Si bien es cierto que dicho fenómeno meteorológico que se le atribuye a la misma crisis climática, incidió posiblemente mayoritariamente en la catástrofe socio-ambiental en estos departamentos, lo que no se puede negar o no debemos olvidar, es que las tales centrales hidroeléctricas, en ese caso concreto la de Urrá, son un peligro latente que provoca posibles inundaciones al vaciar sus aguas, agregando a lo anterior, por igual están las modificaciones que se realizan a los cuerpos de agua queriéndolos meter a la fuerza, en cauces estrechos construidos por el hombre para robarle al rio su cauce natural e histórico, es decir modificando el su “lecho mayor”.
Entonces tenemos que recordar y recuperar lo advertido por los técnicos y científicos sobre los impactos negativos de dichas represas e hidroeléctricas, como el desplazamiento de familias campesinas arraigadas en su territorio e incluso poblaciones enteras, la privatización del agua, destrucción de áreas selváticas o boscosas, inundación de suelos fértiles, deterioro de cuencas e incluso extinción local o regional de especies acuícolas.
Por información obtenida, se conoce que de las más de 140 que funcionan en la nación, son al menos 30 grandes centrales hidroeléctricas y de que estas representan alrededor del 68% de la energía producida, sumando 11,800 MW, siendo las más importantes las de Hidroituango (Antioquia), Guavio (Cundinamarca), San Carlos (Antioquia), Chivor (Boyacá). E.P.M., cuenta con 37 centrales hidroeléctricas, Isagen tiene 27, y Celsia con 19, son las tres (3) mayores generadoras de energía hidroeléctrica. ENEL (Empresa Europea), es la dueña de Betania y de la controversial represa e hidroeléctrica del Quimbo, las dos (29 en el Huila sobre el Río Magdalena. Según la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME), en el primer trimestre de 2024 se registraban 46 proyectos hídricos en pleno Avance de ejecución. No podemos dejar de mencionar la Central Micay (Cauca), cuyo su diseño avanza al parecer de manera rápida.
Mientras en todo el territorio nacional funcionan hasta el momento, alrededor de 115 Pequeñas Centrales Hidroeléctricas (P.C.H.). A estas debemos resaltar que existen al menos 137 proyectos para su construcción, primordialmente en Antioquia, Tolima y Valle del Cauca. En la UPME, hay ya autorizadas 39 PCHs.
Entonces debemos reiterar, que las famosas hidroeléctricas y sus represas, causan graves daños a los ecosistemas, por la alteración de sus entornos, llevando al desplazamiento e incluso extinción de fauna silvestre y la desaparición por igual de especies de la flora nativa. Impiden la libre migración de peces para sus desoves, de gran importancia para la alimentación y economía campesina. Emiten gas metano, gas de efecto invernadero, por la descomposición de materia orgánica, por inundación permanentes de zonas arbóreas, contribuyendo con esto al calentamiento global y por lo tanto a la crisis climática. “modifican el régimen hidrológico, la temperatura del agua, su calidad y la carga de sedimentos, afectando la vida fluvial.” Se ha insistido en que la presión de grandes masas de agua, puede provocar sismos y deslizamientos en las laderas que por lo general rodean dichas represas. Los científicos aseguran que “el estancamiento del agua en embalses provoca la estratificación térmica, reduce los niveles de oxígeno disuelto y altera la composición química, lo que puede causar la muerte masiva de fauna acuática”. Con los años estas represas se colmatan y van perdiendo profundidad y capacidad de almacenamiento, reteniendo sedimentos que hubieran servido para la fertilidad de las tierras, aguas abajo de esas represas. Y un asunto más es mencionar que este almacenamiento causa la evaporación del agua, contrario a lo que se busca. Para rematar son obras de altos costos que en muchos casos a nivel internacional no han sido recuperados. Estas grandes represas sepultan para siempre tierras fértiles, especies únicas forestales y patrimonios arqueológicos invaluables de gran importancia histórica.
En días pasados el mismo presidente Gustavo Petro Urrego, alertaba al país de que bajo Hidroituango, pasa la gran falla geológica de Romerales, que atraviesa del sur al norte a Colombia por la cordillera central primordialmente. En este punto, siempre me acuerdo de la propuesta para Armenia de un “embalse multipropósito sobre el río Navarco”, afluente del río Quindío, en esta región que es de alta sismicidad. Zona cordillerana y con un enjambre de fallas geológicas. Sin dejar de mencionar que la generación energética a partir de las represas depende del régimen hidrológico y al presentarse drásticos periodos secos o con escasas lluvias, estas entran déficit.
Para resumir, por el bien de las comunidades con posibles afectaciones directas e inmediatas y por la construcción de territorios sostenibles y a la vez resilientes ante esta crisis que se puede convertir prontamente en una catástrofe irreversible, lo mejor es decirle un rotundo no a la Hidroeléctricas, grandes y pequeñas.
John Elvis Vera Suárez
Foto tomada de: Huila Tv

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