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Lorica y el valle encantado de un rio maravilloso

3 agosto, 2026 By Fernando Guerra Rincón    Leave a Comment

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Santa Cruz de Lorica, o simplemente Lorica, es una población ubicada a orillas del río Sinú, bañada por la Ciénaga Grande del Bajo Sinú[1], en el departamento de Córdoba, fundada en 1740, fiel exponente de un dinámico pasado producto de actividades como la navegación y el comercio. Se localiza al norte del departamento de Córdoba, a una distancia de 29 kilómetros de Coveñas, 50 kilómetros de Tolú y 60 kilómetros de Montería.

Tomado de Irene Salazar Mejía, Lugar encantado de las aguas: Aspectos económicos de la Ciénaga Grande del Bajo Sinú. Banco de la República, Cartagena, 2008

En esa prolífica actividad desempeñó un papel fundamental, el rio Sinú,[2] una arteria fluvial fundamental en el desarrollo de esa maravillosa región de la costa caribe, con unos dirigentes visionarios que trascendían el ámbito local, provenientes de lugares convulsionados del mundo: la migración sirio-libanesa, los famosos turcos. Iniciados como comerciantes, muchos de estos inmigrantes encontraron en las poblaciones ribereñas del Sinú un espacio propicio para desarrollar empresas, construir redes comerciales y acumular capital. Desde Lorica, Cereté, Montería y otros pueblos del valle del Sinú, consolidaron negocios que, con el paso de los años, se expandieron hacia Cartagena y otras ciudades de la región.

Lorica fue su epicentro y ejerció más que solo un puerto fluvial: una verdadera escuela de comerciantes y empresarios. Allí convergían la producción ganadera, agrícola y forestal, la navegación por el río Sinú y la presencia de numerosas familias de inmigrantes sirio-libaneses, cuya capacidad para crear redes comerciales les permitió acumular capital y diversificar sus inversiones. Fueron los mejores tiempos de Lorica:

Cuando el visitante recorre las calles de Lorica no puede dejar de percibir- por sus templos y sus magníficas y antiguas construcciones, por su puerto sobre el rio Sinú, que fue también en su momento puerto marítimo de barcazas de cabotaje; por su espaciosa y barroca plaza de mercado y por sus tradicionales clubes- que Lorica tuvo un pasado lleno de prosperidad. Es de imaginarse que ese diseño urbano correspondió a un centro de intensa actividad productiva y comercial. No cabe duda que fue, en su periodo dorado, el epicentro económico de una región cuya influencia se extendió más allá del merco geográfico del Valle del Sinú”.[3]

No fue una migración aislada. Fue una comunidad que supo integrarse al territorio, comprender la lógica económica de los ríos y aprovechar las oportunidades que ofrecía una de las regiones más fértiles del país que posteriormente impulsó el desarrollo industrial, comercial y financiero de la Costa Caribe.[4]

La prosperidad del Sinú llegó a ser tan reconocida que dio origen a una expresión popular que resumía el prestigio de la región: “Desgraciado el Perú que no tiene el Sinú” que reflejaba la admiración por un territorio excepcionalmente fértil, con abundancia de agua, una intensa navegación fluvial y una notable capacidad para generar riqueza. Era el tiempo en que Lorica era Lorica y el Sinú era el Sinú.

Lorica, sobre el rio Sinú. Se nota su antiguo esplendor. Tomado de internet.  

El doctor Diego Martínez Camargo es un ejemplo representativo de esa generación de empresarios formados en el ambiente económico, vibrante y diversificado del Sinú. Lo mismo ocurrió con varias familias que después trasladaron sus bártulos y sus iniciativas hacia Cartagena y otros lugares de la costa caribe: el general Burgos, Prisciliano Cabrales, cuyas vidas y aportes al progreso regional están ligados a esa dinámica empresarial que floreció en la región.

Diego Martínez Camargo y sus amigos emprendedores fueron los pioneros visionarios de la industria de refinación en Colombia cuando en los albores del siglo XX fundaron la primera refinería de petróleos, la Cartagena Oíl Company, en 1908, vocación que haría después posible la construcción del polo de desarrollo petroquímico de Mamonal, como la ahora, Reficar, ancla de esa industria.[5]

Tomado de: Joaquin Viloria de la Hoz, Una colonia árabe a orillas del rio Sinú, Cartagena, Banco de la República, 2003.

El declive

Hoy Lorica es un municipio de categoría seis -TerraData-DNP- es decir, está ubicada en la categoría que agrupa a los municipios más pobre entre los pobres de Colombia, donde viven 118.451-Dane 2024- de las cuales 60.198 se encuentran clasificadas como de pobreza extrema, más del 50% de su población; 30.509, en pobreza moderada y 9.797 se clasifican como vulnerables,[6] un presente gris que no se compadece con su pasado esplendor. Causa congoja escribir esto.

Poblaciones como Lorica, Cereté y Montería alcanzaron una extraordinaria dinámica gracias a la navegación fluvial. Lorica, en particular, se consolidó como uno de los principales puertos interiores del Caribe colombiano, desde donde se distribuían productos agropecuarios y manufacturados hacia Cartagena y otros mercados nacionales e internacionales. El rio fue el motor del progreso. Una vez sedimentado e iniciada la construcción de las carreteras, Lorica dejó de ser un centro estratégico. La historia del río Sinú guarda un notable paralelismo con la de los ríos Magdalena y Cauca. Durante décadas, estos ríos fueron verdaderos ejes de integración territorial, comercio y desarrollo económico. A través de ellos se dio origen a ciudades prósperas y a una intensa vida económica en sus riberas.

Sin embargo, el progresivo abandono de la navegación fluvial alteró profundamente los cimientos de la prosperidad. El ferrocarril sustituyó el transporte fluvial, las carreteras sustituyeron al ferrocarril, en lugar de complementarlos. Nunca existió, ni existe con seriedad, una política orientada a mantener la navegabilidad de las cuencas. La sedimentación, la pérdida de infraestructura portuaria, la reducción de los servicios de transporte fluvial y el cambio en las rutas comerciales le fueron restando importancia.  La Lorica de hoy es el resultado de esas pésimas decisiones.

Lorica no perdió importancia porque hubiera agotado sus recursos naturales o porque su población dejara de ser emprendedora. Perdió centralidad porque cambió el modelo territorial del país. El río Sinú dejó de ser el eje del desarrollo y fue sustituido por un sistema de transporte que nunca integró adecuadamente la región. La historia de Lorica es, en ese sentido, la historia de una geografía que dejó de ser comprendida.

No se trató únicamente de un cambio en el medio de transporte. Fue una transformación del modelo de ocupación del territorio. Al disminuir la importancia de los ríos, también cambiaron las jerarquías urbanas, las relaciones comerciales y la localización de la inversión pública y privada. La historia del Sinú demuestra que la prosperidad de una región puede estar estrechamente ligada a la vitalidad de su sistema fluvial. Cuando el río dejó de cumplir plenamente su función como corredor de integración, gran parte del dinamismo económico que lo había caracterizado comenzó a desplazarse hacia otros centros y otras formas de articulación territorial.

En Europa, el Rin, el Danubio y otros grandes ríos nunca dejaron de ser corredores logísticos; fueron modernizados para convivir con el ferrocarril y las carreteras. En Estados Unidos ocurrió algo similar con el sistema Mississippi-Misuri, donde la navegación interior sigue siendo estratégica para el transporte de grandes volúmenes de carga. El resultado fue una pérdida de competitividad logística y el debilitamiento económico de muchas ciudades ribereñas. El problema no fue que el país construyera carreteras, sino que dejó de considerar los ríos como parte esencial de un sistema integrado de transporte.

En medio del opaco presente hay potencialidades que animan la busca del desarrollo y la prosperidad, con sus gentes llenas de ánimo emprendedor. El eje Lorica-Cerete-Tolú-Coveñas-Montería, reúne condiciones excepcionales: Montería como capital administrativa, universitaria y de servicios, Cereté como nodo agroindustrial y logístico, Lorica como patrimonio histórico, cultural y puerta del bajo Sinú, Tolú como destino turístico tradicional, Coveñas como puerto energético, turístico y de proyección marítima.

Si estos cinco municipios fueran concebidos como un corredor de desarrollo, y no como proyectos aislados, podrían conformar uno de los sistemas territoriales más dinámicos del Caribe colombiano. A ello habría que sumar el potencial del puerto de aguas profundas de la región, la economía azul, la agroindustria, la recuperación ambiental del Sinú y, en el mediano plazo, una navegación fluvial moderna para carga ligera, turismo y servicios. Las regiones no prosperan por la suma de municipios aislados; prosperan cuando funcionan como sistemas territoriales integrados por la geografía.

____________________________

[1] La Ciénaga Grande del Bajo Sinú, es un complejo de aguas conformado por numerosas ciénagas, zápales y charcos dentro de los límites de Chimá, Cotorra, Lorica, Momil y Purísima,  que se formó  debido a la dinámica hídrica entre el conjunto de lagunas y la cuenca media y baja del río Sinú, debido su función amortiguadora del nivel del río en la época lluviosa, de abril a noviembre, que evita las inundaciones excesivas en invierno; y el enriquecido entorno ecológico que se forma gracias al intercambio de aguas entre ecosistemas de tipo léntico (las lagunas) y lótico (el río), convirtiéndose en un hábitat que alberga gran variedad de fauna y flora.

[2] El río Sinú nace en el Nudo de Paramillo, departamento de Antioquia y desemboca en la bahía de Cispatá, en el mar Caribe. Tiene 482 kilómetros de longitud y cruza el departamento de Córdoba de sur a norte, bañando los municipios de Tierralta, Valencia, Montería, Cereté, San Pelayo, Cotorra, Lorica y San Bernardo del Viento. Antes de llegar a Cereté, se divide en dos brazos: Aguas Blancas, que se constituye en el curso del río propiamente tal, y Aguas Negras, que pasa por los municipios de San Carlos, Ciénaga de Oro, Purísima y Chimá. Los dos brazos se vuelven a unir antes de pasar por Lorica, y sus aguas desembocan en la bahía de Cispatá, golfo de Morrosquillo, en el mar Caribe.

[3] José Fernando Isaza y Luis Eduardo Salcedo, Sucedió en la costa. Los albores de la industria petrolera en Colombia, Ancora Editores, 1999, Bogotá. Pág. 12.

[4] Para una historia de la inmigración árabe en Lorica y la costa caribe y su aporte definitivo al desarrollo regional ver: Joaquin Viloria de la Hoz, Una colonia árabe a orillas del rio Sinú, Cartagena, Banco de la República, 2003.

[5] María Teresa Ripoll de Lemaitre, La actividad Empresarial de Diego Martínez, Camargo, 1890-1937, Cartagena, Banco de la República, 1999

[6] Plan de Desarrollo de Lorica, Lorica somos todos, 2024-2027.

Fernando Guerra Rincón

 

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