El sábado 3 de enero en horas de la madrugada ocurrió un ataque armado de los marines de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos a Venezuela concretamente a Caracas y como resultado de esta acción militar fue secuestrado el presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros. En estas mismas páginas hemos defendido la postura del Jefe de Estado de Colombia, Gustavo Petro, frente al régimen político de Venezuela que se tradujo en la exigencia de publicación de las actas de las elecciones presidenciales celebradas el 28 de julio del año 2024. Estas Actas nunca fueron publicadas con lo cual se consolidó la sospecha de un fraude electoral en dichas elecciones, que dio como resultado electoral el triunfo de Nicolas Maduro. También hemos defendido desde estas páginas la postura que son los propios venezolanos quienes deben resolver sus disputas internas y que lo más aconsejable, con una adecuada mediación internacional, es el inicio de un proceso de transición democrática entre el régimen chavista y la oposición. Igual posición asumieron los gobiernos de México y Brasil.
La acción armada en la cual murieron más de 100 personas entre militares de la guardia personal de Maduro y personas de la sociedad civil, indudablemente contó con la colaboración de sectores de las Fuerzas Armadas venezolanas algunos de los cuales ya han sido detenidos. Estas investigaciones apenas están en curso.
Sin rubor Donald Trump presidente de los Estados Unidos no ha escondido dos de los propósitos centrales de dicha incursión militar. El primer propósito es hacerse a condiciones favorables para la explotación del petróleo pues Venezuela es el país que tiene las mayores reservas de petróleo comprobadas en el mundo. Trump lo ha dicho públicamente y recientemente se reunió con las principales empresas petroleras de los Estados Unidos instándolas a invertir en la explotación de petróleo en Venezuela.
El segundo propósito es detener el avance de China que con sus inversiones e intercambios comerciales se ha convertido en el principal socio comercial y económico de algunos de los países Latinoamericanos como Brasil y Argentina y ha realizado importantes inversiones en Perú y Colombia. Explicable porque en la lucha por la hegemonía mundial China ofrece crédito y comercio sin imponer condiciones que sí imponen los organismos financieros internacionales dominados por los Estados Unidos como los préstamos del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, que sí imponen condiciones en las políticas económicas de quienes reciben estos préstamos. De modo que estos dos propósitos son centrales para explicarnos la intervención y el secuestro de Maduro toda vez que Venezuela ante el bloqueo económico que viene desde Obama, Trump I, Biden y Trump II, profundizó sus relaciones con China y con Rusia. El propósito central de la intervención armada de los Estados Unidos no es por supuesto la restauración de la democracia liberal en nuestro país vecino.
La mayor parte de las exportaciones de petróleo tienen como destino a China. Este bloqueo económico influyó sobre la crisis humanitaria y el éxodo doloroso de más de 8 millones de venezolanos que abandonaron el país. Tampoco compartimos la política represiva del gobierno de Maduro a los sectores de la oposición.
La acción militar de los Estados Unidos en Venezuela viola todas las normas del derecho internacional que establece claramente la inmunidad que gozan los jefes de Estado y que prescriben que cuando hay acusaciones contra un jefe de Estado se debe pedir la extradición por delitos de los cuales se les acusa los cuales deben estar debidamente fundamentadas, ninguna norma legitíma la captura violenta de quien es acusado. Todas las normas del derecho internacional han sido violadas en este caso. Como ya lo advertía la política de Seguridad Nacional de los Estados Unidos promulgada por Trump y que es un reencauche de la obsoleta doctrina Monroe de 1823 de América para los norteamericanos. Pero también viola a propia legislación norteamericana que exige la aprobación del Congreso para acciones militares de este tipo.
De modo que la soberanía nacional de todos los países de América Latina está en riesgo. Pero además EEUU se enfrenta a convenios internacionales que protegen las inversiones y las actividades comerciales entre Venezuela, Rusia y China. Pero a Trump poco le importa violar las normas del derecho internacional no solo con su acción armada en Caracas sino ahora en Groenlandia y las amenazas directas en contra de Cuba, México y Colombia. Lo que esta en juego es la propia soberanía de toda la región.
Ahora bien, en Venezuela no cayó el régimen y por ello las empresas petroleras norteamericanas son complemente escépticas con relación a sus futuras inversiones en Venezuela. Trump cree poder imponer los intereses de los Estados Unidos sin tener una presencia permanente con tropas en suelo venezolano. Rápidamente y de acuerdo con la Constitución venezolana Delcy Rodríguez asumió interinamente la presidencia y ha reclamado con razón la libertad de Maduro y su esposa Cilia Flores. La justicia norteamericana que ya legalizó en el pasado el secuestro de Manuel Antonio Noriega, presidente de Panamá, seguramente hará silogismos y maniobras para mantener en presión a Maduro y para llevarlo a juicio. Será un caso que despierte la atención mundial.
El gobierno de Delcy Rodríguez se enfrenta a un panorama nada alentador. Trump tratará de imponer condiciones onerosas y buscara como lo ha dicho en repetidas ocasiones que le permitan a las empresas petroleras norteamericanas actuar con ventaja de colonizador, es decir, sobreexplotar la producción petrolera venezolana. Si bien el actual gobierno venezolano no es ni ha aceptado un régimen de protectorado tiene una correlación de fuerzas bastante desfavorable para defender los intereses nacionales, además de que no cuenta con la ayuda militar de sus socios estratégicos que son China y Rusia que se han movido más en el terreno económico y diplomático, pero por fortuna no en el terreno militar y el bloque latinoamericano es débil por el triunfo de la derecha en Argentina, Chile, Honduras y Bolivia.
Todo ello tiene repercusiones fuertes sobre Colombia y su gobierno. Si bien la larga conversación telefónica entre Trump y Petro, distensionó las relaciones entre los dos gobiernos, todo depende de los resultados de la reunión agendada para el 3 de febrero. Petro debe entender que además de desmontar las falacias y mentiras divulgadas por la derecha colombiana en sus reuniones con los halcones de Washington, se requiere mucha paciencia y tino, para mantener la soberanía nacional sin demasiadas concesiones al régimen fascistoide de Trump. Prudencia y tino sin ceder en los principios. Y prepararnos para la injerencia del gobierno trumpista en las elecciones parlamentarias y presidenciales de este año en Colombia.
Pedro Santana Rodríguez, Director Revista Sur
Foto tomada de: France 24

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