Pablo Manrique es un periodista de La Silla Vacía que se caracteriza por ser un crítico implacable del gobierno del Pacto Histórico, en especial de sus políticas económicas. Le dedicó varios artículos a oponerse a la decisión de fijar el salario mínimo con base en el criterio constitucional de salario vital, que implicó un “exagerado” aumento de 23% en 2026, (apenas $327.500 mensuales en el salario básico). En artículo de La Silla Vacía examina algunos temas de la gestión del gobierno y en particular señala que el ministro Ávila es un “yesman”.
Cita a Jorge Iván González, coordinador de la elaboración del Plan de Desarrollo del gobierno Petro en su calidad de director del Departamento Nacional de Planeación, un plan mediocre (diagnóstico inexistente, carencia de metas en lo fundamental, entre otras cosas[2]) en el cual no hubo ninguna propuesta sobre el salario mínimo vital. Dice González, conocido con el apodo del sabio, refiriéndose al aumento del salario mínimo: “Yo soy keynesiano pero jamás hubiera hecho una locura como esa”. Califica de locura subir una suma ínfima a 2,4 millones de trabajadores, calificativo que obviamente Manrique destaca. Y afirma: “las medidas económicas del gobierno contradicen incluso el consenso de los economistas más heterodoxos.”
Después de lo anterior pasa a caracterizar la gestión de Germán Ávila, ministro de Hacienda (para fastidio de los economistas ortodoxos y algunos heterodoxos). Sobre esto nos dice: 1) Ávila no quiere decirle que no al populismo del presidente; 2) Ávila no tiene “pericia técnica”; 3) “Ávila es el primer yesman de Hacienda.” Cita a Luis Carlos Reyes, exdirector de la DIAN del gobierno Petro, quien afirma que “desde el principio detesta la regla fiscal”. Petro tenía muchas ideas contrarias a la sabiduría de los economistas ortodoxos, pero se contenía en ejecutarlas; varios funcionarios “atajaron a un presidente que desde el inicio tuvo una visión económica de gasto sin medir consecuencias.” Necesitaba “un ministro que no actuara como barrera”. Este rol lo ha cumplido Germán Ávila.
Señala que dentro de estos funcionarios que no actuaron como yesman hubo varios funcionarios ajenos a la ortodoxia económica tradicional e incluso progresistas: José Antonio Ocampo, José Roberto Acosta, Diego Guevara, Jorge Iván González y Jairo Bautista. Estos funcionarios fueron, según Manrique, guardianes de una ortodoxia fiscal entendida como respecto a la regla fiscal, déficit controlado y deuda por debajo del 55% del PIB. Incluso el ministro Ricardo Bonilla y otros dos funcionarios se identificaron como los tres mosqueteros de la estabilidad fiscal Es decir eran unos funcionarios heterodoxos y progresistas que actuaban igual que los ortodoxos de Fedesarrollo y de la Universidad de los Andes. En otras palabras, es muy bueno que sean economistas heterodoxos, pero cuando lleguen al Ministerio de Hacienda y al Departamento Nacional de Planeación deben hacer lo mismo que los ortodoxos de siempre.
Nos recuerda que Ávila no tiene un perfil adecuado para el cargo: “A diferencia de sus antecesores, Ávila no llegó a Hacienda con una trayectoria reconocida en política fiscal ni con peso académico. Venía del Grupo Bicentenario, tenía poca experiencia pública en Hacienda y era poco conocido en el mundo económico. Su principal activo era la confianza política del presidente, construida desde los tiempos del M-19.”
Germán Ávila es un personaje que le firma todo al presidente, le contó un funcionario de Hacienda a Manrique[3]. Además, nombró a Javier Cuéllar director de Crédito Público, funcionario encargado de conseguir la plata para financiar las locuras de Petro, como bajar la gasolina, subir el mínimo más de cuatro veces por encima de la inflación y aumentar el salario de los soldados. Adicionalmente, considera que Ávila empezó a operar más como un espacio de validación política y dejó de actuar como punto de coordinación, generando serios problemas de articulación entre las áreas de presupuesto, crédito y tesorería.
Hay muchos elementos interesantes en el artículo de Manrique sobre la dinámica institucional y sobre una tradición de manejo económico ortodoxo (responsable) de la política macroeconómica en el país y en particular de la política fiscal, que ameritan una discusión; de hecho, si se compara la gestión macroeconómica del país con otros países latinoamericanos se observa que ha habido una relativa estabilidad en variables clave, por ejemplo en la inflación. ¿Pero, manejo ortodoxo para qué?
Quiero simplemente a continuación examinar algunos de los planteamientos de Manrique con relación su caracterización del ministro Ávila como yesman. Este es un término inglés que significa una persona que habitualmente asiente o está de acuerdo con las propuestas de un superior, un subordinado demasiado ansioso por alabar u obedecer a alguien; o una persona que está de acuerdo con todo lo que su empleador dice, con el fin de complacerlo[4]. Es una calificación peyorativa. En español es un adulador, un obsecuente, un lambón, un servil. Suena aún más peyorativo. Parecería que es alguien que obedece en todo a su superior, con el fin de alabarlo y adularlo. Manrique no profundiza en este punto, pero obviamente deja la idea de que es un incompetente servil, pero ¿no será que Ávila está de acuerdo en todo con las ideas del presidente y no necesariamente porque quiera adularlo?
Exploremos el término con relación a Manrique. La revisión de los pronunciamientos de altos funcionarios al servicio de los capitalistas o sus equipos de investigación (como María Lorena Gutiérrez del grupo Aval, o el equipo de estudios económicos de Bancolombia) muestra que estos afirman: 1) que Petro es populista; 2) que Petro es irresponsable fiscal y económicamente y que actúa en contra de los postulados de la ciencia económica tradicional; 3) que el aumento del salario mínimo a niveles superiores a la inflación más la productividad genera efectos negativos como mayor inflación, desempleo y aumento del trabajo informal, entre muchos otras consecuencias perniciosas. Palabras más, palabras menos, en el caso del aumento del salario mínimo la ANDI, ANIF, FENALCO, ACOPI dicen lo mismo, igual que la gran mayoría de economistas ortodoxos y varios heterodoxos.
Sin ir muy lejos, Juanita León, la jefa de Pablo Manrique piensa exactamente lo mismo que los grandes capitalistas. Y, curiosamente, Pablo Manrique, plantea exactamente las mismas cosas. Es una extraordinaria coincidencia. ¿Podría el ministro Ávila plantear que Manrique es un yesman que dice lo mismo que los jefes económicos del país y que su propia jefa en La Silla Vacía? Posiblemente sí. Y quizá también podría decir que un trabajador de La Silla Vacía le dijo que Manrique siempre le dice si a León, guardando la confidencialidad de la fuente.
Pero el asunto es más complejo: 1) Puede que Manrique piense exactamente lo mismo que su jefa y que los grandes capitalistas; 2) Puede que Manrique sea además quien le transmita algunas de las ideas a su jefa, lo que indicaría que sería un periodista un poco más competente que el ministro Ávila.
El punto que quiero destacar aquí es el fenómeno de la existencia de una coincidencia entre las ideas de los capitalistas, de sus funcionarios directos, de sus asociaciones gremiales, de los economistas ortodoxos, de buena parte de los periodistas e incluso de miembros de la rama judicial. El conocimiento que se considera verdadero y técnico es aquel que beneficia a los capitalistas. Esto debería hacer sospechar a un periodista sagaz, científico e inquisidor como Manrique. Pero parece que no le llama la atención el asunto.
La gran mayoría de los economistas está al servicio de los capitalistas, mediante diversas formas. La fundamental es que les ayudan a consolidar una visión del mundo que muestra al capitalismo como el mejor sistema posible. Un o una joven que estudie economía sabe muy bien que si quiere hacer carrera (conseguir buenos puestos, obtener ingresos altos, etc.) dentro del sistema no debe criticar a fondo el capitalismo; este es un comportamiento racional. Incluso personas provenientes de clases trabajadoras de bajos o medios ingresos pueden aspirar con disciplina, estudio y consagración a ser algún día ministro de Hacienda, director del DNP, director de Fedesarrollo o gerente de ECOPETROL. Son pocos casos, pero ocurren. Eso sí, deben ser ortodoxos.
Los medios masivos de comunicación son propiedad de grandes capitalistas. Los medianos también tienen un vínculo fuerte con la clase capitalista, como es el caso de La Silla Vacía. Obviamente estos medios están a favor de la ortodoxia económica. Un periodista que trabaje para La Silla Vacía sabe esto; puede que comparta sinceramente la teoría ortodoxa, puede que no. Pero en su práctica tiene que alinearse. Puede que subjetivamente no tenga como finalidad adular o complacer, pero objetivamente lo hace. Quien los contrata lo hace porque sabe que el periodista está de acuerdo con dichas ideas en su fuero interno, o por lo menos está dispuesto a no salirse del carril. ¿Cuánto duraría Manrique en La Silla Vacía si un día, debido a una iluminación divina, escribiera un artículo señalando que la ganancia es una forma de explotación de los trabajadores?
Enfocándonos nuevamente en el salario mínimo examinemos lo que ha hecho la ortodoxia económica con relación al nivel de vida de millones de trabajadores. Durante más de 40 años (para no irnos más atrás) los economistas ortodoxos aplicaron la fórmula técnica de aumentar anualmente los salarios (no en todos los años, en algunos no aumentaron en términos reales) teniendo en cuenta la inflación pasada y la productividad. El resultado: en términos reales el salario mínimo creció menos que el PIB, los aumentos en términos absolutos eran míseros y se mantuvo a los trabajadores por debajo del salario mínimo vital, incumpliendo incluso los mandatos constitucionales y legales.
Después de este atropello técnico a millones de trabajadores, ahora se ofenden y molestan por el populismo, la incapacidad técnica y la falta de ortodoxia. Sometieron a millones de sus compatriotas a vivir miserablemente en nombre de la ciencia económica. No hay que ser muy técnico, ni brillante economista de los Andes o de Fedesarrollo (que en la práctica es lo mismo), para entender que un salario de dos millones de pesos mensuales sigue siendo miserable.
Vicky Dávila lo dijo con sorprendente claridad: “porque vivir con dos millones de pesos no es nada tampoco, dos millones no son nada”[5]. Eso lo saben todos los economistas ortodoxos, los capitalistas, los gremios, los medios de comunicación, La Silla Vacía, Juanita León y Pablo Manrique. Lo que llama la atención es que en este debate han eludido el tema fundamental que les ha planteado el populista, antitécnico e irresponsable gobierno ¿cuál debería ser la magnitud del salario mínimo que garantice una vida digna y permita cubrir las necesidades de los trabajadores y su familia? Ni los progresistas y heterodoxos que pondera Manrique como José Antonio Ocampo, Cecilia López y Jorge Iván González han abordado seriamente el asunto: seguramente saben que los jefes del sistema no se van a sentir adulados y complacidos si lo hacen.
Manrique y su jefa León acusan a Petro de populismo. Es un calificativo peyorativo, es algo malo, no responsable, no técnico, una locura que atenta contra los fundamentos económicos. Pero lo contrario de populismo no es tecnocracia o responsabilidad técnica: lo contrario es elitismo. Manrique es elitista. En su marco teórico, absolutamente ignorante de la teoría marxista, no existen las clases: hay pueblo y élites, pobres y ricos, categorías que, dicho sea de paso, no son muy técnicas. Élites hay en todos los sistemas sociales lo mismo que ricos, lo que importa es la forma que tienen en un modo de producción determinado. En el capitalismo las élites principales son los capitalistas (con diferencias entre ellos mismos) y todos sus servidores técnicos, economistas, políticos, medios de comunicación, periodistas, funcionarios públicos y operadores judiciales. Y el pueblo son los trabajadores asalariados y por cuenta propia que ocupan los lugares inferiores en la escala jerárquica. Manrique es partidario de las élites, es miembro del partido capitalista.
Lo que les molesta del gobierno de Petro es que representa a los trabajadores asalariados y por cuenta propia más pobres. Y que toma o intenta tomar medidas para beneficiarlos afectando las ganancias de las élites.
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[1] https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/asi-se-convirtio-el-minhacienda-en-motor-del-populismo-economico-de-petro/
[2] https://www.sur.org.co/la-facticidad-y-validez-del-plan-de-desarrollo-coordinado-por-jorge-ivan-gonzalez/?pdf=32860
[3] Tenemos que creerle a Manrique porque no dice cuál funcionario fue.
[4] Según el diccionario Oxford significa: “A person, esp. a man, who habitually agrees with or assents to the proposals of a superior; an obsequious subordinate” El diccionario Cambridge: a person who agrees with everything their employer, leader, etc. says in order to please them. Obsequious: too eager to praise or obey someone.
[5] https://www.youtube.com/watch?v=RSPtaXF4-j4. Minuto 6:40.
Alberto Maldonado Copello
Foto tomada de: Ministerio de Hacienda

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