Crítica a la película Marty Supreme (2024) del director Josh Safdie (Estados Unidos) Actor principal Timothée Chalamet. Inspirada en Marty Reisman, legendario jugador estadounidense de tenis de mesa. Estrenada en España: 2025
Marty Supreme es una película que avanza empujada por una fuerza interior que no sabe detenerse. El primer trabajo en solitario del director Josh Safdie se articula como un latido constante: nervioso, insistente, profundamente humano. Una historia movida por la obstinación de quien necesita seguir adelante para no traicionarse.
Marty Mauser-el protagonista- no persigue la gloria ni el reconocimiento. Persigue algo más incómodo y, a la vez, más esencial: la coherencia íntima. Una fidelidad a sí mismo que roza la autodestrucción y que lo obliga a elegir, una y otra vez, el camino más difícil.
Timothée Chalamet, el actor que representa al protagonista de la película, lo encarna desde el cuerpo: delgado, tenso, siempre ligeramente inclinado hacia delante, como si avanzara empujado por una corriente invisible. En su mirada hay lucidez, pero también la certeza de que rendirse sería una forma de traición.
La película se inspira libremente en Marty Reisman, figura legendaria del tenis de mesa norteamericano: jugador callejero, apostador, outsider radical. Safdie, director de Marty Supreme, no filma una biografía cerrada ni una lección de superación al uso. Filma un impulso vital, el de quienes avanzan guiados por una pasión que no se aprende y por una fuerza que no admite domesticación. Aquí, el talento no aparece como recompensa, sino como forma de resistencia. Y también como una pregunta abierta, cuya respuesta parece resonar en la canción de Bob Dylan: The answer, my friend, is blowin’ in the wind.
Ese impulso conecta de manera casi natural con el eco de Bob Dylan, a quien el mismo Timothée Chalamet interpreta en A Complete Unknown. Resulta inevitable pensar que ese espíritu dylaniano atraviesa de manera silenciosa Marty Supreme, como una corriente subterránea que sostiene el relato sin hacerse del todo visible, haciéndonos recordar la canción icónica de Dylan, Blowin’ in the Wind, que no ofrece respuestas: formula preguntas. Y al hacerlo, señala un horizonte moral. La paz, la libertad, la fraternidad no aparecen como consignas ni como metas cerradas, aparecen como direcciones que exigen constancia, coraje y una fe silenciosa en los propios sueños, que deseo siempre sean buenos en un sentido ético y humano.
Dylan nunca fue un hombre de respuestas definitivas. Su manera de estar en el mundo fue siempre esquiva, incómoda, en transformación permanente. Esa misma cualidad reaparece en la película que aborda su vida, A Complete Unknown, el biopic dirigido por James Mangold, donde Timothée Chalamet vuelve a encarnar a un personaje que se resiste a ser fijado. En esta otra película, el actor no imita a Dylan: lo intuye, lo habita desde la contradicción. Fragmentado, cambiante, imposible de poseer del todo. Movimiento. Viento.
Como Marty Mauser, personaje de Marty Supreme, Bob Dylan entendió que la verdadera lealtad no es hacia el aplauso, sino hacia la voz interior. Que el éxito pierde sentido cuando exige renunciar a la propia verdad. Que la perseverancia no siempre conduce a la victoria, pero sí a algo más duradero: la dignidad.
Marty Supreme no lo dice de forma explícita, pero lo deja vibrando en el aire: la respuesta no está escrita en ningún manual. Circula, se presiente, se intuye, se persigue…
La respuesta está en el aire y nos susurra al oído, invitándonos a seguir adelante aun cuando el camino no prometa recompensa. A sostener el deseo sin endurecer el corazón. A creer que nuestros objetivos pueden ser justos cuando nacen del respeto, de la libertad compartida y de una fraternidad que no necesita bandera.
La respuesta sigue flotando porque exige movimiento. Como canta Dylan, hay que caminar, libres como el viento, para poder escucharla y escribir nuestra propia canción para cantársela al mundo.
Y quizá vivir consista, justamente, en eso.
Sandra Campos
Foto tomada de: AccionCine

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