• Desde el sur
  • Sur global
  • El sur posible
  • Archivo Revista Sur
  • Video
  • ESPECIAL SOBRE BOGOTÁ
  • SUR COOPERANDO

Corporación Latinoamericana Sur

  • INICIO
  • NOSOTROS
    • Quienes somos
    • Qué hacemos
    • Nuestro Equipo
  • TEMÁTICAS
    • Participación y cultura política
    • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
    • Jovenes
    • Victimas
    • Salud
    • Derechos humanos
    • Democracia y ciudadania
    • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones
  • Contáctenos

Crónica de un recuerdo

2 marzo, 2026 By Álvaro Hernández V Leave a Comment

PDF
Imprimir

[La Unidad de Búsqueda de Víctimas informó que los restos mortales del cura Camilo Torres Restrepo fueron hallados sesenta años después de su muerte]

La noticia la escuché, incrédulo, a eso de las 9 de la mañana del 16 de febrero de 1966, en el vestíbulo del edificio principal del Hospital La Hortúa, hasta donde viajé para cumplir una cita crucial con el optómetra. “Mataron al padre Camilo Torres”, “Mataron al padre Camilo”, decía en voz alta una mujer angustiada, como si hablara de un vecino suyo, y se creyera en el deber de dar a conocer esa muerte que parecía afectarla de un modo muy personal. Otros más se trasmitían el dato con un murmullo. Extra tras extra, una emisora repetía la información en el transistor de la vendedora de tintos y jugos en la puerta del edificio. Con diecisiete años y a punto de comenzar el sexto de bachillerato en San Simón, la radio deshizo mi ilusión de que fuese un rumor callejero.

Pero no, en el frío de aquella mañana, y en medio de desconocidos urgidos por sus dolencias o las de sus parientes, acepté que el sacerdote rebelde que conocí, había muerto a balazos en un combate con el ejército colombiano en un sitio llamado “Patio Cemento” en Santander. He vuelto a ese día varias veces, guiado por las referencias públicas que de tiempo en tiempo afloran sobre la vida o la muerte del cura guerrillero con quien tuve un trato fugaz – aunque para mí inolvidable –, y esa mañana salí del Hortúa estrenando mis primeras gafas formuladas contra la miopía: marco de carey falso y vidrios verdes rectangulares, sobre mi cara lavada. Un día extraño fue ese 16 de febrero.

En 1965, unos meses antes, un montón de estudiantes recorrimos varios kilómetros por las calles principales de Ibagué, detrás del sacerdote que marchaba con su sotana negra saludando a la gente en los andenes. La revolución popular del Frente Unido que difundía se nos presentaba como toda una fiesta callejera, haciéndonos experimentar la sensación de ser parte de algo grande que ilusionaba. Al final, Camilo Torres habló con un megáfono en la Universidad del Tolima. Luego nos dispersamos.

Alguien me dijo que el profesor Castro Plata – que nos invitó como sus alumnos de inglés a la marcha –, el doctor Jaime Corredor Arjona y otros mayores que habían invitado al sacerdote rebelde a la ciudad y lo acompañaron en el recorrido, estaban con él en una casa de Santa Elena. No fue difícil dar con ella, pues afuera se aglomeraba la gente como lo hacía a la puerta de un sanador. Me aparecí en la que resultó ser la casa de Corredor Arjona con una carpeta en el sobaco con varias de mis caricaturas que para entonces había publicado en el diario El Cronista. Me excitaba la idea de que el líder revolucionario aceptara publicar mis caricaturas en el periódico Frente Unido – imaginando que de ese modo realizaba mi “compromiso con la revolución popular” –, aunque mis dibujos no eran los “suficientemente revolucionarios”. Aparte de que el señor Zamora había alterado algunos de mis textos para acomodarlos a la realidad partidista que al diario liberal le interesaba.

Alguien que me atendió en la puerta le echó un vistazo a los dibujos, desapareció, y después de unos minutos regresó para llevarme adentro. Y allí, en una sala llena de hombres mayores, estaba la figura que yo, con un atrevimiento que me trababa la voz, había ido a buscar. Cuando vi mi carpeta en sus manos vacilé nervioso, pues era obvio que había conocido “mi arte”. Yo dije que podía mejorar, y conté lo de la alteración de los textos para justificarme. Eso lo recuerdo bien, porque ese abuso seguía incomodándome. Entonces él, condescendiendo con el muchacho que lo miraba de pie, dijo algo como: “No hay problema, están bien, tenemos un dibujante pero sus colaboraciones pueden servirnos”; y dirigiéndose a dos personas con apariencia de haber llegado con él de Bogotá, los instruyó para que me tuvieran en cuenta. Comprendiendo que mi diligencia había terminado, le agradecí que aceptara mi colaboración futura, y me despedí. Afuera me di cuenta que no traía la carpeta conmigo, pero no me atreví a reclamarla: el sudor bajando por la espalda me dictaba buscar el bus para regresar a mi casa, donde nada sabían de todo aquello.

Al febrero siguiente el padre Camilo estaba muerto. No podía imaginar que, en 1968, y tras haber visto mis intervenciones públicas en la facultad de derecho de la Universidad Nacional como miembro del FES, entraría en contacto estrecho con un hombre que creyó ver mi destino en las mismas filas en las que Camilo murió. Ricardo Villa Salcedo, estudiante de un curso superior y militante de Testimonio (uno de los grupos legales de la facultad de tendencia castrista), cuando ganó el secreto de mi amistad me propuso un día ir al almacén Ley del Centro Urbano Antonio Nariño, y robar tres cepillos de dientes que necesitaban “los compañeros de arriba”. Dos compañeros encubiertos me acompañarían a distancia prudente, me dijo, para tranquilizarme.  Allí fracasó mi amigo Ricardo Villa, porque cumplí con la misión de ir al Ley, pero compré los cepillos que le entregué, sin que mis acompañantes lo vieran. Robar para comenzar a ser revolucionario no era lo mío. Eso pensé. Esa parte de la historia la conoce Lisandro Duque.

Ricardo se hizo abogado, y años después murió en la costa Caribe asesinado por un clan guajiro enemigo de otro clan que él asesoraba. Una desgracia. Volví a saber de él en “Leopardo al sol” (1993), la novela de Laura Restrepo, donde con nombre cambiado es un personaje notable. Con acierto la escritora sabe decir de él, que siempre daba la impresión de acabar de salir perfumado de la ducha. Su apostura debió impresionarla.

Hace poco, leí un artículo que Gabino, el más antiguo de los jefes sobrevivientes del ELN escribió en 2021 recordando el ingreso de Camilo Torres a la guerrilla, su corta vida en la insurgencia, la amistad con la Mona Mariela, Jaime Arenas, Manuel Vásquez y otros jefes guerrilleros. Entonces me resultó inevitable ver a Fabio Vásquez Castaño en las páginas de “Las reglas de fuego”, la novela de Lisandro Duque Naranjo (2020), recorriendo las calles de La Habana donde murió en la cama en 2019, envejecido y olvidado, disimulando la frustración de su sueño de héroe guerrillero latinoamericano, digo yo.

Y como si fuese una creación literaria, la noticia sobre el hallazgo de la sepultura de Camilo trae de vuelta la noticia de que el General Tovar que comandó la Operación Anorí que lo mató y escondió el cadáver en secreto, siendo un niño fue salvado de la muerte por el padre de Camilo que ejercía la medicina en Santander.

A veces la realidad es circular, no se crea que sólo es una atribución del arte. De todo aquello conservo el afiche icónico que representa a Camilo en sotana hablando con un micrófono, impreso en 1969; y un grabado que Umberto Giangrandi me dedicó, realizado en 1972 para la exposición subasta organizada por el Consejo Colombiano por la Paz y La Candelaria.

El final de mi historia es lineal, en cambio. Porque con gran entusiasmo envié dos dibujos hechos expresamente para el Frente Unido en Bogotá, sin que los hubiesen publicado nunca. No los vi en los siguientes cinco o seis números que compré con ansiedad contenida. Quien haya sido el que los descartó, me causó una tristeza que me costó varias semanas superar. Tal vez, me dije al fin, mis caricaturas no eran lo suficientemente revolucionarias. Aunque algunas veces me pregunté si el cura revolucionario llegó a verlos, y también descartó los dibujos del caricaturista que no recuerda dónde pudo conocer.

Y cerré aquella página, hasta hoy.

Álvaro Hernández V

Foto tomada de: Radio Nacional

FacebookTweetLikeShareLinkedInEmail

Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sur Global

EEUU e Israel atacan Irán, a pesar de que la paz negociada era posible

2 marzo, 2026 By Bamo Nouri Leave a Comment

Trump, glifosato como arma de guerra

23 febrero, 2026 By Silvia Ribeiro Leave a Comment

Donald Trump no es el (único) problema

23 febrero, 2026 By Juan Torres López Leave a Comment

El Sur posible

Ideas verdes

3 abril, 2019 By Carolina Corcho 2 Comments

Suscribirse a la Revista Sur

VIDEO RECOMENDADO

Fue archivado el proyecto de Ley 010 de Reforma a la Salud

https://www.sur.org.co/wp-content/uploads/2021/05/VID-20210519-WA0024.mp4

Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

TEMÁTICAS

  • Participación y cultura política
  • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
  • Jovenes
  • Victimas
  • Salud
  • Derechos humanos
  • Democracia y ciudadania
  • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones

Ultimos articulos

  • La batalla política por el Congreso de la República
  • Recuperando los mercados de Ecuador y Venezuela
  • La apuesta final para la Primera Vuelta
  • ARCHIVOS DE ECONÓMIA | Evolución de las finanzas públicas del GNC 2022-2026
  • La destrucción del derecho internacional y la nueva cartografía del poder global

Etiquetas

Acuerdo Agro Amnistia Brasil Cambio Climatico Campo Catalunya Ciencia y Tecnología Conflicto Colombia Corrupción crisis capitalismo Democracia Derechos Humanos Economía Ecuador Educación Elecciones Colombia ELN España Fast Track Iglesia Justicia Justicia de paz Medio ambiente Mineria Negociación Neoliberalismo Papa Participación Paz PND Pobreza Politica Politica EEUU protesta social reforma Reforma tributaria religión Renegociación revolucion salud Terrorismo Trump Venezuela Victimas

Apoyo SUR

Buscar

Director: Pedro Santana

 

 

 

Copyright © 2026 Todos los derechos reservados - Corporación Latinoamericana Sur ·