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La frágil tregua con Irán evidencia el fracaso de Trump y deja a Israel como principal amenaza para la paz en Oriente Medio

6 abril, 2026 By JUAN ANTONIO SANZ Leave a Comment

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Israel pone en peligro el alto el fuego de EEUU e Irán con una redoblada ofensiva en el Líbano.

El presidente de EEUU, Donald Trump, perdió la guerra contra Irán en el mismo instante en que la comenzó, sin lograr después ninguno de sus objetivos marcados. Sobre todo, porque era una contienda orquestada por su mayor aliado en Oriente Medio, Israel, que tenía sus propios planes. La mirada del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, bajo cuya espada de Damocles está el frágil alto el fuego acordado entre EEUU e Irán, estaba puesta en el desgaste de Teherán y, por encima de todo, en aprovechar la ofensiva contra Hizbulá en el Líbano para apoderarse de parte del territorio del país vecino. Una conquista que continúa y a la que ahora dedicará todo el armamento que estaba utilizando contra Irán.

El anuncio por Trump de la tregua de dos semanas alcanzada con Irán, que contempla el fin de los bombardeos y la reapertura de la navegación libre por el estrecho de Ormuz, ofreció un respiro en todo el planeta, atenazado por una guerra que ha desmadejado desde el 28 de febrero la seguridad en Oriente Medio y la economía mundial, tras el cierre por Teherán de esa vía marítima vital para el comercio internacional, y en medio de los ataques mutuos a centros de producción, refinado y distribución de hidrocarburos.

La tregua, proclamada como una victoria sin igual por Trump poco antes de que finalizara su enésimo ultimátum cargado de amenazas de destrucción masiva, está marcada por la fragilidad, especialmente por los movimientos de Israel, ducho en dinamitar todo tipo de acuerdos con iraníes, sirios o palestinos. La brutal y “oportuna” ofensiva lanzada en el Líbano este miércoles, con más de 250 muertos en el peor ataque israelí desde que comenzó la guerra, ha puesto al borde del abismo el alto el fuego, al ser respondida por Irán con la amenaza de mantener cerrado el estrecho de Ormuz.

Además, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Catar y Kuwait denunciaron ataques iraníes con misiles y drones en esta primera jornada de la tregua contra plantas eléctricas y desalinizadoras. Irán afirmó, por su parte, que había sufrido el bombardeo de su refinería en la isla de Lavan.

La incertidumbre define así el acuerdo, también a la hora de intentar encajar las demandas de unos y otros. Quizá se pueda avanzar en este sentido este viernes, si estadounidenses e iraníes se ven en Islamabad para intentar convertir el alto el fuego en un armisticio. Pakistán se ha erigido en el intermediario de esta crisis, dadas sus buenas relaciones con las dos partes.

Prioridad, el Líbano

Lo curioso es que muchos de los puntos que han planteado los contendientes en esta tregua ya figuraron y fueron aceptados en el acuerdo alcanzado entre EEUU e Irán en 2015 (suspendido tres años después por Trump, en su primer mandato) y aparecían también en las negociaciones que se estaban celebrando en Ginebra tres días antes de que se desencadenara la actual guerra. Una muestra más de que ni el programa nuclear ni los misiles iraníes eran importantes para desatar esta contienda. La idea era otra y no partía precisamente de Trump.

El líder republicano metió de lleno a EEUU en un conflicto con entrada, pero sin salida, arrastrado por Netanyahu, que vio una oportunidad para descabezar al régimen iraní, con la matanza que, al inaugurar la ofensiva, acabó con la vida del entonces líder supremo persa, el ayatolá Alí Jameneí. Es cierto también que a Israel le convenía mucho debilitar con el respaldo de EEUU la estructura militar de su mayor enemigo en Oriente Medio, pero tampoco era esta la principal razón para desencadenar una nueva guerra en la región.

El primer punto en la agenda de Netanyahu era reanudar la conquista del sur del Líbano, situándola en un contexto bélico más amplio que le permitiera mantener el apoyo de Washington cubriéndole las espaldas ante Teherán y de paso debilitar o incluso destruir al régimen iraní, aliado de las milicias chiíes libanesas de Hizbulá.

Si bien Trump mordió el anzuelo de Netanyahu, la evolución de la guerra y el riesgo altísimo de que esta se emponzoñase durante meses llevaron a la exasperación al presidente estadounidense, arrepentido de sumir a EEUU en una campaña sin fin y, a la vez, incapaz de negarse a los planes hegemonistas israelíes en Oriente Medio. De ahí las altisonantes amenazas proferidas esta semana de desatar el infierno sobre Irán si este no abría el estrecho de Ormuz, cuyo cierre fue la gran apuesta estratégico-militar de Teherán.  

Y la única alternativa a estas amenazas era acelerar un alto el fuego y venderlo como una falsa victoria sobre los iraníes. Trump no veía el momento de poner fin a un conflicto que ha exacerbado la antipatía antiestadounidense, que es rechazado en su propio país y cada vez más entre sus propios acólitos, y que pone en peligro al Partido Republicano ante las elecciones legislativas de medio término que EEUU celebrará el 3 de noviembre.

Una guerra convertida en un callejón sin salida

Lo más incómodo para Trump, que su dialéctica bélica no podía maquillar, era que no estaba consiguiendo los objetivos que supuestamente le habían llevado a comenzar esta guerra. Se había metido en un callejón del que no podía salir, salvo derribando el tablero de juego para encubrir el más rotundo fracaso, que ha supuesto miles de millones de dólares al Pentágono y vaciado los depósitos de munición estadounidenses.

EEUU no ha logrado eliminar el material nuclear que tenía Irán antes de comenzar la guerra, casi media tonelada de uranio enriquecido que, tras los ataques de junio del año pasado a sus instalaciones atómicas, guardó a buen recaudo. Su eliminación certera o su captura solo habrían podido conseguirse con una operación terrestre que podría haber devenido en una debacle para EEUU.

Tampoco han logrado los bombardeos combinados con Israel destruir todo el potencial en misiles que tenía Irán hace 40 días. Aunque tanto el Ejército estadounidense como el israelí se felicitaron por la destrucción de muchos silos de misiles y de las lanzaderas de este armamento ya desde los primeros días de la contienda, no contaban con sus ingentes arsenales subterráneos. Irán ha seguido golpeando de forma quirúrgica objetivos en Israel, en bases estadounidenses de Oriente Medio y, sobre todo, en los países árabes aliados de EEUU en el Golfo Pérsico con el objetivo de provocar el pánico y romper el flujo de crudo y gas.

Tampoco ha sido destruida la capacidad productora y exportadora de petróleo y gas iraní. Los hidrocarburos de Irán han seguido cruzando el estrecho de Ormuz, aunque de forma más tímida, hacia sus compradores, entre ellos China, su mayor cliente de crudo. Uno de los propósitos más ingenuos de la estrategia de Trump era repetir lo que hizo en Venezuela, es decir, derrotar a Irán y controlar su petróleo y gas con un gobierno marioneta. No pudo hacerlo.

Al contrario que en Venezuela, tampoco consiguió cortarle la cabeza al régimen islámico. Aunque junto a Israel asesinó a buena parte de la cúpula de poder que había antes de la guerra en Teherán, la especial estructura de mando iraní permitió el reemplazo inmediato y sin aspavientos de sus dirigentes muertos, casi como si estuviera ya previsto el reemplazo de sus precedentes, convertidos además en “mártires” dignos de ser vengados. En consecuencia, en estos momentos es el ala más radical de los islamistas chiíes iraníes el que lleva las riendas del país. 

Intacta la red de amigos islamistas de Teherán

Asimismo, no se acabó con la red de alianzas de Irán en Oriente Medio, repartidos por toda la región, desde el Líbano y Siria hasta Irak y Yemen. El llamado Eje de Resistencia islámica ha sobrevivido, solo que ahora tiene mil motivos más para atacar los intereses de Israel y EEUU. Este fracaso a la hora de erradicar a los aliados chiíes de Teherán impidió a Israel movilizar en el vecino Irak a las fuerzas kurdas iraníes allí refugiadas y su respaldo por las milicias kurdas iraquíes. El riesgo para estas últimas era muy grande, pues habría desatado una nueva guerra civil en un Irak aún convaleciente por la invasión estadounidense de 2003.

Los más poderosos de esos aliados de Irán son las milicias libanesas de Hizbulá, que han mostrado en esta guerra que sobrevivieron a las sucesivas ofensivas israelíes desde que comenzó la crisis de Gaza en octubre de 2023. Aunque había en el Líbano una tregua con Hizbulá vigente desde 2024, en realidad nunca cesaron los bombardeos israelíes, de la misma forma que la propia paz en Gaza siguió manchada por el asesinato de palestinos a manos de militares judíos.

Este miércoles, la misma Comisión de Investigación de la ONU para Palestina que el pasado año aseveró que Israel había cometido genocidio en Gaza apuntó a que tales actos genocidas se están perpetrando aún en la Franja encubiertos ahora por las guerras de Irán y el Líbano. Solo desde que comenzó la contienda de Irán, al menos 200 palestinos fueron asesinados en Gaza por ataques israelíes, cifra que se añade a los más de 72.000 gazatíes masacrados desde octubre de 2023.
Netanyahu usó la guerra para reabrir el frente libanés 

Ya desde el 2 de marzo, dos días después del comienzo de la guerra contra Irán, Israel bombardeó el sur del Líbano y los barrios de Beirut donde señalaba que había milicianos de Hizbulá, y preparó con ataques a gran escala la entrada paulatina de su Ejército en ese país, con una buscada invasión. El bombardeo de los puentes sobre el río Litani por parte de unidades israelíes  apunta en esa dirección. El Ejército israelí ha reconocido que su intención es conquistar entre un 8% y un 10% del Líbano para convertirlo en una zona de seguridad (y de eventual colonización por granjeros judíos).

Antes, como afirmó sin sonrojo alguno el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ese territorio libanés será sometido al mismo tratamiento de Gaza, arrasando y demoliendo pueblos, asentamientos y viviendas al sur del Litani.

A fin de dejar claro que su campaña del Líbano no sigue los mismos parámetros que la contienda de Irán, y después de anunciar que seguiría con su ofensiva en ese país mediterráneo en contra de lo que recogía el comunicado pakistaní sobre la tregua, el Ejército israelí este miércoles lanzó la mayor oleada de ataques sobre el sur libanés, Beirut y el valle de la Bekaa desde que comenzó la guerra, con el ataque devastador a un centenar de objetivos en diez minutos.

Tales acciones en el Líbano responden, además, a una intención de Netanyahu de aliviar la presión interna en Israel por el fin de la ofensiva en Irán sin haber conseguido esa derrota total del régimen de los ayatolás que Trump y el líder israelí clamaron una y otra vez al empezar la guerra. Incluso la oposición a Netanyahu en el Parlamento ha subrayado ese “fracaso estratégico” en Irán, sin darse cuenta de que el principal objetivo del primer ministro estaba en el Líbano y no en el país persa.

Los opositores señalan que la permanencia del régimen islámico iraní y de sus lazos con los islamistas del Eje de Resistencia chií auguran futuras confrontaciones. Lo que no acaban de advertir esos políticos israelíes es que es precisamente la persistencia de amenazas externas la base de la estrategia belicista de Netanyahu, para permanecer en el poder y para avanzar en la consolidación de Israel como una potencia regional sin adversarios.

Juan Antonio Sanz, Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar. Ha sido corresponsal de la Agencia EFE en Rusia, Japón, Corea del Sur y Uruguay, profesor universitario y cooperante en Bolivia, y analista periodístico en Cuba. Habla inglés y ruso con fluidez. Es autor de un libro de viajes y folclore.

Fuente: https://www.publico.es/internacional/fragil-tregua-iran-evidencia-fracaso-trump-deja-israel-principal-amenaza-paz-oriente-medio.html

Foto tomada de: https://www.publico.es/internacional/fragil-tregua-iran-evidencia-fracaso-trump-deja-israel-principal-amenaza-paz-oriente-medio.html

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