Por ello, estudiar la pobreza e inequidad de manera aislada o independiente, no permite abarcar todas las dimensiones y posibilidades. Tal vez el reclamo o preocupación más elocuente es de Angus Deaton, el Nobel de economía, que expresó que el aumento creciente de la distancia económica entre los estratos sociales de los Estados Unidos estaba resultando en el aumento de desconfianza entre los ciudadanos y por tanto en la menor disposición a trabajar conjuntamente en soluciones colectivas; es posible que esa sea una de las raíces de la situación actual de polarización de dicho país. La inequidad en Colombia, en sus diferentes formas tanto de ingreso como de propiedades rurales o urbanas o de oportunidades de educación, salud, etc., es una de las más altas del mundo, generando más dificultades de colaboración y más “costos de transacción” como lo explica Douglas North: “A mayor desconfianza mayores costos de transacción”, y como ya afirmamos a mayor inequidad mayor desconfianza, que llevan en condiciones de extrema desigualdad a la violencia.
La visión de la pobreza e inequidad sólo desde el poder adquisitivo económico, es muy limitada; y, por ello, se requiere una mirada de manera más amplia, en la provisión de libertades y oportunidades para que “cada persona sea agente de su propia satisfacción y felicidad”. La experiencia del COVID, que resultó en el descenso de los índices a valores de décadas atrás y los eventos cada vez más frecuentes e intensos, relacionados con la variabilidad y cambio climático, exigen una reflexión sobre los índice de pobreza, reconociendo el valor que ha tenido el IPM; índice de Pobreza Multidimensional, pero también sus limitaciones, puesto que los países han escogido las variables aplicables a sus condiciones, lo cual, aunque reconoce las particularidades, esconde posibles decisiones políticas internas y dificulta una comparación entre países. Tal es el caso de Colombia, que se aparta del IPM mundial en el caso de la salud, que tiene nutrición y mortalidad infantil, y coloca índices “administrativos” de afiliación al sistema de salud y de atención por alguna condición, sin registrar resultados finales; se “revuelven” índices administrativos con índices de impacto. Sobre ello insistimos más adelante.
Existen una serie de teorías que abordan la comprensión de la pobreza e inequidad desde enfoques y ámbitos diferentes y sus posibles soluciones. En el caso de la inequidad, los impuestos progresivos, los subsidios a los más necesitados (“subsidios cruzados” también) y la transferencia de recursos a regiones y sectores sociales son generalmente las fórmulas planteadas, pero en la realidad, parece que hasta alrededor de 1960, las teorías sobre la pobreza e inequidad estuvieron enmarcadas, casi exclusivamente, por enfoques de mercado desde una mirada economicista y cuantitativa, considerando que la pobreza e inequidad se reducían gracias a una estructura eficiente de incentivos tanto en la producción como en la distribución de bienes y servicios, y en el aceleramiento de la industrialización. Sin embargo, a partir de la II Guerra Mundial, la importancia del Estado, no solo en el crecimiento económico como lo postuló Keynes, sino también en la misma lucha contra la pobreza e inequidad empezó a jugar un papel preponderante, para “contener el avance comunista de la Unión Soviética sobre Europa” y sobre otros continentes o subcontinentes, como en el caso de Latinoamérica. Se entendió que los altos costos de gasto social no generaban efectos en detrimento de la competitividad económica, y permitían por el contrario escenarios favorables en cuanto sentaban las bases para que la democracia sobreviviera a la par con el capitalismo imperante en el viejo continente; así como también se generaran sinergias importantes para fomentar la confianza y cohesión social a las que se refería Deaton. Se empezó a consolidar el Estado del bienestar que garantiza los derechos básicos materiales y su universalidad. Sin embargo, hoy se presentan serios problemas por ejemplo en los mismos Estados Unidos en lo referente a la Salud.
La evolución del bienestar social en América Latina, particularmente en Colombia, se centró durante décadas en la disminución del analfabetismo y la mortalidad infantil y en el crecimiento de la esperanza de vida y la escolaridad básica. Sin embargo, tasas de crecimiento modestas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX reflejaron solo un descenso moderado de la pobreza e inequidad y mediocres avances en la satisfacción de las necesidades básicas. La constitución de 1991 marcó una nueva directriz para abordar la pobreza e inequidad a partir de un enfoque social, diferenciado y territorial en el marco de un Estado social de derecho que visibiliza las necesidades de las poblaciones más vulnerables como indígenas, afrodescendientes, campesinos y demás grupos poblaciones, especialmente en la zona rural donde se asientan en su mayoría estos grupos. Adicionalmente, como lo señala Jorge Iván González, se dió “un proceso formal de transferencia de funciones y recursos a las entidades territoriales, permitiendo la descentralización administrativa del país”. En este marco, se emitieron una serie de políticas públicas de superación de la pobreza e inequidad, especialmente rural. No obstante, en la práctica, el énfasis continuó siendo economicista puesto que se dirige a la generación de ingresos a partir del fortalecimiento de los microemprendimientos y traslada un buen número de obligaciones a los entes territoriales sin el suficiente respaldo presupuestal, siguiendo directrices de organismos como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, los cuales desconocen las particularidades y especificados locales.
La mirada economicista de medir la pobreza mediante la línea de ingresos, considerando a una persona pobre a partir de un umbral de pobreza e inequidad, tiene limitaciones muy serias y por eso, uno de los enfoques más aceptados actualmente es el índice de pobreza e inequidad multidimensional IPM [1], el cual va toma atributos que van más allá del flujo monetario; sin embargo, no obstante, las dinámicas actuales llevan a replantear esta medición ya que pandemias como el covid o los crecientes estragos relacionados con el cambio climático, están demostrado la importancia de revisar, especialmente en el caso colombiano, dichos componentes especialmente en el caso Colombiano, pues de los actuales 15 revelan algunos una “insensibilidad” fuerte. Tal es el caso de las variables que se utilizan en el tema de Salud por ejemplo, que no registran dos fundamentales como Nutrición y Mortalidad infantil.
El IPM Global es fruto de la Iniciativa de pobreza y desarrollo humano de la Universidad de Oxford y la Oficina de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Este indicador construye un perfil de privación para cada persona en cada hogar, a lo largo de 10 indicadores entre las dimensiones de salud, educación y calidad de vida; si en un hogar una persona no cumple ese requisito se califica todo el hogar incumpliéndolo. Al tratarse de un índice global, todos los indicadores están igualmente ponderados dentro de cada dimensión. De esta manera, proponiendo las dimensiones e indicadores básicos, el IPM Global fija un punto de referencia para la medición de la pobreza en cada país. No obstante, como cada IPM es calculado localmente, sus medidas se pueden adaptar a ese país en particular y sus necesidades. La gráfica siguiente ilustra al respecto.

A pesar de que el IPM está destinado a cuantificar principalmente la pobreza en países de mediano y bajo ingreso, esta medida también se aplica en países con economías avanzadas y su manera de medirla demuestra cómo los indicadores se adaptan a las necesidades del país y sus niveles de bienestar. Es bien conocido en la literatura el modelo Alkire Foster para determinar quién es pobre y, a partir de un modelo con robustez estadística, determinar cómo agregar esa medida para expresar un nivel general de pobreza (Angulo, 2016). Respecto a la ponderación, diferentes métodos existen para asignar el peso a cada elemento incluido en el Índice: por opinión de expertos, estudios participativos, análisis estadísticos, decisiones normativas, literatura previa, entre otros (OPHI & SIUBEN, 2020). El enfoque normativo en el que cada dimensión tiene la misma relevancia tanto en la calidad de vida como en la política pública (pesos anidados) es el generalmente aceptado en las diferentes aplicaciones; además es más fácil de entender y usar (Atkinson et al., 2002). Los mismos investigadores de OPHI afirmaron que los cambios en los ponderadores sí afectan la medida pobreza, pero que, a pesar de las limitaciones, el índice entrega resultados robustos (Alkire et al., 2022). Fonseca (2019) encontró diferencias notables en la contribución de cada una de las variables a la explicación del IPM y por tanto propone usar el ACP, análisis de componentes principales, como método para establecer los pesos relativos de cada variable en la explicación buscada.
En caso del IPM colombiano, se adoptó la metodología AF como el marco conceptual del cálculo y medición de la pobreza y, muy importante, que la utilidad del IPM como instrumento no depende únicamente de la robustez matemática del método, sino también de la capacidad de los agentes de representar las prioridades en la agenda de política pública. En un escenario de pobreza disparada post-pandemia, crecientes problemas de salud mental y casos críticos de violencia y conflicto, resulta provechoso poner en duda la relevancia y prioridad que se le está dando a algunas de las dimensiones y sus indicadores. El debate alrededor de los pesos relativos es importante pues vale la pena poner en duda si la relevancia de un indicador la otorga un peso anidado y también su pertinencia en el contexto de la nación.
El contexto social es fundamental para determinar la pobreza. Puede que en un país desarrollado la actividad social refleje la falta de ingreso, pero en un país que experimenta situaciones recurrentes de violencia y conflicto puede que ese indicador no sea muy atractivo y necesite de otros más pertinentes. Admasu et al. (2022) analizan la pobreza multidimensional en contextos de desplazamiento forzado y, como es de esperarse, encuentran que en las comunidades desplazadas hay mayor pobreza que en las residentes. Adicionalmente, el conflicto puede llevar a incrementar la mortalidad en hombres y el desplazamiento en mujeres (Buvinic et al 2013 en Admasu et al 2022), dejándolas a cargo de un hogar vulnerable en ingresos y relaciones sociales. Pese a que las mujeres son la mitad de la población desplazada, son ellas las que quedan expuestas a mayores vulnerabilidades y privaciones (Admasu et al 2022), dicho esto, los contextos de violencia y los problemas de género merecen mayor atención en el cálculo de pobreza.
La dimensión de brecha digital y convivencia propuesta para contribuir a enfrentar las desigualdades sociales, mejorar la convivencia, prevenir el delito y crear cultura digital que se propuso el gobierno de República Dominicana es interesante también. Los indicadores de esa dimensión son: brecha digital, que evalúa el acceso a internet/dispositivo con internet; seguridad ciudadana, que indaga sobre casos de violencia sufridos en el último año; discriminación, si se ha experimentado de cualquier tipo; participación, refiriéndose a privarse de tomar grandes decisiones en el hogar respecto a gasto, religión, salud, entre otras; por último, documentación, el hecho de no estar legalmente identificado. Estos indicadores responden tanto a las necesidades del país, como a los programas en marcha dirigidos a subsanar esas necesidades.
Tanto el IPM-RD como el IPM Global, el de Colombia, o la mayoría utilizan la metodología de pesos anidados, lo cual significa que cada dimensión tiene el mismo peso, y cada indicador dentro de la dimensión tiene el mismo peso. Algunos pocos países, como Ecuador, se han atrevido a utilizar métodos más sofisticados que ponderen, no por la cantidad de indicadores, sino un peso relativo otorgado para entender la contribución del indicador. Casillo & Jácome (2016) explican cómo, para al caso de Ecuador, la contribución de cada indicador al índice depende de la incidencia más el peso asignado a cada uno. De esta manera, lo que define en qué dimensión se deben concentrar los esfuerzos con el fin de reducir la pobreza multidimensional, depende en parte de las ponderaciones relativas (Castillo & Jácome, 2016).
Colombia decidió un conjunto de 15 Variables en cinco grandes grupos como los componentes del IPM, apartándose bastante del IPM propuesto por UNDP y la universidad de Oxford, antes de la pandemia COVID19. Los componentes de Colombia se refieren al acceso a servicios de educación y salud mas que a su impacto o resultado real, e igualmente dejan por fuera elementos cruciales como el acceso a energía, el techo de las viviendas, el acceso a electricidad y la posesión de por lo menos un bien.
Es importante reflexionar sobre la validez de la diferencia adoptada por Colombia frente al IPM global, como también a la validez de ambos IPM, el de Colombia y el global, en el marco de lo aprendido en la era COVID y posteriores eventos relacionados con cambio climático. En nuestra opinión es fundamental, en el caso colombiano y el ecuatoriano (que hemos revisado someramente), incorporar las siguientes variables después del covid y en previsión de los eventos que serán más frecuentes e intensos, relacionados con el cambio climático: NUTRICION (en Colombia), EQUIDAD DE GÉNERO ( en ambos), ACCESO A ELECTRICIDAD (en el caso de Colombia), ACCESO A INTERNET (en ambos casos) y el RIESGO de deslizamientos, inundación y avalanchas ( en ambos casos).
La introducción de estas variables presentaría unos resultados diferentes y sobre todo mas cercanos a la realidad después del covid y en el marco del cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación ambiental y, muy posiblemente, hacia el futuro cercano, la inseguridad alimentaria. La invasión de Rusia a Ucrania reveló la debilidad estructural de los países respecto a los alimentos y los insumos para su producción como en el caso de los fertilizantes; Europa también está aprendiendo el alto precio de la dependencia del gas ruso. Hacia el futuro debemos esperar que tanto las energías alternativas e innovativas como los sistemas de producción agropecuaria avancen más rápidamente hacia la sostenibilidad integral. La agricultura orgánica, la agroecología, los sistemas de ganadería regenerativa deben experimentar una aceleración importante en su adopción y apropiación por los países.

Sin lugar a dudas, el IPM del Dane de Colombia presenta algunas modificaciones interesantes como es la consideración de la calidad de la educación, midiendo el BAJO LOGRO EDUCATIVO; igualmente al introducir el factor del TRABAJO, tanto informal como del desempleo de larga duración apunta a la raíz del problema, que es la de acceso fácil a trabajo formal y de calidad. En cambio, en cuanto a salud, al enfocarse en el aseguramiento y el acceso se desvía del objetivo fundamental que es el de prevenir y solucionar la enfermedad o la muerte, el impacto real. De la misma manera, en cuanto a condiciones de niñez y juventud, dos de las variables están más relacionadas con el sistema escolar, con la educación, que son la inasistencia escolar y el rezago escolar, que podrían tener alta relación con la de analfabetismo y bajo logro educativo; el trabajo infantil podría estar en la columna temática de trabajo, mientras que las barreras de acceso a los servicios de cuidado de la primera infancia nuevamente se instalan en lo procedimental y no en lo esencial y es el resultado o impacto: que porcentaje de niños no tienen acceso a servicios de cuidado de la primera infancia, lo cual incluso podría ser relativizado al mezclarlo con la evaluación del nivel de calidad de dichos servicios y ponderando los resultados; lo fundamental es el resultado: la mortalidad infantil. Finalmente en las condiciones de la vivienda, podría ser innecesario o redundante la mención de pisos y paredes, pues ante la ola invernal el techo pareciera esencial; podría hacerse un índice de vivienda más complejo, que incorpore los tres y otros factores fundamentales como el acceso a la electricidad, al internet y uno que adquiere cada día más importancia y criticidad: el Riesgo de inundación, deslizamiento y avalancha a que están sometidas las viviendas, mediante la expresión del porcentaje de población expuesto a riesgos.
La comparación de los distintos IPM en el mundo arroja tres inquietudes:
- Sobre la comparabilidad de estos, como en el caso de Colombia, en el cual, la mitad de los indicadores no coinciden con el global y con los de otros países como el vecino Ecuador. La pregunta obligada es cómo logran comparar índices tan disímiles. Hay que considerar acordar unos índices comunes y otros más libres.
- Surge además otra pregunta: ¿son los sistemas nacionales de estadística suficientemente independientes de los gobiernos para registrar con rigor absoluto las evaluaciones?; Incluso, se podría afirmar que el IPM, siendo un índice tan sensible internacionalmente, se presta para ajustes que se desvían de la posibilidad de comparar fehacientemente los resultados de los países. En el caso de Colombia es evidente la disparidad con el índice internacional; es cierto que los países tienen cierta discrecionalidad de la medición, pero también es cierto que el índice de pobreza multidimensional en Colombia pareciera bastante sesgado en varios aspectos, por ejemplo, en el caso de la salud, cuando se estableció el índice.
- Son suficiente flexibles y modernos los IPM para registrar los cambios profundos que se están presentando en la sociedad, tanto en lo estrictamente monetario-económico como en lo social, ambiental y cultural. ¿EL Covid y los eventos climáticos más intensos, no debería jugar un papel más importante? Otros factores como la pérdida de la biodiversidad, la contaminación ambiental, todos sin excepción tienen profunda relación entre ellos y resultarán cada vez más en problemas y crisis en salud, en alimentación, en calidad de la vida.
Por ello, parámetros o variables tales como NUTRICION, EQUIDAD DE GENERO, ACCESO A ENERGÍA ELÉCTRICA Y DE COCCIÓN LIMPIA, ACCESO A INTERNET y RIESGO (de inundación, deslizamiento, avalancha) conforman un conjunto que señala un escenario diferente al que actualmente reflejan los IPM. Algunos de estos parámetros están recogidos en el IPM global, como la nutrición y la energía eléctrica, pero los demás no. El caso de equidad de género debe ocupar mucha relevancia en el siglo 21, pues estamos viendo un retroceso en ese sentido, en el contexto de la tendencia hacia el autoritarismo.
El IPM de Colombia presenta, en mi respetuosa opinión, varias deficiencias tanto conceptuales como de proceso matemático/estadístico; ya se han señalado algunas falencias conceptuales por la exclusión o no consideración de variables fundamentales y otra falencia es la de la asignación un tanto arbitraria del peso relativo de las variables, sin someterlas a un mínimo escrutinio estadístico, como puede ser el uso del ACP, análisis de componentes principales, para identificar su peso relativo, su contribución a la varianza. En el caso del IPM de Colombia, al aplicar esta herramienta (ACP) se encontró que el peso relativo de los cinco temas o pilares, es significativamente diferente, pues el de condiciones de vivienda y acceso a servicios públicos pesa en la realidad 34,6%; mientras que las condiciones de niñez y juventud pesa 31,3%; estos dos resultan en el 65% del peso explicativo, mientras que en cambio, salud (6%); Trabajo (15%) y educación (12,9%) , que se consideran fundamentales, pesan los tres un modesto 34%. ¿Se escogieron mal las variables? ¿Se asignaron arbitrariamente pesos relativos equivocados? ; los cambios en el mundo en los últimos años ameritan revisar esos aspectos y criterios. Los resultados de un ejercicio de Fonseca (2021) arrojan lo siguiente:

Además, es necesario salir de los parámetros e indicadores convencionales; si bien se han centrado en la persona, el individuo, es necesario ampliar esa visión con el entorno que provee las condiciones para el desarrollo personal. Por ello, se consideran tanto la persona, el individuo como su entorno;

En cuanto al individuo, resultan, en el marco del covid, trascendentales los índices como el de Nutrición (26,4%), la salud física (11.2%), la educación, medida a través de las pruebas saber 11 (7,9%), la violencia de género (28,5%) y el acceso a internet de banda ancha (25,8%). Es muy importante señalar la equidad de género que resultó muy alta a través de un proxy, que fue el de violencia de género, como también la nutrición y el acceso a internet.

El análisis del entorno resulta aún más interesante. El índice municipal de solución de la pobreza multidimensional juega un 48,1% de peso en la explicación de la varianza, mientras que la salud mental pesa un 26,7% y el índice de empatía territorial un 25.2%.

La empatía territorial merece una mención especial, puesto que, en un país como Colombia, en el camino de la construcción de la Paz Total o completa, la participación en organizaciones voluntarias, que se ocupan de problemas y retos colectivos (36%), la convivencia (44,5%), la receptividad a los desplazados (6,0%) y la atractividad por oportunidades como empleo, educación, salud, vida social, etc., (13,4%) conforman un entorno que define las posibilidades reales de futuro en un territorio.

Estas son miradas alternativas e innovadoras frente al IPM centrado en el individuo o en su grupo familiar, puesto que consideran un entorno más amplio, que llega hasta el mismo territorio municipal.
En síntesis, en el país “potencia mundial de la Vida”, debemos empezar a construir un Índice de Riqueza Multidimensional, que refleje la felicidad y realización personal, el entorno de paz y convivencia social, de salud ambiental y ecológica y la dinámica de progreso general tanto en las regiones como a nivel nacional, en un entorno internacional complejo, multipolar, que exige gran capacidad de entendimiento y comprensión estratégica. En el caso específico del IPM de Colombia, debemos por lo menos hacer un ejercicio “paralelo” de comparar la medición bajo el actualmente vigente, con uno que construyamos para que refleje mejor el cambio que está sucediendo en el país, que tiene muchos elementos esperanzadores.
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[1] Uno de los autores más valiosos en ese campo es Amartya Sen, con su libro “Desarrollo como Libertad”.
Carlos Fonseca Zárate
Foto tomada de: https://www.agenciapi.co/

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