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Predicadores y activistas de la Selección Colombia

13 julio, 2026 By Álvaro Hernández V Leave a Comment

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Ya no es cierto que la Selección Colombia “nos pertenece a todos”, que es la divisa de la “unidad nacional”. Lo fue hace tiempo, cuando los jugadores respetaban los sentimientos de los colombianos, y no hacían exhibición pública de su fe cristiana, ni gala descarada de su afiliación política al abelardismo triunfante, sin importar a quién pudieran agredir íntimamente con sus palabras y sus actos. Los jugadores dividieron al país, y a las pruebas me remito.

En la zona mixta del estadio BC Place de Vancouver, con los músculos palpitantes todavía, Daniel Muñoz, nuestro buen lateral derecho en la escuadra nacional, dijo el 7 de julio a la prensa que la eliminación de Colombia por Suiza en la ronda de octavos fue “la voluntad de Dios” … y punto.

Es decir, él, el resto de jugadores y el DT están exentos de toda responsabilidad en lo sucedido, porque Dios decidió devolverlos a casa ese día. El hombre habló con la plenitud del que bien sabe lo que dice, y en su cara capté cierta satisfacción por haber servido “con humildad” a realizar el designio divino. Tenía la misma expresión que imaginé siempre en los catecúmenos de los primeros tiempos, en los predicadores callejeros de “la verdad y la palabra” con la revista “Atalaya”, y en los felices activistas políticos de la nueva era de “la libertad y el libre mercado” de estos días.

Muñoz no dijo cuándo y cómo conoció la voluntad divina, y los reporteros no dudaron ni descreyeron de una explicación tan absurda. Entonces comprendí que el credo religioso del futbolista que hablaba de fe, no de técnicas o estrategias futboleras, estaba normalizado por la prensa deportiva que lo dejó ir en paz sin averiguar más nada. Y en completa paz debió Muñoz dormir esa noche sin preguntarle a Dios si alguna vez seremos campeones de un mundial, de la Copa América… o de algo que valga la pena.

Pienso que con gente así, la Selección Colombia necesita a Vivian Morales como DT y al pérfido Lucio como asistente, en lugar de Pékerman, Queiroz o Lorenzo. Que la Dimayor no rebusque más.

Si creen que el cielo tiene la llave para ganar, de nada sirve la determinación de triunfar respaldada con preparación, talento, sacrificio y estrategias, y es mejor volver a la fija y a la Fifa con los Popes de la mega iglesia protestante La Casa Sobre la Roca. Que además tienen asiento a la diestra del nuevo protestante sin bautizo que se alista a ocupar el trono presidencial. Porque estamos presenciando la alianza de cristianos y el poder político, mediante “la conversión” del gobernante que sueña ser emperador, a imitación de Costantino en el siglo III.

Por lo pronto, Abelardo cuenta con el respaldo de varios jugadores que en una llamada divulgada con cálculo, se les ve hacer el gesto militar de “firmes por la patria”, y saludar con entusiasmo al líder de la manada, que con un “amén” cristiano cierra las frases dichosas de Cuadrado y los muchachos de la sele montados en un bus.

La mayoría de nuestros futbolistas profesionales son propagandistas bíblicos. Abren toda entrevista con un “Primero Dios”, o “Toda la gloria para Dios”, antes de opinar sobre un juego. Convirtieron los estadios colombianos y los del mundial en escenarios de afirmación cristiana. Son los que se arrodillan en la raya antes de ingresar al campo pidiendo a Dios la inspiración y la calidad que él mismo les negó para vencer un contendor formidable, o resuelto a pasarnos por encima.

Mientras los argentinos meten la pierna, los nuestros rezan, donde los españoles bravean y los africanos se partieron el alma, los nuestros confiaron en un milagro. Y levantan agradecidos al alto cielo los brazos cuando anotan uno de los seis o siete goles del año, mientras los delanteros de raza, acaso si apuntan los índices hacia arriba cuando hacen uno de los 40 o más goles por temporada en campeonatos de máxima exigencia.

Es incomprensible que los once uniformados entraron a la cancha sabiendo que los suizos los vencerían de todos modos. Esa clase de fatalismos los he creído en las tragedias que pueblan la ópera, la música, el teatro y la literatura, y sólo cuando el artificio de la obra se extingue me deshago de la invención. No puedo admitir que Dios tenga las manos metidas en esto. Por eso pienso que Muñoz y otros seleccionados actúan como predicadores del cristianismo cada vez que tienen las cámaras enfrente.

Un creyente de buena fe pudo preguntarse: ¿cuántos jugadores conocían de antemano su destino de perdedores aquella noche?; ¿Por qué Dios nos castiga de ese modo? Sin embargo, en el mismo campo donde nos eliminaron se vio al devoto Muñoz y varios más en actitud de estatuas suplicantes. Algo que no comprendí, hasta que Richard Ríos puso las cosas un escalón más inverosímil para quien no sea un fanático religioso. Dijo en una entrevista: “Seguiremos dando gracias a Dios en la victoria y también en la derrota, porque Él merece toda la honra y toda la gloria en todo momento […], concluyó el futbolista paisa. Estoy seguro de que en el Benfica no le toleran semejante disparate.

Igual que en el Antiguo Testamento, el Supremo decide las victorias y las derrotas. ¿Alguien puede confiar en que seremos campeones alguna vez con estos hombres que ponen los resultados en manos de Dios, no en su propio esfuerzo? ¿Es posible seguir echando el cuento de que la sele es un símbolo de unión? No lo creo.

Y creo que es una farsa el comunicado de la Dimayor, que al respaldar a Campáz de los ataques injustos y alevosos en redes, expresa que los seleccionados “cada vez que ingresan al terreno de juego lo hacen con la convicción de entregar su máximo esfuerzo y con el único propósito de representar dignamente a la Nación y alcanzar el mejor resultado posible”; y agregan que “el fútbol debe ser un espacio de unión, respeto y esperanza, nunca un escenario para el odio, la intimidación o la violencia.”

No, señor Jesurum y compañía de negociantes. La unión de los colombianos en torno a la selección dejó de existir desde que ustedes consintieron que se la tomaran la religión y la política, y sin que la dirigencia enquistada del fútbol haya advertido sobre esos males. Ninguna protesta se escuchó cuando en la campaña presidencial Abelardo “se apropió” de la camiseta amarilla y la hizo su símbolo.

Separen la religión y la política del fútbol, para que James no desplante a la hija del presidente que detesta, porque comparte “las mismas convicciones” con Uribe, Fico, los Chard y De la Espriella – según dijo Cuadrado en el video de la llamada –; y oran con pastores de lujo y poder como los Castellanos, Rodríguez y Piraquives, militantes preclaros de la derecha. Esas manifestaciones desafiantes generan odio y rencor en el medio país opuesto a tales convicciones, y en millones de católicos y credos distintos a los cristianos protestantes. Hoy, la selección en un arma política y un mazo religioso.

Álvaro Hernández V

Foto tomada de: Bolavip

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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