Estos hechos han sido utilizados, en medio de una campaña electoral que de hecho ya arrancó, para fabricar o crear miedo. A partir de estos hechos reales y repudiables la oposición y la prensa corporativa alimentan la narrativa que el país ha vuelto a las épocas de Pablo Escobar de atentados a aviones, bombas en centros comerciales, ataques indiscriminados contra la población civil. Exageran y dramatizan la amenaza, generan incertidumbre a través de relacionar estos hechos con el pasado del narcoterrorismo, exigiendo mano dura y responsabilizan al gobierno y a su política de paz total mediante la cual señalan que se han fortalecido los actores armados criminales.
Una vez generada la percepción de inseguridad -parafraseando a Vicenc Fisas en su más reciente libro, Manual para crear miedo– [i] la audiencia comienza a percibir un entorno cada vez más inseguro, no necesariamente basado en hechos objetivos, sino en la interpretación de estos hechos que siendo reales distan mucho de retrotraernos a la década de los años ochenta del siglo XX. Todo ello se refuerza con imágenes alarmistas, estadísticas fuera de contexto o esas comparaciones históricas que reviven en el caso colombiano el miedo colectivo. Así llegamos a una profecía autocumplida por medio de la cuál acudiendo a hechos reales como el asesinato de Miguel Uribe Turbay, los atentados en Cali y Amalfi, exageran la dimensión y el alcance de estos atentados terroristas para generar la sensación de inseguridad colectiva, el retorno al pasado para pasar a vender la seguridad como el bien más preciado de la sociedad, como la principal reivindicación y necesidad que requerimos como sociedad.
Nuestro Nobel Gabriel García Márquez lo describió, eso de la profecía autocumplida, en uno de sus maravillosos cuentos Algo muy grave va a suceder en este pueblo, y claro algo pasó porque al final el miedo empuja a la gente a salir ante el temor de que una desgracia iba a ocurrir y la desgracia y el hecho es que todo el pueblo se fue por la desgracia anunciada. Dice Fisas que el miedo así generado actúa como un disparador emocional poderoso, pues cuando las personas sienten que están en peligro y se sienten indefensas, buscan protección del Estado y de las fuerzas armadas.
Aceptan fácilmente la restricción de las libertades civiles, las políticas represivas, y el populismo de derecha que ya vivimos con Uribe en sus largos ocho años de gobierno directo y en los cuatro de su pupilo Duque. Oponerse a las negociaciones con las guerrillas a las cuales Uribe combatió no siempre con apego a las normas y procedimientos del Estado Social de Derecho, grandes redadas contra pueblos enteros como el caso de Quinchía en Risaralda, o la operación Orión en la comuna 13 de Medellín, los 6.402 jóvenes asesinados a sangre fría por el ejército, la alianza con los grupos paramilitares, la multiplicación de las masacres, de las detenciones arbitrarias, pero ante el miedo colectivo de hechos como los secuestros, el ataque a la población, el boleteo y la extorsión a los ganaderos por parte de las guerrillas y principalmente de las FARC, la población abrazó de manera acrítica a Uribe y a su propuesta de Seguridad Democrática con la que ganó en el año 2002, repitió en el año 2006 y ganó con Juan Manuel Santos en el año 2010 hasta que rompieron cuando Santos decidió negociar con las FARC en el año 2012.
Así que hoy la derecha con la complicidad de los grupos armados ilegales que ejecutan esas acciones y que por esta vía se convierten en grupos funcionales a la extrema derecha, pues realizan estas acciones terroristas de las cuales son víctimas principales los ciudadanos comunes y corrientes de a pie que están en esos sitios y caen como víctimas inocentes. Es probable también que grupos delincuenciales y sobre todo las organizaciones sucesoras del paramilitarismo como el Clan del Golfo, sean contratados o lo hagan por que se identifican con la extrema derecha para cometer estas acciones, que la derecha política y en primer término entre nosotros, el Uribismo y el Vargasllerismo, a partir de estos repudiables hechos, fabriquen el miedo para a renglón seguido vender la seguridad y a ellos como los actores políticos que brindan esa seguridad.
Quieren repetir la historia del año 2002 cuando ante los actos terroristas de las FARC, Uribe y su cohorte reaccionaria, vendieron la seguridad como el primer bien preciado que debería conquistarse y la mayoría de la población respaldó ese llamado. Cayó fácilmente en el Embrujo Autoritario, título de un buen informe sobre las graves violaciones a los derechos humanos y el derecho internacional humanitario producido en esos años, por las plataformas defensoras de los derechos humanos.
Así pues, la extrema derecha quiere repetir la historia que como dijo Marx se repite como farsa y qué buen término, para describir la situación que se quiere repetir en este proceso de lucha política, de lucha electoral en la Colombia de fines del año 2025 y comienzos del 2026. Se quiere recurrir por parte de Uribe a la reacción emocional utilizando politiqueramente al padre de Miguel Uribe Turbay el señor Miguel Uribe Londoño para mover a un país que por fortuna ya no es el mismo de comienzos del nuevo milenio. La gente ha comenzado a entender su poder constituyente, el poder de su voto, de su soberanía y hay hoy un gobierno y unas fuerzas armadas distintas a las del año 2002. Pero sobre eso y sobre posibles acciones hablaremos la próxima semana.
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[i] Fisas Armengol, Vicenc. Manual para crear miedo, editorial Icaria, Navarra España junio de 2025.
Pedro Santana Rodríguez, Director Revista Sur
Foto tomada de: María José Pizarro
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