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Elecciones, intelectuales orgánicos, cultura política. Parte VII

6 abril, 2026 By Miguel Ángel Herrera Zgaib Leave a Comment

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Crisol de culturas subalternas, antiEstado y autonomía

“El clientelismo y la corrupción no son política, son prácticas delictuales. No podemos abandonar la política, lo que tenemos es que rescatarla y restituirle dignidad.”. Carlos Gaviria Díaz.

“No cabe imaginar un México democrático sin que se respeten la ley y en la práctica los derechos colectivos de los pueblos indios…” Guillermo Bonfil Batalla, antropólogo. Discurso en Los Pinos, al recibir medalla Manuel Gamio, 10/8/1988.

Bolívar Echeverría, nos situó en un proyecto de modernidad americana alternativa, la de los “indios apartados”, quienes no han sucumbido al pesimismo posmoderno, al final de la era de los grandes ideales.

Es la alternativa que partió en Latinoamérica de la resistencia indígena frente al rito católico de la confesión en el ámbito de la cultura, cuando se descubre como un hecho no “natural”. Entonces, desde el siglo XVII, señala Echeverría, hay una necesaria bifurcación de modernidades, una pluralización, que aplica y explica la ajenidad de frente a las instituciones occidentales como la confesión.

Echeverría propone en su libro La vuelta de siglo un mestizaje que rompió con el apartheid, de simplemente aceptarnos, “tolerarnos” o “aguantarnos” con cierto límite. Al contrario, el mestizaje está dirigido a “transformarnos realmente y sin límites los unos a los otros.”[1]

Ahora bien, la referencia a las culturas subalternas destaca en nuestro análisis una premisa política que apuntala y singulariza la actual campaña presidencial colombiana del Pacto Histórico.[2] Porque la praxis de ruptura incorpora la figura de Aída Qilcué, una lideresa indígena Nasa como la fórmula vicepresidencial escogida por Iván Cepeda. Así las cosas, le da a esta novedad una conexión explícita a Aída con la que Cepeda denomina y publicita como revolución ética.

El nuevo componente estratégico descubierto del quehacer del Pacto Histórico de cara a la sucesión presidencial del gobierno del cambio, es el resultado de una trayectoria nacional compleja de larga duración, que se remonta a las luchas de resistencia protagonizadas por Manuel Quintín Lame y Eutiquio Timoté entre otros en la alborada del siglo XX, y que adquiere madurez al comienzo de los setenta con la creación del CRIC.

Por supuesto, esta novedad de la revolución ética y el mestizaje que la materializa se alimenta también de la actual experiencia latinoamericana que recupera y generaliza el levantamiento Lacandón de Chiapas en 1994.

Toda vez que en el devenir de esta lucha que estalla en el sur de México, los “Indios atrapados” se transforman, se revolucionan a sí mismos.”[3]Más aún, cuando al hacerse sujetos políticos rechazan la estrategia de gobernar el Estado, para así garantizar a plenitud su autonomía política. Y lo divulgan en una campaña nacional durante el tiempo de elecciones presidenciales, cuando interpelan a las multitudes subalternas de la República Mexicana.

El subcomandante Marcos y su pequeño grupo de exiliados en la Selva Lacandona de las luchas estudiantiles de los años 60 y 70,[4] después de fracasar la fórmula de guerrilla urbana, articulan su aprendizaje urbano, y se disponen con el cobijo de la teología de la liberación, a aprender de las comunidades que orienta Monseñor Samuel Ruiz García, 1924-2011,[5] defensor reconocido de los derechos indígenas, a quien llaman “Tatik”.

Samuel será mediador en este encuentro de mestizajes conjugado con la autonomía, en contacto con la experiencia de comunidades subalternas que se alzan en armas que luego confluyen en la fundación de la COCOPA (Comisión de Concordia y Pacificación), y la CONAI, la mediadora en el conflicto de Chiapas hasta 1991.

En ese crisol intercultural nace y crece la propuesta de una singular insurgencia subalterna, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, que luego hace tránsito a la política sin armas. El proyecto de autonomía extiende su influencia a través de una campaña admirable, en contravía del proceso electoral, años después del robo de la elección a Cuauthemoc Cárdenas por el PRI. Se realizó durante el proceso electoral de 2018. Esta vez propuso una organización política alternativa los grupos y clases subalternas, movida a través de una candidata independiente, Marichuy (María de Jesús Patricio Martínez), elegida vocera del Consejo Indígena de Gobierno (CIG),[6] con el respaldo del EZLN y el Congreso Nacional Indígena (CNI).[7]

El proceso de transformación del sentido común dominante en México, con el que el PRI cooptó al campesinado revolucionario, parte considerable de los obreros, intelectuales, las comunidades indígenas y populares, durante casi 70 años, ahora experimenta el desenlace de una revolución interrumpida. [8]  Se traducirá en el triunfo del progresismo con un nuevo sujeto político que resistió varios fraudes, convertido en un partido movimiento, Morena, con la conducción de Juan Manuel López Obrador.[9] Animador de la corriente nacional popular con la propuesta de la quinta transformación que potencia el ciclo reformista de la primera revolución democrática, campesina y popular triunfante.

Este proceso de transición que experimenta América Latina  del siglo XX al XXI, que se caracteriza como la onda progresista que retoma la revolución democrática, tantas veces interrumpida en forma violenta, se acompaña ahora con la construcción de otro tipo de intelectualidad orgánica, proceso del que participan las comunidades indígenas mestizas, quienes ensayan diversas formas de autonomía, de autogobierno en el subcontinente, donde los experimentos más radicales, el Zapatismo por caso, proponen hacer a un lado la jaula del Estado moderno a nivel de la nación pluralista mexicana.[10]

Para el caso mexicano, se vuelve relevante el proceso de rechazo y autoorganización, contra la sociedad capitalista que lideran el EZLN y las comunidades indígenas de Chiapas. El estudioso irlandés John Holloway, radicado en México, lo estudia en su quehacer crítico alternativo, lo denomina antipoder que diferencia de contrapoder, a la vez que establece una activa interlocución de la nueva experiencia con textos y experiencias de anarquistas y marxistas libertarios alrededor del mundo.

En el marco de este mestizaje indígena, la autonomía cobra un nuevo sentido. Va más allá de la experiencia autonomista de comienzos del siglo XX, encarnada en los consejos obreros de Turín,  de la que participaron Gramsci y compañeros socialistas de la corriente comunista, así como de los proyectos autonomistas que se ensayaron en Europa durante la experiencia revolucionaria de los años 60 y 70.[11]  Este es un rico debate con muchas aristas, que lo recoge Holloway plasmándolo en un texto nuevo, Contra y más allá del Capital, que además reproduce correspondencia significativa con diferentes interlocutores, entre quienes se cuentan Michael Lowy y Raúl Zibechi, su prologuista.

La pareja potentia potestas

“No eran ni las 8:00 de la mañana cuando ya habían reventado uno de los puntos que estábamos cubriendo…una aturdidora le explotó muy cerca a la cara a un joven…Le desfiguró el rostro, pero aún así, la jornada de movilización continuó todo el día.” Relato de Eliana Rubio, defensora de D.H., Fundación Lazos de Dignidad. Bogotá, 21 de noviembre de 2019.

En lo teórico, para dar cuenta de la nueva autonomía, que encarna el mestizaje híbrido que toma cuerpo en el proceso latinoamericano de la ambigua onda progresista que arranca en los años noventa del siglo pasado, John Holloway recupera, se vale de la pareja potestas, a la que refiere como poder sobre, y potentia, que la traduce como “poder hacer”.

En la transformación, que tiene a los Lacandones como protagónicos, ellos liberan con su potentia (poder hacer) una existencia autonegada, yendo más allá del Estado como una forma moderna de potestas, de poder sobre. Holloway partió en su pesquisa que empezó en los años setenta de proponer que el Estado es una forma capitalista de dominación, de reproducción de las relaciones de producción capitalista, para recuperarla en su reflexión actual con la experiencia del EZLN.

Es una reflexión que Holloway recupera de sus estudios con Piciotto de la lógica del Capital, a finales de la década de los 70, cuando se cierra un intenso y ejemplar ciclo de luchas autonómicas en Occidente.[12]Propone entonces la que denomina “revolución intersticial” como forma de operar la estrategia de cambiar el mundo sin tomar el poder estatal.

En seguida establezco una interlocución con la obra de Bolívar Echeverría, donde se aprehende el asunto de la identidad como relación y no como sustancia. La precede una interlocución con autores como Laclau y Mouffe, y Judith Butler; por supuesto, desde una perspectiva diferente, centrada en la experiencia de luchas americanas. Dicho planteamiento hace posible pensar, de una parte, la pluralidad de identidades, y de otra, elude los procesos de identificación que cristalizan las subjetividades produciendo reificaciones.[13]

Del experimento de lucha revolucionaria alternativa en Chiapas aparece como alternativas de auto-organización anticapitalista las comunas y los consejos de trabajadores (soviets), de ruptura con la forma Estado, para no caer en el error instrumentalista de pensar que tomar el Estado por otra clase, o clases subalternas le cambiará el sentido. De ese modo explica Holloway el fracaso de los proyectos marxistas leninistas y socialdemócratas.[14]

El mestizaje que se expresa en la doble figura de Cepeda y Quilcué, con la bandera de la revolución ética, punta de lanza de una reforma intelectual y moral, descubre la nueva forma al sujeto multitudinario en gestación que convoca a  la diversa nación colombiana, a través de la experiencia de cuatro años conducida por el Pacto Histórico y Colombia Humana, que con otras organizaciones se integraron dándole forma al partido que agencia un nuevo bloque histórico como la más adecuada expresión de las fuerzas subalternas en Colombia.

Esta intelectualidad orgánica híbrida, donde se destaca hoy, la pareja Cepeda Quilcué, junto a la de Petro y Márquez, encarna el proceso de tránsito a la configuración de la paz total, estigmatizada por la reacción y la derecha como un fracaso, por su adversario declarado, el partido de la guerra, heredero del bloque histórico dominante, que no hegemónico, que disputa el gobierno en la elección de mayo junio de 2026.

Esta forma histórica de la dominación oligárquica, acorazada en la experiencia contradictoria de la asamblea constituyente, que le dio personería constitucional a la apertura neoliberal, se ha resquebrajado. Porque ha confrontado varias crisis de representación y de legitimación,[15] a través de las cuales se desprendió de su dominación la mayor parte de los grupos y clases subalternas, mediante la sucesión de estallidos colectivos,[16] y resistencia armada de la insurgencia subalterna, que confluyeron de diferente manera, urbana y rural, en lo acontecido en el estallido social del 28 de abril 2021.

Todo esto ocurre en el marco ambiguo del desenlace de la crisis de hegemonía, cuyo curso actual está signado por la presencia beligerante de las fuerzas de la reacción y la derecha, que presentándose divididas en la primera vuelta de la elección presidencial buscan rescatar para el Bloque dominante el gobierno, que lo tiene el Pacto Histórico desde el triunfo electoral de 2022 que ensayó un programa de reformas mediante la fórmula del Frente Amplio.

Lo intenta mediante una doble alianza entre el Centro Democrático, con el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez, que desarrolló la táctica de la consulta, en la que ganó el concurso de Juan Daniel Oviedo, y Defensores de la Patria de Abelardo de la Espriella Otero, quien apadrinó y reencauchó al movimiento Salvación Nacional, con el cual el Tigre probó suerte.

Estos son los exponentes más caracteriza de la intelectualidad tradicional, en su vertiente reaccionaria. Así que buscan parejas presidenciales,[17] con quienes quieren a toda costa reencauchar el bloque histórico dominante, acercándose a las corrientes de centro derecha y abstencionistas.

Es la operación que exige reforzar el partido de la guerra, esto es, el Centro Democrático, CD, en su quehacer en las trincheras de la sociedad civil en asedio permanente, desde que su candidato Fico Gutiérrez fuera derrotado en la primera vuelta, y Rodolfo Hernández al que apoyaron en la segunda vuelta en 2022. El CD acaba de serlo por segunda vez en la elección de Congreso de 2026.

Dicha derrota debió ser más contundente, ya que requerían 52 senadores para que el partido de la paz, el Pacto Histórico y sus aliados, consigan la gobernanza del sistema político que les permita sortear el veto sistemático ejercido contra las reformas del primer gobierno del Cambio, a partir del 20 de julio de 2026. Accionar que fue exitoso en detener la mayoría de las reformas sociales, mediante el uso cínico, caprichoso de la mayoría de la Comisión séptima del senado.[18]

 

El Congreso, primer eslabón hacia la presidencia

“El Congreso tiene esa contradicción. Por muchos años ha sido el apéndice del Ejecutivo. En este momento se ha transformado en escenario de la confrontación política. Tiene esas dos caras: la muy impresionante de la corrupción y todas esas cosas, pero tiene la otra cara, que es su papel de ponerle frenos al Ejecutivo.” León Valencia, director de Pares. ET, 2/3/2026, p. 1.5.

“Su campaña le está funcionando (Cepeda). Además, tiene al gobierno detrás soportándolo. La pregunta es si puede crecer lo suficiente en segunda vuelta.” Gustavo Duncan, editorialista de El Tiempo, 29/3/2026, p. 1.2.

Cumplido el proceso de reconteo electoral de los votos depositados para Congreso el 8 de marzo, el Pacto Histórico es el partido más votado en Colombia. Alcanzó 27 curules en el Senado, con 4,413.636 millones de votantes que lo respaldaron en todo el país.[19]

De otra parte, los representantes del Pacto Histórico suman 39, y están pendientes de confirmación las curules de Cámara en los departamentos de Cundinamarca y Chocó, y el escrutinio de la curul internacional. Es posible que alcance a 41 representantes, cuando se confirmen las cuentas de Cundinamarca.

El segundo partido es el Centro Democrático, que eligió 28 representantes, y 17 senadores. Están a la espera que se den los resultados del departamento del Chocó, donde se juegan dos curules de representantes.

Con base en los resultados conocidos, igualmente, se puede confirmar que el Pacto Histórico, PH, ganó en 12 de los 32 departamentos, y en Bogotá. Mientras que su adversario principal, el Centro Democrático, triunfó en cuatro, Antioquia, Casanare, Meta y Santander.

Al pasar del conteo de los dos principales rivales, y sus potenciales aliados en el ejercicio del poder legislativo, siguiendo en parte al analista de la Silla Vacía, Jerson Ortiz, para sumar a los 27 senadores, el PH, después de su alianza con el liberal disidente Juan Fernando Cristo, podría conseguir el respaldo de 7 de los 13 senadores liberales, 8 senadores de los 11 electos por el Partido Verde, entre los que se cuentan los aliados del gobernador Carlos Amaya de Boyacá. De otros partidos, en particular, la U, podría llegarse a acuerdos con 5 de los 9 elegidos; de parte de los conservadores, 4 de los 11 electos, más la curul indígena obtenida por Aico.

De la otra coalición, que lidera la reacción, después de la primera vuelta, si la hubiera, Paloma, muy probablemente contará con el apoyo de los tres senadores de Salvación Nacional, y con los tres de la coalición Colombia Renaciente/Dignidad, los restantes congresistas de los partidos Liberal, Conservador y de la U.

Con las anteriores cuentas, el PH podría componer un bloque mayoritario para el trámite de las reformas con 53 senadores. Su rival principal, el Centro Democrático, CD, tendría 44 senadores con la alianza de 20, provenientes del Partido Verde, Liberales, Conservadores, Partido de la U, Cambio Radical.

Con esas sumas quedarían gravitando 5 senadores, para completar un total de 102, que, en todo caso, de ser parte de la oposición conducida por la reacción conformarían un bloque de 49 senadores, al juntarse con los 44 contabilizados arriba en torno a la fuerza congresional del CD.

Siguiendo con las cifras y porcentajes, el 29 de marzo se conoció el resultado de la Encuesta de Guarumo y Ecoanalítica que fue financiada por el diario El Tiempo. Al hacer el registro de la intención de voto para la primera vuelta a la presidencia los resultados fueron los siguientes: Iván/Aída, 37,5%, Abelardo/ José Manuel, 20,2%, Paloma/Juan Daniel, 19,9%, Sergio/Edna, 3,9%, Claudia/Leonardo, 2,3%. El número de encuestas fue de 3736, de estas 3.170 en zonas urbanas, y 566 en rurales.[20]

En comparación de la anterior encuesta, la realizada en enero, está claro que la preferencia por Abelardo de la Espriella bajó de 20,2 a 18,2%. Mientras este candidato de la reacción cae 2 %, la otra rival, Paloma pasó de 6,9 % a 19,9%, casi triplicó su favorabilidad. Es importante señalar que esta encuesta tiene un margen de error del 2,2 por ciento.

Víctor Muñoz, cofundador de la encuestadora Guarumo comenta que “los resultados del PH son muy importantes en el Congreso…lo que muestra que el PH tiene una estructura fuerte y que eso le está permitiendo crecer. Crece, no al mismo nivel que Paloma, pero muestra que todavía tiene espacio y que se consolida como el único candidato de la izquierda.”[21]

En todo caso, para entonces, de llegar a la segunda vuelta, dice la encuesta, que Cepeda tendría el 43,3 % enfrentado con Paloma, 40 %. Así las cosas, quien resulte ganador tendrá que ver con la disputa del 16,3 %, cuyo voto no se ha definido.[22] Conviene corregir, el comentario de Mateo García, subdirector de la sección Política de El Tiempo, quién al comentar la encuesta de Guarumo, trae a cuento que el margen de error es 2,2 %, y concluye que, así, “entre los escenarios estadísticos aparece un empate técnico” entre Paloma y Abelardo.[23]

La misma encuesta mide la intención de voto en la segunda vuelta confrontando la favorabilidad de Abelardo con la de Iván, y el resultado es contundente, 44,9 frente a 36,4%. En el caso de Sergio Fajardo, la diferencia en favor de Iván Cepeda está entre 44,8% y 28,4%. Por último, es importante destacar que la presente encuesta se hizo en 69 municipios, entre el 19 y 25 de marzo, y que el rechazo medido con respecto a las tres parejas de candidatos punteros es como sigue: Iván/Aida, 37,2 %, Abelardo/José Manuel, 22 %, y Paloma/Juan Daniel, 14,7%.[24]

Lo anterior a todas luces no es cierto, porque, haciendo esa diferencia en los dos contendientes, quien ganaría sería Iván Cepeda, con base en el 3,3 % de diferencia que contabiliza con respecto a Paloma, o con Abelardo, quien sin embargo va en caída, ante el ascenso de su rival en el campo de las fuerzas electorales de la reacción, del proclamado partido de la guerra.

Con este retrato arrojado por la encuesta del 29 de marzo, tenemos una radiografía instantánea del segundo momento del ciclo electoral de 2026, que corresponde a la elección presidencial. Entonces, de acuerdo con la medición de Guarumo, en la primera vuelta ganaría la pareja Iván/Aida, pero no obtendría el 50% más un voto, que es lo exigido por ley. Así las cosas, tendrían que competir en la segunda vuelta con el candidato de la reacción unificada. Esta vez con la corrección hecha al comentarista Mateo García, de la encuesta de Guarumo en El Tiempo, la pareja ganadora volvería a ser Iván/Aida, esta vez con el 41,1 % de los votos.[25]

(continúa)

__________________________

[1]Bolívar Echeverría, en Chiapas y la Conquista inconclusa.

[2] Este pasó de coalición política, que se lanzó el 11 de febrero de 2021, juntando a partidos y movimientos de izquierda, centro izquierda. Por la ley electoral, al obtener más del 15 por ciento de la votación, tenía que convertirse en partido. Así que en junio de 2025 algunos partidos decidieron fusionarse. El CNE aprobó, bajo el mismo nombre, la creación del partido en septiembre de 2025. Se disolvieron PDI, UP y PCC, y se unieron luego Progresistas y Colombia Humana más tarde, después de la elección legislativa de 2026.  Esta última coalición se disolvió el 3 de marzo de 2026.

[3] Ibidem, p. 246.

[4] Perseguidos casi hasta el exterminó por el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, 1970-1976, quien fuera antes el secretario de gobernación, 1963-69, durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, coautores de la masacre de la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre 1967. Este crimen de Estado arrojó más de 300 asesinatos, que contrasta con los 26 reportados por Gobernación. En 2002, Echevarría fue acusado por la Fiscalía Especial como corresponsable intelectual con el entonces presidente Díaz Ordaz de la matanza. Imputado por genocidio cumplió prisión domiciliaria, y a su fallecimiento tenía investigación previa por la Fiscalía General de la República. El libro del exagente de la CIA, Philip Agee, lo señala como colaborador. En documentos desclasificados apareció identificado con el código Litempo-8.

[5] El llamado por la reacción política y el establishment del PRI, el Obispo rojo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

[6] Ella es un médico tradicional de Tuxpan (Jalisco), electa por representantes de 40 pueblos indígenas de México.

[7] Marichuy no fue incluida en la boleta electoral de 2018, porque no logró reunir el número de firmas necesarias que la ley señala para formalizar su candidatura por el Instituto Nacional Electoral (INE).

[8] Es el nombre de un ensayo escrito por el historiador marxista, Adolfo Gilly, durante su encierro como preso político en la cárcel de Lecumberri, en Ciudad de México.

[9]Un antiguo militante del PRI, quien hizo parte de la corriente democrática que le dio nacimiento al PRD, heredero del legado del general Lázaro Cárdenas.

[10]John Holloway, abogado y politólogo irlandés, caracterizado como sociólogo, ha pensado la autonomía en términos del cambio social. Piensa con los zapatistas la problemática del poder mientras es profesor del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla. Se hizo famoso con la publicación, Cambiar el Mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy (2002). UAP y Revista Herramienta. México.

[11] De modo notable en Italia, Francia, y Alemania.  Sobre el particular se destaca lo escrito por Antonio Negri, uno de los animadores intelectuales y políticos de la autonomía obrera, que evalúa y proyecta luego en compañía de Michael Hardt en la serie de tres volúmenes Imperio, Multitud, y Commonwealth.

[12] Piciotto es un abogado británico marxista, quien luego de su colaboración inicial con Holloway se dedica al estudio de cómo regular el capitalismo corporativo global, que es como tituló su obra más reciente. Fue director del Instituto para la Sociología del Derecho en la Universidad de Oñate. Con Holloway fueron divulgadores de la escuela derivacionista del Estado, que se desarrolló en Alemania. Publicaron el libro State and Capital. A Marxist Debate (1978). Tienen como punto de partida el trabajo seminal del jurista y teórico soviético, Eugenio Pashukanis.

[13] Recoge los planteamientos del fetichismo de la mercancía y sus derivaciones, y las elaboraciones de Michel Foucault, en su etapa final, volcadas en su serie Historia de la Sexualidad.

[14] Holloway, John, Piccioto, Sol (1978). State and Capital: A Marxist Debate. ISBN 0-7131-5987-1.

[15] Ésta durante la última presidencia del Centro Democrático, Iván Duque, 2018-2022.

[16] El punto de arranque es una gran oleada de protestas que confluyen en la gran movilización del día 21 de noviembre de 2019.

[17] Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, Centro Democrático; Abelardo de la Espriella y Juan Manuel Restrepo, Defensores de la Patria.

[18] Varios de sus animadores fueron castigados en la presente elección de Congreso. En particular, son emblemáticos los casos de Angélica Lozano, Hernán Andrade, quien busco reemplazar a Esperanza Andrade, artífice de la gavilla que archivó la reforma de la salud. Y del partido de la U, Juan Felipe Lemus, congresista anti reforma tributaria.

[19] Son los guarismos que contiene el Boletín 79 de la Registraduría con el 99.58% de la votación informada.

[20] Ver ET, 29/3/2026, p. 1.2.

[21] El Tiempo, 29/3/2026, Idem.

[22] Con base en la Intención del voto, medida por la Encuesta Guarumo-Ecoanalítica de marzo de 2026, con base en la encuesta de 3736 adultos.

[23] Ibidem.

[24] Estos porcentajes corresponden al porcentaje de candidatos que no votarían los encuestados.

[25] Resulta de restar de 43,3%- 2,2%, 41,1 %.

Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD

Foto tomada de: La Silla Vacía

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Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

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