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Una educación que forme ciudadanos competentes responsables de la emergencia planetaria

16 marzo, 2026 By José Rafael Arrieta V Leave a Comment

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Torres (2013) afirma, que el ser humano siendo consciente de todo el daño que ha hecho matando a sus semejantes y destruyendo la naturaleza con su irracionalidad, está acercándose a su autodestrucción, y lo evidencia cuando indica que así como ayer fue eliminado el sábalo y el manatí, hoy borran el coroncoro y mañana, como funesta proyección del barbarismo de los humanos,  suprimirán el bocachico, el bagre, el resto de fauna del Río Magdalena y toda la flora que oxigena, reverdece y refresca la naturaleza y reproduce la vida de todas las especies.

Está allí planteado un estado de alerta relacionado con la explotación acelerada de los recursos naturales y la íntima relación que hay entre el deterioro ambiental y la pobreza. Con la  supervivencia de todas  las especies, incluida la humana, que en palabras de (Bybee, 1991), es una situación de auténtica emergencia planetaria, definida por Duarte (2006) y Wilches y Gil (2007) como un conjunto de problemas estrechamente vinculados que se potencian mutuamente y  son ocasionados por el acelerado y descomunal crecimiento económico y demográfico, por el agotamiento de muchos recursos fundamentales, por la pérdida de la autonomía alimentaria y el aumento del hambre y la pobreza, y por la desaparición de la conciencia colectiva y la equidad.

Esta emergencia es caracterizada por una contaminación ambiental sin fronteras con secuelas “glocales” (a la vez globales y locales), por el agotamiento y destrucción de los recursos naturales, una urbanización creciente, desordenada y especulativa; un crecimiento económico acelerado, un hiperconsumo de las sociedades llamadas desarrolladas y de los grupos poderosos, la explosión demográfica, los desequilibrios existentes entre grupos humanos que aumentan el despilfarro y el hambre y que conducen aumentar los conflictos y la violencias cuyas consecuencias empiezan a ser visibles, puede conducir al colapso de nuestras civilizaciones (Diamond, 2005).

Tal mirada apocalíptica, pero real, conduce a preguntar ¿qué hacer? y ¿cuál debe ser el papel de la educación formal y no formal en la construcción de su respuesta?

Responderlas, conlleva a pensar en un conglomerado de medidas que aborden los problemas en su totalidad y no pensar en soluciones aisladas a problemas aislados y concretos.

¿Que hacer frente a la situación de emergencia planetaria, comprendida por un conjunto de problemas potenciados mutuamente con tendencia a su agravamiento muy a pesar de la propuesta del desarrollo sostenible asediada por las guerras y la destrucción de la ONU?

Cuando existe indiferencia, despreocupación y pasividad plena y total de la mayor parte de la ciudadanía y de sus políticos, es allí donde la educación es de vital importancia, para romper esa pasividad e inercia y posibilitar que la ciudadanía tome conciencia y se involucre en la resolución de sus problemas. Allí es muy importante, porque contribuiría a la adquisición de una visión holística de los problemas y desafíos a los que nos enfrentamos, haciendo comprender que estamos viviendo una situación de auténtica emergencia planetaria, frente a la que es necesario y posible reaccionar, modificando actitudes y comportamientos de los seres humanos (Vilches y Gil, 2007).

La educación de todo tipo y característica, debe contribuir a formar ciudadanas y ciudadanos conscientes de la gravedad de los problemas que afectan al planeta y lograr una mejor calidad de vida y esta debe partir del análisis y la reflexión acerca de las relaciones existentes entre las formas de organización social y el medio físico-biótico, con el propósito de transformar aquellas prácticas y comportamientos culturales que han contribuido a la destrucción ambiental, lo mismo que con la finalidad de proporcionar una nueva actitud frente al manejo y uso de los recursos.

Pero es claro que con el modelo de educación actual no va a ser posible, porque con su sello anglosajón-eurocentrista, solo le da sentido al crecimiento económico, como lo verdadero y esencial en la sociedad, y desvanece el verdadero sentido de la formación para la vida armónica con la naturaleza. Pero en el modelo anacrónico de reproducción de la codicia no es posible, porque éste le da más significado a las formas, las estructuras, las eficiencias, los logros, los estándares y las competencias laborales, que, a la formación de personas dignas, autónomas, éticas, solidarias, sensibles, críticas y constructora de un mundo mejor y más feliz.

Con la educación actual, no es posible, porque no está en correspondencia con el mundo actual, que es complejo, diverso, flexible y cambiante y la formación sigue siendo rutinaria, inflexible, descontextualizada y estática. Se está formando jóvenes del siglo XXl, por maestros del siglo XX y con estrategias y currículos del siglo XlX. (Zubiría, 2013)

Por lo tanto, debe mirarse una educación alternativa, que rompa con el carácter utilitario, inmediatista y pragmático de la educación, y le dé sentido humano que propicie el mejoramiento de la calidad de vida de las personas y de la vida social de las comunidades, la construcción y el respeto por un ambiente y naturaleza saludable. Esto es, formar ciudadanos competentes para romper con los factores que están generando la emergencia planetaria.

Esta propuesta vigente, pero descontextualizada, debe sufrir un proceso de redimensionamiento, y pasar de ser una educación con fines netamente utilitaristas plegada a los intereses de la gran empresa, a los de las multinacionales y al poder económico, a los de una concepción más edificadora, donde se privilegie al sujeto y donde lo social, lo estético, lo ético, moral y lo espiritual, empiece a ser principal y no de carácter formal y protocolario (Arboleda, 2011).

Esa educación alternativa, debe promover la formación de un ciudadano competente, con pensamiento crítico, humanizado, que vaya en la búsqueda incesante del desarrollo humano integral, desde el respeto de la dignidad del ser humano, al cual se debe desarrollar como ser pluridimensional o como integrante de un sistema de unidades complejas (Morin, 1988); o una formación fundada para las personas, que como dice (Maturana, 1988), son los que construyen el espacio educativo. La educación es un proceso de transformación de vida, del crecimiento de un ser humano responsable social y ecológicamente, consciente del respeto que se debe tener a sí mismo y a los demás.

La educación debe cambiar su sentido y cumplir una función decisiva en la sociedad, cuando ella misma es una necesidad social que debe ser resuelta por todos; debe ser, como la ciencia, un proceso de construcción social que forme ciudadanos competentes para resolver los problemas de la sociedad, circunscritos en lo que llamamos emergencia planetaria. Y allí en ese proceso de construcción social, es muy importante la epistemología, entendida como un proceso de reflexión sobre la ciencia, sobre sus fundamentos, sus métodos y su modo de crecimiento que influye tanto en la enseñanza como en el aprendizaje.

Esta nueva educación alternativa debe ser coherente con la realidad, con el mundo que vivimos que es de alta complejidad, por lo que debe ser multi, inter y transdisciplinaria y a su vez razonable y racional. Debe ser un modelo que rompa con esa misión que se le ha dado de dominación existente, de exclusión y domesticación social con imposiciones mundiales, y debe ser uno que se construya desde sus propias necesidades y por sus propias comunidades.

Y ese proceso de construcción no es referido solo al acto de enseñar, debe contemplar al contexto y la estructura del sujeto (allí es muy importante la Psicología) y debe superar ese modelo de enseñanza de disciplinas separadas y sin ninguna comunicación que produce fragmentaciones y miradas aisladas del mundo, por uno que aborde las situaciones de emergencia planetaria desde su complejidad, donde se enseñe la diversidad, al tiempo que la unidad y las interrelaciones entre sistemas. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ARBOLEDA, Julio (2012), Hacia un currículo dignificante para la educación colombiana en Colección de la pedagogía colombiana, Educación, pedagogía y currículo, tomo l, Red colombiana de pedagogía, ed. Redipe. Colombia. ISBN:978-958-4483-91-1.

BYBEE, r. (1991): “planet earth in crisis: how should science educators respond?”, the american biology teacher, 53 (3), pp. 146-153.

DE ZUBIRIA S. Julián (2013). El maestro y los desafíos a la educación en el siglo XXl; REDIPE VIRTUAL 825, Colombia, ISSN: 2256-1536, 15 p.

DIAMOND, j. (2005): colapso, Barcelona, debate.

DUARTE, c. (2006): cambio global. impacto de la actividad humana sobre el sistema tierra, Madrid, Csic.

LUBCHENCO, j. (1998): “entering the century of the environment: a new social contract for science”, science, 279, pp. 491-497.

MATURANA, Humberto (1990). Emociones y lenguaje en educación y política. Santiago: Colección HACHETTE/COMUNICACIÓN – CED.

MORIN Edgar (1998). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona, Gedisa Editorial.

TORRES D. Alfonso. (2013), Réquiem por el coroncoro, articulo mimeografiado, 2 p.

VILCHES, Amparo y GIL, Daniel (2007). Emergencia planetaria: necesidad de un planteamiento global. Educación Siglo XXI, 25, paginas 19-49

José Rafael Arrieta Vergara, I.A, Esp. MsC, Docente UNIPAZ

Foto tomada de: Zona Cero

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