• Desde el sur
  • Sur global
  • El sur posible
  • Archivo Revista Sur
  • Video
  • ESPECIAL SOBRE BOGOTÁ
  • SUR COOPERANDO

Corporación Latinoamericana Sur

  • INICIO
  • NOSOTROS
    • Quienes somos
    • Qué hacemos
    • Nuestro Equipo
  • TEMÁTICAS
    • Participación y cultura política
    • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
    • Jovenes
    • Victimas
    • Salud
    • Derechos humanos
    • Democracia y ciudadania
    • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones
  • Contáctenos

En Venezuela e Irán un nuevo fracaso de la estrategia de “cambio de régimen”

2 marzo, 2026 By Carlos Jimenez Leave a Comment

PDF
Imprimir
En la madrugada del sábado 3 de enero una audaz operación de comandos estadounidenses secuestró al presidente Maduro y a su esposa Celia Flores y los envió a una cárcel en Nueva York. En la madrugada del sábado 28 de febrero un misil estadounidense impactó en la casa de Alí Jamenei, el líder supremo de Irán, y lo mató a él y a su familia. El propósito de ambas acciones criminales fue decapitar a los respectivos gobiernos con el fin posibilitar un “cambio de régimen”. Un objetivo perseguido por los gobiernos de Washington por décadas, con resultados en ambos casos hasta la fecha infructuosos. Las devastadoras sanciones económicas, el acoso mediático, el riguroso bloqueo político y diplomático, el sabotaje, las acciones terroristas y el apoyo a los movimientos sediciosos dentro y fuera de cada uno de estos países no habían conseguido hasta la fecha el tan deseado “cambio de régimen”. Por lo que el presidente Donald Trump, decidido a triunfar allí donde habían fracasado sus predecesores en el Despacho Oval, ordenó primero el secuestro de Maduro y apenas un mes el ataque militar que causó la muerte de Jamenei. En ambos casos se apresuró a cantar victoria y a dar por prácticamente liquidadas la república bolivariana y la república islámica.  Y en ambos casos, los hechos se apresuraron a desinflar su euforia. A las pocas horas de producidas las decapitaciones, las dos repúblicas reemplazaron a los gobernantes desalojados a la fuerza del poder, siguiendo las leyes y los procedimientos establecidos en las respectivas constituciones.

Hoy Delcy Rodríguez completa cinco semanas en el ejercicio del cargo de presidenta encargada y Alireza Arafi lleva una semana desempeñando provisionalmente el papel de líder supremo de la nación iraní. Hay que estar muy confundido por la propia propaganda, como probablemente lo está el presidente Trump, como por creer que basta con cortar la cabeza del “régimen” para que se venga abajo de golpe, como un castillo de naipes. La propaganda escamotea el hecho de que el “régimen” es en realidad un Estado, compuesto por sólidas instituciones regidas por leyes, que cuenta con el apoyo de movimientos y partidos políticos y de una parte importante de la ciudadanía. Los Estados y los gobiernos que los dirigen pueden ser criticados y combatidos por movimientos y fuerzas políticas opositoras, que pueden incluso pretender destruir a unos y derrocar a otros.  Pero lo que nadie puede hacer es actuar políticamente como si no existieran. Y menos aún creer que basta con decapitar al gobierno para que toda su compleja arquitectura se desplome. Tal y como lo está comprobando Trump, por la resistencia que están oponiendo a sus planes de sometimiento y dominación las repúblicas bolivariana e islámica. Ya no están a cargo ni Maduro ni Jamenei, pero quienes los han reemplazado están defendiendo la existencia de sus respectivas repúblicas.

Cierto a diferencias enormes entre la resistencia venezolana y la iraní que se derivan de las enormes diferencias existentes entre ambos países en términos de geografía, historia, sociedad, religión, cultura y política. El contexto geopolítico marca igualmente una diferencia crucial: Venezuela está en el Caribe, a tiro de piedra de Estados Unidos, para decirlo de alguna manera. Irán está en cambio en el otro lado del mundo, a muchos miles de kilómetros de distancia y, aunque rodeado de países hostiles, cuenta sin embargo con la retaguardia estratégica representada por Rusia y China. Ninguna de estas dos potencias puede permitirse el lujo de que la república islámica caiga. Años atrás votaron en contra de ella en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, hoy la apoyan activamente en términos económicos, políticos y militares. La estrategia belicista de Donald Trump no les deja otra opción.

Además, está el hecho nada desdeñable de las diferencias en la historia de sus respectivas luchas antiimperialistas. La revolución venezolana, que permitió la fundación de la república venezolana, obtuvo su victoria estratégica hace 27 años, la revolución iraní, ya ha cumplido 47.

En fin, la suma de estas diferencias explica la diferencia entre la respuesta de uno y de otro país a la política de “decapitación del régimen”. La dirigencia socialista de Venezuela ha optado por ganar tiempo haciendo importantes concesiones en el tema del petróleo, esperando o confiando en que un cambio de la correlación de fuerzas a escala mundial le permita negociar en mejores términos de los que ahora lo está haciendo. No hay que olvidar que Washington mantiene el control militar de las rutas marítimas venezolanas, que el presidente Maduro está preso a espera de juicio en Nueva York y que la mayor parte de las sanciones se mantienen. Y esta misma semana ha circulado la noticia de que la fiscalía federal de Estados Unidos, está preparando la apertura de una causa judicial contra Delcy Rodríguez, a la que planea acusar de corrupción y lavado de dinero.

En cambio, Irán actúa plenamente convencido de que para él se ha cerrado el ciclo de las concesiones.  Todas las que hizo en el pasado, así como todas las que se demostró dispuesto en el curso de la última ronda de negociaciones, no han impedido que Estados Unidos e Israel reiniciaran el 28 de febrero, y con otro ataque a traición, la llamada “guerra de los doce días” del año pasado. Hoy para Irán la resistencia a los planes de Trump y Netanyahu es un asunto de vida o muerte. Porque lo que ambos quieren va más allá incluso de un cambio de régimen, que consistiría en convertir a la república islámica en una monarquía oligárquica y subalterna, como lo son de hecho las monarquías árabes. Lo quiere especialmente Netanyahu en su delirio es destruir a Irán, destruir su unidad nacional y desmembrarlo, de la misma manera que ya hizo Washington con Libia, Sudán o Siria. De allí la firme determinación de los iraní de combatir hasta la victoria o la muerte.

El problema para Washington y Tel Aviv es que los iraníes no solo tienen la moral muy alta. También tienen los medios y los recursos materiales suficientes para impedir que ambas capitales consumen fácilmente sus fatídicos planes.  Irán será una teocracia, pero también es un país de más de un millón de kilómetros cuadrados de superficie y 90 millones de habitantes, urbanizado, alfabetizado e industrializado en términos modernos y con un poderoso complejo industrial militar, cuyo mayor logro no son las armas nucleares – como pretende desde siempre Benjamín Netanyahu – sino su arsenal de drones y misiles que incluye a los hipersónicos. Es de hecho, uno de los más importantes del mundo, equiparable en muchos sentidos a los de Rusia y de China.

Tal y como ha quedado demostrado por la contundencia y la eficacia de la respuesta iraní a la agresión militar desencadenada el 28 de febrero. Los drones y los misiles han destruido o infringido graves daños a las bases militares y los activos de la CIA en Kuwait, Emiratos Árabes, Jordania y Arabia Saudita, e incluso a la base militar británica en Chipre, que estaba siendo usado por la aviación militar estadounidense para los bombardeos a Irán. Eso sin contar que el ataque con misiles al portaaviones Abraham Lincoln, que lo dañaron o que, por lo menos lo obligaron a alejarse del frente de batalla lo suficiente como para situarse fuera del alcance de los misiles iraníes. Aunque a costa de dificultar seriamente el uso de sus aviones para atacar a Irán.  Israel tampoco está a salvo. Esta semana, ha sido de nuevo blanco de ataques masivos de drones y misiles, como ya lo fue en la Guerra de los 12 días del año pasado.

Hoy es prematuro pronosticar cuál será el desenlace final de esta guerra de agresión contra Irán. Pero lo que sí puede asegurarse es que ya le está costando mucha “sangre, sudor y lágrimas” – por mucho que la censura lo oculte-, tanto a Israel como a Estados Unidos. Y es además posible pronosticar que difícilmente Donald Trump y Benjamín Netanyahu podrán sobrevivir políticamente a la misma.

Carlos Jiménez

Foto tomada de: BBC

FacebookTweetLikeShareLinkedInEmail

Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sur Global

Trump, glifosato como arma de guerra

23 febrero, 2026 By Silvia Ribeiro Leave a Comment

Donald Trump no es el (único) problema

23 febrero, 2026 By Juan Torres López Leave a Comment

La Junta de Paz de Trump relega Gaza a un segundo plano y encubre el genocidio palestino

23 febrero, 2026 By JUAN ANTONIO SANZ Leave a Comment

El Sur posible

Ideas verdes

3 abril, 2019 By Carolina Corcho 2 Comments

Suscribirse a la Revista Sur

VIDEO RECOMENDADO

Fue archivado el proyecto de Ley 010 de Reforma a la Salud

https://www.sur.org.co/wp-content/uploads/2021/05/VID-20210519-WA0024.mp4

Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

TEMÁTICAS

  • Participación y cultura política
  • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
  • Jovenes
  • Victimas
  • Salud
  • Derechos humanos
  • Democracia y ciudadania
  • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones

Ultimos articulos

  • La batalla política por el Congreso de la República
  • Recuperando los mercados de Ecuador y Venezuela
  • ARCHIVOS DE ECONÓMIA | Evolución de las finanzas públicas del GNC 2022-2026
  • La destrucción del derecho internacional y la nueva cartografía del poder global
  • El camino de la Coordinadora Nacional, Ejército Bolivariano hacia la paz bajo el marco de la resolución 053

Etiquetas

Acuerdo Agro Amnistia Brasil Cambio Climatico Campo Catalunya Ciencia y Tecnología Conflicto Colombia Corrupción crisis capitalismo Democracia Derechos Humanos Economía Ecuador Educación Elecciones Colombia ELN España Fast Track Iglesia Justicia Justicia de paz Medio ambiente Mineria Negociación Neoliberalismo Papa Participación Paz PND Pobreza Politica Politica EEUU protesta social reforma Reforma tributaria religión Renegociación revolucion salud Terrorismo Trump Venezuela Victimas

Apoyo SUR

Buscar

Director: Pedro Santana

 

 

 

Copyright © 2026 Todos los derechos reservados - Corporación Latinoamericana Sur ·