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El abismo de la sinrazón: La guerra religiosa contra Irán y el suicidio económico de occidente

9 marzo, 2026 By Carlos Julio Díaz Lotero Leave a Comment

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A pocos días del inicio de la agresión contra Irán, el mundo se asoma a una crisis sistémica sin precedentes. Lo que Washington e Israel planearon como una operación de “furia épica” —destinada a provocar una revolución popular que derrocara al Estado iraní— ha resultado en un error de cálculo histórico. Lejos de fracturarse, el pueblo iraní se ha unido ante el enemigo común que agrede al Estado y a la nación: el complejo imperial anglosionista. La agresión externa, una vez más, actúa como catalizador de la cohesión nacional, frustrando las expectativas de quienes apostaban por una revolución de color que derrocara al gobierno de la República Islámica de Irán.

El fin del mito de la invencibilidad de los Estados Unidos

La estrategia de una victoria relámpago, meticulosamente diseñada por el Pentágono y el Estado Mayor israelí, se ha desmoronado frente a la realidad del terreno. Lejos de precipitar una rendición rápida o un colapso interno de la República Islámica de Irán, el país ha respondido con una campaña militar de precisión quirúrgica que ha neutralizado parte de la arquitectura de defensa aérea de la región. Los sistemas de radar THAAD y las baterías de misiles Patriot, pilares de la hegemonía militar estadounidense, han quedado virtualmente “ciegos” ante la ofensiva persa.

Gracias al respaldo tecnológico de Rusia y China, el despliegue de los misiles hipersónicos Jorramchar-4 ha desnudado la vulnerabilidad de las defensas occidentales. Este armamento de nueva generación ha demostrado que incluso los sistemas de interceptación más avanzados del mundo son hoy incapaces de contener vectores que combinan velocidad extrema con maniobrabilidad impredecible.

Washington se enfrenta hoy a una realidad militar amarga. Tras agotar gran parte de su inventario de misiles Tomahawk en las fases iniciales de la ofensiva, la superpotencia ha descubierto que el mito de su invencibilidad tecnológica ha sido superado por la asimetría del nuevo orden multipolar.

Lo que comenzó como una apuesta por la superioridad absoluta se ha transformado en un desgaste estratégico insostenible. Esta guerra confirma una lección histórica: la tecnología despojada de una estrategia coherente y carente de un respaldo político legitimo no es más que un castillo de naipes. El poder de fuego ya no garantiza la victoria cuando el adversario posee la capacidad de golpear los centros neurálgicos de mando y control sin encontrar mayor resistencia de los sistemas interceptores, que resultan demasiado lentos frente a los misiles hipersónicos.

El sionismo evangélico redefine el mensaje de Jesús

El factor más alarmante de esta guerra no es solo geopolítico, sino el inquietante resurgimiento del fundamentalismo religioso en el seno del poder estadounidense e israelí. Figuras como el secretario de defensa Pete Hegseth presentan el conflicto como una “guerra bíblica”. Esta instrumentalización de la fe para justificar crímenes de guerra —como el asesinato de 185 niñas mediante la técnica del “doble tap”[i] en un centro escolar— es la mayor muestra de irracionalidad contemporánea[ii].

El presidente Donald Trump protagonizó una escena de fuerte carga simbólica en el Despacho Oval al recibir a un grupo de líderes religiosos y pastores evangélicos de distintos lugares de Estados Unidos, quienes realizaron una cadena de oración por la protección de Trump y de las tropas estadounidenses que participan en operaciones militares en Irán, en las que ha resultado afectada fundamentalmente la población civil[iii].

Para el sionismo radical y el evangelismo sionista cristiano de Trump el adversario no es un Estado soberano, sino el “Amalec” bíblico[iv]. Netanyahu citando el Primer Libro de Samuel (15:3)[v], justifica la matanza de hombres, mujeres y niños de pecho como un mandato divino[vi]. Este fenómeno, que el psicólogo Albert Bandura[vii] define como “desconexión moral”, traslada la responsabilidad de actos atroces a una autoridad sagrada, negando la realidad mediante una suerte de esquizofrenia política.

Un elemento central del mensaje cristiano es la ruptura con la lógica de la violencia presente en ciertos relatos del Antiguo Testamento, transitando hacia una ética radical del amor. Mientras que en el Primer Libro de Samuel (15,3)[viii] aparece un mandato de exterminio contra Amalec —enemigo histórico que atacó a los israelitas debilitados tras su salida de Egipto—, el mensaje de Jesucristo introduce una superación moral profunda.

En el Sermón de la Montaña, Jesús proclama: “Amen a sus enemigos”, “Bienaventurados los que trabajan por la paz” y “Si alguien te golpea en una mejilla, preséntale también la otra”. Con ello, el cristianismo propone la superación definitiva de la ley del talión y la retaliación, situando el amor al prójimo —incluso al adversario— como principio supremo. Jesús se convierte así en la antítesis de la violencia y en el fundamento de una civilización de paz.

Resulta una contradicción flagrante y una blasfemia utilizar el nombre de Dios o de Jesucristo para bendecir la guerra. El cristianismo auténtico es un llamado a la reconciliación, no un manual para la masacre. Invocar la fe para destruir al “otro” no solo viola el derecho internacional y la ley natural, sino que es la negación misma del mensaje de Cristo, quien vino a enseñarnos que la verdadera victoria no está en el asesinato del enemigo, sino en la construcción de una paz justa.

El efecto bumerán del ataque a Irán sobre la economía mundial

Mientras tanto, la economía global entra en una fase de parálisis técnica. El cierre del estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20 % del petróleo y el 25 % del gas natural licuado que se consume globalmente— ha desencadenado una escalada de precios y una interrupción en las cadenas de suministro energético que afecta tanto a países occidentales como a las economías emergentes. Lo que comenzó como un ataque quirúrgico contra Irán se transforma rápidamente en un terremoto geopolítico y económico cuyas réplicas apenas comienzan a sentirse.

El disparo de los insumos energéticos está gestando un proceso inflacionario por el lado de los costos que difícilmente puede contenerse con las recetas tradicionales. Si los bancos centrales insisten en elevar las tasas de interés bajo una ortodoxia monetaria cada vez más cuestionada, no harán más que profundizar la desaceleración económica global. Esta política no frenará el precio del crudo, pero sí puede terminar asfixiando la inversión productiva y empujando a la quiebra a miles de empresas en un sistema ya saturado por la especulación financiera y una gigantesca burbuja de derivados estimada en más de 2.400 billones de dólares.

Al conflicto en el estrecho de Ormuz se suma la creciente inestabilidad en el mar Rojo por las posibles acciones de los hutíes en apoyo a Irán. Esto configura una especie de “bloqueo de pinza” sobre las principales rutas energéticas del planeta, obligando a los fletes marítimos a rodear África, lo que dispara los costos logísticos y alarga los tiempos de entrega. Economías altamente dependientes del crudo del Golfo, como Japón, Corea del Sur e India, enfrentan ahora un shock de abastecimiento que podría paralizar sectores estratégicos de su industria tecnológica.

A este escenario se añade la eventual decisión de algunos Estados del Golfo —como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait— de reconsiderar o reducir parte de sus inversiones en Estados Unidos como instrumento de presión diplomática. Un movimiento de esa magnitud golpearía el corazón del sistema del petrodólar y reforzaría una tendencia que ya se venía consolidando: la búsqueda de mecanismos alternativos de comercio energético en monedas distintas al dólar, incluidos los esquemas financieros impulsados por los países BRICS y una mayor acumulación de oro como reserva estratégica.

El gas natural, además, constituye la base de la producción mundial de fertilizantes. Una interrupción prolongada en el suministro procedente de Irán o de la región elevaría de forma significativa el costo de los insumos agrícolas, presionando al alza los precios de los alimentos y agravando los riesgos de inseguridad alimentaria en amplias regiones del planeta.

Las repercusiones también se sentirán con fuerza en Iberoamérica. El aumento del precio de la gasolina y del diésel impactará directamente el costo del transporte y, en consecuencia, el precio final de la mayoría de bienes y servicios. Desde la producción agrícola —que depende de fertilizantes, pesticidas y transporte terrestre— hasta sectores como la aviación, la industria electrónica y el comercio de semiconductores, altamente dependientes del transporte aéreo, enfrentarán un aumento significativo de costos. Al mismo tiempo, la volatilidad en los mercados financieros afectará fondos de inversión y sistemas de pensiones.

Para economías Iberoamericanas abiertas y dependientes del comercio internacional, el choque energético se traducirá en inflación importada, presión sobre las tasas de cambio y un encarecimiento del crédito. En el caso de Colombia, el impacto podría ser particularmente sensible debido a su dependencia de combustibles refinados importados, al incremento de los seguros marítimos y a los mayores costos del transporte global. Todo ello amenaza con trasladarse al precio de los alimentos, el transporte y los bienes de consumo, reduciendo el poder adquisitivo de los hogares y debilitando el crecimiento económico. En un contexto de incertidumbre global, el resultado probable será una desaceleración de la inversión, mayor volatilidad cambiaria y un deterioro del desempeño económico en buena parte de la región.

Hacia un Nuevo Paradigma de Seguridad y desarrollo

Estados Unidos parece haber sobrevalorado sus capacidades militares tras lo que considera “éxitos” en escenarios como Venezuela, pasando por alto que Irán no es un actor menor ni un Estado frágil, sino una civilización milenaria con una profunda identidad histórica y una cultura política marcada por la resistencia. En un territorio vasto, con una población altamente movilizada por el sentimiento nacional y con aliados estratégicos en la región, el conflicto de gran escala que se desarrolla podría convertirse en una sangría de proporciones históricas.

Además, el ataque directo contra Irán trasciende el marco de un conflicto regional. En la práctica, implica desafiar a un conjunto de potencias emergentes que buscan redefinir el equilibrio del sistema internacional, entre ellas los países agrupados en los BRICS y las redes de integración económica asociadas a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Más que un simple episodio militar, se trataría de un intento de frenar por la fuerza la transición hacia un orden mundial más multipolar, en el que nuevas economías y nuevas alianzas reclaman mayor espacio en la gobernanza global.

En este contexto, la humanidad se enfrenta a una disyuntiva histórica. O se reafirma el principio del derecho internacional, inspirado en la Carta de las Naciones Unidas y en los principios de coexistencia pacífica entre los Estados que ha propuesto la República Popular de China—respeto a la soberanía, no agresión, no injerencia en los asuntos internos, igualdad y beneficio mutuo—, o el sistema internacional corre el riesgo de deslizarse hacia una era dominada por la ley del más fuerte. La justicia debe reemplazar a la fuerza bruta. De lo contrario, el abismo moral y político al que ha advertido el Papa León XIV[ix] dejará de ser una advertencia para convertirse en nuestro destino colectivo.

_____________________

[i] https://www.elmundo.es/internacional/2026/03/09/69ae8523e85ece50108b458c.html

[ii] https://www.facebook.com/reel/945116541390288

[iii] https://www.youtube.com/watch?v=l8VgDicBPCE

[iv] El término “Amalec” en la Biblia se refiere a un pueblo nómada descendiente de Amalec, quien era nieto de Esaú y, por tanto, parte de la genealogía que se remonta a Abraham. Según la tradición bíblica, los amalecitas atacaron al pueblo de Israel poco después de su salida de Egipto durante el éxodo. Debido a esa agresión, el relato bíblico señala que Dios ordenó al rey Saúl destruir completamente a Amalec. En el Primer Libro de Samuel 15:3 se describe esta orden de la eliminación total del pueblo amalecita, incluidos mujeres, niños y aun los de pecho. El texto bíblico narra que Saúl desobedeció parcialmente el mandato divino al perdonar al rey Agag y reservar parte del botín, lo que provocó la desaprobación divina y el posterior rechazo de Saúl como rey de Israel.

[v] “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1 Samuel 15,3).

[vi] https://www.middleeastmonitor.com/20231029-netanyahu-declares-holy-war-against-gaza-citing-the-bible/

[vii] Bandura exploró cómo personas que deberían ser “buenas” pueden cometer actos crueles. Señaló que los individuos utilizan mecanismos mentales para convencerse de que sus acciones éticamente cuestionables son aceptables (por ejemplo, mediante la deshumanización de la víctima o el desplazamiento de la responsabilidad).

[viii] https://www.youtube.com/watch?v=pMVs7akyMh0

[ix] Tras el Ángelus del segundo domingo de Cuaresma (8 de marzo de 2026), el Papa León XIV expresó su profunda preocupación por las “angustiantes noticias” y los ataques en Irán y Oriente Medio, advirtiendo sobre el riesgo de una expansión del conflicto. Llamó a frenar la violencia y utilizar la diplomacia para evitar un “abismo irreparable”. Ver: https://www.facebook.com/reel/1688799135623139

Carlos Julio Diaz Lotero

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