“El viejo mundo se está muriendo y el nuevo todavía tarda en nacer. Y éste es el tiempo de los monstruos.” Cita de Antonio Gramsci, recordada por Lea Ypi, autora de Fronteras de Clase. Invitada al Festival Hay. Ver Entrevista En busca de la Libertad de Diego Felipe González, en ET, Lecturas, enero de 2026, 2.3.
Retomemos el ritmo de nuestro escrito. Para decir con Lea Ypi, compatriota de Dua Lipa,[1] y de ancestros del padre de Antonio Gramsci, que el viejo mundo se está muriendo, y, ¿qué papel le toca a Colombia en esta encrucijada glocal?
De una parte, asistimos con horror contenido a las guerras híbridas en diversos escenarios de la geopolítica mundial. El penúltimo episodio es la movilización de la “invencible” armada estadounidense que se dispuso a sitiar a Irán, mientras el régimen de los Ayatollahs chíitas, amenaza con bloquear el Estrecho de Ormuz, paso obligado de los grandes cargueros petroleros, y, es cercado por la marina de guerra estadounidense a las órdenes de un polichinela envalentonado con la “extracción” impune de Nicolás Maduro y su esposa del fuerte Tiuna.
Después, bajo los alcances de esta “guerra justa”, en Colombia, el gobierno del cambio hizo “las paces” con Donald Trump con acuerdos provisionales secretos por ahora, que entrañan modificaciones en la política interna del país, pero, que en lo táctico alivianan preocupaciones personales, y las cargas en la inmediata y feroz disputa electoral con el bloque reaccionario que hasta se dispone a votar en la segunda vuelta por Abelardo de la Espriella, un esperpento de la picaresca criolla adobado en la olla del capitalismo político salvaje, dependiente y periférico.
En todo caso, la de Petro es una acción audaz que posibilita en el filo de la navaja la continuidad del Neo progresismo con una nueva coalición que tachonada de consultas tiene como horizonte de unidad, un nuevo Frente que sus publicistas actuales llaman Acuerdo general. Esta es una coalición que ensaya elegir al senador Iván Cepeda y su fórmula vicepresidencial, cuando no hay reelección del conductor político del Pacto Histórico, Gustavo Petro.[2]
Pacto histórico e intelligentsia plebeya
“…cada grupo social, al nacer sobre la base originaria de una función esencial en el mundo de la producción económica, crea al mismo tiempo, orgánicamente, una o más capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia función en el campo económico, de modo que <<el empresario capitalista crea consigo al economista, el científico de la economía política>>. Antonio Gramsci, Cuaderno 4, 49, 187)
En todo caso, el Pacto Histórico es la manifestación política clara, inocultable de un proceso de radicalización de los grupos y clases subalternas, cuyos intelectuales en mayor o menor medida han estado participando del autodenominado gobierno del cambio en posiciones de gobierno y administración.
Esta fuerza y su intelectualidad en trance de ser orgánica es el polo antagonista que enfrenta a la derecha y la reacción colombiana, es decir, a los animadores principales del bloque histórico dominante en el proceso acelerado de desenlace definitivo de la última crisis de hegemonía.[3]
La creciente autonomía de los subalternos, en el devenir de la crisis de representación, es un componente fundamental en la solución a la crisis orgánica de larga duración del capitalismo político y oligárquico. Nuestro capitalismo político tardío,[4] “maduró” a golpes de sangre a través de la historia de la violencia y la guerra interna en Colombia, 1947-2025. En lo político esta estrategia autoritaria sufrió y resistió una doble mengua con la insurgencia armada y el triunfo político electoral de la Anapo.
En esta última etapa política de una específica crisis orgánica,[5] la radicalización social cambia su signo. Ella no consiste en una polarización superficial, porque ella entraña, su desarrollo es parte de una mutación del sentido común dominante. Esta ocurre cuando los subalternos, grupos y clases, demandan autonomía democrática en la crisis de representación del dominio de partido único que fue reconfigurado con el Frente Nacional, cuya agonía arrancó con el triunfo negado a la Anapo.[6]
La ciudad y el campo subalternos en perspectiva
“Cualquier país que quiera “jugar” con la ridícula decisión de la Corte Suprema…se enfrentará a un arancel mucho más alto, y peor, que el que aceptaron hace muy poco.” Donald Trump, al anunciar un arancel global del 15 por ciento.
El curso de esta mutación política colombiana que hace época estuvo previamente marcado por un “estallido social” urbano, cuando la multitud subalterna confrontó la inmiseración extrema de urbes principales. Cali y Bogotá fueron los epicentros, no lo fueron, en cambio, Medellín y tampoco Barranquilla.
Fue la respuesta popular subalterna a la pretendida cura a la agonía neoliberal que pretendió implementar el último gobierno del Centro Democrático, con la tripleta del ex senador subjúdice Uribe Vélez, el presidente Duque y su ministro estrella Alberto Carrasquilla.[7]
De frente la calle confrontó la continuidad del desarrollo capitalista político, en la nueva etapa de la estrategia oligárquica que se ensayó durante el periodo de entreguerras mundiales del siglo pasado. El arranque del modelo primero estuvo caracterizado por la cooptación, y luego por la liquidación de la tendencia popular democratizadora que seguía la impronta del joven caudillo popular Jorge I. Gaitán, quien se postuló como aspirante presidencial al filo del medio siglo XX.[8]
La gaitanista era la contra tendencia que tenía como eje fundacional un programa alternativo de desarrollo socio-económico capitalista moderno,[9]sin alineamientos con ninguna de las potencias triunfadoras en la II Guerra Mundial. Se trataba del capitalismo de base industrial que exigía una reforma agraria que subvirtiera el orden semi feudal nacional, y de hacerlo cambiaba la composición, quebrando el bloque histórico forjado entre elites[10] al cierre del experimento de la República Liberal.[11]
Sin embargo, la urgencia de la reforma de la propiedad agraria terrateniente en profundidad, para prevenir la violencia social que incuba desde las postrimerías del siglo XIX, tiene una genealogía. Estaba clara en el discurso y los actos del presidente radical Manuel Murillo Toro,[12] y sus compañeros de generación durante la reforma del medio siglo pasado, la cual se frustró por la reacción regeneradora.[13] Pero la reforma plebeya fue detenida a sangre y fuego y con el destierro,[14] a través de una secuela de guerras civiles regionales, cuyo colofón fue la “guerra de los mil días”, donde el radicalismo y la masonería fueron derrotados.[15]
Después vino la insistencia en la reforma de comienzos del siglo veinte, medio siglo después, pero ahora como fruto de la colonización de las tierras baldías. Un resultado de la observación de lo ocurrido – con el cultivo exitoso del café por una miríada de pequeños propietarios, los colonos antioqueños -, de parte del ingeniero Alejandro López. Reflexiones que consignó en el primer capítulo de su obra escrita y publicada en París en 1927,[16] entre otras cosas, porque la censura de la Regeneración persistía.
Al respecto hay referencias actuales en un escrito de Darío Valencia Restrepo,[17] y antes en el libro del sociólogo Orlando Fals Borda, La Historia de la Cuestión Agraria en Colombia, cuando estaba en ascenso y declive un nuevo ciclo de luchas agrarias.[18]
El gobierno Petro, buscando cumplir con la reforma agraria integral, tantas veces postergada, impulsa la agenda agraria del Acuerdo de Paz con las Farc Ep (2016). En particular, la entrega y titulación de tierras, una obligación saboteada por el presidente Iván Duque, y cuyo cumplimiento retrasó la primera ministra de agricultura Cecilia López, parte de la cuota liberal de la coalición hecha por el Pacto Histórico. La pudo retomar con el concurso de dos jóvenes ministras de agricultura, Jhennifer Mojica y Martha Carvajalino, salidas de la intelectualidad forjada en la Universidad Nacional de Colombia a comienzos del tercer milenio.[19]
Por estos días celebra Cartagena, un gran encuentro internacional sobre la cuestión agraria y la ruralidad, la II Conferencia Internacional de la Reforma Agraria y Desarrollo Rural,[20] con un sinnúmero de especialistas que tienen como anfitrión e interlocutor al gobierno del Cambio sobre el presente y el futuro de la tierra, acompañada con una respuesta a la crisis climática, alimentaria y ambiental que es parte del posicionamiento discursivo de Petro en la escena mundial, sobre todo, luego de su intervención en la asamblea general de la ONU.
En sintomático que en el primer día de la Conferencia haya silencio de la gran prensa escrita. Basta con mirar lo que publicó la edición nacional de El Tiempo, y lo que dijeron los principales medios hablados y televisivos el martes 24 de febrero. Hay borramiento del evento, donde el quehacer en materia agraria, y el activismo frente a la crisis climática y ambiental son banderas del Pacto Histórico y su liderazgo plebeyo de nuevo tipo, en la encrucijada de la corriente Neo progresista que enfrenta las acciones armadas del capitalismo salvaje orquestado por poderosas bandas del narcotráfico.[21]
(continúa)
___________________
[1] Los tres de orígenes familiares albaneses.
[2] De esta manera se cambió el patrón introducido por Alvaro Uribe Vélez, campeón de la reacción, elegido dos veces; Juan Manuel Santos, abanderado de la derecha “pacifista”, quien repitió también. Al primero se suma, el periodo de Iván Duque, que quiso completar la primera parte del proyecto político del Centro Democrático a costillas de los subalternos, las ex Farc, y los movimientos sociales y políticos que con las multitudes descontentas irrumpieron en las grandes ciudades en la recta final de la siguiente elección, y cambiaron el rumbo de la veleta autoritaria neoliberal en el año 2021.
[3] El referente temporal de esta crisis comenzó en 1999, cuando se frustró la negociación de paz con las Farc Ep, que empezó Andrés Pastrana al ganar la presidencia. Se entrevistó con TiroFijo, Manuel Marulanda para comprometerlo, el 9 de julio de 1998. En correspondencia con lo que Víctor Ricardo, su emisario, había tratado con la dirección político militar de la insurgencia una semana antes que ocurriera la elección presidencial.
[4] Es una expresión acuñada por el político argentino Marcelo Cavarozzi en la década de los noventa. Revisar El capitalismo político tardío y su crisis en A. Latina (1996). El concepto de capitalismo político, en realidad, es producto de la reflexión de Max Weber. Según él, es una forma de conseguir renta capitalista mediante la fuerza, la política, la guerra o el saqueo. Así las cosas, la distinción entre estado y mercado se desvanece. Así ocurrió en Alemania misma, entre los siglos XIX y XX. Allí incluyó como colofón al nacionalsocialismo. Que parasitó el experimento de la República de Weimar.
[5] Porque afecta al conjunto de la sociedad. Es lo que Medellín describe como sociedad fragmentada que se expresa en lo político, según él, en una suerte de “pragmatismo electoral”.
[6] El robo de las elecciones del 19 de abril de 1970, es el mito fundante del M19, donde confluyen diversas expresiones de la izquierda y la democracia subalterna colombiana, que primero, recoge los aprendizajes del Frente Unido de Camilo, y luego ensaya la subversión urbana bajo el lema “Con el pueblo, con las armas, al poder”.
[7] Con su caída se quebró el sostenido monopolio de la intelectualidad uniandina sobre la orientación macroeconómica de Colombia bajo égida neoliberal posterior a la apertura “negociada” por el presidente César Gaviria en los entretelones del segundo proceso constituyente colombiano. El primero acaeció con la creación de la República Bolivariana.
[8] Asesinato de J. E. Gaitán, el gaitanismo y la guerrilla liberal de los Llanos.
[9] La revolución en marcha del centenarista Alfonso López Pumarejo terminó prohijando un parto de los montes, la Ley 200 de 1936, Ley de tierras que no calmó la rebeldía del liberalismo socializante de J.E. Gaitán, quien defendió por breve tiempo las luchas campesinas de los aparceros, fundando la UNIR que disolvió en 1935.
[10] Es lo que expresó el gobierno de la pausa en cabeza del líder Eduardo Santos, dueño del diario El Tiempo, el intelectual orgánico de la propuesta pactista de moderados liberales y conservadores.
[11] Revisar al respecto, el Plan Gaitán, elaborado con la participación principal de Antonio García Nossa, y que fue hundido por un Congreso que tenía mayoría liberal en 1947, pero hizo causa común, la manguala, con la reacción conservadora. Revisar el libro de Alfredo Vásquez Carrizosa (1997). El poder presidencial en Colombia. Editorial Planeta, Bogotá.
[12] Presidente de los Estados Unidos de Colombia en dos periodos, 1864-66, 1872-1874.
[13] Resultado de la alianza entre el conservador ultramontano Miguel Antonio Caro, y el liberal independiente Rafael Núñez, quienes se juntaron en el llamado partido Nacional de Colombia. Estos dividieron el bipartidismo, tomando distancia de los conservadores “históricos” y los radicales liberales. A la postre, ésta resultó ser una división táctica del bloque dominante.
[14] El caso emblemático es el de general bolivariano José María Melo y el experimento del golpe de estado cívico militar que duró pocos meses en 1854.
[15] Los caudillos radicales, Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera firmaron la paz con la injerencia directa de los Estados Unidos, que sitió a Panamá, con el pretexto de apoyar su independencia de la República de los Estados Unidos de Colombia, así como en la llamada paz de Neerlandia, sellada por el tratado homónimo de 24 de octubre de 1902. El nombre se debe a la finca bananera donde el general Uribe Uribe firmó la rendición de los radicales y aceptó el cese al fuego definitivo.
[16] Escribió al respecto Problemas Colombianos, donde reclama la modernización de la agricultura semi feudal colombiana. Analizó la propiedad de la tierra y su mala distribución, que frenaba el desarrollo económico capitalista. Reclamaba en paralelo, una educación laica en contravía de la religiosa en el tiempo de la regeneración hegemónica conservadora.
[17] Alejandro López y la cuestión agraria. Columna del periódico el Mundo, Medellín, Colombia, 28/02/2013.
[18] Editorial la Rosca, Bogotá, 1975. Publicación que coincide con la agitación campesina, que arranca con la experiencia de la creación de la asociación de usuarios campesinos por el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, en el marco de las exigencias de la Alianza para el Progreso, firmadas por su primo, Alberto Lleras, primer presidente del Frente Nacional, y John F. Kennedy que selló su visita a Bogotá.
[19] Expresión del recambio de la intelectualidad uniandina por la cuota creciente de la universidad pública en las tareas del gobierno y la administración del programa de reformas sociales propuesto en el programa del Pacto Histórico.
[20] Diálogos globales con más de 100 países, con más de 1500 delegados, deliberaran entre los días 24 a 28 de febrero de 2026. Se trata de la ICARRD+20.
[21] Esta corriente neo progresista liderada por Morena, con la presidenta Claudia Sheinbaum, ante la eliminación del Mencho, líder de la banda Jalisco Nueva Generación vivió un día de violentas reacciones en diferentes estados de la República mexicana. En Colombia, en particular, las negociaciones de paz con Calarcá, en el marco de la propuesta de paz total, son objeto de todo señalamiento y sospecha. Más aún cuando se ha utilizado el bombardeo con drones en contra de los contingentes remisos a hacer la paz bajo las condiciones impuestas por el gobierno.
Miguel Ángel Herrera Zgaib, Grupo Presidencialismo y Participación, Ciencia Política, Unal, Bogotá.
Foto tomada de: CW+

Deja un comentario