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Trump Comienza a Creer que Netanyahu, tal vez, le Embaucó

9 marzo, 2026 By Martha Golfín Leave a Comment

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A Donald Trump le hicieron pensar que el resultado de la operación contra Nicolás Maduro iba a repetirse en Irán.

La política internacional del año 2026 ha sido testigo de una transformación radical en la doctrina de proyección de fuerza de los Estados Unidos. Bajo la administración de Donald Trump, la diplomacia tradicional y las guerras de desgaste han sido sustituidas por una estrategia denominada «decapitar y delegar». Este modelo, que alcanzó su cénit con la captura de Nicolás Maduro en Caracas y la posterior instauración de una administración cooperativa liderada por Delcy Rodríguez, parece haberse convertido en la obsesión personal del mandatario estadounidense. Sin embargo, la historia reciente de la geopolítica advierte que los éxitos obtenidos en el patio trasero de América Latina rara vez son exportables a las complejas y milenarias estructuras de poder del Medio Oriente. Según fuentes políticas estadounidenses consultadas por Diario Sabemos, al intentar aplicar el «modelo venezolano» en Irán, Trump parece haber caído en una seducción estratégica orquestada por Benjamin Netanyahu, quien ha logrado convencer a la Casa Blanca de que la República Islámica es, en esencia, una versión teocrática de la Venezuela chavista: un régimen hueco que se desmoronaría ante un golpe de mano decidido.

La caída de Maduro el pasado 3 de enero de 2026 marcó un hito en la historia sudamericana. En una operación que combinó inteligencia de precisión de la CIA con una demostración de fuerza letal, el líder venezolano fue sacado de su complejo en el corazón de Caracas antes del amanecer. Lo que siguió fue un escenario que Trump ha calificado repetidamente como «perfecto»: la vicepresidenta Delcy Rodríguez, en un giro pragmático que dejó atónitos a los observadores internacionales, asumió el mando con la bendición de Washington, iniciando una era de colaboración pro-estadounidense que borró décadas de retórica antiimperialista en cuestión de semanas. Para Trump, la genuflexión de Rodríguez en las redes sociales y su disposición a poner los vastos recursos naturales de Venezuela a disposición de las empresas norteamericanas es la prueba definitiva de que un cambio de régimen no requiere necesariamente una ocupación de suelo a largo plazo.

Envalentonado por este triunfo, el presidente Trump puso su mirada en Teherán. Tras el asesinato del Ayatolá Ali Jamenei en una operación conjunta israelí-estadounidense que devastó su base de mando, el presidente estadounidense ha declarado públicamente su intención de «estar involucrado en el nombramiento» del sucesor del Líder Supremo, tal como lo hizo con Rodríguez en Venezuela. Esta pretensión, revelada en entrevistas recientes con medios como Axios y el New York Times, marca un punto de ruptura con toda lógica diplomática previa. La idea de que el jefe de Estado de la potencia que ha calificado a Irán como el «Gran Satán» durante casi medio siglo pueda sentarse a la mesa para elegir al próximo guía espiritual y político de la nación persa es una noción que los expertos en la región califican de delirante.

El error fundamental de esta analogía radica en una profunda incomprensión de las estructuras de poder y la psicología nacionalista. Irán no es Venezuela. Mientras que en el país sudamericano existía una base histórica de cooperación energética y cultural con los Estados Unidos que sobrevivió incluso bajo el chavismo, Irán ha construido su identidad nacional moderna sobre el rechazo absoluto a la interferencia extranjera. La Revolución de 1979 no fue solo un levantamiento religioso, sino una explosión de resentimiento nacionalista contra lo que se percibía como un monarca títere de Washington, el Shah Mohammad Reza Pahlavi. Proponer hoy que Estados Unidos nombre a un sucesor para Jamenei es, en la práctica, resucitar los fantasmas que dieron origen a la República Islámica, alimentando un ciclo de resistencia que ninguna operación especial puede sofocar.

La influencia de Benjamin Netanyahu en este giro estratégico es innegable, según indican las mismas fuentes. El primer ministro israelí ha mantenido durante años que el régimen iraní es un tigre de papel que solo requiere un empujón final para colapsar. Al presentar a Irán como una entidad análoga a la Venezuela de Maduro, Netanyahu ha logrado que Trump ignore las diferencias abismales en capacidad militar, cohesión ideológica y profundidad estratégica. Irán posee un ejército profesional, una Guardia Revolucionaria que controla sectores enteros de la economía y una red de aliados regionales que Venezuela nunca soñó con tener. El «modelo Delcy» asume que existe una facción dócil dentro del círculo íntimo del poder esperando una señal de Washington para tomar las riendas. Sin embargo, en el clima de «guerra abierta» que vive Teherán tras el ataque a Khamenei, cualquier funcionario que sugiera una colaboración con los estadounidenses se enfrentaría a una ejecución inmediata por parte de sus propios colegas o de los elementos radicales de la Guardia Revolucionaria.

Además, la desconexión diplomática entre Washington y Teherán es un abismo que la administración Trump parece subestimar. Estados Unidos y Venezuela mantuvieron relaciones diplomáticas y comerciales estrechas hasta 2019, lo que permitía canales de comunicación y una comprensión mutua de los actores políticos. En contraste, Estados Unidos e Irán no han tenido relaciones oficiales en 46 años. El conocimiento estadounidense de las dinámicas internas del clero iraní es limitado y está filtrado por servicios de inteligencia extranjeros con sus propias agendas. Intentar maniobrar en este vacío informativo es una receta para el desastre. Como señalan analistas del Middle East Institute, un cambio de régimen en Irán sería mucho más difícil que convertir a los militantes islamistas chiítas al movimiento MAGA, que es, en última instancia, lo que la retórica de Trump parece sugerir.

El riesgo político para Trump ante las próximas elecciones de mitad de mandato es inmenso. El éxito en Venezuela le otorgó un aura de invencibilidad y eficacia económica, especialmente al estabilizar los mercados energéticos con crudo sudamericano. Pero Irán es un escenario capaz de engullir presidencias. Si la apuesta por un «títere en Teherán» fracasa y desemboca en un conflicto regional de gran escala, los beneficios obtenidos en el hemisferio occidental se evaporarán rápidamente. El cierre del Estrecho de Ormuz y la volatilidad del crudo Brent por encima de los 100 dólares ya están debilitando el apoyo popular en el cinturón industrial de Estados Unidos, donde el precio de la gasolina es el termómetro de la salud política del país.

Incluso si se lograra identificar a un socio dentro del sistema iraní dispuesto a colaborar, como sugiere el analista Naysan Rafati, Washington se enfrentaría a un dilema moral y estratégico. Un líder impuesto por Estados Unidos alienaría instantáneamente a la población iraní, que a pesar de su descontento con la represión del régimen actual, mantiene un orgullo nacionalista feroz. El escenario de «cambio dentro de la continuidad» podría dejar a los iraníes con lo peor de ambos mundos: un sistema autoritario que simplemente cambia de amo extranjero, sembrando las semillas de una futura revolución aún más violenta y antiestadounidense.

La fascinación de Trump con el modelo venezolano revela una visión de la geopolítica como una serie de transacciones inmobiliarias o adquisiciones corporativas. El concepto de «decapitar y delegar» es seductor por su aparente limpieza y bajo costo en vidas estadounidenses, pero ignora que las naciones con historias milenarias y raíces ideológicas profundas no se comportan como empresas en quiebra. Al dejarse convencer por la narrativa de Netanyahu y aplicar una lógica caribeña al Golfo Pérsico, Trump no solo está arriesgando su capital político ante las legislativas, sino que está caminando hacia una trampa geopolítica que podría definir negativamente el resto de su mandato. La historia juzgará si el «Escudo del Esquisto» y la resiliencia económica de los 30 billones de dólares de la economía estadounidense son suficientes para absorber el impacto de un error de cálculo de esta magnitud en el corazón del suministro energético mundial.

Martha Golfín, Diario Sabemos

Fuente: https://www.other-news.info/noticias/trump-comienza-a-creer-que-netanyahu-tal-vez-le-embauco/

Foto tomada de: El Mundo

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