Antes de masacrar la cúpula gubernamental, el binomio del terror, bombardearon una escuela primaria pública femenina, ubicada en la localidad de Minab, al sur de Teherán; masacraron 185 niñas, de 6 a 12 años de edad, junto con algunas madres de familia y 14 profesoras. Fue un crimen de lesa humanidad, niñas que empezaban a vivir y acudían, como todos los días, a la escuela. Ellas solo querían vivir. No hay justificación que valga, nadie les va a creer; cínicamente negaron haber cometido el crimen; incluso, Trump, con gran desfachatez, afirmó que habían sido las propias fuerzas militares de Irán las que bombardearon la escuela pública. Pero se comprobó que los misiles fueron disparados por los bombarderos de las aviaciones gringas; las edificaciones escolares fueron convertidas en escombro.
No hubo disculpas, ni alegaron el hipócrita argumento de un “lamentable error”, fue un hecho planificado, con la doble intensión de atacar los centros de poder, bombardear instalaciones nucleares y sembrar terror en la población civil, ejecutar castigo colectivo, causar pánico, confusión, etc. por eso la llamaron “Operación Furia Épica”. Porque, Si se tratara de lo que ellos llaman una “operación quirúrgica”, habrían bombardeado únicamente edificios gubernamentales, cuarteles, aeropuertos, instalaciones nucleares etc. Se deduce que, ante el fracaso de las protestas, promovidas previamente y financiadas por la Casa Blanca, contra el gobierno iraní, duramente reprimidas por el régimen autoritario de los Ayatolas, decidieron iniciar la guerra contra Irán con acciones claramente dirigidas a sembrar pánico entre la gente y desconcierto entre las filas de las fuerzas armadas iraníes. En los 11 días del ataque a Irán siguieron bombardeando colegios, hospitales, comercios y amplias zonas de población civil.
La guerra fue presentada al mundo como un operativo para “eliminar amenazas”, destruir las instalaciones nucleares, matar al líder máximo, el Ayatola Alí Jamenei y producir un “cambio de régimen”, argumentando falsamente “actividades amenazantes” contra la seguridad nacional de los EE. UU, para impedir que Irán fabricara armas nucleares; es el recurso a la vieja excusa del “ataque preventivo”, justificado con falsas acusaciones y pruebas imaginarias. Tal como sucedió con Sadam Hussein para invadir a Irak, las supuestas armas nucleares nunca aparecieron; pero, asesinaron más de un millón de iraquíes, derrocaron a Saddam y se robaron el oro y el petróleo, lo propio hicieron en Libia, bombardearon al país, asesinaron a Gadafi, provocaron millones de muertos, dejaron una guerra entre tribus que no cesa y se robaron el petróleo y el oro. Siria, no fue invadida por tropas gringas; pero, EE. UU, armó, entrenó y fortaleció militarmente al grupo terrorista AL-Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, liderado por Ahmed al-Sharaa, por cuya cabeza EE. UU ofrecía US$10 millones, derrocaron a Bashar al-Assad, quien se asiló en Rusia; haciendo gala de su doble moral, le retiraron la recompensa al líder terrorista y lo impusieron como el nuevo gobernante de Siria, un criminal, títere y lacayo del imperio.
En Venezuela, la reciente “operación quirúrgica”; es decir, el bombardeo a Caracas y otros estados, dejó como saldo la masacre de más de cien civiles y militares, la destrucción de casas y edificios, y el secuestro del presidente Nicolas Maduro y su esposa Cilia, hoy sometido ilegalmente a juicio ante la justicia yanqui que carece de jurisdicción para ello y viola la justicia internacional, estuvo precedida de casi diez años de bloqueo total y drásticas sanciones diplomáticas y comerciales, con graves consecuencias económicas y comerciales para el país, la vida y los DD.HH del pueblo venezolano, sometido a la hiper inflación, escasez, hambre, ruina económica, desempleo y éxodo masivo; además de una campaña mundial de aniquilamiento moral del mandatario, acusado de dictador y líder del inexistente “cartel de los soles” y la banda criminal “El Tren de Aragua”. Como no lograron generar levantamientos populares contra el régimen Chavista, secuestraron al presidente y sometieron el gobierno a la égida imperialista, asumieron el control total de la más grande reserva de petróleo del mundo, que en adelante será explotado y comercializado por las corporaciones petroleras gringas y, de entrada, le prohibieron el envío de petróleo a Cuba.
El que seguía, sentenciado por Trump, era nuestro presidente Gustavo Petro, con la complicidad de la extrema derecha uribista, lo estigmatizaron, lo acusaron de ser el jefe del narcotráfico en Colombia, lo amenazaron con una intervención militar y su secuestro, lo incluyeron en la lista Clinton. Pero, Petro, que contó con el respaldo mayoritario y la disposición a la movilización del pueblo colombiano, mediante el diálogo concertado con el mandatario de la potencia imperial, logró disuadir la amenaza; salió ganancioso y su gobierno fortalecido y, de paso “dejó con los crespos hechos a las derechas”, que habían suplicado “la cárcel para el presidente de Colombia, el golpe de Estado y la intervención de los gringos” (Ricardo Sánchez Ángel).
La república de Cuba, sometida por décadas al brutal e inhumano bloqueo por el hegemón norteamericano, con graves consecuencias para la vida del pueblo, los derechos humanos, la economía, el desarrollo y todas las actividades propias de la convivencia, es “la que sigue” según lo declaró Trump. Cuba resiste y subsiste en situación de permanente amenaza a su soberanía, agravada con la “orden ejecutiva” que la declaró “amenaza inusual y extraordinaria” contra la seguridad nacional yanqui y decretó bloqueo total petrolero e incluyó el chantaje de aumentar los aranceles a los países que violen el bloqueo. Es el método del imperialismo norteamericano, te inventan unas calumnias y te declaran como una “amenaza inusual y extraordinaria” para justificar la agresión, te ponen una lápida con una diana en las espaldas y te disparan. ¿Y, la ONU que hace? Bien gracias sí señor, ahí ocupadito y entretenido haciendo declaraciones contra las violaciones imperiales a la carta de la Naciones, respondería su secretario general.
Trump, que no pudo ocultar su verdadera intención de apoderarse de las segundas mayores reservas de petróleo y de gas natural del mundo que alberga el territorio persa, ilusamente pensaba que sería una acción contundente y de pronto desenlace, que matar al máximo líder y su equipo de gobierno provocaría su desbandada y la del ejército iraní; que entonces él procedería a nombrar un gobierno controlado por los EE.UU; pero, se encontró, con la fuerte resistencia del gobierno, que se recompuso en medio del fuego, y sus fuerzas armadas, la población masivamente movilizada en respaldo al gobierno y repudio a la masacre de la escuela pública. Irán estaba preparado y declaró que el ataque de EE. UU y el sionismo “fue el inicio de una guerra”, que sus fuerzas armadas “estaban preparadas, con el dedo en el gatillo, para responder de forma inmediata y contundente a la agresión”; al tiempo que dijeron estar “dispuestos a dialogar, pero basados en el respeto mutuo”. Desde el 28 de febrero irán ha lanzado miles de misiles, incluidos los de velocidades hipersónicas, que superan entre 5 y 10 veces la velocidad del sonido, que han causado graves daños en la infraestructura, aeropuertos, centros nucleares, áreas urbanas, etc. y muchos muertos militares y civiles y miles de heridos.
La contundente respuesta de Irán incluyó el bombardeo las bases militares, embajadas y edificios donde viven funcionarios diplomáticos estadounidenses, ubicadas en los países del golfo pérsico, Afganistán, Pakistán, Irak, Kuwait, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Yemen, Jordania etc. Los muertos caen de lado y lado, porque los ataques conjuntos de Israel y USA, continuaron, las cifras de muertos y heridos de cada bando son secretos de la guerra. Así mismo, decretó el cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula diariamente el 20% del petróleo que consume el mundo y prohibió el paso de buques que transportan petróleo hacia occidente, atacó y hundió barcos cargados con millones de toneladas de petróleo que desobedecieron la orden; con el cierre del estrecho generó una crisis energética de marca mundial; el precio del petróleo supera los US$120 el barril.
Israel ha bombardeado de manera sostenida al Líbano, en ofensiva contra Hezbollah y ha causado miles de muertos y centenares de miles de desplazados de la población civil.
La escalada de la guerra sigue su curso y se ha extendido a toda la región de oriente medio y amenaza con involucrar los países europeos, afectados gravemente por el cierre del estrecho de Ormuz. Todo indica que será una guerra prolongada; Trump, que prometió una operación exprés, reconoció que se prolongaría hasta por cien días. La resistencia iraní se ha preparado para una guerra larga; lo cual, trae a la memoria la lucha heroica y prolongada del pueblo vietnamita, los agresores neofascistas – sionistas no lo esperaban, Trump ha repetido que quiere una transición como la de Venezuela, pero hasta hoy ha fracasado. La humanidad asiste a la escalada de la guerra mundial en curso. Los pueblos del mundo, principalmente los norteamericanos y europeos, se movilizan contra la guerra y en solidaridad con el pueblo iraní, el pueblo estadounidense radicalizará su protesta cuando empiecen a llegar sus soldados en bolsas de polietileno. Vietnam señaló el camino de la resistencia, la solidaridad y la movilización de masas para derrotar a los agresores.
¡Fuera manos yanquis y sionistas de Irán!
José Arnulfo Bayona, miembro de la Red Socialista de Colombia y Fiscal de ANEP.
Foto tomada de: RTVE.es

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