Así que tengamos mucho cuidado y evitemos muchas acciones realizadas en nombre de la paz, pero cuyo objetivo es alimentar el odio, la guerra y la violencia. Y, por el contrario, hay que resaltar toda iniciativa tendiente a convocar a la sociedad en su conjunto, sin exclusiones ni vetos, para llegar a los consensos necesarios para lograr la paz y la reconciliación entre los colombianos. Este es el caso del llamado al país que hace el Procurador General de la Nación, Gregorio Eljach, con su convocatoria a construir una paz electoral.
Y cabe subrayar este mensaje del Jefe del Ministerio Público y su llamado a una paz electoral donde no haya enemigos que hay que eliminar, sino adversarios con quienes controvertir, con quienes discutir con la única arma que nos debe ser valida: la palabra. Propuesta más que necesaria en un país polarizado, movilizado muchas veces bajo discursos de odio y que dejó a un lado los debates fundamentales para nuestra sociedad, que han venido siendo desplazadas por los insultos, las calumnias, las mentiras y, no en pocas ocasiones, con la amenaza o el asesinato del contrario.
Lo contrario de la violencia, nos decía Hannah Arendt, no es la no-violencia, lo contrario de la violencia es la Política. Y esto, porque la política tiene que ver con la forma pacífica de resolver, de tramitar nuestros conflictos, no de eliminarlos o esconderlos. La política parte del hecho que somos diferentes y que nuestros distintos intereses deben tramitarse, no a través de las mayorías, sino a través de los consensos. Lo que Rousseau llamó el contrato social.
Por eso el llamado del Procurador a construir la paz electoral viene a rescatar el sentido preciso de la palabra ciudadano, porque si se es ciudadano, se es político. La paz electoral exige un compromiso político a todo ciudadano de intervenir, de participar y de incidir, y para esto es fundamental la educación, porque no nacemos ciudadanos, nos formamos como ciudadanos y en una época signada por el internet y los móviles, dicha educación ciudadana debe poblar las pantallas de los celulares, o si no, lo seguirán haciendo las fake news, el pensamiento irracional y los discursos de odio y polarización.
Y el llamado a la paz electoral también es, ante todo, una convocatoria ética, en el sentido que, como dijo Sartre: “El hombre es la creatura condenada a ser libre” Y ser libre significa estar abocado a tomar decisiones, elecciones, y la ciencia que estudia las buenas decisiones es la ética, y la reflexión ética parte de pensar nuestro papel en la sociedad como ciudadanos y en cuidar nuestras elecciones.
En el año 2016, el 81% de los jóvenes entre 18 a 24 años no votaron el plebiscito por la paz, en una preocupante apatía e indiferencia con el futuro del país, y gran parte de la población voto contra la paz por rabia, o por razones irracionales o manipulados con sentimientos de odio y de venganza. Pero si la política es lo contrario de la violencia, como nos dijo Arendt, y la construcción democrática se fundamenta en la política, hoy más que nunca debemos hablar y actuar en pro de la paz electoral, porque en Colombia esta degradada la política por nuestra imposibilidad de estar juntos, de estar juntos como diferentes, y en su remplazo hemos acudido a la violencia que es la negación, la anulación de la política, a través de la eliminación física o moral del otro.
Gabriel Bustamante Peña
Foto tomada de: La Silla Vacía

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