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La fragilidad del régimen autoritario: Anatomía del neofascismo y los retos de la alternativa popular

3 agosto, 2026 By Shameel Thahir Silva Leave a Comment

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El ascenso de Abelardo de la Espriella a la presidencia expone una frágil alianza de intereses mafiosos y corporativos, clanes regionales y sectores ultrarradicalizados. Frente a un proyecto autoritario sin hegemonía sólida, la izquierda colombiana debe superar el modelo puramente parlamentario y consolidar la organización popular como única vía para recuperar el rumbo del país.

En el momento que escribo esto, el expresidente Álvaro Uribe Vélez confirmó que no asistirá al show de posesión de Abelardo de la Espriella en el auditorio de una universidad privada en Cali, y el Consejo Nacional Electoral le otorgó personería jurídica al movimiento Defensores de la Patria.

Para el momento que este artículo se publique, muy seguramente otros acontecimientos deberán ser tenidos en cuenta en el análisis, pero lo cierto es que hoy el gobierno que comienza con una multiplicidad de cuestionamientos le arrebató la presidencia al proyecto del Pacto Histórico, porque el único punto en común que tienen las derechas hoy en Colombia es que solo unidos podían derrotarnos para volver a tener el control de la institución angular de dispensación de privilegios en la arquitectura del Estado colombiano.

Abelardo de la Espriella primero fue a pedirle el aval del Centro Democrático a Álvaro Uribe Vélez y este lo rechazó, quizás por costeño, tal vez por sus relaciones probadas con diversos jefes del paramilitarismo y lavadores del narcotráfico —en lo que Uribe ha sido muy cuidadoso de ocultar en su caso—, o simplemente porque para Uribe su candidato era Miguel.

Por eso Abelardo hizo lo mismo que varios: recoger firmas, porque desde el inicio de su pretensión presidencial contaba con el financiamiento. De las cuales la mayoría fueron falsas, y después de entregarlas a las instituciones electorales se le apareció Enrique Gómez, marginal, radical, una caricatura de extrema derecha que tuvo el olfato para darse cuenta que si le entregaba su partido político al prospecto de candidato tenía chance de ser senador de la República, al punto de hasta cambiar el logo y ponerle un tigre. Y lo logró. Hoy es presidente de la Comisión Primera del Senado de la República, por donde se discutirán todas las modificaciones a la Constitución que Abelardo prometió en campaña, su hermano es hoy el ministro de Hacienda del gobierno que comienza y su hijo es el jefe del despacho (título “cool” para definir al secretario de Abelardo). Pero ninguna de las voces que le hizo oposición obstruccionista y filibustera al gobierno Petro en los últimos 4 años señala el evidente nepotismo alrededor del premio que reciben los Gómez por avalar la candidatura presidencial de Abelardo de la Espriella.

El Centro Democrático no solo enfrentó el litigio de su presidente fundador, que lo condenó en primera instancia por soborno en actuación penal y fraude procesal —en donde también se le abrió la ventana de oportunidad a Iván Cepeda de proyectarse como candidato presidencial—, sino también el asesinato del candidato bendecido por Uribe y la decisión de Álvaro de desconocer la encuesta interna que mandataba que su candidata era María Fernanda Cabal para ungir a Paloma Valencia como la que disciplinadamente seguiría las orientaciones del jefe único del partido como candidata presidencial.

Parece que Álvaro Uribe Vélez sufre de la misma falta de juicio que Gustavo Petro a la hora de bendecir candidaturas a la alcaldía de Bogotá, ya que ni cuando le dio la palmadita a Juan Manuel Santos en el 2010 ni cuando hizo lo mismo con Óscar Iván Zuluaga o Iván Duque le salió bien la apuesta. Con el agravante que con Zuluaga también había desconocido que el ungido por la “democracia” de su partido para esa contienda presidencial era en ese momento Francisco Santos. Y tampoco debemos olvidar que Juan Manuel Santos fue su plan B luego que Andrés Felipe Arias terminara enfrentando su responsabilidad ante los jueces por la corrupción de Agro Ingreso Seguro.

En ese camino Abelardo de la Espriella logró sumarle congresistas al clan de los descendientes de Laureano Gómez, selló su alianza con el clan Char en el Atlántico y fortaleció al grupo de Fico Gutiérrez en Antioquia. El Centro Democrático se mantuvo en el Congreso para este nuevo periodo legislativo que va hasta el 2030 como el principal partido político de las derechas en número de votos por el momento, pero no tuvo la capacidad de lograr que Paloma fuera la candidata de las derechas que en segunda vuelta les aglutinara, porque Abelardo fue mejor candidato y entendió cómo replicar lo que ya había hecho Rodolfo Hernández en el 2022.

Paralelo a todo esto, el matrimonio Lafaurie-Cabal hizo pública su distancia con Álvaro Uribe Vélez y el Centro Democrático, explicando que llevan una disputa de años y con la decisión del presidente fundador de negarle a María Fernanda ser la candidata presidencial, lo que permitió que definieran públicamente que ellos también quieren su propio partido político y lo pondrán a competir en las elecciones regionales del 2027. No hay que perder de vista que son las voces públicas más visibles del sector terrateniente, ganadero y agroindustrial que ha estado relacionado con el paramilitarismo desde hace décadas. De hecho, el primer cargo público de María Fernanda es en la Fiscalía de Mario Iguarán, y en esa fiscalía confluyeron tanto el mismo Abelardo como abogado de los paramilitares y estafadores como los propios intereses mafiosos y terroristas de Estado que han buscado en diversas operaciones políticas legitimar sus actuaciones.

En esta confederación de intereses, personerías jurídicas, estructuras clientelares regionales, organizaciones mafiosas y empresariales se encuentran no solo el Centro Democrático, sino también la personería jurídica de Defensores de la Patria, el partido de bolsillo de Fico Gutiérrez (“Creemos”) y el de Enrique Gómez (“Salvación Nacional”), Cambio Radical en manos de los Char y el movimiento del matrimonio Lafaurie-Cabal. Por lo menos seis marcas reconocidas en probable competencia en diferentes niveles en las elecciones regionales del 2027. Seis marcas que, si no se ponen de acuerdo, le dejarán todo servido para que el Pacto Histórico tenga una muy buena oportunidad de recuperar en lo local y regional el espacio que se retrocedió con la derrota en las elecciones presidenciales, si es que no comete los mismos errores del ciclo electoral que acabamos de vivir.

Es evidente hoy que Abelardo de la Espriella tiene la intención de ocupar el lugar que ha protagonizado Álvaro Uribe Vélez en los últimos 24 años de la historia política de este país. Es claro que Abelardo no es el liderazgo político que es Uribe. Pero también está ya comprobado que alrededor de Abelardo y su figura se mueve toda una serie de personajes —además de Enrique Gómez— que expresan la fragilidad de esa coalición de derechas y élites adictas al poder político que lograron sacar al Pacto de la presidencia. Entre esos personajes clave que hay que tener en cuenta están Carlos Alonso Lucio y Carlos Suárez. Articulo aparte merecen los Gilinski y los diversos intereses corporativos que ven en Abelardo una oportunidad de seguir acumulando capital.

En esa fragilidad, esa coalición de interés ya perdió el pulso por disciplinar desde la presidencia de la República quién debía ser el presidente del Senado y corren el riesgo de también perder la posibilidad de nombrar una Contraloría General de bolsillo, porque también Abelardo es un ser torpe y ególatra con una personalidad bananera más cercana a La fiesta del Chivo que a House of Cards; y es precisamente por eso que es mucho más probable que en estos años haga uso de la violencia del Estado para imponer y disciplinar no solo a las seguras movilizaciones populares, sino a agentes de su coalición frágil que busquen en intrigas palaciegas sacar provecho de la dispensación de privilegios que permite la institución presidencial a sus espaldas.

Con Carlos Alonso Lucio se abre en toda esta articulación lo que varios hemos categorizado como “el voto aleluya”, ya que negocios de la fe como el de la Misión Carismática Internacional y otras iglesias que copian ese estilo y sus procesos han aumentado su visibilidad aprovechando también ágilmente el uso de las redes sociales y el envalentonamiento que en estos últimos años los llevan a ponerse como objetivo lo que negocios similares han logrado en otras experiencias autoritarias, incluyendo la de Trump en Estados Unidos y su ofensiva reaccionaria contra los derechos de las mujeres.

Esa arista del “voto aleluya” es la que lleva a que Abelardo nombre a Viviane Morales como ministra de Educación e impulsar a la senadora Sara Castellanos como presidenta de la Comisión Tercera en el Congreso de la República donde se discutirá el presupuesto general de la nación, además de Lucio como el “José Obdulio Gaviria” de Abelardo. Ese “voto aleluya” no solo revivió el cadáver político de Lucio, sino el cargo de embajador en la OEA de Alejandro Ordóñez. No es un dato menor que, al igual que Ordóñez, el vicepresidente Restrepo haga parte de sectas católicas extremistas que comparten los mismos principios dogmáticos de los negocios de la fe que se articularon en este nuevo gobierno autoritario de extremas derechas. Ya anunciaron la pretensión de modificar la Constitución para negarle a las mujeres su derecho a decidir sobre sus cuerpos y nombraron en el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes a una disidente del Centro Democrático relacionada con las mafias antioqueñas que ha hecho carrera pública como una abanderada de la “batalla cultural” que ellos dicen protagonizar.

Paralelo a esto están los intereses mafiosos y clientelares que con Abelardo recuperan el terreno que perdieron en los últimos años de estallidos sociales, escándalos de corrupción, procesos judiciales, derrotas electorales y crisis hegemónica en Colombia; y ahí los dos clanes fundamentales por el momento son tanto los Char como lo que se está configurando en Antioquia alrededor de Fico Gutiérrez y el gobernador. A los Char les dieron el caramelo del Ministerio del Transporte y el de Comercio, mientras que a Fico el contentillo del Ministerio del Deporte y el de Trabajo.

Con Abelardo, los Char recuperan el espacio que habían avanzado con Juan Manuel Santos II ocupando lugares cada vez más importantes en el poder central, y ante el fracaso electoral de Germán Vargas Lleras —que también repitió una operación similar de millones de firmas y alianza de partidos tradicionales— hoy cogen un segundo aire. Es con Abelardo que los Char intentan repetir la operación que probaron con Álex, pero que salió mal porque les estalló en la cara el escándalo de compra de votos en donde Aída Merlano le explicó al país cómo funciona su maquinaria criminal. Es con Abelardo que los Char van a lograr encerrar a la figura presidencial en Barranquilla en un cantón militar con el apoyo económico de sus socios de toda la vida, los Daes, para desde ahí, bajo la excusa populista de la descentralización, blanquear y legitimar los intereses ligados a la mafia y el paramilitarismo que acompañan ese clan familiar.

Análisis aparte merece el papel que jugarán en este gobierno tanto el Partido de la U con figuras regionales poderosas como Dilian Francisca Toro, el Partido Conservador con el liderazgo de Efraín Cepeda y el Partido Liberal que sigue en camino hacia la irrelevancia nacional por lo que ha significado César Gaviria para esa colectividad.

Quiero insistir a modo de cierre que, aunque la fragilidad de esta coalición de derechas e intereses mafiosos y radicales que llevaron a Abelardo a la presidencia sea visible, no la hace menos peligrosa. Es precisamente las fragilidades propias de las transiciones políticas en crisis hegemónicas las que hacen más probables las respuestas violentas y autoritarias. Es necesario entender que el campo de juego está abierto para que el Pacto Histórico avance en un Congreso fundacional amplio y democrático que selle la unidad como ventaja táctica y estratégica frente a ese bloque tan agrietado y peligroso. Es urgente que el Pacto tenga un plan de territorialización y fortalecimiento para los próximos años que haga real la idea tan repetida de partido-movimiento que no puede limitarse a ser una máquina de guerra electoral.

Porque al gobierno de Abelardo no lo vamos a poder vencer con un partido parlamentario dependiente del liderazgo de Gustavo Petro. Al gobierno de Abelardo y su ofensiva autoritaria lo venceremos con organización popular, lucha social e inteligencia política. No somos resistencia, somos alternativa democrática de poder y recuperaremos la presidencia de la República si profundizamos y radicalizamos nuestro proyecto político.

 

Shameel Thahir Silva, Analista y asesor político. Sígueme en todas las redes sociales como @ShameelThahir

Foto tomada de: El Heraldo

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