guerra como una prolongada guerra de resistencia, que tendría que librar contra la primera potencia militar del planeta. Y no lo pensó a raíz del ataque el pasado 3 de febrero, ni siquiera desde el ataque de abril del año pasado. Lo pensó desde mucho tiempo atrás, prácticamente desde que Washington le impuso sanciones por primera vez a finales de los años 70 del siglo pasado. Las agresiones contra Afganistán e Irak, dos de sus países vecinos, no solo le reafirmaron que estaba en la misma lista negra, sino que le ofrecieron lecciones invaluables. La primera de todas, que no puedes ganar a Estados Unidos una guerra si la libras con sus reglas, sus métodos y sus armas. Si las fuerzas armadas iraquíes fueron derrotadas en tan poco tiempo fue porque libraron la guerra en los términos en los que para el Pentágono eran los más favorables.

Irán entonces comprendió que era estéril concentrar esfuerzos en construir una fuerza aérea considerable. Por muy potente que llegara a ser la suya, nunca podría vencer a la de Estados Unidos. Por lo que tomó oportunamente dos decisiones estratégicas: reemplazar la compra de cazas y los bombarderos extranjeros por la producción de drones y misiles hipersónicos y de precisión, de diseño y fabricación propias. Y construir auténticas ciudades subterráneas donde alojar y proteger tanto a sus misiles como a las fábricas que los producen. Ciudades invulnerables a los ataques aéreos, e inclusive, en los casos de mayor importancia estratégica, a los ataques con armas nucleares tácticas. Con lo que ha conseguido anular o neutralizar los efectos del dominio o el control del espacio aéreo, que desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una condición sine qua non de la victoria militar. Pero no solo la guerra de Irán ha liquidado este modelo. También lo ha hecho la guerra de Ucrania, donde la superioridad aérea alcanzada por Rusia desde el comienzo de la misma, ha sido eficazmente contrarrestada por el empleo masivo de drones por las fuerzas ucranianas. Cuando el mando ruso se percató de este hecho, compró masivamente drones iraníes antes de que sus propias fábricas pudieran producirlos.

En cuanto a la marina, la decisión estratégica de Irán fue semejante. En vez de grandes buques de guerra, multitud de lanchas rápidas dotadas de misiles antibuque y de drones submarinos, muy útiles en las aguas del Golfo Pérsico y del Estrecho de Ormuz.

El mando iraní también estudió con suficiente anticipación el grave problema que supone la táctica de matar a la dirigencia del enemigo, táctica en la que son verdaderos maestros los israelíes. Aunque, la verdad sea dicha, la CIA no se queda muy atrás. La solución iraní al problema fue la puesta en marcha de una estructura de mando militar en “mosaico”. Se dividió el país en distritos militares, cada uno con autonomía de mando, y se le asignaron previamente objetivos enemigos que debían ser atacados inmediatamente después de que se produjera el ataque de decapitación. A esta medida se sumó la de establecer el reemplazo automático de los mandos militares víctimas de un ataque de decapitación.

La suma de ambas medidas permitió a las fuerzas armadas iranies responder con fuerza y contundencia al ataque de Estados Unidos e Israel en las 6 horas siguientes. Los objetivos fueron elegidos siguiendo un plan estratégico muy bien pensado. Los ataques a Israel fueron limitados. Con ellos solo se trataba de demostrar que era altamente vulnerable la afamada Cúpula de Hierro, presentada por los israelíes como impenetrable. El grueso de los ataques se dirigió contra 19 de las bases militares de Estados Unidos situadas en los países del Golfo Pérsico y en Arabia Saudita. Quedaron destruidas o seriamente dañadas, tal y como finalmente ha sido reconocido por el propio Congreso de Estados Unidos esta misma semana, después de meses y meses de negación de los hechos por Trump y el Pentágono. Esta obra de demolición de la infraestructura militar en el todo el escenario del conflicto, fue completada por el devastador ataque a la gran base militar situada en Jordania y por un nuevo ataque a la base de la US Navy en Bahréin, ambas la semana pasada.

Como consecuencia, la capacidad de Washington de hacer la guerra a Irán tanto en el aire como en el mar se ha visto reducida drásticamente. Los aviones de combate ya no pueden despegar de dichas bases. Solo lo pueden hacer desde el propio Israel o desde Chipre e incluso desde Italia, con todos los riesgos políticas y los mayores costos y las dificultades logísticas que eso implica. También podrían hacerlo desde los portaviones. Pero estos se han alejado a más 500 kilómetros de las costas iranies, después que ataques con misiles antibuques iranies de largo alcance les obligaran a alejarse muchísimo de dichas costas. Lo cual ha reducido drásticamente la capacidad de la USAIF de bombardear territorio iraní. Y el control militar del Estrecho de Ormuz, anunciado por Trump no es más que eso: un anuncio, publicitario por más señas. Si hoy día hay barcos cruzando dicho estrecho es porque Irán lo permite.

Por lo demás el éxito de la estrategia militar de Irán está arrojando serias dudas sobre la capacidad de los portaaviones de desempeñar un papel decisivo en la proyección mundial de poder de Estados Unidos. Sin bases de apoyo terrestre cercanas, estos dinosaurios de los mares pierden gran parte de su eficacia. Sino es que la anulan del todo.

Ningún funcionario de Trump ha hecho un reconocimiento más elocuente de lo mal que está yendo la guerra contra Irán que Scott Bessent, su secretario del Tesoro. El pasado 24 de agosto anuncio la imposición de una nueva ronda de sanciones, de consecuencias tan devastadoras para la economía iraní hasta tal punto que el régimen de los ayatolas no tendría más remedio que capitular. Con esta declaración, Bessent dio por hecho que ahora Washington no dispone de medios militares para forzar dicha capitulación. También dio una muestra adicional del enorme desconocimiento de la realidad de Irán que sigue prevaleciendo en la dirigencia política de Washington. Que no conoce a su enemigo ni se conoce a sí misma. Ignora que, a lo largo de tres décadas de padecer sanciones, Irán ha forjado mecanismos para eludirlas o mitigar sus consecuencias. Por lo que pasa por alto la decisión de implantar una economía de guerra para hacer frente tanto a las nuevas sanciones, como a su cálculo de que la guerra que libra es una guerra popular y prolongada que durara por lo menos hasta el final del mandato de Donald Trump. Por ignorar ignoran, que Irán no está aislada. Es miembro de la Organización de Seguridad de Shanghai y de los BRICS, las organizaciones que reúnen la mitad de la población mundial, la cuarta parte de su economía y que están dando forma a un nuevo orden económico y político mundial. Y que cuenta además con el apoyo de Rusia y la solidaridad de China.

Tampoco Washington se conoce a sí mismo. El Bessent que anuncia sanciones económicas supuestamente demoledoras contra Irán, es el mismo Bessent que decide que el Tesoro recompre su propia deuda, ante el hecho de que nadie distinto parece dispuesto a prestar más al gobierno federal. El mismo Bessent que decidió comprar con euros deuda japonesa, para conjurar el peligro de que Japón vendiera bonos del Tesoro, para hacerse con los dólares necesarios para comprar petróleo cuyos precios en Asia llevan rato por encima de los 100 dólares el barril. El Bessent, en fin, que ha ofrecido a Arabia saudí y a los países del Golfo Pérsico la apertura de nuevas líneas de crédito, para evitar que igualmente vendan bonos del Tesoro, debido a la situación crítica de sus finanzas causada por el cierre del Estrecho de Ormuz.  Nada de esto hubiera pasado si Washington y Tel Aviv, en su inconsciencia, no hubieran iniciado la guerra totalmente injusta contra Irán.

Carlos Jiménez

Foto tomada de: Infobae

FacebookTweetLikeShareLinkedInEmail

Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sur Global

Los países árabes se abren a un pacto con Irán al margen de EEUU para evitar el colapso de la región

14 septiembre, 2026 By JUAN ANTONIO SANZ Leave a Comment

Jean-Luc Mélenchon cree tener un camino hacia la victoria

7 septiembre, 2026 By Olly Haynes Leave a Comment

Genocida y ¿traidor a su país? Netanyahu en el filo de la navaja tras saberse que fue alertado del 7-O

7 septiembre, 2026 By JUAN ANTONIO SANZ Leave a Comment

El Sur posible

Ideas verdes

3 abril, 2019 By Carolina Corcho 2 Comments

Suscribirse a la Revista Sur

VIDEO RECOMENDADO

Fue archivado el proyecto de Ley 010 de Reforma a la Salud

https://www.sur.org.co/wp-content/uploads/2021/05/VID-20210519-WA0024.mp4

Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

TEMÁTICAS

  • Participación y cultura política
  • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
  • Jovenes
  • Victimas
  • Salud
  • Derechos humanos
  • Democracia y ciudadania
  • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones

Ultimos articulos

  • Los proyectos autoritarios sueñan con controlar las estadísticas y la información
  • Las batallas judiciales por la tierra y la contrarreforma agraria en el actual gobierno de la Patria Milagro
  • La estrategia ganadora de Irán
  • Acciones y perspectivas de la reconstrucción en Manizales y Caldas
  • La Carta de Argel: el derecho también nace de los pueblos

Etiquetas

Acuerdo Agro Amnistia Brasil Cambio Climatico Campo Catalunya Ciencia y Tecnología Conflicto Colombia Corrupción crisis capitalismo Democracia Derechos Humanos Economía Ecuador Educación Elecciones Colombia ELN España Fast Track Iglesia Justicia Justicia de paz Medio ambiente Mineria Negociación Neoliberalismo Papa Participación Paz PND Pobreza Politica Politica EEUU protesta social reforma Reforma tributaria religión Renegociación revolucion salud Terrorismo Trump Venezuela Victimas

Apoyo SUR

Buscar

Director: Pedro Santana

 

 

 

Copyright © 2026 Todos los derechos reservados - Corporación Latinoamericana Sur ·