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Colombia 2025: Un crecimiento que no transforma la estructura productiva

16 marzo, 2026 By Carlos Julio Díaz Lotero Leave a Comment

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El 2,6% de crecimiento del PIB en 2025 podría presentarse como una buena noticia. Después de años de desaceleración, la economía colombiana muestra un repunte. No obstante, el debate real no gira en torno a la cifra de crecimiento, sino a su naturaleza, así como a los actores y sectores que lo impulsan.

PIB desde el enfoque del gasto[i]

Las cifras revelan que el motor principal ha sido el consumo, no la inversión. El gasto de consumo final aumentó 4,2%, impulsado especialmente por el gasto del gobierno (7,1%), mientras la formación bruta de capital fijo apenas creció 1,3%, tras haber caído 2,9% el año anterior. En otras palabras, la economía avanza empujada por el gasto corriente, no por la ampliación de su capacidad productiva.

Este patrón de crecimiento es estructuralmente frágil. Con unas finanzas públicas tensionadas, depender del gasto estatal como dinamizador no es sostenible. Tampoco lo es un crecimiento basado en el consumo de los hogares, que tuvo un crecimiento del 3,6%, cuando buena parte de ese consumo se satisface con bienes importados.

Y ahí aparece el segundo problema: la dependencia externa. Mientras las exportaciones crecieron apenas 1,8%, las importaciones lo hicieron al 8,4%. El 75% de lo que importamos son manufacturas; en cambio, solo el 22% de nuestras exportaciones corresponde a bienes manufacturados. Seguimos exportando bienes primarios e importando valor agregado. No hay transformación estructural. No hay sofisticación industrial. No hay cambio en la inserción internacional. Nuestras relaciones comerciales siguen siendo de una economía dependiente.

PIB desde el enfoque de la producción[ii]

Por el lado de la oferta, el dinamismo se concentra en el comercio, la administración pública y las actividades artísticas y recreativas. Estas últimas crecieron un 9,9%, impulsadas principalmente por los juegos de azar, apuestas, casinos, conciertos, actividades deportivas y recreativas, así como por servicios personales como lavanderías y estética, que aumentaron un 11,5%.

La industria manufacturera, en cambio, mostró un crecimiento moderado del 1,9%, sustentado en la fabricación de productos textiles (5,9%) y de muebles, colchones y somieres (6,3%). El sector agropecuario se recupera lentamente con un 3,1%, destacándose la ganadería (8,0%), y la pesca y acuicultura (11,2%).

Por su parte, el sector financiero tuvo un desempeño favorable, con un crecimiento del 2,8%, superior al del PIB. Dos sectores se contrajeron: la construcción, que cayó un 2,8%; y la actividad minera y de canteras, que registró una disminución del 6,2%. Esta última estuvo jalonada por el descenso del carbón (-7,4%), del petróleo crudo y gas natural (-4,3%) y de la extracción de minerales (-13,5%).

No son los sectores productivos o de mayor contenido tecnológico los que lideran el ciclo económico. El empleo generado está cada vez más ligado a servicios de baja productividad relativa.

El problema, entonces, no es el crecimiento en sí mismo, sino su composición. Estamos frente a un modelo que estimula la demanda sin fortalecer la oferta, donde el consumo crece más rápido que la capacidad productiva y la brecha externa se amplía, puesto que la mayor parte de los bienes que consumimos son bienes importados.

Colombia necesita cambiar el motor del crecimiento. Pasar de un esquema basado en consumo —financiado por gasto público, remesas y exportaciones primarias— a uno liderado por la inversión productiva, la industrialización y la diversificación exportadora. Eso implica crédito de fomento orientado al sector real, política industrial selectiva, infraestructura económica eficiente, ciencia y tecnología y una estrategia clara de sustitución estratégica de importaciones.

Crecer al 2,6% no es suficiente si ese crecimiento no transforma la estructura productiva. El verdadero debate no es cuánto crece la economía, sino si ese crecimiento nos acerca a una economía más industrial, más productiva y menos dependiente. De lo contrario, el 2,6% será apenas un número, no un proyecto de desarrollo.

El desempleo en el gobierno Petro

Entre 2022 y 2025, la tasa de desempleo en Colombia pasó del 11,2 % al 8,9 %[iii]. A simple vista, es una buena noticia. Pero al examinar las causas, el panorama se vuelve más complejo: la reducción del desempleo no obedece tanto a un auge productivo como a factores demográficos y migratorios, mientras que los empleos creados se concentran en sectores de baja productividad.

  • El factor demográfico: De acuerdo con cifras del DANE, la tasa de crecimiento poblacional viene descendiendo de manera leve pero sostenida: 1,05 % en 2023, 1,03 % en 2024 y 0,99 % en 2025. Esta desaceleración demográfica incide directamente en la dinámica laboral, al moderar la expansión de la fuerza de trabajo y, con ello, reducir la presión sobre la tasa de desocupación.
  • El efecto de la emigración. Uno de los factores clave fue la salida masiva de colombianos del país. Entre 2022 y septiembre de 2025, más de un millón de personas emigraron, con un promedio anual de 446.667 entre 2022 y 2024[iv], más del doble del registro de la década anterior. Entre enero y septiembre del 2025 emigraron 226.806 personas[v]. Esta diáspora redujo la presión sobre la fuerza laboral desocupada: menos personas buscando trabajo, sin que necesariamente se hayan creado suficientes puestos de calidad.

¿En qué sectores creció el empleo?

El análisis por ramas de actividad revela que el empleo generado entre 2022 y 2025 se concentró en sectores de baja productividad, mientras que la industria —motor tradicional del desarrollo— mostró un crecimiento moderado.

  • Actividades inmobiliarias (45,5 %): un sector con alto componente especulativo y bajo encadenamiento productivo.
  • Alojamiento y servicios de comida (23,7 %): impulsado por el turismo, pero con alta informalidad y estacionalidad.
  • Administración pública (8,2 %): refleja la expansión del gasto estatal, no necesariamente ligado a mejoras en productividad.
  • Entretenimiento y juegos de azar (7,6%): crecimiento ligado a casinos y actividades afines, con nexos estrechos con actividades ilícitas.
  • Manufactura (11,3 %) y la agricultura (8,1 %): Si bien su desempeño fue positivo, resulta aún insuficiente para afirmar que se está gestando una transformación productiva.

La informalidad se resiste a bajar

A pesar de la caída del desempleo, la informalidad laboral sigue siendo alta: pasó del 57,9 % en 2022 al 55,7 % en 2025[vi]. Esto indica que la calidad del empleo no mejoró sustancialmente. La mayoría de los nuevos puestos se crearon en sectores donde la informalidad es la regla, perpetuando la precariedad.

En 2025, la tasa de desempleo promedio en Colombia cerró en 8,9%, mientras que en América Latina se situó en el 6%. Al mismo tiempo, la informalidad laboral en el país alcanzó cerca del 56%, frente al 47% regional, de acuerdo con la OIT[vii]. Una característica recurrente en los indicadores laborales de América Latina es que los países con mayor informalidad suelen presentar bajas tasas de desempleo, y aquellos con baja informalidad, un desempleo elevado. Colombia se aparta de esta tendencia al combinar una alta informalidad laboral con un alto nivel de desempleo.

Política energética debe reorientarse

La contracción del sector de combustibles en Colombia no puede analizarse al margen de la decisión gubernamental de frenar nuevos contratos de exploración de petróleo y gas, en el marco de una agenda ambiental que, en su formulación actual, resulta maximalista y desprovista de un plan de transición realista. La caída en la exploración compromete la reposición de reservas, reduce las expectativas de inversión y debilita un sector que ha sido fundamental en la generación de divisas y en el sostenimiento de las finanzas públicas.

Paralelamente, las energías renovables —afectadas por su intermitencia, baja densidad energética y limitada capacidad para soportar procesos industriales de alto consumo— no han logrado despegar al ritmo esperado. Atrapadas en cuellos de botella regulatorios, financieros y de infraestructura, no constituyen hoy una alternativa viable para respaldar el desarrollo industrial ni el despliegue de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, cuyos centros de datos demandan suministro energético alto, constante, denso y confiable.

El resultado es una contracción energética que restringe la oferta tradicional sin que una nueva matriz esté lista para sustituirla.  El resultado de esta política ha llevado al país a depender de la importación del 21 % del gas que consume[viii]. Ante este escenario, resulta imperativo replantear la política energética colombiana bajo criterios técnicos y de seguridad nacional. Ello implica avanzar hacia una nueva matriz diversificada que incluya energías limpias, el gas natural como energético de transición y, estratégicamente, el desarrollo de la energía nuclear como fuente firme y de alta densidad energética, capaz de garantizar estabilidad, competitividad y soberanía en el largo plazo. La financiación de esta transición debe apoyarse, entre otras fuentes, en una Ecopetrol fortalecida, siguiendo las líneas propuestas por la Unión Sindical Obrera (USO)[ix].

La disponibilidad de energía barata, densa y continua es condición sine qua non para la industrialización. Sin ella, Colombia no podrá implementar tecnologías de inteligencia artificial ni albergar los centros de datos necesarios para insertar su economía en las corrientes tecnológicas de vanguardia. El progreso económico depende, en buena medida, del aumento de la densidad de flujo energético por unidad de área y por trabajador.

Las civilizaciones avanzan cuando adoptan fuentes de energía cada vez más potentes y eficientes. Históricamente, el desarrollo ha estado ligado a transiciones hacia fuentes más avanzadas: de la biomasa al carbón; del carbón al petróleo y al gas; y de estos, a la energía nuclear. Para sostener el crecimiento futuro, Colombia debe aumentar su capacidad de producción energética y desarrollar tecnologías más avanzadas. Una mayor disponibilidad de energía permite aumentar la productividad industrial, la cual se potencia aún más con una infraestructura cada vez más eficiente y con la ampliación de la capacidad científica y tecnológica del país.

¿Acaso la actual crisis energética —atizada por la escalada imperial contra Irán y el consecuente disparo en los costos de transporte y alimentos— no es una señal inequívoca para que el gobierno priorice la soberanía energética sobre la dependencia de importaciones?

____________________

[i] https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/cuentas-nacionales/cuentas-nacionales-trimestrales/pib-informacion-tecnica

[ii] Ibidem

[iii] https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-y-desempleo

[iv] https://unidad-administrativa-especial-migracion-colombia.micolombiadigital.gov.co/sites/unidad-administrativa-especial-migracion-colombia/content/files/002476/123784_informe-flujos-migratorios-colombianos-septiembre-2025-2-1.pdf

[v] Ibidem

[vi] https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-informal-y-seguridad-social

[vii] https://www.portafolio.co/economia/empleo/la-tasa-de-informalidad-laboral-que-hay-en-paises-de-america-latina-asi-cerro-colombia-el-486258#:~:text=Seg%C3%BAn%20la%20Organizaci%C3%B3n%20Internacional%20del,en%20comparaci%C3%B3n%20con%20a%C3%B1os%20anteriores.

[viii] https://www.infobae.com/colombia/2026/02/19/colombia-prendio-las-alarmas-y-ya-importa-el-21-del-gas-que-consume-mientras-crece-la-dependencia/

[ix] https://www.valoraanalitik.com/uso-pide-mas-inversion-en-exploracion-y-produccion-en-ecopetrol/

Carlos Julio Diaz Lotero

Foto tomada de: Bloomberg Línea

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