A pesar de las marullas jurídicas del Consejo Nacional Electoral y de tanto traidor, el Pacto Histórico ganó las elecciones para el Congreso de la República, e Iván Cepeda sigue al frente de la interminable fila de políticos que sueñan con ser presidentes de Colombia.
Cuando hay tantos candidatos las propuestas y las diferencias ideológicas son mínimas, las diferencias programáticas resultan insignificantes. Entonces, todo sigue igual así la realidad no sea igual.
Mientras tanto, el discurso de Iván Cepeda se diferencia en contenido, coherencia y profundidad, por eso ganará en primera vuelta.
Fragmentación en el entorno del Pacto Histórico
Cuando hay candidatos que se definen progresistas, pero no están en la campaña del Pacto, quiere decir que no son tan progresistas, por eso les fue mal el ocho de marzo. La gente cobró la traición y la indefinición. Quedaron por fuera de las consultas, ganaron una curul en el Congreso y sueñan con algún espacio de poder con los escasos votos que lograrán el 31 de mayo. Aludo a Clara López, Luis Gilberto Murillo, Carlos Caicedo y Mauricio Lizcano.
Inteligente y consistente, Juan Fernando Cristo, quien al darse cuenta que nada tenía que hacer dentro de una gran dispersión de candidatos opositores a Iván Cepeda, declinó su aspiración y ahora apoya la candidatura del Pacto.
El centro no se diferencia
Luego están los dos del centro centro, Claudia López y Sergio Fajardo. Ambos podrían alcanzar un 10-12% de votos, y con esa talega emprenderán dos caminos: uno, despedirse de la contienda; o dos, Claudia llegando a la puerta de Cepeda, mientras que Fajardo, por tercera vez, votaría en blanco y se recogería en Villa de Leyva.
Su obsesión por una línea de centro sin rumbo ideológico, hace imposible pensar que el profesor apoyaría a Cepeda, aunque su fórmula a la vicepresidencia podría ser ministra de educación con el propósito de consolidar la educación pública, e impulsar los parques de la educación en pequeños municipios y ciudades, integrando en un solo concepto, formación, salud, cultura, ciencia, innovación y emprendimiento. Este proyecto articula desarrollo, territorio, urbanismo e integración social.
La ultraderecha
Después están los candidatos alineados a la ultraderecha. Me refiero a un señor Botero, a Miguel Uribe, a Sondra Macollins y al general retirado Gustavo Matamoros. Todos conforman una lista de perdedores que se abrazarán al que gane entre la candidata uribista y el candidato del laureanismo del siglo XXI, que representan las violencias del pasado y del presente.
Es decir, los ultras de las violencias adherirán al segundo en la primera vuelta, si hay segunda vuelta. Sus dos vicepresidentes dan que hablar: uno, un hábil personaje LGBTIQ que sumó unos cuantos votos del Pacto para ganar el apoyo de Uribe; y el otro, un neoliberal de esos que encantan a Milei, Noboa, Bolsonaro, Katz y Trump.
Estos candidatos y los del centro, están lejos de inspirar una economía centrada en la equidad, la innovación y el desarrollo, si pensamos en términos de Dulfo, Piketty, Mazzucato, Aghion, Howitt, y en los neoestructuralistas brasileros.
Un triunfo de la ultraderecha sería espantoso para Colombia, porque significaría el retroceso a situaciones fallidas, alimentadas por los desahuciados partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical y Partido de la U, que al cierre de este artículo aún no definían a quien apoyar.
Con cualquiera de los dos, la violencia, la inequidad, la corrupción, volverían a arreciar y los avances sociales y económicos por una Colombia más justa, equilibrada y mejor proyectada, desaparecerían.
En este escenario, teniendo en cuenta el comportamiento del electorado el ocho de marzo, parece difícil que la ultraderecha y la centro derecha puedan ganar porque agotaron sus recursos políticos y programáticos.
Aunque en política todo puede suceder, en el caso de Colombia nunca había existido un gobierno progresista. Lo máximo que ha tenido es un liberalismo social rápidamente neutralizado por conservadores y liberales clientelistas.
En América Latina los principales países han tenido gobiernos progresistas. Colombia no, pero ya lo tiene y la gente puede comparar.
En los cuatro años de progresismo quedó descubierta la derecha que impuso un modelo de Estado, de economía y de sociedad funcional a sus intereses para convertirse en dueños de una economía rentista, dueños del presupuesto nacional, y dueños de una sociedad desigual sometida a las buenas o a las malas, más a las malas que a las buenas, por eso tanta violencia en el siglo XX y en lo que va del siglo XXI. El único momento de cordura fue el proceso de paz de Santos vuelto trizas por Duque, jefe en la sombra de Abelardo.
El nacimiento de las distintas violencias se debe única y exclusivamente a la dirigencia y a las economías ilícitas que han sucedido con distinto rostro desde la masacre de las bananeras en 1929, propiciada por una multinacional de Estados Unidos y ejecutada en un gobierno conservador.
El Pacto de la victoria de Cepeda
Lo oscuridad en las elecciones por la Presidencia de Colombia se debe a tres razones: las trampas del sistema electoral, el fin de los partidos tradicionales, y la fragmentación por tantas candidaturas.
No son las ideas, no son las propuestas programáticas, no es la ideología, no es la religión, no es nada: simplemente oponerse al progresismo para mantener la idea de poder que se ha alimentado durante tanto tiempo.
Entonces, no solo se trata de conversar de posibles alianzas con los perdedores que algún decoro ético y político pueden tener, sino de hacer un gran acuerdo con la sociedad y con quienes lo representan.
La gente se dio cuenta que el odio, el resentimiento, los perjuicios, y la visión corta, caracteriza a la oposición al progresismo. La gente consciente entiende que el gobierno de Petro no ha hecho más por culpa de las cortes, de los congresistas, de grandes empresarios que hacen lobby en el congreso y en las cortes, y de gremios que se han opuesto de manera impúdica a las reformas sociales y económicas. Es la oposición por la oposición para no perder control sobre los recursos públicos, las leyes y los poderes del Estado.
A pesar de los bloqueos, el Pacto triunfó e Iván Cepeda va de primero en las encuestas. La economía crece, el comercio más costoso (automóviles, motos, y productos electrónicos) está disparado y la razón son aciertos en la política económica que está en la mitad del camino entre un neoliberalismo agotado y una economía de la equidad y de la innovación a media marcha con medianos objetivos alcanzados por culpa de la oposición, y porque cuatro años es poco tiempo para consolidar un proceso de cambio.
Si el CNE no hubiera actuado de manera tramposa, el Pacto tendría hoy 40 senadores y 50 representantes, y la lista de candidatos a la presidencia se contaría en una mano. Entonces, ha sido la trampa de las instituciones a la sociedad y al Pacto Histórico lo que ha motivado la lista de trece aspirantes de la oposición a la presidencia.
Pero hay una razón de más de fondo: es Iván Cepeda como persona, senador, defensor de los derechos humanos y de la paz, intelectualmente riguroso y dedicado. Por eso escribe su programa para Colombia a través de escritos cortos difíciles de contradecir o de manipular como quedó claro con la ridícula furia infundada de los uribistas antioqueños.
Es un personaje muy distinto en la política. No es fácil que tenga las expresiones espontáneas de Petro que tanto problema menor le generaron y que alimentaron el libreto de los medios de comunicación de la oposición.
Iván Cepeda ha escrito más de 440 páginas para su programa. Le faltan algunos textos en política económica, educación, salud, infraestructura, energías alternativas, ciencia y tecnología, reindustrialización, e integración. Es decir, ocho discursos de los más de setenta que ya ha publicado.
El Pacto tiene líderes, el candidato y el presidente, y otros que son la primera línea política a través de senadoras y senadores, y de representantes a la Cámara.
La atomización de la oposición, la cohesión del Pacto Histórico, la solidez de Iván Cepeda y la unidad a la que convoca, son razones para triunfar en primera vuelta.
Jaime Acosta Puertas
Foto tomada de: El País

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