Lo que nos afirma el presidente Gustavo Petro Urrego, es que hubo un fraude sistémico, realizado con manipulación digital desde el exterior, pero por igual con la complicidad de quienes deberían garantizar la transparencia de las mismas. El poder alcanzado por la tecnología digital, usada por empresas al servicio del sionismo internacional y del imperialismo gringo, les permite distorsionar los procesos electorales en donde lo requieran, reiterando eso sí, que lo realizan con ayuda o complicidad de quienes en cada país están (eso se supone) en la obligación de que esto no suceda. La tecnología al servicio del neofascismo mafioso. No importaba el resultado real, siempre iban a terminar distorsionando el mismo para favorecer a sus candidatos.
Ante lo anterior y esperando que algún día la “ley” aclare lo que pasó (ojalá no sea ya tarde) y corrija lo derivado por dicho acto delincuencial, que se afirma distorsionó al menos ocho millones (8’000.000) de votos, primordialmente en las capitales departamentales y en mesas de votación en el exterior, debemos tener claro en la medida que contemos con la información respectiva, todo lo que al parecer sucedía alrededor de las elecciones parlamentarias y presidenciales. Comencemos con algunos insumos para comprender de mejor manera el contexto:
- Reiteremos, el fraude electoral sistémico y digital, siempre iba a conducir al “triunfo” de las fuerzas políticas bajo su mando y sus candidatxs escogidos. No importaba los votos por la propuesta de la paz y la vida, siempre parecería que la politiquería corrupta y criminal eran la supuesta mayoría. Así que no nos hagamos ilusiones.
- El supuesto triunfo de las putrefactas derechas en las elecciones, incluyendo las parlamentarias, estuvo lleno de “trampas” y acciones ilegales de parte de quienes promueven estas expresiones políticas, que solo han gobernado para los poderosos del país y al servicio de los intereses extranjeros. Por todas partes se habla de compras de votos. De constreñimiento al elector y en particular de quienes trabajan en las instituciones regionales y locales, para llevarlos (obligarlos) a votar por sus candidatos, plegados por igual de vicios, sin olvidarnos del papel del empresariado en el mismo sentido. Utilización de redes sociales, inclusive creadas para tal fin, para ganar votos a su favor, con toda la desinformación acumulada. Desconocimiento y negación de los logros del gobierno, con la ayuda fundamental de los medios de comunicación hegemónicos dependientes del gran capital. La Sospechosa colaboración de agrupaciones ilegales con intereses en el tráfico de estupefacientes y de la explotación ilegal del oro y otros metales, con su accionar violento para deslegitimar las propuestas y acciones de paz del gobierno del cambio.
- Capítulo aparte merece la masiva y obediente intervención de las iglesias evangélicas en los procesos electorales. Recordemos que en Colombia están registradas al menos nueve mil trescientas (9.300) de estas congregaciones con constante accionar político, bajo el manto religioso y con alrededor de diez millones (10´000.000) de seguidores. Son iglesias caracterizadas por su conservadurismo y su apuesta por movimientos de la extrema derecha, no solamente en nuestro país sino a nivel internacional.
- De las fallas o faltantes de parte del gobierno y los movimientos socio-políticos que han apoyado el proceso de cambio y reformas sociales, mucho se ha dicho y se seguirá diciendo por bastante tiempo. Cada cual mira su entorno y lo interpreta a su manera. Reiteradamente se busca culpar al otro, que en realidad es el amigo o al menos cercano en las luchas sociales y políticas de cada territorio. Eso sí, con todo el derecho a la crítica con altura y respeto, y con el ejercicio necesario de la autocrítica, sin negociaciones bajo la mesa, para avanzar en la consolidación de los movimientos políticos y sociales.
- El establecimiento no solo desconoce la verdadera democracia, sino que logra dividir a la sociedad para seguir reinando. Se difunde el chisme barato e intrigante que solo conduce al debilitamiento del movimiento social, llenando de más dificultades el camino a la necesaria unión. Y no olvidemos eso sí que, en toda la historia de las luchas sociales y políticas, el poder imperante siempre ha buscado su infiltración para distorsionar las mismas y debilitarlas para impedir el alcance de sus justos objetivos.
John Elvis Vera Suarez
Foto tomada de: Presidencia de la república

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