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Elecciones, voto y sentido común en Colombia. Parte IV

9 marzo, 2026 By Miguel Ángel Herrera Zgaib Leave a Comment

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¿Un destape?

“No podemos seguir matándonos entre colombianos y colombianas.” Gustavo Petro.

“Esta representación es seria y representativa. Este proceso de gobernabilidad será con el pueblo. Es un proyecto político que estamos construyendo entre todos y todas. Estaremos con toda la fuerza y el compromiso del país.” Aida Quilcué, candidata a la vicepresidencia del Pacto Histórico.

Después de los resultados del 8 de marzo quedó despejada la doble fórmula del partido de la guerra que tiene dos caras para competir en la primera vuelta por la presidencia de Colombia. Abelardo de la Espriella, y Paloma Valencia se manifestaron por dos vías en la elección del Congreso. El primero con el resucitado partido de la reacción conservadora, Salvación Nacional, que eligió tres senadores y dos representantes.

De otro lado, por la vía de la Gran Consulta, Paloma Valencia picó en punta con la fidelidad del Centro Democrático,[1] la cuna de la reacción colombiana, sumándole parte del 1’978.108 millones que recolectó del socio de la reacción, el “Tigre”, cuando presentó su candidatura por firmas.[2]

Ella superó los tres millones, [1]  y desde entonces busca el sí de quien más desea sea la fórmula para la vicepresidencia. Es Juan Daniel Oviedo,[3] la gran sorpresa, porque superó a los restantes siete integrantes de la Consulta. Con 1’255.500 votos es objeto de todos los ofrecimientos.

El bloque de la reacción ha tenido un problema para vincularlo, porque Oviedo tiene dos supuestos inamovibles: apoyo irrestricto a los Acuerdos de Paz, y a la JEP. Sin embargo, este jueves los medios especulan que Oviedo ha cedido. Están a la expectativa que Paloma lo anuncie como su fórmula en el parque de San Victorino en Bogotá.

El Pacto Histórico ganó el primer ciclo electoral en el nombramiento de congresistas. Por lo pronto contabiliza 25 senadores, y 40 representantes, con 4,4 millones de votos a Senado, con un incremento de 1,5 millones con respecto a la anterior elección.

Nadie duda que el candidato a vencer es Iván Cepeda, quien lidera el Bloque de la Paz, donde el Pacto Histórico articula el Frente plural de y por la paz.  Es conocida la orden que dio este partido de no votar ninguna consulta, luego que el CNE impidió a Cepeda participar de la consulta Frente Por la Vida, donde se juntaban las fuerzas de izquierda, no alineadas y progresistas.

La unión estratégica de la reacción y la derecha quieren a todo costo recuperar al control del poder ejecutivo, porque no le ha sido suficiente controlar las mayorías del Congreso, y de las Cortes. El Pacto Histórico es la máxima garantía para impedir borrar del torturado mapa de la nación hecha de una gran mayoría de pobres, que el partido de la guerra barra con los acuerdos de paz, que detenga la redistribución de la tierra entre el campesinado expropiado, e impida reemplazar a las industrias extractivas.

La dupla intelectual que es orgánica de los grupos y clases subalternas, está ahora en la delantera de las expectativas de ganar la presidencia de la república. Iván Cepeda anunció su candidata a la vicepresidencia, la líder indígena Nasa, Aida Quilcué, quien ha sido parte activa en las acciones de resistencia y recuperación de tierras de latifundistas del Cauca.

Aida es integrante de la familia de un gran luchador indígena de comienzos del siglo veinte, Manuel Quintín Lame. En su lucha, Quintín Lame, por la defensa de la causa indígena, fue apresado y vituperado por el bisabuelo de su eventual rival, Paloma Valencia. Hay una foto histórica que registra al poeta Guillermo Valencia, 1873-1943,[4], en esa abominable función.[5]

El desenlace electoral de la crisis de hegemonía

“La transformación de la sociedad exige hoy en día la participación de toda la población, y toda la población puede ser sensibilizada frente a esta exigencia…Hay que insistir en otra falsa idea, profundamente arraigada en los movimientos de izquierda: la idea que los pobres gozan de un privilegio político-histórico. Es una herencia cristiana. Cornelius Castoriadis.

“De hecho, Gramsci se pregunta si el concepto de revolución pasiva, extraído de Cuoco y atribuido al primer periodo del Risorgimento italiano, puede ser relacionado con el concepto de <<guerra de posiciones>> en contraposición con <<la guerra de maniobras>> o <<guerra de movimientos>>. En relación con esto, y a través de una serie de consideraciones, Gramsci afirma la posibilidad de extraer <<algún principio general de ciencia y arte políticos>> (C15, 11, 187-189)”. Pasquale Voza, pp. 429,30. Diccionario Gramsciano. México/Cagliari, 2022.

En la elección presidencial del 31 de mayo, la comunidad política colombiana, experimentará los alcances de la gran ruptura política y pacífica de la multitud ciudadana subalterna, luego de padecer más de 140 años de subordinación y dependencia del bloque oligárquico.

El presidente Petro, quien entrega su mandato el 7 de agosto, líder de esta transformación política, y quien como intelectual orgánico de procedencia subalterna ha orientado la constitución del Pacto Histórico como un partido movimiento, experimenta el problema de la sucesión en escenarios de la llamada impropiamente “democracia” representativa.

Esta sucesión de ser exitosa, elegirá como presidente a Iván Cepeda, otro intelectual salido de las canteras de la izquierda nacional, víctima también de la violencia política su propia familia. Él y la compañera de fórmula presidencial se han probado como intelectuales orgánicos, no tradicionales, de los grupos subalternos, minorías indígenas y afros, mujeres, jóvenes, pobres, víctimas de toda condición despojados de sus derechos fundamentales.

Gustavo Petro, en su condición de líder político y social, como abanderado de un progresismo reformado, ha tenido sintonía y compañía con el Neoprogresismo de Morena, en México. Ambas fuerzas, Pacto Histórico y Morena, comparten el conflictivo y disputado escenario de transición política, de revolución democrática como respuesta a la agonía de la onda neoliberal.

A la vez que los presidentes Petro y Sheinbaum tienen que, en la arena global, lidiar con las amenazas provenientes de la presidencia imperial estadounidense. En cabeza de Donald Trump se quiere imponer, a través del complejo militar industrial más poderoso, su dominio sin hegemonía en su retaguardia estratégica, sacando a su enemigo económico principal, China socialista.

Intelectuales orgánicos, pueblo y multitud subalterna

“No es casualidad, por tanto, que el propio Gramsci intente llamar la atención sobre la tensión teórico política ligada al “movimiento” del concepto de revolución pasiva al interior de su propia reflexión, cuando por un lado señala la utilidad y el peligro de tal argumento y, por otro, afirma que <<la concepción sigue siendo dialéctica, o sea que presupone, incluso postula como necesaria, una antítesis vigorosa y que presente todas sus posibilidades de explicación intransigentemente>> (C15,62, 236).” Pasquale Voza, op. cit., 433.

En comparación con Colombia, la revolución democrática popular interrumpida en el marco de la tercera transformación nacional mexicana alcanzó hasta las reformas del general Lázaro Cárdenas. Ahora, la asociación de Andrés Manuel López Obrador, un liberal socializante desprendido del PRI, con la nueva presidenta, Claudia Sheinbaum, forjada en las canteras de la vanguardia estudiantil de izquierda de los años 80, emprende el difícil camino de la cuarta transformación.

Ellos tienen que enfrentar la oposición interna que bloqueó la reciente reforma política, en simultánea con los desafíos y chantajes de la doctrina DonRoe, que quiere parar a cañonazos la agonía del neoliberalismo allende las fronteras, tanto en América Latina como en el Medio Oriente.

Con todo, esta pareja conduce otra revolución del capital, mediante una fórmula política, que es una suerte de cesarismo progresivo, con la que transforman la impronta clásica de las revoluciones pasivas, ya que para la cuarta transformación ellos incorporan en la acción, en las decisiones fundamentales a los subalternos de quienes son sus intelectuales.

Al hacerlo, le enmiendan la plana, a quienes con lecturas gramscianas han escrito a propósito de México y América Latina con menor detalle. En primera fila, interlocutan en la acción reformista con el sociólogo de la política Massimo Modonesi, quien desde la autonomía, y con los ojos puestos en la selva Lacandona, que rompió el populismo reaccionario del último PRI, y no sospesa de manera suficiente el curso transformado del nuevo sentido común, que obra en un renovado proceso de articulación nacional popular, cuando minorías, mujeres y precariado ocupan primeros puestos en el movimiento de la revolución democrática en curso de su segunda etapa.

En Colombia, la conducción política de Gustavo Petro, después de dos décadas de incubación, como heredero supérstite de la fuerza renovadora AD/M19, que obtuvo expresión jurídico política recortada en la Constitución de 1991, logra conformar una fuerza independiente del bloque dominante. Así, comienza a disgregar el bloque histórico oligárquico, comoquiera ejerce su dominio ayuno de hegemonía. Aunque sigue controlado por el bipartidismo liberal conservador, adocenado al Partido de la guerra, una suerte de Frente Nacional al revés.

A hoy, este bloque en agonía, ha utilizado las fuerzas del Congreso para bloquear los actos del gobierno del cambio, y a las Cortes para contener y/o filtrar sus decretos reformistas. Uno y otras obran como trincheras y casamatas en esta guerra de posición política que se libra en la radicalización de una estrategia de revolución pasiva, que en su dialéctica pasó de una orientación regresiva, durante la apertura neoliberal, a una progresiva, que se definió en parte con los acuerdos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc-Ep en 2016.[6]

Es esta la situación, en la presente coyuntura estratégica cuando ocurre la presencia de una dupla con origen en las fuerzas que conforman el partido Pacto Histórico/Colombia Humana, Iván Cepeda y Aida Quilcué. Cepeda, luego de ganar la consulta interpartidista, escogió al día siguiente al triunfo en la elección de Congreso, a la lideresa indígena de luchas históricas que se remontan a la década de los años 70.[7]

Esta pareja es la conducción al frente del Pacto Histórico como partido movimiento, como nuevo príncipe en el proceso de la revolución democrática de nuevo tipo, en el marco de la apuesta estratégica de un proceso constituyente, de la sucesión en el gobierno del cambio para Colombia.

De ese modo, ellos son heraldos de una naciente reforma intelectual y moral, crecida en una incipiente interculturalidad, uno de cuyos puntales es la reforma educativa que cambió el modo de financiar y acceder a la educación superior pública.

(continúa)

___________________

[1] 3.236.286 votos.

[2] Ante la Registraduría el candidato presidencial presentó 4.869.407. Más del 62% resultaron nulas

[3] En la encuesta Guarumo-EcoAnalítica divulgada el 28 de febrero señalaba que Oviedo tenía 1% de favorabilidad, y superó a todos socios de la Gran Consulta, y a los participantes en las restantes consultas, en particular, así pasó, con los punteros de éstas, Claudia López, y el otro gran derrotado, Roy Barreras. Aquella encuesta les daba el 5%, y el 1,1% respectivamente. Ver ET, 28/02/2026, 1.2.

[4]Él fue ministro de guerra, hasta candidato a la presidencia de la República.

[5] Los testimonios de la época relatan que el poeta escupió y golpeó al indio rebelde, cuando era conducido públicamente, amarrado a la cárcel municipal.

[6] Estos fueron el resultado de la no derrota de las Farc Ep en el plano político militar, porque su repliegue militar, descubrió al bloque dominante que la resistencia al bloque dominante oligárquico no era solamente armada, sino que la lucha se había desplazado a la disputa por la hegemonía, la dirección de la sociedad civil, donde los grupos y clases subalternas no solamente resistían, sino que construían liderazgos locales y regionales, y cerraban filas en busca de ser gobierno nacional.

[7] Ella creció con el CRIC, después que el proyecto del Frente Unido sufrió un gran golpe en su liderazgo civil, con la muerte en combate del cura Camilo Torres, acorralado por la tenaza bipartidista al comando de Guillermo León Valencia, abuelo de la candidata Paloma.

Miguel Ángel Herrera Zgaib, Grupo Presidencialismo y Participación, Ciencia Política, Unal, Bogotá.

Foto tomada de: Bloomberg.com

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