Fijar los límites del esfuerzo o ataque y de la resistencia, que suelen basarse en los datos que van recibiendo y en las leyes de la probabilidad. Cada contrincante analiza la situación en que cree que se encuentra su oponente a partir de su propia perspectiva y, en consecuencia, determina las líneas de conducta a seguir. Con todo, puede darse el caso de que surjan circunstancias accidentales que alteren proyectos y conductas largamente madurados.
La nieve rusa detuvo en los siglos XIX y XX a dos invasores supuestamente bien preparados: Napoleón en el primer caso y Hitler en el segundo.
¿Cuál es la finalidad política de una acción bélica?
La que recupera protagonismo cuando los distintos actores consideran que la acción bélica ya no puede dar más de sí.
En una primera etapa, el ataque por un lado y la resistencia por el otro son las dos acciones que llevan la iniciativa, aunque el atacante puede encontrarse también en una situación en la que tenga que defenderse y el que ha sido atacado pase a la ofensiva.
En el caso del actual conflicto de Israel y Estados Unidos contra Irán, la primera fase consistió en un inicio de negociaciones entre Estados Unidos e Irán en la ciudad suiza de Ginebra. Ciertamente, parecía que no se llegaría a un ataque como el que se inició el 28 de febrero y que ya hemos empezado a sufrir todos, aunque unos mucho más que otros. Se confiaba en una solución política. Sin embargo, Estados Unidos ya había empezado a “mover ficha” al enviar un contingente de ataque a la zona e Israel, a la chita callando, estaba organizándose para focalizar sus esfuerzos en el Líbano. Al principio, atacó Irán junto a Estados Unidos, pero cuando este asumió toda la embestida, se centró en el Líbano, porque era su auténtico objetivo. Por tanto, unas horas antes de volver a reunirse en Ginebra, Estados Unidos ya había lanzado sus armas ofensivas sobre territorio iraní.
¿Puede haber más de una finalidad política?
Sí; y también hay algunas finalidades políticas que forman parte de otras de ámbito más general, sobre todo por lo que respecta al económico. Que el petróleo y el gas iranís son claves en el conflicto nadie lo duda. Ahora bien, ¿hay una única motivación económica? Sin duda, la neutralización del petróleo iraní aumenta el valor del norteamericano y, por tanto, su precio; consigue así frenar una recesión que amenaza gravemente la estabilidad económica de Estados Unidos como consecuencia de la errática política de su último presidente, Donald Trump.
Además, China es el mejor cliente del petróleo iraní, como lo era del venezolano, y Estados Unidos tiene dos objetivos en ese sentido. Por un lado, restarle energía a la única superpotencia que lo está poniendo en jaque y debilitar, precisamente por eso, su supremacía.
En cuanto a Israel, creo que su objetivo prioritario es la extensión del “Gran Israel”, como estamos constando en su actuación en el Líbano, y el freno de aquellos grupos y países que puedan impedir sus aspiraciones. Es lo que ha estado haciendo en las últimas décadas: debilitar al máximo a aquellos países que se oponían a su expansionismo y a los que ofrecían a los grupos proiraníes residencia en su territorio.
Asimismo, se ha comprobado que una finalidad política determinada desarrollada en diferentes países puede dar lugar a soluciones distintas. Según Estados Unidos, su ataque a Iraq a principios del siglo XXI y ahora a Irán es consecuencia de la posesión de armas de destrucción masiva. En el primer caso, hace mucho que sabemos que fue una mentira que propalaron el presidente Bush hijo de Estados Unidos, el presidente británico Blair y el presidente español Aznar. Por cierto, el abuelo del tercer George Bush fue quien facilitó su petróleo a Hitler durante la Segunda Guerra mundial, incluso cuando Estados Unidos ya había entrado en la guerra tras el ataque de que fue objeto por Japón en Pearl Harbor. En cuanto a Irán, se sabe ya que, en estos momentos, es imposible que pueda fabricar armas nucleares, según han constatado quienes han inspeccionado el país.
De igual forma, se ha dado el caso de que, en dos pueblos pertenecientes a Estados diferentes, ha concurrido tal cúmulo de roces y hostilidades que una fricción política en apariencia insignificante ha terminado convirtiéndose en una auténtica explosión sin control. Incluso podríamos hablar del papel que juegan Estados externos a los que se oponen para provocar precisamente esa situación. Es precisamente lo que hizo Alemania al provocar los graves conflictos y genocidios que estallaron en la antigua Yugoslavia.
Con todo, debe quedar claro que la combinación de conflicto bélico y finalidad política no tienen por qué estar en equilibrio y que, al final, la solución puede decantarse por un factor u otro dependiendo de las circunstancias.
Así en la guerra como en la paz
Aunque dos bandos decidan entrar en guerra impulsados por una causa hostil, esta puede perder ímpetu si aparece un factor que se incline por la paz por ser un acto más favorable a los intereses de ambos bandos.
En esa situación, el papel de los especialistas es fundamental porque, de su análisis depende que se decanten por la paz, bien sea definitivamente, bien para acumular más poder e iniciar o reiniciar el ataque.
En cualquier caso, uno de los motivos por los cuales triunfa el equilibrio que llamamos paz es la suspensión de la acción bélica, si bien a la espera de un momento más favorable para atacar en algunos casos. No obstante, tampoco son desdeñables contextos contrarios al anterior. Por ejemplo, que haya en marcha un conflicto bélico, pero que, en un momento determinado, se inicie un proceso paralelo de paz. O bien que uno de los litigantes inicie un proceso de paz con un oponente pero que continúe en guerra con otro oponente que es aliado del anterior. Es lo que hizo Japón cuando entró en contacto con Stalin para iniciar conversaciones de paz sin intención de parar la guerra contra Estados Unidos, el cual, por temor a no conseguir las mismas ventajas que parecía que iban a tener los soviéticos, lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.
En ocasiones, una defensa puede ser tan superior a un ataque que termine provocando la suspensión de ataques sucesivos. En cierto modo, es lo que ocurrió en Vietnam, donde el tan alabado ejército estadounidense no pudo ganar la guerra porque las guerrillas comunistas vietnamitas actuaron de forma combinada mediante actos de defensa y ataque.
Finalmente, otra opción más es que una acción bélica se suspenda porque el bando atacante descubra que su conocimiento de los hechos no era ni perfecto ni lo suficientemente completo o bien las cosas evolucionen de tal forma que sea preferible retirarse, como ocurrió en Afganistán.
¿Actúa la guerra como un juego de azar?
Si analizamos los conflictos bélicos de forma objetiva, constataremos que el cálculo de probabilidades en ellos es fundamental, ya que, a lo largo del tiempo, van apareciendo factores nuevos que terminan convirtiendo la guerra en un juego de azar.
Ya hemos podido comprobar que toda actividad guerrera oscila entre el peligro en que se implica quien ataca y el valor de quien resiste, vinculadas ambas acciones al azar. Ciertamente, el rol de la razón en un conflicto bélico es reflexionar para llegar a la certeza, pero la energía necesaria para atacar y defenderse depende del espíritu o la pasión, que se siente atraída por lo incierto. Por eso acaba optando por el azar y la fortuna, aunque la guerra sea gestionada por fuerzas materiales y morales. No podemos, pues, obviar el ámbito de lo desconocido, que puede llenarse de valor y confianza en algunos casos y de miedo e inseguridad en otros; factores todos ellos claves en un conflicto bélico.
Pepa Úbeda

Deja un comentario