“Caminante de la música, Piero recorre caminos y con su canto siembra la esperanza en toda Latinoamérica”.
Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de Paz, 1983.
Prologo del libro Piero, mi querido Piero.
En la madrugada del 11 de julio de 1976, Gabriela De Benedictis, la hermana menor de Piero, llegó a su apartamento en Buenos Aires, para avisarle que su nombre aparecía en la lista negra de los destinados a desaparecer por órdenes del régimen de facto que apenas cuatro meses atrás había ejecutado un sanguinario golpe de Estado. Los milicos vendrían por él. Tenía que partir de inmediato al exilio.
En ese momento Piero ya era conocido musicalmente en todo el continente. “Mi viejo”, tema compuesto con José Tcherkaski, se había convertido en un himno que trascendería idiomas y generaciones; canciones como “Que se vayan ellos”, “Para el pueblo lo que es del pueblo”, “Fumemos un cigarrillo”, “Tengo la piel cansada de la tarde”, “Pedro Nadie”, “Juan Boliche”, “Coplas de mi país”, “Hasta la toma del poder” (compuesta por Marilina Ross e incluida en el álbum colectivo Cancionero de la liberación) entre otras, eran tarareadas por miles de estudiantes que reclamaban un cambio profundo en sus países. Las matrices de sus discos fueron quemadas por los militares, las radios censuradas, pero el canto de Piero nunca pudo ser silenciado.
Aun confuso, recordando la desaparición reciente de entrañables amigos, el exilio de otros, la masacre de Trelew, el asesinato del padre Carlos Mugica del Movimiento Tercermundista -referente latinoamericano de la emancipación clerical y las luchas populares en Argentina-, la arbitraria detención del padre Eliseo Morales, Piero partió a la incertidumbre del destierro llevando a cuestas el dolor por la muerte de su primer hijo, Marianito, y dejando al segundo, Juan, de 11 meses al cuidado de su compañera de entonces, Laura Lampreabe. Llegó a Utandé, cerca de Madrid (España), y allí vivió en un viejo molino de aceitunas durante casi 4 años sin electricidad, sin agua y sin radio. Fue un renacer musical y también espiritual.
En 1981 regresó al continente cantando “Soy pan, soy paz, soy más” y con una nueva propuesta musical en la que ya no pedía paredón para los asesinos. Ahora afirmaba que justicia no es venganza, y en una canción emblemática agregó la estrofa “olvidemos la venganza /recordemos qué pasó /si hay justicia que ajusticien / con una constitución”. Piero creía que era posible transitar la experiencia de ruptura de la violencia, de manera positiva para sanar por dentro y proponer algo nuevo hacia afuera. Y bajo esa bandera de paz nació Prema (que significa amor en sánscrito), su nuevo grupo musical. Todos vestían de blanco, encendían inciensos, hacían un OM antes de salir a escena (ritual que mantuvo hasta su última presentación) y ubicaban en la tarima una foto de Sathya Sai Baba, el gran avatar de esta era, que había dicho: “Yo vengo a encender la lámpara del amor en sus corazones”.
Concierto tras concierto en el renacer de la democracia y bajo los últimos estertores del militarismo salvaje en Argentina, con amenazas de desalojos y de bombas en los teatros, Piero y sus músicos mantenían la calma e insistían en pedir justicia y paz para el mundo. Un nuevo Piero llegaba a los escenarios de Latinoamérica, y su público lo aceptó, lo siguió, lo ovacionó y de nuevo empezaron las giras, los especiales, los encuentros multitudinarios, los reconocimientos y el abrazo sincero de la gente, de su fanaticada que lo detenía en un aeropuerto para pedirle una foto, en un restaurante y a las salidas de los teatros. El nuevo Piero seguía enamorando y cautivando a distintas generaciones. En una misma familia por igual lo cantaban los abuelos, los hijos y los nietos. Piero llegó a grabar más de 30 discos a lo largo de su carrera musical y varios de sus temas se convirtieron en hitos de la canción popular latinoamericana.
Cuatro años después, de retomar su carrera, lideró el primer concierto solidario con transmisión en directo y de manera simultánea para varios países del continente en apoyo a las víctimas de Armero, Colombia. Esta catástrofe provocada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985, llevó a Piero junto a José Tcherkaski a componer la canción “Por ti Colombia”, cuya icónica frase “Colombia, vos tenés que renacer” se convirtió en el símbolo de la reconstrucción y el apoyo a los damnificados.
Por ti Colombia
Piero se sentía absolutamente colombiano, amado y bienvenido en esta tierra. Desde el concierto que rompió el récord de asistencia en la Media Torta en 1971, hasta su último cumpleaños, celebrado en Bogotá, el 19 de abril de 2026, fue su más amoroso y leal hijo. Colombia, fue sin duda, el gran amor de su vida. Por eso siempre estuvo presente, en especial en los momentos de más dolor y desconcierto.
En 1995 fue invitado por organizaciones sociales para cantar en el Urabá antioqueño, epicentro de una de las crisis humanitarias y de violencia más graves de la historia reciente de Colombia debido al choque territorial entre guerrillas, casas políticas y mafias, y la violenta expansión del paramilitarismo. Cuando volaba hacia Colombia desde Buenos Aires, la azafata lo reconoció y le preguntó por su destino final. Piero le respondió que darían un recital en San José de Apartadó. De inmediato la mujer se persignó y pidió a los ángeles que los acompañaran en esta peligrosa aventura. Los músicos temblaban, pero ya en la ciudad fueron recibidos con cariño, y Piero pudo escuchar a las víctimas del horror, hablar con Gloria Cuartas, la alcaldesa, y cantar por la paz. Este fue su primer concierto por la paz de Colombia en zona de guerra. Un año después, apoyó el “Mandato ciudadano por la paz”, liderado por Ana Teresa Bernal.
Ahora si es colombiano
El 2 de octubre de 1996 el presidente Ernesto Samper le otorgó la nacionalidad colombiana por su constante presencia en el país y acompañamiento en los procesos de paz. Piero aseguró en repetidas oportunidades, que éste fue su mayor premio en esta vida. Su amor por Colombia se renovó con el tiempo, y su obsesión por una paz posible, lo llevaron a viajar más asiduamente por todo el territorio nacional, especialmente por zonas de conflicto, a acompañar procesos de paz, dialogar tanto con los armados como con los gobernantes, y a buscar siempre apoyo internacional.
En el año 2000 conoció al alcalde de San Vicente de Caguán y le propuso ir a cantar gratis a la mesa de Paz. Y así fue. En un concierto de más de tres horas que ofreció en el parque Los Fundadores, Piero cuestionó a E.U. por enviar “ayuda” militar para Colombia. “Se necesita ayuda para la paz, no para la guerra”, dijo. A la salida de una sesión de diálogo, en la que logró que un armado cambiara su fusil por una guitarra, y cantó tomado de la mano de una monja y de una guerrillera, un periodista le preguntó a un comandante guerrillero sobre el encuentro con Piero. “Pues este Piero que nos mete en este cuento de la revolución, ahora viene a hablarnos de paz y ecología”, respondió jocosamente. Finalmente, con una honda decepción, Piero entendió que el diálogo no avanzaría mucho más por falta de voluntad política y de confianza entre las partes, además la guerrilla enajenada en su propio discurso y alejada de la realidad, creía que el pueblo la necesitaba y se percibía como una especie de Robin Hood. Había que buscar otros caminos para que la paz fuera posible.
El compromiso de Piero no sólo se expresó en las mesas de diálogo, en Ecuador, en Venezuela, en Cuba y en Colombia ni en las largas conversaciones que sostuvo con los nobeles de Paz, Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú, y con los expresidentes Rafael Correa de Ecuador, Juan Manuel Santos de Colombia, Evo Morales de Bolivia, incluso tuvo un intercambio de correspondencia con Álvaro Uribe Vélez. Piero caminó por los territorios, sembró un árbol de Paz en Popayán, abrazó a las comunidades indígenas de López Adentro, cantó en Jambaló (Cauca), Necoclí y San Carlos (Antioquia) y en Granada (Meta), lideró las campañas “Indígenas somos todos”, “Campesinos somos todos” y el “Mandato ciudadano por la Paz de Colombia”, cantó en Ciudad Bolívar, en la cárcel de Bellavista en Bello (Antioquia) y en muchas universidades públicas, en Duitama (Boyacá) apoyando un comedor infantil, en Guapí (Cauca) entregando juguetes a la infancia huérfana, y desde Argentina acompañó la Marcha por las víctimas del paramilitarismo y del terrorismo de Estado en 2008, convocada por Iván Cépeda. Y desde entonces no dejó de estar presente en Colombia, en casas y teatros, en el corazón y la discografía de miles de hogares.
Hoy Colombia y Latinoamérica lloran su partida. Algunos lo recordarán cómo un artista inolvidable que descifró el sentir popular, que viajó por la música protesta y de propuesta, que pasó por el folclore y el rock, las canciones de postalita e itañol -propias de sus primeros años como exseminarista-, por los himnos a la resistencia política, y dos grandes discos infantiles: el más vendido en su carrera, La sinfonía inconclusa en ‘La’ mar con el que alegró a varias generaciones. Y el menos conocido: ‘Cachuso Rantifuso’, con el que se propuso dar a conocer otros temas infantiles compuestos por el padre Alejandro Mayol y llevar un mensaje profundo a los chicos, sobre identidad y autodeterminación. “Hay que defender y preservar la propia personalidad, ser uno, lo que se es, nada más; somos únicos. Este es un trabajo sobre fortalecer la personalidad, por eso hay una canción que dice: ‘Por eso uno es uno y el otro es el otro, cuando uno quiere hacerse el otro, no es ni lo uno ni lo otro”, afirmó en su biografía.
Para otros, Piero siempre será el místico que un día vistió de blanco y se dedicó a hacer el bien, a hacer guarderías, una facultad y a trabajar la tierra por la soberanía alimentaria con los niños nini (que ni trabajan ni estudian), para asegurarles tierra y derechos.
Será también el que llamó a desobedecer y a perdonar, el que cantó al campesino sin tierra (y por eso casi es expulsado del Festival de Río que finalmente ganó en 1973 con su emblemática canción “Pedro Nadie”), el compañero de Juan Boliche, de “Aldemar el brasilero”, “El pibe Ramón”, de “Penny en la ciudad” y de “Rambo, el valiente”, tema con el que rindió homenaje a todos los humildes trabajadores, que salen a laburar antes de que salga el sol para poder llevar pan a la mesa de su familia, el trabajador que “nada entiende de la deuda externa/solo tiene un par de manos que ofrecer/ lucha, lucha en la inflación/ en la neblina por la vida que no se quiere perder”.
En 2009, cuando su amiga, la gran Mercedes Sosa, se preparaba para partir a los 74 años a causa de una falla cardiorrespiratoria, Piero la visitó en la clínica, le sujetó la mano y le dio fuerzas para cruzar la puerta, diciéndole “anda, negrita, empezá tu última gira, ve, que allá más tarde nos volveremos a encontrar”. Y tal vez ya sucedió, y ahora Piero de gira en el otro lado de la vida, canta para sus padres, Don Lino y Ornella, para su hermana Gabriela, el Papa Francisco, su admirado Atahualpa Yupanqui y para tantos otros maestros y maestras que la vida le permitió conocer.
Ahora Piero es uno con el tiempo y con las estrellas, y desde allí nos mira, mientras en esta tierra adolorida y trágicamente traicionada, lo despedimos con lágrimas de amor y frases de gratitud. ¡Hasta siempre Piero, mi querido Piero!
Algunos mensajes de despedida:
“Piero amigo estas en todos los sitios inexistentes, en todos los lugares no habitados, resides en los corazones solitarios, en todas las huellas e impronta de la memoria de todo un continente. ¡¡Gracias Amigo!!”. Tordoc. Alfonso Torres Rumie (su médico en Bogotá, Colombia).
“Despido con tristeza a Piero, un gran artista y un querido amigo al que tuve el honor de concederle la nacionalidad colombiana en 1996. Compartimos una misma causa: la paz de Colombia. Su música y su compromiso con la vida seguirán acompañándonos. ¡Hasta siempre, querido Piero!” @ernestosamperp. Ernesto Samper Pizano, ex presidente de Colombia.
“León Gieco dedicó a Piero la canción “Días peligrosos” cuando la dictadura intento asesinarlo. El exilio apresurado le salvó la vida. Hoy despedimos a un artista enorme, comprometido siempre con la democracia y con su pueblo”. Daniel Filmus @FilmusDaniel
“Se fue Piero, un gran compositor de canciones entrañables. Coplas de mi país era un obligado de los años 70’. Fue ácido y metafísico. De Los americanos a Soy pan, soy paz, soy más. Acompaño a un montón de compatriotas durante muchas décadas través de su arte, sufrió la infamia del destierro y nada pudo arrebatarle su imborrable sonrisa. Un gran abrazo de amor a sus familiares y amigos”. Fito Páez, cantautor argentino.
“Buen viaje Tanito querido, tantos recuerdos y enseñanzas dejas en nosotros, realmente se fue un hombre bueno, en toda la extensión de la palabra. Adiós Piero” Grupo Pueblo Nuevo.
“Hermano del alma, compañero de lucha, por su compromiso con la vida, ¡Piero inmortal!”. Evo Morales, ex presidente de Bolivia.
“HASTA SIEMPRE, QUERIDO PIERO”. Iván Cépeda Castro, senador de Colombia.
“Hoy partió un gran ser humano, un inmenso artista. Quiso tanto a Colombia que portaba con orgullo su ciudadanía. A toda su familia nuestro abrazo solidario. Querido Piero, nunca te olvidaremos”. Aída Avella, senadora de Colombia @AidaAvellaE
“Se nos va Piero y nos deja un legado de canciones para cantar a todo pulmón contra los enemigos del pueblo. Quedan sus canciones y su amor por Colombia, su defensa de la paz, su ingenio y su humor para contar y cantar la vida. Cantemos fuerte por el pueblo. Gracias Piero. Buen viaje”. Imprenta Republicana. @ImprentaRep
“Hoy se cumple otro aniversario del fallecimiento de mi madre, Anoland Bellido de Luna, ocurrido el 7 de octubre de 1991 en la ciudad de Panamá, y coincidiendo con esta fecha, se “ha mudado al otro barrio” el argentino Piero de Benedictis uno de los cantautores que influyó en mi desarrollo como compositor de letras y de músicas”. Rubén Blades. @rubenblades.
“Triste noticia. Piero fue un símbolo de varias generaciones de latinoamericanos. Gran artista y extraordinario ser humano. Solidario siempre con la causa de La Paz en Colombia. Mi viejo es inmortal, en especial para quienes hemos perdido un padre admirado y amado. “Es un buen tipo mi viejo… “. Hasta pronto querido Piero”. Juan Fernando Cristo, exministro del Interior, defensor de la paz y líder del partido En Marcha
“Era un artista gigantesco, fuimos a cantar por la paz en Colombia con una canción que se llama La guerra del amor, fue la única canción que compusimos juntos. Tenía la sensibilidad para cantarle a la humanidad, a grandes y chicos”, Alejandro Lerner, músico argentino.
Piero, su memoria y legado pertenecen hoy más que nunca al pueblo latinoamericano, a quienes caminaron la historia de su mano escuchando y amando sus canciones, a quienes soñaron con la paz y la justicia, y entregaron lo mejor de sí para hacer posible un mundo mejor, como lo soñó Piero.
Por siempre, Piero, nuestro querido Piero.
“Para ser humano estoy aquí,
de otras vidas y de otros tiempos vengo;
muero cada día por vivir,
vivo de creer en lo que invento”.
Un hombre común. 1983 “Para ser humano”.
Piero
Maureén Maya S

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