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Riqueza de las naciones: simbiosis y confianza entre la riqueza privada y la riqueza pública e institucional

16 marzo, 2026 By Carlos Fonseca Zarate Leave a Comment

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En dos anteriores artículos sobre el tema de la riqueza de las naciones planteamos una mirada diferente a la de la simple riqueza monetaria o económica y nos referimos a la riqueza territorial sustentable como la suma sinérgica de cinco riquezas: la riqueza humana; la riqueza intelectual; la riqueza privada; la riqueza pública e institucional; y la riqueza natural/ambiental; en este artículo pretendemos resaltar la importancia de las riquezas privada y pública e institucional tanto porque cada una genera valor (contrario a la creencia establecida que el único que genera valor es el sector privado) y que la mejor apuesta de una sociedad es la del trabajo conjunto, transparente y bien intencionado, de estas dos riquezas, por que se producen sinergias positivas mayores que la simple suma de sus esfuerzos. Presentamos brevemente los resultados de estas dos riquezas en la construcción del IDTS para Colombia y discutimos la Confianza, como factor fundamental y estratégico, que ha disminuido en los últimos años y es necesario abordarla como reto fundamental para enfrentar el siglo 21 con empleos e ingreso productivo, producto de la transformación real y no de la especulación financiera y sobre todo para consolidar una nación en paz consigo misma y digna y aportante al mundo complejo que se nos presenta en este siglo.

También planteamos como hipótesis central, que si las cinco riquezas se encuentran balanceadas entre ellas y sus valores son cercanos entre sí, se producirá un “ciclo virtuoso” de progreso en el cual cada una ayuda a la otra; en cambio si la distancia de sus valores es muy alta, se producirá un “círculo vicioso”, pues la carencia o limitación de uno, afecta los demás; es tan sencillo, como cuando un niño o niña llegan con hambre en la escuela, no pueden asimilar y aprovechar el conocimiento que les brinden aún los mejores profesores y se frustran esos grandes esfuerzos; de ahí la importancia de la alimentación escolar, de los PAE como parte sustantiva del esfuerzo del sector educativo. Lo mismo si esa niña o niño son maltratados en sus hogares o en la misma escuela. Nuevamente la construcción de confianza entre los actores públicos y privados y entre las mismas comunidades es fundamental, especialmente en una sociedad como la colombiana, con una tradición de violencia macabra por parte de muchos actores, se torna como fundamental en una apuesta de cambio social y cultural en la cual el buen trato y el reconocimiento del otro y de la naturaleza como actor fundamental de la sociedad y de la cultura jueguen un papel preponderante.

Si bien la propuesta de Adam Smith nos dice que el valor de una mercancía o bien es el trabajo contenido en ella, con lo cual coincidimos en principio, esta definición se queda cada vez más corta en el presente y en el futuro de la tierra, del planeta, pues el “trabajo contenido en ella” requiere de una revisión en su alcance; cada vez más un o una trabajadora deben y pueden tener un nivel de conocimiento más sofisticado y usar herramientas y máquinas cada vez más complejas, especialmente ahora que está llegando la Inteligencia Artificial y permeará toda la sociedad. Un ejemplo del poder de transformar es el del kilo de acero que cuesta alrededor de 100 dólares[1]; ese mismo kilo convertido en herraduras significa alrededor de 250 dólares; si lo convertimos en agujas de coser significaría 70 mil dólares, en resortes y piezas de relojería precisa podría estar en el orden de 6,0 millones y si llega a formar parte de componentes laser de precisión como los usados en litografía sofisticada podría llegar a los 15 millones de dólares. Esto demuestra la agregación de valor en la medida de la sofisticación de su transformación; el trabajo puede ser cada vez más especializado, así como las máquinas, instrumentos y herramientas necesarias. La inversión tanto en equipos como en conocimiento es la que garantiza esta escala de creación de valor.  Schumpeter reaparece con fuerza con su “destrucción creativa” en el sentido que nuevos bienes y servicios, nuevos productos con más percepción de valor agregado para el consumidor y cliente reemplazan a los que no incorporaron innovación suficiente para mantenerse atractivos en el mercado; existe el riesgo de la desinformación o información incompleta o sesgada por la propaganda escondiendo efectos y riesgos, lo cual también es factible como ha sido demostrado en muchas ocasiones.

De manera muy importante, el Estado también crea valor en la medida en la cual provee las condiciones para producir de manera estable y segura y servicios como la educación, la salud, la seguridad, la ciencia, tecnología e innovación básicas para que el sector privado se atreva a continuar[2] ,invirtiendo en innovación y más conocimiento y  más allá, en la medida en la cual direcciona la sociedad hacia rumbos más asertivos y confiables, es decir, en los que la sociedad pueda sentir más confianza; El caso más patente es el que narra Mariane Mazzucato sobre el desarrollo del I Phone, que no hubiera existido sin la contribución del Estado con la financiación y desarrollo de por lo menos el 80% de sus componentes; la inteligencia de Steve Jobs y su equipo de diseño, fue la de congregar y sumar por lo menos 12 adelantos científicos financiados por diferentes entidades públicas de los Estados Unidos y lograr el teléfono en mención; adicionalmente, el Estado en la China , -y en menor grado en los Estados Unidos-,  lideró el impulso a las energías renovables como respuesta a los hallazgos científicos sobre el cambio climático, hasta muy recientemente, puesto que las directrices de la administración Trump son las de ignorar la ciencia y propiciar el uso de energías fósiles por todos los medios posibles, negando la evidencia climática; si bien la China es una sociedad autocrática, ha logrado elevar el nivel de vida y la dignidad de la gran mayoría de su población, generando confianza en la dirección en que van orientados.  En cambio en el caso de los Estados Unidos, actores privados muy poderosos como la multinacional Exxon han asignado recursos muy importantes para desviar la atención y mentir sobre las consecuencias del cambio climático, aunque contaron con los mejores laboratorios sobre el tema hasta hace algunos años y los desmantelaron para proteger sus intereses egoístas y mezquinos y , ahora, están respaldados por el negacionismo estatal de la administración Trump 2; eso genera desconfianza y tensión y prevención entre los actores sociales, especialmente si esas conductas son avaladas y soportadas por el Estado o gobierno de turno y la gente está sintiendo los efectos.

En este artículo enfatizamos en las relaciones entre la riqueza privada, construida por  muchas empresas y ciudadanos, y la riqueza pública e institucional, expresada tanto en la organización del Estado como en las reglas de juego, que son la Constitución, las leyes, normas, decretos, que establecen y posibilitan la convivencia constructiva y empática entre los diferentes actores de la sociedad; la relación entre el sector privado y el sector público es fundamental para el progreso, para la riqueza territorial sustentable por lo cual la confianza mutua es clave para disminuir los “costos de transacción” y por ello dedicamos un espacio a la discusión de la confianza; pero la confianza no se manifiesta sólo en menores costos y más productividad. Algunos piensan que el Estado y el sector privado deben estar en constante tensión o disputa y otros pensamos que, en la medida en la cual el balance o correlación de fuerzas sea el adecuado, pueden explorarse muchas formas constructivas y positivas de su interacción, en la medida en la cual haya transparencia sin captura alguna del Estado y todos los actores estén dispuestos a conseguir metas superiores como la justicia, la equidad y la prosperidad compartida por todos; la confianza es el “lubricante” necesario de la sociedad en el siglo 21 y debemos explorar su construcción y consolidación si queremos un país mejor que pueda sortear la complejidad internacional actual y la que se prevé.

Hay muchas formas de relación Estado o Riqueza Pública e Institucional y Riqueza Privada y entre la sociedad misma. Así por ejemplo, las concesiones viales, en las cuales la recuperación convencional de la inversión toma muchos años, el Estado puede aportar una parte de la inversión para hacer  “rentable” y atractivo el negocio, como en el caso de muchas de las carreteras principales;  tal es el caso de varias concesiones en Colombia, con resultados agridulces, pues en algunas es obvio que los costos recayeron más en el Estado y las ganancias del sector privado resultaron significativamente mayores a las presupuestadas, como también hay casos en los cuales no se cumplieron las expectativas de movilidad y tránsito de vehículos como por ejemplo en el periodo del COVID y posterior; cada caso requiere del análisis propio y adecuado. Otra alternativa es la constitución de empresas mixtas, en las cuales el Estado participa con capital accionario, en las decisiones de las juntas directivas, pero el socio privado conduce la gestión empresarial en el universo del mercado, como sucede actualmente en muchas empresas en la China. Otra más es la propiedad compartida con los trabajadores, en distintas proporciones o totalmente de los trabajadores como en el grupo Mondragón en España, en el cual prácticamente todos los empleados son socios. En Colombia este tema es “vedado”, por el nivel de desconfianza existente entre trabajadores y propietarios y entre el Estado y los privados, a menos que estén cooptados tanto los legisladores como el poder ejecutivo e incluso el judicial, pero el tema debe refrescarse a la luz de la experiencia internacional en el siglo 21, que es paradójico: Mientras que en los Estados Unidos se encuentra una enorme concentración de la riqueza económica a manos de los megáricos, como es el caso de las empresas tecnológicas de TICS, de vehículos, satélites y ventas por correo, en una combinación indudable de gran innovación tecnológica como de audacia y eficacia comercial y empresarial, lo cual resulta en  una proporción creciente de la población con menor capacidad adquisitiva y por consiguiente menor calidad y dignidad de la vida, por otro lado el 70% de la población mundial ha experimentado un aumento de sus ingresos como lo demuestra Milanovic en la “curva del elefante”.

La confianza es el “lubricante” entre la sociedad civil, la riqueza privada y la riqueza pública e institucional. El BID presentó en 2022, el informe “Confianza: la clave de la Cohesión Social y el Crecimiento en América Latina y el Caribe”, un informe sobre la confianza en America Latina[3], en el que concluyen que 9 de 10 personas desconfían del otro en nuestro subcontinente. “Ya se trate de los demás, del gobierno o de las empresas, la confianza en la región es menor que en cualquier otra parte del mundo”. La desconfianza, de acuerdo al BID y numerosos autores anteriores, “reduce el crecimiento y la innovación: la inversión, la iniciativa empresarial y el empleo florecen cuando las empresas y el gobierno, los trabajadores y los empleadores, los bancos y prestatarios, así como los consumidores y productores confían unos en otros”.  Para los autores del informe, “confianza es la creencia de que otros no actuarán de manera oportunista. No harán promesas que no pueden cumplir, no renegarán de las promesas que sí pueden cumplir ni transgredirán las normas para aprovecharse de otras personas que las respetan”.

La Confianza, y la desconfianza, resultan entonces en un factor fundamental para el desarrollo y el buen vivir de los países, de las regiones, de los municipios, de los vecindarios, de las familias. Mientras no haya confianza es muy difícil avanzar por que no se logra la mínima cohesión social, el civismo indispensable para que la sociedad avance de manera más fácil, más eficiente, a menores costos. Como ya mencionamos, Douglas North, premio nobel de economía por sus aportes a la economía institucional, contribuyó enormemente a entender los “costos de transacción” de una sociedad y demostrar que es imposible ser competitivos si no existe una mínima confianza porque todo cuesta más en la medida en que cada uno se quiera blindar frente al otro; así, por ejemplo, alquilar un apartamento significa aportar dos cofiadores con finca raíz más todos los documentos demostrando que se tiene la capacidad de pago. Todo negocio debe autenticarse, llevarse a notaría, blindarse contra el otro. Eso en lo referente al ámbito económico, que incide en la posibilidad de generar más empleo e ingreso productivo, no especulativo.

El gráfico 1 del informe citado, demuestra que América Latina y el Caribe siguen descendiendo en la confianza desde 1990, mientras que la OCDE aumenta sus niveles de confianza y el mundo en general los mantiene aunque con un leve descenso; es posible que los últimos acontecimientos geopolíticos relacionados con la administración Trump especialmente y con los conflictos en Ucrania y en Gaza y ahora con Irán, resulten sin duda en que  los índices de confianza se resientan severamente a nivel internacional. El contrario de la confianza, la desconfianza, además de disminuir la competitividad económica, va abriendo paso a soluciones antidemocráticas; la pérdida de la confianza es el camino a soluciones autocráticas. La sociedad norteamericana hoy vive su peor hora de desconfianza entre los ciudadanos, con manifestaciones violentas como las del 6 de enero de 2021, la brutalidad de ICE y más recientemente los escándalos relacionados con el caso Epstein, que están vigentes y siguen sin resolverse completamente.

En el caso de América Latina y el Caribe el aumento de confianza le conviene a quienes más poder tienen porque les simplifica la forma de mandar, de gobernar, pero nuevamente, en los últimos años, por ejemplo, en Colombia, la confianza ha migrado de las élites hacia otros sectores, como pueden ser “los nadies” que menciona Hernando Gómez Buendía en su libro “Colombia después de Petro”, de reciente aparición.[4]

El BID retoma el tema del capital social que plantearon inicialmente investigadores como James Coleman (teoría de la elección racional), Robert Putnam (“Bowling alone”) y Francis Fukuyama (la comparación de la confianza en tres regiones de Italia) para expresar la enorme preocupación sobre la pérdida de confianza en América Latina y el Caribe en los últimos años. Putnam se extrañaba que las familias norteamericanas estaban perdiendo la costumbre de invitarse mutuamente a jugar bolos con sus vecinos después de la segunda guerra mundial como un signo de amistad y confianza en su barrio, en su entorno de “buen vivir”; Fukuyama señala en su libro “Trust” las grandes diferencias entre el sur, centro y norte de Italia, en rentabilidad de las inversiones privadas por la corrupción, la informalidad y la desorganización social; mientras que el norte de Italia, cercano a Alemania y Francia ofrece más seguridad y confiabilidad al capital privado, el sur, caracterizado por la mafia italiana, que subvierte la ley, es de menor productividad y rentabilidad del capital. El centro de Italia es “sui generis” pues cuenta con formas productivas de pequeñas compañías altamente sofisticadas, por voluntad de sus dueños, que producen por ejemplo máquinas robot.

Otro autor, Richard Florida, expresa que las ciudades o regiones exitosas en la época de la globalización tienen las tres “t”: Tecnología, Tolerancia y Talento; el acceso masivo a internet y WIFI, la aceptación amable de la población LBGTI y las expresiones artísticas, son señales de avance social y cultural que demuestran que las regiones tienen la capacidad de enfrentar los mercados y cultura mundiales. Sin embargo, en nuestra opinión, Florida olvida una cuarta T que es “Trust” de confianza. Mientras que en la sociedad no exista suficiente confianza todos los costos de transacción serán mucho más altos como lo plantea Douglas North también dentro de la escuela de economía institucional.

Sin embargo, la visión de todos los anteriores autores está muy ligada al desempeño económico y necesitamos entender que la confianza es mucho más amplia en su significación social y cultural. Es posible que Putnam sea el que más abarca esas dimensiones, que se relacionan mucho al “buen vivir” que propusieron Bolivia y Ecuador en sus constituciones, pero es necesario considerar el término en una dimensión mucho más inclusiva y concreta temáticamente. En la Encuesta Mundial de Valores que inventó y puso en marcha Ronald Inglehart de la Universidad de Michigan hace ya más de 20 años, unas de las preguntas más significativas es la de ¿“usted confía en el otro?”, ¿“confía en las instituciones?”, confía en la iglesia, las organizaciones sin ánimo de lucro”? etc.

La interpretación de la ilustración 3 del informe del BID permite tres grandes conclusiones: la confianza se centra en la familia y en el vecindario aunque de menor dimensión; La iglesia ocupa un segundo lugar en razón a las creencias religiosas arraigadas en esta parte del mundo, que se han diversificado de la iglesia  católica hacia numerosas comunidades protestantes y cristianas en general: un tercer lugar es compartido por las fuerzas armadas y la policía, al igual que los bancos y empresas privadas. Ya hacia los últimos lugares, se aprecian instituciones como el poder legislativo y el sistema judicial, aunque el gobierno local aparece más alto. Los partidos políticos ocupan el último lugar; necesitamos reflexionar profundamente sobre estos resultados y cambiar esas percepciones.

En Colombia, John Sudarsky y su equipo de investigación han elaborado sistemáticamente una interpretación nacional y regional de la confianza[5], concluyendo que no se puede clasificar estrictamente la confianza en la familia como capital social, puesto que su aproximación no es para el bien colectivo. Es que lo cívico es para el bien general; lo demás puede desviarse en nepotismos y clanes de dominio territorial que fácilmente traspasan la ley y la ética. En Colombia la palabra se manipula de mala manera. “le cogió confiancita” es la manera de expresar que ciertas mínimas normas de las relaciones personales, grupales y sociales se han perdido o traspasado. En Colombia, impera una cultura mafiosa que acepta desde que “roben, pero hagan obras” hasta hampones con disfraz de contratistas privados y en gran complicidad con funcionarios públicos que se llevan todos los recursos. En Colombia se admira al “camaján”, al violento que ejerce dominio sobre los demás con el terror, con la violencia. En la Sierra Nevada de Santa Marta, en las zonas rurales se habla con respeto, temor y cierto grado de aceptación-validación de exjefes paramilitares que ejercieron los más terribles dominios del territorio. La gente recuerda todos los hechos, pero no los cuenta ni dice públicamente. Hemos traspasado todos los umbrales legales y éticos y desafortunadamente no se encuentran soluciones radicales a ello. Es cierto que los filtros y las condiciones de prueba de transparencia han aumentado, pero aún suceden descalabros inmensos con el reciente de los 70 mil millones para la conexión digital de los niños estudiantes rurales del país u otros como el de la compra de camiones repartidores de agua para la Guajira por unos funcionarios corruptos de la UNGRD que enlodaron los esfuerzos verdaderos de la administración Petro de llevar oportunidades a las comunidades más vulneradas y vulnerables. Cuando hay poca o nula confianza, la capacidad de denunciar, de reclamar, de protestar es mínima; necesitamos crecer en la denuncia y la resolución justa de las irregularidades, para que la población regane confianza en el Estado y en la misma sociedad.

Nuestra cultura mafiosa no es nueva. Para que el narcotráfico, y ahora el oro ilegal, se estableciera y reinara en nuestro país, debían existir condiciones culturales e institucionales que permitieron que, con mayor facilidad entrara en todo el aparato productivo, de logística y de penetración necesaria de las entidades y de la misma cultura. Es evidente que la porción de ese negocio de la muerte que obtienen las mafias colombianas es muy pequeño en comparación con el porcentaje que obtienen las mafias de los Estados Unidos, pero en cambio, el precio que hemos pagado los colombianos es brutalmente alto tanto en muertes, violencia física como en desmoronamiento institucional.  Entre ellos, la pérdida de confianza en una magnitud gigantesca. No confiamos en los legisladores hasta el punto que consideramos que todos son iguales y no es así. Mockus, nos demostró que un funcionario público puede ser totalmente honrado; en su primera administración les propuso a los bogotanos que, si consideraban que la administración estaba actuando bien, lo manifestaran aportando un porcentaje adicional a sus impuestos; 46 mil aportantes adicionaron alrededor del 10% a lo que debían pagar en sus obligaciones anuales. Esa fue una lección de confianza en su expresión más clara hacia la administración pública.  “Uno puede meter la pata, pero no la mano” es un dicho viejo. Debemos retomar principios éticos irreemplazables. Perdimos el norte esencial en la sociedad colombiana porque hemos ido permitiendo cada vez más actos corruptos; uno de los costos más altos que hemos pagado es la pérdida de confianza de la sociedad colombiana en sus líderes tanto públicos como privados. Los escándalos de apropiación privada de los recursos de la salud como por ejemplo la aparición de 471 mil personas muertas hace hasta 26 años facturando servicios del sistema de salud por valor de 2,3 billones, de los cuales el 70% fueron cobrados por Colsanitas, Compensar y Sura, durante el periodo 2018-2023 y las enormes prerrogativas de los más poderosos económicamente  edifican una tensión soterrada enorme, que no se resuelve simplemente trasladando todo al sector público, sino encontrando la manera más eficaz de administrar esos recursos contando con ambos actores: el privado y el público, pero de manera transparente y leal con el país y especialmente con los más necesitados. Desafortunadamente tenemos muchos rasgos de Estado corporativo en el sentido que quienes en el fondo gobiernan son los potentados que ponen y quitan políticos y funcionarios y eso hay que modificarlo. Es importante aclarar a ese respecto varias cosas: la primera es que dentro de ese grupo de élites  hay industriales y empresarios innovadores que merecen respeto , respaldo y promoción, pues aseguran no solo empleo sino también adelanto tecnológico necesario para consolidar salarios formales gracias a la   productividad  creciente; sin embargo, una buena parte  son productores de bienes intermedios o de bajo valor agregado y obtienen rentas y ganancias muy importantes sin mucho esfuerzo en un mercado sesgado, amañado con trampas e influencias. Y otros, los ilegales, que se disfrazan de legales con ayuda de funcionarios corruptos o amenazados, que mantienen unas redes gravemente peligrosas de corrupción en las licitaciones y proyectos nacionales y regionales.

La sociedad colombiana de ingenieros hace un ejercicio permanente de seguimiento de las convocatorias públicas y ratifica lo que sabemos. Una gran cantidad de dichas licitaciones responde a arreglos preestablecidos. Tienen muchas de ellas un solo proponente, pues los demás saben, no presienten ya, que tienen nombre propio las adjudicaciones. Todo ello es un círculo vicioso de crecimiento de la desconfianza y aumenta, magnifica las diferencias sociales, la inequidad social, pues configura, consolida la desconfianza, alimentándola con cada proyecto incorrecto y nos hace transitar cada vez más hacia el campo de las “naciones fallidas”. Es cierto que hemos avanzado en las formas de control ciudadano como los sistemas de información SECOP que permiten indagar sobre la contratación en curso, pero podemos avanzar más.

¿Qué podemos hacer? Sin lugar a dudas, necesitamos, ejercicio tras ejercicio, construir la confianza con tenacidad, persistencia, entusiasmo y estrategia. No es cierto que sólo con talento, tolerancia y tecnología podamos construir verdaderamente la sociedad; la tolerancia forma parte de la confianza (“Trust”) en la medida en la cual se acepta la diferencia de los otros, de los demás pero no es suficiente; debe ser mucho más proactiva sólo las sociedades cooperativas, solidarias, que confían, logran solucionar, resolver los problemas que las aquejan, más allá de la reducción de impuestos, -que ha demostrado ser tremendamente regresiva en la forma que se ha aplicado-. El civismo es la disposición de los ciudadanos a hacer sacrificios individuales en aras de proyectos colectivos que son fundamentales para el éxito de una sociedad.

Cuando la confianza interpersonal es baja, los proyectos colectivos son difíciles y los vínculos de la ciudadanía se debilitan. La confianza y el civismo tienen un impacto significativo en todos los motores clave del desarrollo, -no sólo económico-, sino en la igualdad y convivencia. El desarrollo económico depende de políticas públicas y de instituciones para acomodarlo y estimularlo y sobre todo para garantizar que todos tengan acceso a las oportunidades que brinda. Las decisiones económicas más importantes —invertir, emplear, producir, comprar, conservar, guardar o vender— dependen en todos los casos de la confianza. Las personas más productivas, capacitadas e innovadoras tienen más oportunidades económicas en las sociedades donde la confianza es alta; en las que carecen de confianza, estas oportunidades son limitadas, porque además están bloqueadas por los intereses de los que están en el poder. No debemos cometer el error de circunscribir la confianza sólo al ámbito económico, pues aunque sabemos que la productividad total de los factores contribuye menos al crecimiento económico en los países de baja confianza que en los de alta confianza y por ello los países de la región, con una confianza baja y bajo crecimiento de la productividad, se sitúan   por debajo desde el punto de vista económico que los países de Asia Oriental como China, tenemos que consolidar la democracia real para que el modelo que perseguimos tenga muy en alto la convivencia, el respeto a la vida de los otros y la libertad individual.

La Riqueza Privada representa la capacidad de las personas de ofrecer bienes y servicios a la sociedad, que reemplazan otros existentes porque los compradores o clientes perciben que la nueva opción les brinda más satisfacción o beneficio que la anterior o porque crea nuevas oportunidades de satisfacción, placer o bienestar. La riqueza privada contiene entonces mucha riqueza intelectual, pues aplica conocimiento de diversos tipos para ofrecer esos bienes y servicios a la sociedad, por lo cual recibe dinero y acumula riqueza económica tanto en “stock” herramientas, máquinas, instalaciones o campos para producir dichos bienes y servicios, y con el producto de dichas ventas obtiene muebles e inmuebles, como “flujo” económico.

Se supone que la libre competencia y la libertad de empleo y de empresa, deben resultar en un estado óptimo para la sociedad, en la medida en la cual, como planteó Adam Smith, cada cliente o comprador busca optimizar su bienestar o utilidad y cada productor busca maximizar su ganancia neta, que es la diferencia entre el valor de intercambio y el valor de producción en la teoría neoclásica; la realidad nos ha enseñado que los rendimientos decrecientes y la libre competencia son más bien constructos teóricos frente a la concentración con oligopolios y monopolios de muchos sectores y la captura del Estado por los más poderosos; además, el capital especulativo y financiero ha predominado en las últimas décadas en el “occidente”, bajo la consigna de la globalización,- con la paradoja que resultó en el crecimiento y fortalecimiento de China con la política y estrategia de capital productivo y apropiación de parte de las ganancias por el Estado en vez de los capitalistas individuales y su aplicación para industrializarse y elevar la riqueza humana e intelectual hasta el punto que hoy es la segunda potencia mundial en términos de actividad económica y que logró sacar de la pobreza a 800 millones de personas en menos de 50 años-, mientras que en los Estados Unidos la riqueza se ha concentrado cada vez más en un porcentaje muy reducido de la población, resultando en decrecimiento de la calidad de vida de un porcentaje importante de su población. El papel del Estado, como lo ha descrito Mazzucato, es decisivo tanto como “emprendedor” que guía la sociedad hacia otros intereses y mercados, como el caso de las energías renovables, como proveedor de bienes comunes como la educación, la salud, la ciencia, tecnología e innovación para que sean aprovechados por la sociedad; para quienes piensan como en la segunda mitad del siglo 20, de “comunistas” y “capitalistas”, de Estados que acaban con la propiedad privada de las empresas, es pertinente recordarles que ese modelo tan rígido colapsó en 1979-1981 cuando el muro de Berlín por el lado Ruso nos señaló que el Glasnost y la Perestroika eran una realidad y que la URSS dejaba de existir para convertirse en buena parte en un régimen capitalista en el cual las fábricas y empresas fueron compradas por inversionistas , y la consigna que “no importa que el gato sea negro o blanco sino que cace ratones” de Den Xiao Ping en la China  nos señalaba que el socialismo a la manera China” usaría el mercado, la competencia y la innovación como sus estrategias principales bajo un Estado y partido unitarios y únicos. Es muy importante resaltar que la decisión de ser la “fábrica del mundo” fue proactiva en reclamar la transferencia de conocimiento internacional a China y aprender concienzudamente las técnicas y tecnologías, copiándolas e imitándolas primero para después empezar a innovar y, en algunas áreas, ser hoy líderes del conocimiento y la innovación. La industrialización China ha sido metódica y sobre todo estratégica en algunos sectores muy bien escogidos como las energías renovables, la locomoción eléctrica, los productos electrónicos y aceros y otros materiales.

Entre los dos extremos, el “capitalismo” a ultranza que aminora o minimiza el papel del Estado y permite la acumulación excesiva de poder de mercado y de coerción a los privados,  con evolución hacia prácticas monopólicas y economías crecientes que llevan al dominio total de los mercados sin control del Estado, y el control total de los medios de producción y la propiedad misma de las empresas, existe afortunadamente una amplia gama de experiencias que combinan adecuadamente el  “todo Estado”  y el “todo mercado”, como en los  Estados Unidos en los cuales muchos fondos de pensiones y de inversiones  son accionistas de gran cantidad de empresas, pero también existen los ESOP, (Employee Stock Ownership Plans), como por ejemplo los supermercados Publix que brindan acciones a sus empleados después del primer año; en Europa la propiedad compartida con empleados es común en grandes empresas; en Alemania, el estado de Sajonia es accionista con el 11% de la Volkswagen y los sindicatos tienen fuerza en las decisiones de la empresa; un caso admirable es el del grupo Mondragón   en España, que es un conjunto de cooperativas, totalmente de propiedad de sus empleados,  así como en Corea del Sur los empleados son copropietarios en varias empresas, mientras que países como Colombia y Turquía tienen largas jornadas de trabajo y baja productividad y no tienen ninguna participación o muy baja significación tanto en la propiedad como en las decisiones de las empresas. En China la propiedad de empresas es variada; es “un modelo híbrido mixto, denominado socialismo con características chinas, en el cual el Estado controla sectores estratégicos y domina la economía pues es dueño de los medios de producción en áreas como energía, banca y telecomunicaciones, mientras que más del 90% de las empresas son privadas pero el gobierno es accionista mayoritario, paritario o minoritario. Por ejemplo, ofreció a las empresas automotrices que permitiría un 75% de la propiedad privada si se enfocaban a la producción de vehículos eléctricos, con gran acogida. La tierra es de propiedad del Estado y las empresas y emprendedores obtienen concesiones de uso, pero no titularidad definitiva; es “un capitalismo dirigido por el Estado, en el que aunque existe propiedad privada de los medios de producción, el control macroeconómico y estratégico es del gobierno”[6]; 82 de las 119 empresas más importantes de la China son principalmente de propiedad estatal y el país está desarrollando la “Iniciativa de la Franja y de La Ruta” como estrategia geopolítica de expansión mundial mediante el comercio y los préstamos para la construcción de infraestructura principalmente, que son adelantados con compañías Chinas principalmente.

En el ejercicio de construcción del IDTS, índice de desarrollo territorial sustentable, para Colombia, que adelantó Fonseca en 2018-2019, se midieron directa e indirectamente tanto la riqueza privada como la pública e institucional con las siguientes variables, advirtiendo que tanto la escogencia de dichas variables como sus propios valores para cada municipio tienen muchas limitaciones tanto por la falta de información como por las limitaciones de la información existente; así, por ejemplo, se tomaron en cuenta el valor de la propiedad a través de los avalúos catastrales provistos por el IGAC y el PIB municipal, que tiene muchos vacíos e imprecisiones. Las variables que se usaron se explican en detalle en la investigación “LINEAMIENTOS Y MÉTODOS DE CONSTRUCCIÓN Y EVALUACIÓN DE POLÍTICAS Y ESTRATEGIAS DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN DIFERENCIADAS REGIONALMENTE PARA EL DESARROLLO TERRITORIAL SUSTENTABLE DE COLOMBIA”[7]

Figura 4. Contribución de cada factor al Índice de Riqueza Privada.

Fuente: elaboración propia

Por su parte, la riqueza pública comprende bienes tangibles como intangibles. Los bienes públicos tangibles son principalmente la infraestructura vial y portuaria, tanto terrestre como acuática y aérea, aunque en este estudio nos concentramos en la terrestre. Igualmente, los servicios públicos de agua, energía y residuos sólidos determinan con las vías el entorno mínimo para una calidad de vida adecuada; las fuentes de información sobre estos aparecen en el SUI de la superintendencia de servicios públicos. Los bienes intangibles se refieren al desempeño y gestión de la administración municipal, de acuerdo a información recabada por el DNP y la Procuraduría, en lo referente a la eficiencia y eficacia de la gestión de los recursos del sistema general de transferencias y del sistema general de regalías más recientemente, así como de la publicidad y transparencia de las contrataciones y otros aspectos que regula la procuraduría general de la nación, como la corrupción. Las principales variables tangibles que se usaron fueron las siguientes:

  • Índice de densidad vial, consistente en la división entre los kilómetros lineales de vías, tanto primarias, como secundarias y terciarias del municipio, por el área municipal.
  • Índice de confiabilidad de la gestión del agua potable, como resultado de sumar las medidas de protección del agua en las cuencas, medida en el número de meses de riesgo de escasez del agua adicionado por la prestación del servicio en términos de provisión 24 horas 7 días a la semana, con calidad que cumple los estándares sanitarios. Para ello se suman el índice de riesgo de disponibilidad del recurso hídrico en la cuenca o fuente que lo suministra con el de desempeño en la provisión de agua potable del municipio. El IDEAM, las corporaciones autónomas regionales y la superintendencia de servicios públicos proveen la información básica.
  • Índice de gestión integral de residuos sólidos, representando toda la cadena desde la minimización y selección en la fuente, reciclaje, recolección y disposición adecuada. El IDEAM, las corporaciones autónomas regionales y la superintendencia de servicios públicos proveen la información básica.
  • IBANDANCHA para estimar la penetración de las TICs.
  • Indice de Equidad de la Propiedad puesto que las diferencias de posesión o propiedad de la propiedad rural revelan la inequidad existente tanto económica como social, de manera tangible. Resultó representativo estadísticamente.

Los principales índices intangibles construidos fueron los siguientes:

  • Índice de desempeño municipal de DNP, que incorpora tanto aspectos fiscales como de eficiencia administrativa en otros aspectos; no se usa el índice de desarrollo territorial propuesto por la misma entidad, pues contiene diferencias de aproximación y conceptuales que se reflejan en este Índice de Desarrollo Territorial Sustentable, e igualmente se han ajustado algunos aspectos del de desempeño municipal.
  • Índice de gestión municipal (ajustado) a partir de la información elaborada por la Procuraduría General de la Nación, de la cual se han extraído algunos de sus indicadores, que son abundantes.
  • Índice de victimización se usa el valor absoluto de víctimas, dividido por el número de habitantes y por el área del municipio, para diferentes análisis. el segundo se denomina de “intensidad territorial de la victimización”.
  • Índice de convivencia, basado en la información oficial de victimización.
  • Índice de ausencia de grupos armados ilegales, basado en la interpretación de mapas temáticos de presencia de todos los grupos armados en 2010, 2011 y 2012 en los municipios colombianos y en la asignación de valores ponderadores dependiendo si en todos los años o no estaban presentes.se normalizó de 0 a 1, siendo uno el valor de menor presencia.

Figura 5. Contribución de cada factor al Índice de Riqueza Pública.

Fuente: elaboración propia

  • Índice de transparencia electoral, se usó información de la registraduría nacional electoral, se procesó y se normalizó.
  • Índice de participación electoral, se tomó la información de votación por cámara y se normalizó para todo el territorio nacional
  • Índice de gestión de riesgos, se normalizó la información proveniente del Departamento Nacional de Gestión del Riesgo.
  • Índice de participación en organizaciones voluntarias, se procesó información proveniente del censo 2005 y se normalizó.
  • Índice de distancia a la capital como variable proxy de la atención política y administrativa que le presta el poder central.
  • IGINITierras para representar la iniquidad en la propiedad del suelo, con base en datos de la Universidad de los Andes e IGAC.

Las variables que se usaron se explican en detalle en la investigación “LINEAMIENTOS Y MÉTODOS DE CONSTRUCCIÓN Y EVALUACIÓN DE POLÍTICAS Y ESTRATEGIAS DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN DIFERENCIADAS REGIONALMENTE PARA EL DESARROLLO TERRITORIAL SUSTENTABLE DE COLOMBIA”[8]

En síntesis, tenemos el reto, en medio de esta polarización actual, de construir confianza en el cambio necesario en Colombia para lograr avanzar como un país mas equitativo, más productivo, más sustentable e incluyente, en un mundo complejo, incierto, veloz y ansioso del siglo 21.

________________

[1] Fuente: @Amazing Physics; visto en X marzo 18 de 2026.

[3] “CONFIANZA La clave de la cohesión social y el crecimiento en América Latina y el Caribe” Philip Keefer, Carlos Scartascini Editores.  BID, Serie “Desarrollo en las Américas” 2022.

[4] Libro “Colombia Despues de Petro: Lecciones del Gobierno del Cambio”, Hernando Gómez Buendía, Editorial Planeta, 2026.

[5] Elaboraron la cuarta ronda del informe mundial de valores con adiciones importantes y sobre todo interpretaciones muy acertadas.

[6] Consulta a Wikipedia, marzo 18 de 2026.

[7] Investigación de Doctorado Carlos Hildebrando Fonseca Zárate, 2019, Repositorio UPTC-IGAC.

[8] Investigación de Doctorado Carlos Hildebrando Fonseca Zárate, 2019, Repositorio UPTC-IGAC.

Carlos Fonseca Zárate

Foto tomada de: Chatgpt

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