Titula su columna “Dejémonos de bobadas”, expresión utilizada por el ministro Benedetti quien dijo que “la clase media no existe, la inventan para que te creas mejor que los pobres o para que creas que algún día puedes llegar a ser rico”. Vélez comenta que “quien se estaría inventando a la clase media sería su propio gobierno. Según la encuesta de hogares del DANE realizada en 2024, que tiene la muestra estadística más completa de cualquier sondeo (sic) realizado en el país, un poco más del 60% de la población se puede considerar como de clase media, aunque aproximadamente la mitad de esta suma es vulnerable a caer nuevamente en la pobreza”. El detector de mentiras de La Silla Vacía debería haber funcionado aquí automáticamente, pero es probable que lo tengan desactivado para sus columnistas.
La medición de la clase media la realiza el DANE desde antes del actual gobierno y se inscribe dentro de la investigación sobre pobreza monetaria, la cual presenta información sobre clases sociales. El último dato disponible corresponde a 2024[2].
El DANE “define” las clases sociales según rangos de ingreso[3]. El informe del DANE cuando las define habla de personas en pobreza, personas en vulnerabilidad, clase media y clase alta. Esto haría pensar que la clase baja es aquella compuesta por las personas en pobreza y las personas en vulnerabilidad.
Pero es claro que la población vulnerable no es considerada por el DANE como clase media. Por tanto la afirmación de Vélez de que “según la encuesta de hogares del DANE realizada en 2024” … “un poco más del 60% de la población se puede considerar como clase media” es falsa, según el propio DANE, la entidad que cita como fuente.
En el comunicado de prensa destaca el DANE: “En 2024, el 31,8% de la población del país se encontraba en condición de pobreza, el 30,5% en situación de vulnerabilidad, el 34,4% pertenecía a clase media y el 3,3% se ubicó en clase alta.” Solamente el 34,4% en ese año era clase media. Si sumamos los pobres y los vulnerables el 62,3% sería clase baja (aproximadamente 30 millones de personas). Llama la atención que La Silla Vacía tan eficaz para aplicar su detector de mentiras no haya descubierto ésta.
| Definición de las clases sociales según ingreso en 2024
A partir de la actualización de los valores de corte de la metodología de López-Calva y Ortiz Juárez (2014)1 en 2011, para la adaptación a Colombia de 2024, se obtienen los siguientes umbrales: 1. Las personas en situación de pobreza se definen como aquellos con un ingreso per cápita inferior a la línea de pobreza monetaria (25 líneas de pobreza diferenciadas). (En 2024 la línea de pobreza per cápita se estimó en $460.198) 2. Las personas en situación de vulnerabilidad corresponden a aquellos con un ingreso per cápita entre la línea de pobreza y $897.987 mensuales. 3. La clase media está compuesta por aquellos a quienes les corresponde un ingreso per cápita al interior del hogar entre $897.987 y $4.835.315 al mes. 4. La clase alta está conformada por personas cuyo ingreso per cápita al interior del hogar corresponde a más de $4.835.315 mensuales Fuente: DANE: https://www.dane.gov.co/files/operaciones/PM/cp-PMClasesSociales-2024.pdf |
Según el DANE una persona es clase media si vive en un hogar con un ingreso per cápita entre $897.987 y $ 4.835.315 al mes; un rango con una diferencia muy grande, 5.3 veces entre sus extremos. Según esto, una persona sola sería considerada clase media si en 2024 ganaba $900.000 o más mensualmente; es evidente que alguien con este ingreso, inferior al salario mínimo nominal de $1.300.000 para ese año, es pobre de solemnidad. Un hogar de 3 personas debería tener ingresos ligeramente mayores a $2.700.000 para ser clase media. Es una cifra muy baja y muy probablemente una proporción importante de la clase media se ubica en ingresos mensuales cercanos al valor inferior del rango (el DANE no proporciona en la web esta información).
La encuesta de ingresos y gastos de 2017 mostró en ese momento que el 31% de los hogares ganaba menos de 1 salario mínimo, el 30% entre 1 y 2 salarios mínimo y otro 16% entre 2 y 3 salarios mínimos mensuales; es decir el 76% se ubica por debajo de 3 salarios mínimos mensuales: este es el gran progreso que ha ofrecido el capitalismo colombiano a la mayoría de los trabajadores.
En el extremo superior se considera clase media a quien gana hasta $4.835.315 mensuales per cápita. Esta cifra indicaría un mejor nivel de vida material obviamente con diferencias por regiones, municipios y zona urbana y rural. Incluso en Bogotá permitiría satisfacer necesidades básicas pero sin mayores lujos si el hogar estuviera conformado por 3 personas, el valor límite sería de $14,5 millones, una cifra significativa, con respecto a los más pobres, pero, nuevamente, el DANE no reporta la proporción de la población que se encuentra cerca al límite superior, la cual probablemente es muy baja.
Afirma Vélez a continuación que “Desde la pandemia para acá la clase media colombiana se ha aumentado en casi una cuarta parte ayudada por el relativo buen desempeño de la economía.” En 2021 según el DANE había 13.804.000 personas en clase media y en 2024 el total era de 17.569.000, un aumento absoluto de 3.765.000 personas, y porcentual de 27%. En el mismo período la población pobre disminuyó en 3.400.000 personas y la población vulnerable aumentó un poco más de 800.000 personas, mientras que la clase alta aumentó en 400.000 personas. La clase media aumentó del 27,9% al 34,4%, un logro del gobierno del Pacto Histórico. Sin embargo, tener en cuenta que son tan bajos los montos de ingreso monetario que separan una clase de otra que cualquier incremento insignificante genera una transmutación de clase, que Vélez considera un gran progreso.
La discusión sobre las cifras anteriores
Dejando de lado la manipulación de las cifras por parte de Vélez, lo más interesante es la interpretación que hace de los datos y su utilización para criticar al gobierno del Pacto Histórico, a la izquierda, al marxismo y a Marx. Veamos.
Vélez dice que “el crecimiento de la clase media pone en jaque la narrativa del petrismo. Llevan años alegando que la promesa republicana ha sido traicionada durante dos siglos por la “oligarquía esclavista blanca”. Las masas oprimidas deben romper sus cadenas y liberarse de sus opresores. Y el momento ha llegado, según este raciocinio.”
Sin embargo, en su opinión, este diagnóstico está equivocado: “Lo que pasa es que la realidad es otra. El progreso social en Colombia es de verdad y no solo las estadísticas lo corroboran. La existencia de millones de colombianos que una generación atrás estaban echando azadón en el campo y que hoy en día son profesionales urbanos exitosos desmienten los delirios populacheros del actual gobierno.”
Sobre la movilidad social en Colombia dice Alejandro Gaviria[4] (quien claramente no es marxista): “…la movilidad social en Colombia es muy baja: semejante a la de Brasil, inferior a la de México y Perú y muy inferior a la de Estados Unidos” (p. 22). “En conjunto, los resultados sugieren que Colombia dista mucho de ser una sociedad justa. Los bajos niveles de movilidad apunta a una sociedad donde las oportunidades están bastante concentradas y las posibilidades de superar un origen socioeconómico desfavorable son exiguas.” Pero “parece” haber cierta mejoría: “La movilidad parece haber aumentado sustancialmente en las últimas décadas.” (p. 22).
La defensa del progreso capitalista
Para Vélez la existencia de una clase media y su crecimiento es un indicador del progreso que ocurre dentro del capitalismo. No presenta evidencia alguna ni tampoco una referencia sobre los millones de campesinos que pasaron de echar azadón en el campo a ser profesionales urbanos exitosos. Le molesta que Benedetti niegue que ha existido progreso que para Vélez es un hecho evidente aunque reconoce que “ha sido lento e insuficiente.”[5] ¿Qué tan lento? ¿Qué tan insuficiente? No se caracteriza por la precisión, pero de manera simplona expresa una convicción que tienen los propios capitalistas y muchos economistas, especialmente los de la Universidad de los Andes: el capitalismo ha generado en Colombia un enorme progreso.
La desigualdad es algo normal: ¿por qué criticarla?
Continúa su exposición haciendo una distinción entre pobreza y desigualdad. Sobre la desigualdad afirma que una concentración elevada como la colombiana (el 1% concentra el 20% del ingreso y el 40% de la riqueza) es algo común en el mundo, e incluso hay sociedades que están peor. No hay aquí ninguna argumentación, simplemente reconocer que es natural que haya desigualdad en el capitalismo.
Plantea que la pobreza es algo malo y la desigualdad algo bueno: “la pobreza siempre es indeseable -degrada y marginaliza al individuo, lo aliena, según los marxistas (y en eso tienen razón)- mientras que la desigualdad es cuestión de proporción”. En esta frase no explica qué es la pobreza, simplemente nos dice que es indeseable. Hace una afirmación que haría presumir a un lector inadvertido que Vélez es un especialista en “marxismo”: la pobreza aliena al individuo “según los marxistas”. ¿Según todos? Vélez no cita a ninguno. ¿Estará refiriéndose al Marx de los Manuscritos de 1844 en el cual Marx aborda el tema de la alienación del trabajo (que no de la pobreza)? ¿Estará hablando de El capital?
Confundir pobreza con desigualdad es un truco efectivo del populismo
Continua nuestro ilustre columnista: “Si todos tienen una vivienda digna, una educación razonable, acceso a salud y un trabajo que les dé de comer, ¿qué importa si alguien tiene un yate, una mansión, o un avión privado? Si todos tienen lo suficiente para vivir, no debería ser un problema que algunos tengan muchísimo, por ejemplo, el 50% de la riqueza de un país”. Es bueno tener en cuenta que esto lo dice alguien que ha trabajado al servicio de la organización Luis Carlos Sarmiento Angulo[6], quizá el hombre más rico del país, que tiene una vida “modesta” y es propietario de mansiones y un avión privado (que nuevo, a precios actuales puede valer entre 60 y 70 millones de dólares); algún malpensado pensará que Vélez está argumentado en favor de don Luis Carlos y repitiendo sus ideas.
El asunto empírico es que millones de personas después de más de un siglo de capitalismo no tienen un ingreso digno, ni vivienda digna, ni comida digna y más del 60% siguen siendo pobres y vulnerables (y clase media en riesgo de caer en la vulnerabilidad). Y cualquiera que lea El Capital encontrará que la fuerza de trabajo tiene valores diferentes, que dependen, entre otras cosas de su nivel de formación y experiencia. En las estructuras capitalistas hay un conjunto de funciones de dirección, planeación, supervisión y control necesarias para que la gran masa de trabajadores cumpla adecuadamente sus tareas.
Y por tanto hay una capa de trabajadores también asalariados que son mucho mejor remunerados dado su conocimiento técnico pero también debido a que cumplen la labor de explotación en nombre de los explotadores. Además el extraordinario desarrollo de las fuerzas productivas dentro del capitalismo permite que mejore el salario real de los trabajadores y puedan acceder a bienes y servicios (como el celular o una moto) que nunca tuvo un rey en la edad media. Pero la relación de explotación y de dominio no desaparece ni tampoco las grandes masas de trabajadoras sometidas a condiciones de vida indignas.
Para reforzar su tesis sigue, dándose aires ahora de profundo intelectual: “La confusión muchas veces intencional entre pobreza y desigualdad se deriva en parte de la teoría del valor-trabajo marxista, que no vale la pena ni siquiera explicar sumariamente, pero se resume en la idea de que los ricos son ricos porque los pobres son pobres. Lejos de ser una disquisición de cafetería universitaria, esta fórmula está incrustada en el núcleo del pensamiento y de la retórica del petrismo. Se lo dijo, por ejemplo, la hoy invisibilizada vicepresidenta al presidente del gremio de los industriales cuando se debatió una de las primeras reformas tributarias del cuatrienio: “dejen algo”.
Implícito en el comentario estaba la idea de que los ricos tenían esa condición porque habían explotado a los trabajadores y que lo mínimo que pedía el gobierno progresista era que devolvieran algo de lo que putativamente se habían robado.” El detector de mentiras de La Silla Vacía tampoco se activó con respeto a esta enorme mentira de que la teoría del valor-trabajo marxista se resume en que los ricos son ricos porque los pobres son pobres. Es posible que el detector esté saturado por la cantidad de tareas orientadas a oponerse al gobierno del Pacto Histórico.
Además de repetir y tratar de darle aire de conocimiento técnico y objetivo a las ideas de su patrón, Vélez posa de teórico y nos cuenta que la confusión entre pobreza y desigualdad se deriva en parte de la teoría del valor trabajo marxista. Lástima que no haya aportado ni un solo argumento para sustentar esta tesis, debemos creerle, pero hubiera valido la pena el esfuerzo considerando sus profundos conocimientos en la materia. Pero en un gesto magnánimo nos evita enredarnos en dichas peligrosas teorías que “no vale la pena ni siquiera explicar sumariamente”, pero, eso sí, la resume en la “idea de que los ricos son ricos porque los pobres son pobres.”
No creo que Vélez haya estudiado seriamente, ni mucho menos comprendido, la teoría del valor de Marx en El capital: lo que dice demuestra un gran desconocimiento. Es un ejemplo vivo de que la ignorancia es atrevida. Incluso opositores serios de Marx como Bohm-Bawerk o Schumpeter, se ruborizarían al leer esto. Lo más probable es que sea otra idea de don Luis Carlos Sarmiento, que Vélez repite como un loro. Si algún día se leyera El capital quizá entendería algo y se daría cuenta de que la teoría del valor se refiere, en su aspecto cualitativo, a una forma de organización social a partir de productores privados cuyo vínculo se da mediante el cambio de productos y la forma dinero, y en su aspecto cuantitativo a la determinación del valor por el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de las mercancías.
El asunto de la relación entre capitalistas y trabajadores asalariados es algo más complejo. Efectivamente Marx habla de explotación de los trabajadores y de extracción de plusvalor (su teoría no se queda solamente en el valor) y no asume en ningún momento la posición de socialistas como Proudhon de que la propiedad es un robo, o de otros socialistas que consideraban la ganancia como un robo a los trabajadores. Para Marx hay explotación, aunque se respeten las normas legales que vinculan a capitalistas y trabajadores mediante un contrato de trabajo. En el capitalismo la explotación es constitucional y legal. Su concepción de la desigualdad es también muy limitada: se limita a la distribución de ingresos, pero no habla de la distribución de la riqueza y mucho menos de la distribución de la propiedad de los medios de producción y la distribución en clases sociales.
Este es el nivel intelectual de nuestros columnistas y analistas defensores a capa y espada del capitalismo.
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[1] https://www.lasillavacia.com/opinion/dejemonos-de-bobadas/
[2] https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/pobreza-y-condiciones-de-vida/pobreza-monetaria; en este vínculo se puede acceder al comunicado de prensa con fecha de 1 de septiembre de 2025 (https://www.dane.gov.co/files/operaciones/PM/cp-PMClasesSociales-2024.pdf) y al anexo: anex-PMClasesSociales-2024
[3] Esta es una definición práctica con poco valor científico.
[4] Gaviria, Alejandro, Los que suben y los que bajan. Educación y movilidad social en Colombia, Alfaomega Colombia, 2022.
[5] “Lo llamativo del asunto es que, a pesar de la patente evidencia sobre el progreso sostenido e incremental del país, haya quien lo niegue de manera categórica. Porque una cosa es criticar el alcance y profundidad de este progreso social –que en todo caso ha sido lento e insuficiente– y otra muy diferente es alegar que no ha existido, como lo hace Benedetti.”
[6] https://www.lasillavacia.com/author/luis-guillermo-velez-cabrera/
Alberto Maldonado Copello
Foto tomada de: TopCavalls

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