Hoy, el proceso ya no se juega únicamente en el terreno doméstico. La política nacional se ha vuelto permeable a factores externos que no votan, pero pesan: la posible incidencia de Donald Trump, el fantasma recurrente de Venezuela, la posición —nunca neutra— de Gustavo Petro, la eficacia de la campaña y el respaldo popular real. Estos elementos no actúan de forma aislada: se activan como vectores emocionales que reordenan prioridades y redefinen la noción misma de “candidato viable”.
Venezuela no opera como un asunto de política exterior, sino como un dispositivo interno de miedo. Migración, frontera, seguridad, colapso: cada vez que este tema entra en escena, la conversación pública se desplaza del sentido al control. Trump, por su parte, no decide elecciones en Colombia, pero exporta clima político: simplificación extrema, lenguaje de fuerza, sospecha sobre los derechos humanos y exigencia de interlocutores previsibles. Petro no es solo un actor más: es el eje gravitacional de la izquierda, y sus gestos —incluida una eventual reunión con Trump en plena campaña— pueden redefinir qué tipo de continuidad resulta políticamente funcional. La campaña, lejos de ser un simple ejercicio comunicativo, funciona como una máquina de jerarquización emocional. Y, por debajo de todo, el apoyo popular sigue siendo el único suelo firme… aunque no siempre el decisivo cuando el péndulo se acelera.
Este boletín parte de una premisa incómoda: no todos estos factores pesan lo mismo, ni pesan igual en todo momento. La elección del candidato de izquierda se define en una jerarquía cambiante, sensible al contexto. Entender esa jerarquía es clave para leer la disputa entre Iván Cepeda y Roy Barreras.
El escenario que se abre —con la posible incidencia de Donald Trump, el fantasma permanente de Venezuela, el papel ambiguo pero central de Gustavo Petro, y la competencia entre Iván Cepeda y Roy Barreras— no es lineal. Es pendular. Y profundamente emocional.
1. No todos los factores pesan igual (aunque todos hagan ruido)
En la discusión pública se mezclan Trump, Venezuela, Petro, encuestas y campañas como si fueran equivalentes. No lo son. La conversación mostró algo clave: existe una jerarquía real, aunque no siempre visible.
En la base de todo está el apoyo popular. Es el único factor que, por sí solo, puede sostener una candidatura. Hoy, en ese plano, Iván Cepeda parte con ventaja: tiene reconocimiento, coherencia ética y legitimidad entre los núcleos duros del progresismo. En un escenario “normal”, sin sobresaltos mayores, Cepeda sería el candidato natural. Pero las elecciones rara vez transcurren en escenarios normales.
2. Cuando la campaña deja de ser pedagógica y se vuelve defensiva
El segundo factor decisivo es la campaña. No como logística, sino como máquina de traducción emocional. La campaña no solo comunica ideas: ordena miedos, jerarquiza amenazas, decide qué es urgente y qué puede esperar.
Aquí aparece la primera gran diferencia:
Cepeda comunica sentido, memoria, proceso.
Barreras comunica movimiento, respuesta, control.
En campañas largas y reflexivas, eso favorece al primero.
En campañas cortas, tensas y dominadas por crisis, favorece al segundo.
3. Petro no es un factor más: es el eje
El papel de Petro es más complejo de lo que suele admitirse. No es solo un apoyo electoral: es un campo
gravitacional. Todo candidato de izquierda gira —a favor o en contra— alrededor de su figura.
Aquí la conclusión es clara: Petro enfrenta una disyuntiva, no ideológica sino estratégica.
Si prioriza coherencia histórica, relato ético y continuidad simbólica, Cepeda encaja mejor.
Si prioriza legado, gobernabilidad y control del cierre de su mandato, Barreras se vuelve
funcional.
La posible reunión Petro–Trump en febrero, en plena campaña, es un punto de inflexión. No porque
implique alineamiento, sino porque reordena el marco: después de una foto así, la épica de la
confrontación pierde centralidad y gana peso la pregunta por la estabilidad.
4. Venezuela: el atajo emocional más eficaz
Venezuela no opera como política exterior. Opera como dispositivo interno de miedo. Cuando
Venezuela entra con fuerza en campaña, no se discuten matices: se activan reflejos.
Migración
Frontera
Seguridad
“No volvernos como ellos”
En ese terreno, la explicación larga pierde. La ética se vuelve sospechosa. El lenguaje humanitario se
caricaturiza. Y el votante medio busca a quien parezca capaz de contener el desborde.
Ahí, objetivamente, Barreras gana ventaja. No porque tenga mejores ideas, sino porque paga menos
costo simbólico.
5. Trump no decide votos, pero inclina el péndulo
Trump no vota en Colombia. Pero exporta clima. Exporta un estilo de poder que legitima la dureza,
simplifica el mundo en enemigos y aliados, y penaliza la complejidad. Es además permeable a la intriga
de la derecha colombiana. También a las mentiras,
Su incidencia es indirecta pero eficaz:
refuerza el eje seguridad–orden,
desconfía de discursos de derechos humanos,
exige interlocutores previsibles.
En ese marco, Cepeda representa resistencia.
Barreras representa gestión.
Y cuando el miedo sube, la gestión suele imponerse.
6. ¿Puede Barreras remontar su desventaja en encuestas?
Sí. Pero no de manera gradual. No punto a punto. Solo por reordenamiento del tablero.
Tendrían que confluir varias cosas:
que Trump y Venezuela dominen la agenda,
que Petro envíe señales (no un dedazo, sino gestos),
que la campaña se vuelva corta y tensa,
y que Barreras deje de hablar como operador y empiece a hablar como candidato de Estado.
Si eso ocurre, la subida no sería progresiva, sino abrupta.
7. El balance final: dos lógicas, un solo péndulo
Queda una conclusión incómoda pero clara:
Cepeda gana si la elección se decide por identidad, memoria, coherencia y sentido.
Barreras puede ganar si la elección se decide por miedo, estabilidad y capacidad de maniobra.
No es una disputa entre bien y mal. Es una disputa entre dos racionalidades políticas.
En términos del péndulo de las emociones:
cuando el péndulo se mueve hacia la incertidumbre,
el votante deja de preguntar quién tiene razón
y empieza a preguntar quién puede sostener el timón.
Ese es el verdadero dilema de la izquierda hoy.
Este texto se elabora con el apoyo de IA
Guillermo Solarte Lindo
Foto tomada de: Euronews.com

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