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La colectividad judía en la nueva Palestina

24 agosto, 2026 By Pepa Úbeda Leave a Comment

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La forma en que la colectividad judía de Israel se ve a sí misma es una de las principales dificultades para que se reconcilie con el pueblo palestino y conviva con todas las comunidades vecinas, ya que debe adaptarse a un Estado plural.

Solo habrá coexistencia si el judaísmo se redefine independientemente del sionismo fuera de Palestina y se desarrolla un debate interno entre palestinos para abordarlo dentro de una Palestina liberada.

Indudablemente, el sionismo actual —mesiánico y teocrático— aísla a Israel, acrecienta el abismo entre los judíos israelíes y los que viven en el resto del mundo y acelera su propia derrota.

La desionización del judaísmo

La generación judía joven de Estados Unidos (EEUU) y el resto del mundo está cada vez más alejada del sionismo de Israel y sectores judíos importantes se han incluido en un movimiento de solidaridad con el pueblo palestino. Es más, Estados tan prosionistas como Gran Bretaña y EEUU, tienen población judía que nunca ha tenido la más mínima intención de establecerse en Israel.

El creciente rechazo del sionismo por parte de la juventud judía no ortodoxa busca nuevos lenguajes y tradiciones para expresar su judaísmo como una identidad étnica o cultural independiente del sionismo. Cabe, pues, articularlo de forma clara y superar debates teóricos.

Hay dos argumentaciones recientes acerca del judaísmo. La primera, de Daniel Boyarin2, se opone a la afirmación sionista de que el nacionalismo necesita un Estado soberano construido en Palestina, ya que las personas judías son una nación que no requiere de un Estado soberano y, por tanto, puede compartirlo con otras comunidades como la palestina. La segunda, de Shaul Magid3, analiza la relación entre sionismo y exilio. Considera erróneo el rechazo sionista a la existencia del exilio judío, que se basa en el antisemitismo de los Estados nación en los que la comunidad judía existía como minoría. Valiéndose de ese antisemitismo, el sionismo potenció la instalación de la colectividad judía en Palestina utilizando un mandamiento del Antiguo Testamento. Sin embargo, no todos los judíos estaban de acuerdo con esa ideología y el sionismo decidió desarrollar una visión profundamente antisemita contra ellos. Cabe señalar que las comunidades judías establecidas en todo el mundo se consideraban ciudadanos y súbditos de sus respectivos Estados. En el caso de EEUU, por ejemplo, se veían, junto con otras comunidades de migrantes, creadores de un nuevo Estado.

Podemos dividir a los judíos asentados fuera de Palestina en dos sectores, sobre todo en EEUU. Uno se considera atacado por ser judío, no sionista. Es el sector sionista. El otro se ha unido a las protestas contra el genocidio sionista y considera necesario desionizar a la población judía israelí para terminar con él. La desionización ha aumentado entre los judíos de todo el mundo, que se han alejado de los sionistas de Israel. Si ese proceso se produjese también en Israel, se evitaría la caída o desintegración del Estado, que se convertiría en un Estado fallido y llegaría a un sionismo más radicalizado

Quién puede liderar un movimiento de coexistencia

Sobre todo, las organizaciones judías no sionistas establecidas en EEUU.

Organizaciones como Jewish Voice for Peace (JVP) pueden crear foros influyentes para debatir sobre un judaísmo que contribuya a una nueva Palestina, porque su judaísmo se opone al sionismo, ya que considera que ha perjudicado al propio pueblo judío y que es un obstáculo para la consolidación de un Estado palestino nuevo, lo cual no implica que acepten el antisemitismo.

La JVP denuncia el antisemitismo del primer sionismo, que despreciaba a la población judía que seguía viviendo en el exilio y no se establecía en Palestina, menospreciaba una rica historia espiritual y cultural judía multisecular y potenciaba un imaginario antisemita que definía a la población judía de la diáspora como «gitanos, perros sarnosos e inhumanos» o un «pueblo parasitario». Esa definición racista también se aplicaba a los habitantes judíos de Israel negros o árabes.

Uno de los argumentos más convincentes de la JVP es la demostración del fracaso del sionismo al presionar a la población judía estadounidense a trasladarse a Israel.

La JVP proporciona un judaísmo no identificado con el sionismo, porque aporta ideas peligrosas y amenazadoras.

¿Quién podría decidir sobre la colectividad judía dentro de una Palestina nueva? No hay todavía una oferta clara que cree una identidad colectiva alternativa. Una opción positiva sería aplicar en la Palestina posterior a Israel la visión que las comunidades judías de otras regiones del mundo tienen sobre sí mismas como parte de sus respectivos países. Implicaría que la población judía de Israel sería otra comunidad nativa de Palestina, como lo son la cristiana, la drusa o la musulmana, en igualdad de condiciones.

La colectividad judía dentro de la nueva Palestina

La definición sionista de la identidad judía debe ser descartada en un Estado palestino equitativo, justo y democrático, porque impone que el judaísmo es la única nación legítima, lo cual implica un perpetuo régimen de apartheid.

Por tanto, es fundamental escuchar las aspiraciones palestinas y sus planes para el futuro porque, si las aceptasen todas las comunidades, un número importante de judíos querría seguir viviendo en la Palestina liberada.

La premisa necesaria es que, en la Palestina posterior a Israel, sigan viviendo millones de judíos, si bien los sionistas esparcen el miedo ante un único Estado al estilo de la República de Sudáfrica, porque quieren mantener el control. Por el contrario, hay una población palestina que cree en un pasado anterior al sionismo y a la colonización de Gran Bretaña, cuando las comunidades cristiana, musulmana y judía convivían pacíficamente.

El colectivo judío de la Palestina histórica, definido por la lengua hebrea y unos valores compartidos durante más de 75 años, tiene muchas posibilidades de ser aceptado, siempre en el sentido de abajo hacia arriba, pero solo tiene dos opciones: reconciliarse con sus comunidades vecinas y ocupar un puesto análogo al resto de grupos etnoculturales —alauíes, drusos, maronitas y otros— o emigrar y comenzar una nueva vida en otro lugar y con una cultura completamente distinta.

Si decide quedarse, la mayoría judía de Israel se convertiría en una minoría judía dentro del Máshrek y tendría un estatus igual al resto de grupos de la región. Supondría un drástico cambio para una comunidad que se considera a sí misma la dueña del país y que disfruta de derechos y privilegios exclusivos a costa de la población indígena.

Los árabes judíos

Cuando el sionismo antisemita europeo intentó alienar a la población judía de los países árabes, la mayoría de las comunidades musulmanas se opusieron por su alejamiento de la realidad.

En efecto: la población judía de Bagdad era una parte orgánica de la ciudad y constituía una de las comunidades judías más antiguas del mundo. Suponía un tercio de la población de la ciudad y ostentaba puestos importantes en la judicatura, la política y la cultura. Asimismo, formaba parte de la independencia de Irak. Para el rey Faisal I de Irak, lo importante de su país era una población iraquí formada por judíos, musulmanes y cristianos. En el norte de África, la población judía se definía como argelina, tunecina o marroquí. Eran comunidades instaladas en dichos territorios muchísimo antes que la mayoría de naciones europeas. El mismo Mohamed V de Marruecos decía que, en Marruecos, no había judíos, sino marroquíes. Con todo, fue en Marruecos donde el intento de sionizar a la población judía acabaría por tener éxito después de la Segunda Guerra Mundial y, tanto allí como en otros lugares del norte de África y Yemen, comunidades enteras fueron convencidas para desembarazarse de su identidad original y reemplazarla por una nueva a desarrollar en Palestina a expensas de los palestinos.

No obstante, la comunidad judía que vivía en Palestina desde hacía siglos padeció por la catastrófica redefinición de la identidad judía implantada por los sionistas, cuyo objetivo en Palestina no era ser una secta más en convivencia con otras, sino convertirse en un Estado nación de estilo westfaliano basado en el expolio de la población palestina.

En cuanto a la negación de la herencia e identidad árabe de los judíos se consiguió inculcándoles que no serían discriminados si renunciaban a la institucionalidad, culturalidad y economía de su propia comunidad desarrollando una potente actitud antiárabe.

Un modelo esperanzador

Resucitar el marco ecuménico —convivencia de distintas comunidades en plano de igualdad—supone reconstruir la relación entre árabes y judíos en Palestina, el Máshrek y el resto del mundo árabe, y el norte de África.

Sin embargo, no podemos obviar que las condiciones socioeconómicas de la gente condicionan mucho más que sus identidades religiosas 0 culturales.

Cabe esperar que la población árabe judía adopte un papel positivo en la transición hacia un Estado democrático, descolonizado y desionizado.

Los objetivos para facilitar la coexistencia en igualdad de todos los habitantes post-Israel son: potenciar un judaísmo acorde con el desarrollado por la mayor comunidad judía en tamaño del mundo, la de EEUU; establecer una clara percepción palestina del colectivo judío dentro de una Palestina descolonizada; y rearabizar a la población árabe judía desarabizada por el sionismo.

________________

1 El presente artículo ha tomado el material de los escritos de Ilan Pappé.

2 A No-State Solution. A Jewish Manifesto.

3 The Necessity of Exile. Essays from a Distance.

Pepa Úbeda

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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