Para tratar de explicar lo anterior hay que hacer referencia, inicialmente, a las características de ambos mandatarios: son o actúan como ‘caudillos’ y en esa medida son poco dados a aceptar cómodamente las reglas propias de la democracia y tienden a tratar de imponer sus puntos de vista, más allá de si eso va en contra o atropella los marcos institucionales. Es decir, tienden a personalizar el manejo de los asuntos de gobierno, especialmente la política exterior; en la región ya tuvimos un ejemplo de eso durante los gobiernos de Hugo Chavez en Venezuela y Álvaro Uribe en Colombia, lo que nos llevó a tensiones regionales entre esos dos ‘caudillos’ que llevó a que al final del gobierno de Uribe tuviéramos rotas las relaciones con Venezuela, con Ecuador por el bombardeo colombiano a un campamento de las FARC en territorio de ese país y con Nicaragua. Ese podíamos decir es un factor de similitud, pero la gran diferencia es el poder -económico, militar y de influencia- que representa cada uno de los países que está detrás.
El presidente Trump es un gobernante que considera que el orden internacional producto de la pos segunda guerra mundial, que se materializa en la ONU y sus organismos derivados, ya no tiene sentido y ha dicho claramente que eso habría que cambiarlo y considera que lo fundamental en las relaciones internacionales es el poder de que dispongan los países. Adicionalmente él y su equipo de gobierno han precisado que la prioridad para su gobierno es el ‘hemisferio occidental’ -así como el gobierno de Barack Obama había colocado la prioridad en Asia-; en el interior del Partido Republicano sobre los énfasis en seguridad y defensa y el despliegue de tropas que se debe derivar de allí, en la doctrina de seguridad. Se plantean mínimo tres orientaciones posibles, los denominados ‘primacistas’ que se inclinan por una presencia permanente y global de Estados Unidos y que son considerados por algunos como derivados de los neoconservadores, luego están los llamados ‘priorizadores’ que se inclinan por señalar que Estados Unidos deben orientar sus recursos militares hacia la región del Indo-Pacifico y en tercer lugar los ‘inmovilizadores o en ingles los restrainers’, cuya argumentación señala la necesidad de una retirada estratégica global hacia el llamado hemisferio occidental, que parece será la que termine imponiéndose en este gobierno Trump. Por ello dicen, es más importante para el gobierno Trump, Groenlandia, que el Donbas en Ucrania o Taiwan en Asia.
En un documento de enero de este 2026 de Klaus Dodds, “Geopolítica hemisférica: comprender la doctrina Trump”, publicado por El Grand Continent, señala entre otras cosas ”…para Trump, el orden de prioridades es el siguiente: lo que está más cerca de mí es más importante que lo que está lejos, hay que ocuparlo y dominarlo físicamente. En Mar-a-Lago, Donald Trump no solo mencionó la estrategia de seguridad nacional de 2025 —que hace hincapié en el dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental—, sino que también concluyó diciendo: La doctrina Monroe es muy importante, pero la hemos superado con creces, con creces. Ahora se llama la doctrina Donroe. El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca más se pondrá en tela de juicio. Durante décadas, otras administraciones han descuidado, e incluso contribuido a estas crecientes amenazas para la seguridad en el hemisferio occidental…”
El presidente Petro ha tenido un gran interés en hacer protagonismo internacional y para ello no sólo ha sido funcional su discurso contra las energías tradicionales y el cambio climático, sino haber logrado que lo eligieran presidente de la CELAC (Comisión Estados de Latinoamérica y el Caribe), que pese a lo disminuido del organismo ha sido una tribuna de cierta importancia y su rol activo en otros conflictos internacionales -especialmente el del Estado de Israel contra Hamas en la franja de Gaza-. Es en este contexto que se produce lo que muchos han considerado una gran pifia, al salir megáfono en mano en las calles de New York, después de su intervención en Naciones Unidas a invitar a los soldados norteamericanos a no cumplir las ordenes de su comandante, el presidente Trump, a propósito del tema de Palestina. Adicionalmente no faltaron lo que algunos podrían considerar agresiones verbales, muchas de ellas ligadas al uso de la jerga de influencia marxiana o marxista de la llamada ‘lucha de clases’ que por momentos le gusta al presidente Petro. Previamente se habían dado una serie de ‘sanciones’, contra el país, por la Descertificación en relación con la política antidrogas del gobierno Petro y luego contra el presidente Petro y sus allegados, incluido su ministro del Interior, que implicó su vinculación en la denominada ‘Lista Clinton’, con todo lo que esto conlleva simbólica y materialmente.
Luego se dieron pronunciamientos agresivos del presidente Trump contra el presidente Petro, que incluían amenazas y que se reiteraron después de la operación militar del 3 de enero de 2026 en Venezuela que culminó con el ‘secuestro’ de Nicolás Maduro y su esposa y su traslado a una cárcel del distrito de New York.
Pero todo indica que una vez la diplomacia pudo empezar a actuar -recordemos que tenemos un excelente embajador en Washington, Daniel García-Peña y antes igualmente tuvimos otro gran embajador, el también excanciller Luis Gilberto Murillo-, se logró crear los canales para que con la colaboración especialmente de un senador del partido Republicano, se diera una conversación telefónica entre los dos presidentes, Trump y Petro que duró cerca de una hora.
El resultado de esta conversación, que fue muy elogiada por los dos presidentes, es que les bajó el tono a las agresiones verbales previas y de allí se derivó una invitación del presidente Trump al presidente Petro a continuar la conversación personalmente en Washington, que se realizará en la primera semana de febrero de 2026. Adicionalmente el ambiente tanto en USA como en Colombia entró en una lógica diferente y toda la situación alrededor del gobierno colombiano entró en la perspectiva de preparar la reunión entre los dos presidentes. No hay ninguna duda que la conversación telefónica tuvo en efecto muy positivo, por lo menos en el caso colombiano. Tarea en la cual se encuentra actualmente el equipo de asesores del presidente.
Ahora bien, cuáles serán los temas de esa reunión de los dos presidentes y qué efectos podrá tener en el corto y mediano plazo. Sin duda que seguramente habrá varios grandes temas, uno, el de la política antidrogas del gobierno colombiano sobre el cual hay diferencias sustanciales entre los dos gobiernos -el gobierno colombiano tiende a decir que es un tema de mala información-, pero todo indica que tiene que ver con diferencias sustanciales en el enfoque de la política antidrogas del gobierno Petro y especialmente el no tener una decidida política de lucha contra los cultivos de uso ilícitos, pese a existir resultados en el tema de la interdicción; dos, el combate contra los grupos armados irregulares y la utilización de bombardeos aéreos y la política de extradición contra dirigentes de los mismos -esto incluye la llamada ‘Paz Total’ que ha sido uno de los argumentos del gobierno Petro para suspender extradiciones de jefes de estos grupos solicitados por USA; tres, las relaciones con Venezuela, donde no es fácil que lo deseado por el presidente Petro de ser una especie de facilitador, sea aceptado por el presidente Trump; cuatro, la transparencia en las elecciones internas colombianas del 2026, en lo cual seguramente existe un alto grado de interés del gobierno Trump.
Finalmente, habría que señalar, que si bien nos encontramos en un momento de por así decirlo, unas amables relaciones, nada está dicho de manera definitiva, porque pueden darse hechos, en la reunión o previamente, que produzcan reacciones viscerales de cualquiera de los dos presidentes o de los dos y la situación vuelva a un terreno de tensión -habrá que ver el impacto de la reunión la próxima semana del presidente Trump con la dirigente venezolana María Corina Machado, por ejemplo o declaraciones de la ‘presidente encargada de Venezuela Delcy Rodríguez, etc.-.
Ojalá las cosas fluyan positivamente, pero lo recomendable es estar preparado para eventuales nubarrones en esas complejas relaciones bilaterales.
Alejo Vargas Velásquez, Analista de Paz, Seguridad y Defensa, Fundador del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz-UN, Profesor Titular (Pensionado) Universidad Nacional, Investigador Emérito de Min Ciencias.
Foto tomada de: Cambio Colombia

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