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Regresarán los libros, las canciones: el Oeste de Trump

12 enero, 2026 By Juan Carlos Monedero Leave a Comment

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Lo que toleramos en el mundo árabe porque son árabes y llevan mucho tiempo en guerra, se acerca a nuestras casas. Permitimos que asesinaran a un millón de iraquíes, que ahorcaran a Saddam Hussein, que mataran a la cúpula del gobierno del Partido Árabe Socialista Baaz con la excusa de que había armas de destrucción masiva en Iraq. Consentimos el asesinato de Muhamar el Gadafi, que llevó a Libia a su mejor momento en su historia. Total, dijimos, si vive en una tienda de campaña. Toleramos la destrucción de Gaza, el exterminio de 700.000 personas según cifras de la Relatora Especial de Naciones Unidas para los territorios palestinos, si hemos contemplado la reducción del país a cenizas, si vimos cómo proponían impunemente convertirlo en un resort de lujo.

Permitimos que el Nobel de la Paz Barack Obama firmara, en 2015, una orden ejecutiva que declaraba a Venezuela «amenaza extraordinaria». Sobre esa estupidez crearon la base legal para las sanciones posteriores. Luego vendrían las sanciones en el primer gobierno de Trump, bloqueos, el reconocimiento de Guaidó, el Nobel a la violenta María Corina Machado. Antes, permitimos el hostigamiento al presidente Hugo Chávez. Chávez había molestado a EEUU organizando la OPEP, creando la UNASUR y la CELAC, expulsando a la DEA, permitiendo que China y Rusia entraran en América Latina en nombre de la multipolaridad, negociando el petróleo en monedas diferentes al dólar y sacando a millones de venezolanos de la pobreza, del analfabetismo, de la ignorancia y del olvido.

Este sábado secuestraban fuerzas especiales norteamericanas al presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, asesinaban a 32 guardias de su escolta personal y a varias decenas de civiles en bombardeos. Y el mundo, a día de hoy, lo permite. Un hecho que dinamita la razón principal por la que fue creada Naciones Unidas. La comunidad internacional no existe.

Estamos entrando en el peor escenario que dibujaba la crisis de la Modernidad, es decir, el de un mundo donde la fuerza ha desplazado a la palabra.

Estamos en un umbral histórico donde las palabras van a significar otra cosa diferente a lo que han significado en los últimos 70 años. Luchar contra las drogas te convierte en narcoterrorista y liberar a un ex presidente condenado por narco te convierte en un cruzado contra el narco.

Lo que esperamos ya no tiene esperanza. A no ser que los pueblos del mundo despierten.

En esta nueva semántica, en este nuevo significado de las cosas, Europa intenta desesperadamente trazar un relato que justifique la quiebra flagrante de la Carta de Naciones Unidas que prohíbe el uso de la fuerza contra otros países cuando no te han agredido. Europa hace malabares para no romper con EEUU por la quiebra de la soberanía de un país y de lo que representa su presidencia. Pero a Trump no le hace falta relato alguno. Ha escrito en la Estrategia de Seguridad Nacional cuáles son sus objetivos y lo ha dicho a bordo del Air Force One: quiero el petróleo de Venezuela, quiero a China fuera del hemisferio y quiero todo lo que necesitemos para volver a ser los amos del mundo.

En el gobierno de halcones de los EEUU manda la frase: Dios ha puesto nuestros recursos en otros países. Y todo lo demás ya es accesorio. En 1991, con la caída de la URSS, dijeron que había que crear “un mundo basado en reglas”. EEUU y la Unión Europea controlaban la ONU, la OMN, el FMI, el Banco Mundial, el CIADI… Con esas reglas, siempre ganaban. Pero China despertó. Cuando les ganó comercialmente, tecnológicamente, militarmente, diplomáticamente, llamaron al pistolero para que pusiera orden. Hace apenas cuatro años, en 2020, el Australian Strategic Policy Institute (ASPI) ofrecía a Occidente una manta reconfortante: de las 64 tecnologías críticas para la seguridad nacional, la economía y el poder militar del futuro, 60 estaban cómodamente en manos de Estados Unidos. China, según el diagnóstico, solo despuntaba en detalles menores, casi decorativos: drones comerciales, algún material avanzado… nada que quitara el sueño.

Cuatro años después, en 2024, el mismo instituto cambiaba el tono —y de gesto—: ahora es China la que lidera 57 de esas 64 tecnologías. El liderazgo tecnológico estadounidense, que parecía eterno como Hollywood o el dólar, se ha evaporado en silencio. Inteligencia artificial, baterías de estado sólido, computación cuántica aplicada, biotecnología de precisión y fabricación de chips de última generación ya no son fortalezas occidentales, sino terrenos perdidos. Añadamos las nuevas armas. Lo que en 2020 era tranquilidad estratégica, en 2024 se parece más a un despertar brusco: no fue una carrera reñida, fue un adelantamiento por la derecha mientras Washington miraba el retrovisor. En el retrovisor se encontró, otra vez, la doctrina Monroe: el saqueo.

EEUU tiene petróleo para 6 años. El Departamento de Energía de EEUU dice que tienen ahora mismo como reservas probadas 46.400 millones. Consumen 20,25 millones de barriles diarios, esto es, 7.391 millones de barriles al año. Les da para seis años. Además de que si lograran robarse el petróleo de Venezuela, titularizarían esos 303.000 millones de barriles para conseguir financiación para su maltrecha economía y su desprestigiado dólar. Capitalismo del saqueo.

La Doctrina de Seguridad Nacional de Trump les autoriza a apoyar en las elecciones en cualquier lugar del mundo a los candidatos de la extrema derecha. Lo ha hecho recientemente en Honduras y lo hizo en Europa. Le autoriza a usar la fuerza para expulsar a competidores comerciales. Le autoriza al capitalismo por desposesión, por saqueo. Le autoriza a amenazar a sus socios. Le autoriza a mandar en la OTAN. Le autoriza a secuestrar al presidente de cualquier país que no le guste.

Es una vuelta al Far West, al Oeste: hay que matar a los indios, hay que mandar a los que queden a una reserva, hay que emborracharlos y tenerlos distraídos, hay que quitarles las tierras a los pequeños campesinos, hay que quitarles las tierras a los países cercanos y también a los que lleguemos en barcos o en aviones.

En Venezuela no le salen todas las cuentas. Puede secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a la primera dama, puede robarse los petroleros que salgan de puerto, podría bombardear y lanzar misiles sobre Petare o la Guaira, sobre el 23 de Enero, San Agustín o el Valle… Es verdad que podría, seguramente, ir matando a los dirigentes chavistas. Pero no puede entrar en el país. Y por eso tiene que negociar.

La institucionalidad en Venezuela ha funcionado: secuestrado el Presidente, el Tribunal Supremo ha solventado el vacío jurídico y ha nombrado presidenta encargada a Delcy Rodríguez, que estaba de Vicepresidenta. Y ha sesionado con el gobierno real del país. Al que respeta el pueblo. Porque es evidente, y es la única verdad que dijo Trump, a María Corina Machado no la respetan. Por eso no ganó las elecciones pese a lo que dicen los ignorantes que repiten la muletilla escritas fuera y que les permite que les sigan invitando a las televisiones y tengan espacios respetados en la academia o pagados en los diarios.

Trump solo quiere el petróleo, el oro, las tierras raras y que el Caribe sea el Mar de Florida o de Miami. Y tiene la experiencia de Iraq y Afganistán donde pudieron asesinar a millones, tirar toneladas de bombas y devastar el país, pero no pudieron recuperar la inversión porque no controlaban a los iraquíes. Por eso no le vale María Corina Machado. Y Trump quiere el petróleo. Tiene bombas, no amigos. Esa señora es cosa de Marco Rubio, el halcón que quiere una alfombra de cadáveres de izquierdistas latinoamericanos que le brinde el camino a la Casa Blanca. Hemos visto a Marco Rubio balbuceando cuando le han preguntado por qué no han puesto de presidenta a su amiga o por qué si quieren procesar por narcotráfico a Maduro, han indultado a Juan Orlando Hernández, el presidente narco de Honduras condenado en EEUU a 45 años de cárcel por traficar con casi 500 toneladas de cocaína en el país. La verdad, les da lo mismo. Como a la derecha colombiana, la española, la mexicana o la brasileña que pide en las calles que secuestren a Petro, a Sánchez, a Sheinbaum o a Lula. Esa derecha que ya no cree en la democracia es la que celebra uno de los más duros golpes contra el derecho internacional que recuerda la humanidad reciente. Y algún cretino de izquierdas que no sabe leer el momento del mundo.

Mucha gente se pregunta por qué le ha resultado tan fácil a EEUU secuestrar a Maduro y Flores. A mí, me recuerda a cuando Truman lanzó las bombas de Hiroshima y Nagasaki y les dijo a los japoneses: ¿queréis más? Si un dirigente político quiere a su pueblo, no lo manda al matadero. Quizá hayan participado topos, quizá haya gente que no haya resistido el cañonazo de 50 millones de dólares. Pero no creo que eso baste.

La institucionalidad ha funcionado en Venezuela. En la sala del gobierno están Delcy Rodríguez, Valdimir Padrino, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Freddy Ñañez, Jorge Elieser Márquez… El Gobierno de Nicolás Maduro, del que Delcy Rodríguez ha pedido su regreso inmediato como presidente legítimo, como debe hacer toda la comunidad internacional. Secuestrar al presidente es una derrota. Qué duda cabe. Se sabrá quiénes han sido los judas y cómo se gestaron esas horas. Pero evitar más muertes es una victoria.

¿Qué pasará ahora? Trump quiere todo o volverá a matar, como ha hecho con esos valientes en Caracas. La comunidad internacional no dice nada que inquiete al presidente norteamericano. China y Rusia, igual que Colombia, han sido contundentes en sus declaraciones por la quiebra del derecho internacional, pero ¿cambia eso la decisión del presidente norteamericano? La diplomacia va lenta. La Unión Europea balbucea. Protesta igualmente contra la quiebra del derecho internacional. ¿Y? España intercambia declaraciones, una con los socios europeos, otra con los socios latinoamericanos, pero igualmente impotentes. La CELAC está dividida. Es más la hora de los pueblos.

Para el gobierno de Venezuela es tiempo de negociar. Si Trump pide el saqueo de Venezuela, el pueblo cogerá las armas junto a su dirección política. Que nadie se engañe. Si se negocia debe ser para el interés de ambas partes. Lo que siempre reclamó el presidente Maduro. La agenda bolivariana está clara. Lo primero, la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Recuperar la economía quebrada por las sanciones. Hacer acuerdos económicos ventajosos para todos los actores. Respetar las reglas del comercio internacional. Activar los mecanismos internacionales de resolución de conflictos. Los pactos firmados bajo amenaza, recordemos, no tienen validez. Aunque ahora haya que hacer acuerdos para el bienestar del pueblo. Venezuela porque se lo merece; EEUU porque es el pistolero que tiene más armas que tú y te puede matar en cualquier momento. Como ha hecho con esos valientes que defendían al presidente.

Si EEUU quita las sanciones, si se duplica la producción de petróleo (algo sencillo con poca inversión), si hacen acuerdos como el que ya funcionaba con Maduro con la petrolera norteamericana Chevron, si sigue la tarea democrática de la revolución bolivariana, si la conciencia y la participación popular crecen, si México, Colombia, Brasil, España, Uruguay presionan para que se respeten las reglas internacionales y toman medidas de fuerza, si China y Rusia no caen en el error de repartirse con EEUU esferas de influencia y participan de esas medidas de fuerza contra el pirata norteamericano, si, mientras tanto, la Comunidad Internacional despierta, la negociación con los cuatreros servirá para ganar fuerza. La alternativa no es viable. No olvidemos que EEUU bombardea y se marcha. ¿Contra quién va a pelear la milicia? Su presidente y Comandante en Jefe está en EEUU secuestrado como prisionero de guerra. Lo querían un Noriega y se han encontrado un Mandela.

Las imágenes de Nicolás Maduro no son las de una persona derrotada. Es alguien que le está diciendo a su pueblo: aguanten, sigan firmes, no dejen que les roben la unidad (es esencial que la unidad del chavismo no se resquebraje: es lo que van a intentar los enemigos de la revolución inventando fantasmas). Maduro, esposado, le ha dicho a su pueblo: sigan sabiendo que son el pueblo de Venezuela, aguanten que vamos a ganar.

No son buenos tiempos para la democracia. Gaza nunca debiera haber pasado. No debiera estar un delincuente en la Casa Blanca. No debiera estar dividida América Latina. La izquierda debiera ser más fuerte en el mundo porque es la que porta la llama de la alternativa inteligente y generosa. Y para eso debiera estar más unida, estudiar más, volver a ser revolucionaria en sus objetivos.

Hemos visto a Maduro saludar a sus carceleros y desearles un feliz año nuevo. Le hemos visto firme y con los ojos llenos de la conciencia de quien sabe de dónde viene, a quién se debe y por qué está preso. Le ofrecieron Trump y Marco Rubio una salida personal. Pasaba por traicionar al pueblo. No la quiso. Quien está con el pueblo, está con algo que es más grande que uno mismo. Y en Venezuela llevan 25 años construyendo pueblo. Esa es la tarea de Delcy Rodríguez y el gobierno bolivariano

Regresarán los libros, las canciones, que quemaron las manos asesinas, renacerá mi pueblo de su ruina y pagarán su culpa los traidores.

Juan Carlos Monedero

Foto tomada de: Bloomberg línea

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Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

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