Este mes de octubre ha visto varias expresiones del descontento social en diferentes países y en especial en Europa (más no solamente en ella), con liderazgo esencial de jóvenes, no olvidando eso sí que, en nuestra Colombia, la marea no está quieta ante las acciones e indicios que ha venido dando el gobierno nacional. Esta ola de protestas en tanto países, nos ha mostrado como, cuando de manera creciente la ciudadanía va perdiendo su bienestar y libertades, puede conllevar a revueltas que podrían cambiarlo todo o al menos mucho en cada uno de sus territorios.
Aunque la ultraderecha ha pretendido adueñarse del mansaje, para culpar primordialmente del resurgir de las protestas a una imaginaria izquierda radical y por la supuesta pasividad de los gobiernos ante la migración desde los países del sur global, ante la cual como siempre solicita total represión, desconociendo las propias deficiencias del modelo económico que ha ido generando mayor desigualdad social, sistema educativo precario, ausencia de programas de vivienda social para los sectores empobrecidos, encarecimiento del costo de vida, modificación del sistema de pensiones perjudicando a la clase trabajadora y asalariada, corrupción estatal, etc.
Mientras utilizan sus hordas violentas contra la protesta social, la ultraderecha fascista extiende su poder en los espacios gubernamentales para continuar profundizando su modelo político y económico, para extenderse por todo el mundo y aumentar la opresión de los pueblos por unas elites cada día más poderosas con sus lacayos en cada rincón.
Mientras que, en la permanente disputa entre los grandes capitales, ahora quieren obligar ir a la guerra a ciento de miles de jóvenes. No les ofrecen bienestar para todos y todas, no les reconocen el derecho fundamental a la educación universal, solo quieren dominar el mundo y agrandar sus riquezas. Y si para ello se debe seguir realizando guerras y genocidios, pues lo seguirán haciendo. Y esto se replica en las que alguna vez llamaron “republicas bananeras”, colocando a su completo servicio y bajo su sumisión a gobiernos títeres que cumplan fielmente su mandato totalizador.
Ante lo anterior, solo les queda a las mayorías, a la inmensa ciudadanía, a los pueblos, organizarse y luchar para frenar la destrucción de sus territorios, oponerse al sometimiento y alcanzar la plena libertad. Y en las luchas que se emprendan deben ir acompañadas de una amplia solidaridad con otros sectores poblacionales, con otros pueblos, con otras naciones. Solidaridad entre los pueblos, porque es solo así que se lograran los objetivos para construir una nueva sociedad que abarque toda la humanidad. No es destruyendo, es transformando. No es excluyendo es sumando fuerzas y voluntades. El cambio no se logrará por un milagro, requiere de un largo y amplio proceso.
John Elvis Vera Suarez
Foto tomada de: El País

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