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Elecciones, intelectuales orgánicos y mestizaje en Colombia. Parte VI

23 marzo, 2026 By Miguel Ángel Herrera Zgaib Leave a Comment

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“Hoy estamos no en una época de cambio, sino en un cambio de época.” Papa Francisco, en Una paz desarmada, desarmante…” ET, 17/03/2026, p. 1.15.

“Este llamado del Papa (León XIV) tiene una extraordinaria actualidad, nos invita a superar las desconfianzas con un corazón dispuesto a reconocer la dignidad de todas las personas. Se trata de una dinámica nueva, profundamente transformadora. La paz no surge de las armas.” Monseñor Héctor Fabio Henao, en, o.cit., ET, p. 1.15.

Interregno del estado de sitio y juventud guerrera

“La historia de la modernidad capitalista es la historia de una realización de la esencia de la modernidad que ha sido sin embargo una negación sistemática de ella. Las formas arcaicas del mundo de la vida y de la vida misma que, como la forma religiosa de lo político, por ejemplo, debieron quedar vacías de contenido con el desvanecimiento de la técnica correspondiente a la época de la escasez de la naturaleza y la autorrepresión social, son formas que han perdurado en esta modernidad, muchas veces como caricaturas de sí mismas.” Bolívar Echeverría, Vuelta de Siglo, Era, México, 2019, p. 13.

Hace poco, un médico egresado de la universidad Nacional, Carlos Francisco Fernández, periodista y maestro en estudios políticos, hizo una semblanza de Fernando Sánchez Torres, ex rector de su universidad. Un académico que “Ha visto transformarse la medicina, la universidad y el país”.[1] Le importó, porque al haber nacido en 1930, en Bogotá, es testigo de casi un siglo de historia colombiana.

En su recuerdo salteado, en contraste con la Universidad Nacional que experimenta un proceso constituyente hoy, en paro deliberante, con una asistencia regular de trescientas personas que rechazan la restitución del rector Ismael Peña,[2] el ex rector Sánchez Torres, nacido en 1930, cuenta que “presenció el día de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán…” Y que años más tarde, el 5 y 6 de junio de 1954, siendo ya líder estudiantil, presenció en el centro de Bogotá la muerte de estudiantes en una confrontación absurda…”[3]

El mismo Fernando ya joven médico, en un camión militar rumbo a Pandi, a su medicatura rural, cuando “El país vive uno de sus periodos más violentos…Durante unos minutos (con la enfermera Mónica) creen que aquella noche será la última.” Luego, muchos años más tarde, siendo rector, “durante los años turbulentos de la universidad decide entrar personalmente a las residencias estudiantiles para ver con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo allí”.[4]

Era el gobierno de Belisario Betancur, que le apostaba, por fin, a la paz con las guerrillas.[5] Sin embargo, luego de disturbios al interior del campus, el rector Sánchez autorizó la entrada a la Ciudad Blanca de un escuadrón motorizado de la policía, el F2, y el Goes, más la presencia de un grupo de seguridad interna que atacó a estudiantes con armas blancas.

El país estaba bajo estado de sitio. Hay 81 detenciones, que incluye a habitantes de la zona aledaña. Se contabilizan 46 personas heridas, cinco de ellas por arma de fuego de la policía. Es 16 de mayo de 1984. Se insiste en que perdió la vida un número incierto de estudiantes, cuando las unidades de policía entraron disparando.[6]

En 2024, el ex rector Sánchez Torres rechaza aquella versión, pero, sigue desaparecido el estudiante Tiberio Báez, oriundo de Cerinzá (Boyacá), integrante de los guardias rojos.[7]  Él ordenó desocupar policialmente la Ciudad Blanca; clausuró las residencias universitarias, cerró el servicio de cafeterías, la más emblemática, Gorgona, por 11 meses. Después presentó su renuncia.

Este interregno entre el mes de mayo de 1984 y abril de 1985, es el corte de varias generaciones de activismo político radical, marcado por presencia entusiasta y compromiso de jóvenes intelectuales con la insurgencia subalterna en sus diversas expresiones.

Cuando la universidad la reabra un nuevo rector, el abogado historiador, Marco Palacios perpetrará una operación quirúrgica, la nueva reforma, que reduce modernidad a modernización. La que sus críticos más enconados califican de una verdadera contrarreforma que suprime el bienestar estudiantil, e injerta pedazos de neoliberalismo.

El dramático adiós a las armas

“Espero mi amor que tu vida se agigante con tus propios desafíos y sea lo que el destino te tenga trazado. Convoca para tu alma y tu cuerpo el amor del hombre o los hombres que te sean entregados por la vida.” Carta de Carlos Pizarro LeónGómez a su hija.

Así, la generación de los ochenta se extingue en paralelo con el proceso de radicalización estudiantil urbana que animó con connatos de guerrilla en el penúltimo intento de revolución contra la oligarquía. Aquellos cuadros, universitarios y populares son reprimidos violentamente. Una parte de ellos se va para el monte, donde resisten en organizaciones guerrilleras de larga data, o sueñan con que la guerra popular les dará la victoria marchando del campo a las ciudades.

En particular, una insurgencia subalterna, el M19, que adquirió notoriedad publicística y capacidad de acción militar en las ciudades decide ensayar su fuerza de combate en una capital departamental con la toma de Florencia.[8] A partir de allí cambia la estrategia, no le jala más a la guerra de posición militar. Antes había emprendido con su líder Jaime Alfonso Bateman el tránsito a una iniciativa de paz,[9]y murió en un accidente dando los primeros pasos en esa dirección con el gobierno de Belisario, 1982-1986.

Este nuevo perfil de intelectualidad orgánica, primero fogueada en la lucha universitaria, después, en las acciones armadas clandestinas, rurales y urbanas, aparece en disposición de proponer diversas negociaciones de paz con bloque dominante. Cuando menos en dos organizaciones, hay trazos de interlocución con el pensamiento de Gramsci, el M19, y la UP, que nace de la negociación de paz que abren las Farc Ep con Belisario Betancur.

Las figuras del turco Álvaro Fayad, 1946-1986,[10] y Bernardo Jaramillo Ossa, 1955-1990, candidato a la presidencia por la Unión Patriótica, quien animó un círculo de reflexión estratégica en torno a Gramsci y la paz en Colombia en interlocución con el pensamiento renovador de Gramsci, resumen bien el aggiornamento de una izquierda renovada.

Los sobrevivientes de estas corrientes radicales, en tanto reclaman la inminencia de la transformación de la sociedad colombiana, se encuentran en el Seminario sobre la realidad colombiana y el pensamiento de Antonio Gramsci, en Bogotá, los días 4 y 5 de mayo de 1971. El marco para esta deliberación es la Asamblea nacional constituyente, y Angelino Garzón, líder sindical y uno de los convocantes, dice que el fin es “generar un debate en torno a las relaciones entre la cultura y la política; la ética y el proyecto democrático; la función de los intelectuales, la recuperación de la sociedad civil, el papel del estado, el imaginario colectivo de los colombianos”.[11]

En esa oportunidad, como fruto de tan abigarrada problemática teórica, procedieron a crear la Sociedad Colombiana Antonio Gramsci, para generar nuevos espacios de discusión del pensamiento democrático y socialista colombiano y universal. Para hacer constar esta transición política de la izquierda con vocación de poder ciudadano publicaron un primer libro bajo el auspicio de la Fundación Foro nacional por Colombia.

Intelectualidad orgánica y transición Neoprogresista

“La adhesión de masas a una ideología o la no adhesión es el modo con que se efectúa la crítica real a una racionalidad e historicidad de los modos de pensar. El aislamiento de los 5.000 o 10.000 intelectuales de izquierda en Colombia es la crítica que nos hace la masa a una pretensión de dominar el país sin conocerlo.” Diego Montaña Cuéllar, El seminario sobre Gramsci en Colombia, en: Antonio Gramsci y la realidad colombiana (1991). Bogotá, p. 13.

Antonio Gramsci, después de una incubación de muchos años entre la intelectualidad de izquierda y democrática, está ahora, proyectándose más allá de los salones de clase, descubriendo con los grupos subalternos insurrectos, sublevados contra la pobreza, la marginación la verdad situada.

Hallazgo del pensamiento del actualísimo sardo, en la liza electoral definitiva de mayo/junio de 2026, cuando la propuesta de cambio en cabeza de un tercer nuevo partido de la paz enfrenta el sartal de mentiras del partido de la guerra, que distribuye su odio de clase, y su rechazo racista al mestizaje con montones de dinero mal habido que corre a raudales por las avenidas de la desigualdad social para doblegar la voluntad de los necesitados.

Gramsci insistió en que toda política es pedagogía. Ahora, en la recta final de esta elección presidencial, es por esto fundamental que la intelectualidad orgánica que lideran Cepeda y Quilcué oriente el partido de la vida y de la paz.[12] El político filósofo Cepeda reedita el Seminario Gramsci de 1991, para combatir el altanero partido de la guerra que en Colombia tiene también una serpiente de dos cabezas: “la conciencia de la inutilidad del belicismo como doctrina para resolver las diferencias, la cruda realidad mundial (que coloca el problema en términos de supervivencia del género humano) está indicando los límites reales que debe tener la irracionalidad.”[13]

La vocería de más trayectoria y mérito en el campo socialista, Diego Montaña Cuéllar, anunciaba como imperativo para el triunfo de la revolución democrática, que, “…nos hemos embarcado en una revolución cultural, enmarcada en los más profundos estratos de nuestra civilización. Revolución sustancialmente no violenta, que solo podría realizarse a través de la voluntad popular consciente.”[14]

Intelectuales, Cultura Política y Reformas

“Crear una nueva cultura no significa solo hacer individualmente descubrimientos originales, significa también, difundir críticamente verdades descubiertas, socializarlas; hacer que se conviertan en base de acciones vitales.

El que una masa de hombres sea conducida a pensar coherentemente y en forma unitaria el presente real, es un hecho filosófico.” Texto de Gramsci citado por Diego Montaña Cuéllar en su artículo, en: Gramsci y la realidad colombiana, Foro Nacional por Colombia, agosto 1991, pp. 11, 12.

“Es con el descubrimiento de América, con la Conquista de América, cuando efectivamente se consolida la posibilidad de existencia del mercado mundial capitalista…le dará así, a la esfera de la circulación mercantil, la capacidad de expandirse efectivamente por todo el mundo.” Bolívar Echeverría. Vuelta de Siglo, p. 221.

En la dirección descubierta por Montaña Cuéllar, la revolución cultural, es decir, la reforma intelectual y moral, Iván Cepeda[15] publicita ahora con su candidatura la revolución ética. La que conecta con “una comprensión diáfana de la idea de que, en el presente, hacer política quiere decir hacer cultura…el desarrollo de la cultura de la alteridad.”[16]

Cepeda responde así al proceso alienado de la individualización neoliberal que busca colonizar el sentido común para quebrar todas las comunidades. Lo hace al retomar “la actual pluralización de la sociedad” en la vuelta de siglo que enuncia el pensador ecuatoriano Bolívar Echeverría, para traducirla en “multifacéticas formas de realización individual y colectiva, es decir, en las que la idea de la democracia como valor universal adquiera nuevas dimensiones”.[17]

Nos sitúa así en un proyecto de modernidad americana alternativa que no ha sucumbido al pesimismo posmoderno, al final de la era de los grandes ideales, en particular, a la articulación de libertad, igualdad y dignidad, relanzadas con el soporte de la cultura de la alteridad como ampliación efectiva de la democracia subalterna.

Siguiendo con Bolívar, quien cita un trabajo de Óscar Martiarena, Culpabilidad y resistencia,[18]a propósito de las modernidades, afirma que el Occidente europeo o católico es “una civilización obsesionada en pensarse bajo el signo de una culpabilización incesante”. En ella, “el individuo se individua, se constituye como individuo, a través de la experiencia del “estar en culpa…en pecado, en transgresión de la ley divina.

Es la imposición de este tipo de individuación…frente a lo que, de acuerdo a la tesis central del libro, se conformaría una “resistencia indígena”.[19]

En resumen, la resistencia indígena frente al rito católico de la confesión quebró “la membresía en el colectivo social mercantil”[20], que se descubre como un hecho no “natural”. Aquí hay una bifurcación de modernidades, una pluralización, que aplica y explica la ajenidad de los “indios apartados” frente a las instituciones occidentales como la confesión.

En el caso de la campaña presidencial colombiana está la figura de Aída Quilcué, una indígena Nasa, la formula vicepresidencial escogida por Iván Cepeda que ha despertado tantas discusiones abiertas y encubiertas con respecto al cálculo electoral. Como se ve, aquí las razones son otras. Se conecta con el antecedente del levantamiento Lacandón de Chiapas en 1994. Se trata de que los “indios atrapados” se transformen, que dejen de ser lo que son, es decir, que se revolucionen a sí mismos.”[21]

Con esta ilustración de intelectualidad orgánica de los subalternos, expresada en la pareja Cepeda y Quilcué estamos profundizando la estela progresista reformada cuando la reforma política acepta que los Estados de América Latina, y en particular no solamente el régimen Para Presidencial colombiano corrupto tiene que cambiar, tiene que rehacerse a sí mismo en el sentido de una asunción institucional del antiguo mestizaje del siglo XVII, que no es el mestizaje aparente permitido por el apartheid, de aceptarnos, de simplemente “tolerarnos” o “aguantarnos” con cierto límite, sino en el de “transformarnos realmente y sin límites los unos a los otros,” [22]como lo establece Bolívar Echeverría en Chiapas y la Conquista inconclusa.[23]

___________________

[1] Fernández, Carlos Francisco, Un médico mirando pasar un siglo. En: ET, 17/03/2026, p. 1.14.

[2] Es el número de asistentes, estudiantes, trabajadores, profesores y egresados que se juntaron para decidir la continuación del paro universitario que probable es que se extienda hasta el 26 de abril.

[3] O.cit., ídem.

[4] Ibídem.

[5] Las Farc, el Eln y el PCML-Epl, y el M19, en ese orden de relativa importancia.

[6] A raíz del funcionamiento de la Comisión de la Verdad, se reclamó una nueva investigación sobre la ocupación de la Universidad Nacional, el 16 de mayo de 1984. Hubo la entrega de un reporte a la Comisión de la Verdad en 2024.

[7] Grupo estudiantil al que pertenecieron también Darío Palma, Julio César Barrera, Judith Sarmiento.

[8] La toma ocurrió el 14 de marzo de 1984, y fue la prueba de su estructura militar. Sobre este episodio hay documentos conservados por un comandante, Pablo Beltrán Polanía. Es parte de un archivo de 57 cajas que guardan algo más de 5.000 documentos que recorren la creación del M19 en 1974, hasta la firma de la dejación de armas, acuerdo de paz y su disolución como organización guerrillera.

[9] Bateman muere en un accidente de aviación el 28 de abril de 1983. Encuentran sus restos en las selvas de Panamá en la comarca de Guna Yala.

[10] Asesinado en un operativo de servicios especiales de policía, en una casa de Quinta Paredes, en Bogotá. El día anterior había estado en reunión con el senador Luis Carlos Galán, en discusiones en torno al proceso de paz.

[11] Antonio Gramsci y la realidad colombiana (1991). Colección Pensamiento Político. Ediciones Foro Nacional por Colombia. Bogotá, pp: 5,6.

[12] Los educadores tienen que ser educados, si se quiere transformar el sentido común, descubriendo y potenciando el núcleo de buen sentido que tiene toda concepción del mundo de los subalternos.

[13] Abelardo y Paloma es el binomio de la reacción que despliega de nuevo la estrategia del partido único de la oligarquía colombiana.

[14] Antonio Gramsci y la realidad colombiana, p. 8.

[15] quien vivió el exilio en los socialismos del Este, moviéndose entre Sofía y Praga,

[16] O. Cit., p. 141

[17] Ídem.

[18] Martiarena, Oscar (1999), Culpabilidad y resistencia, ensayo sobre la confesión en los indios de Nueva España. Universidad Iberoamericana. México.

[19] Echeverría, o. cit., p.234.

[20] Ídem

[21] Ibidem, p. 246.

[22] Idem.

[23] Entrevista de Carlos Aguirre Rojas, en Vuelta de Siglo, pp. 242-272.

Miguel Ángel Herrera Zgaib, Grupo Presidencialismo y Participación, Ciencia Política, Unal, Bogotá.

Foto tomada de: Ministerio de Educación

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Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

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