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La culebra se disfraza para seguir viva

16 marzo, 2026 By Álvaro Hernández V Leave a Comment

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Escribió García Lorca en uno de sus romances más populares, que cuando la guardia civil española entra a la ciudad una noche de diciembre a destruir la fiesta de los gitanos – su simbolismo de discriminación y sufrimiento –, “el coñac de las botellas/ se disfrazó de noviembre/ para no infundir sospechas”. Esconder el culpable en la misma botella es una figura surrealista de gran eficacia, pues más que los faroles, las banderas, las canciones, o “las guindas en conserva”, el coñac era el responsable de la alegría que con brutalidad reprimía “la benemérita”.

Hacerse pasar por otra cosa dentro de la misma botella, es lo que intenta el uribismo en esta campaña electoral. Quien se disfraza finge ser otro y es consciente de estar creando un engaño temporal, pues el disfraz simula pero no transforma la esencia. Según la estratagema del uribismo, ya no son coñac sino agua de panela.

El primero que intenta hacerse pasar por otro es el mismísimo Álvaro Uribe Vélez, para evitar que volvamos la mirada a su pasado complaciente con la violencia que justificó en nombre de la seguridad y los negocios. Porque, hay que decirlo, los elegidos durante el Frente Nacional gobernaron en nombre y para la derecha sin ponerse del lado de los violentos con la excusa de recuperar la convivencia ciudadana. Todos emplearon el poder de la ley para combatir la insurgencia y reprimir la protesta social, sin consentir ni patrocinar las fuerzas ilegales. Era gente de derecha, no de derecha gatillera.

Con Uribe Vélez fue distinto, pues usó el poder del Estado para confrontar con violencia a los contradictores sociales; facilitar la colaboración de matones con la fuerza pública para contener las guerrillas; ocultar los crímenes cometidos por el ejército y la policía bajo sus gobiernos; corromper los órganos oficiales de seguridad persiguiendo opositores, periodistas y magistrados; encubrir a sus aliados, rechazar el acuerdo de paz con las FARC, y declararse enemigo irredento de la JEP.

Es lo que Uribe pretende borrar de la memoria de los electores. Y para que olvidemos su imagen de hombre poderoso y rico se desmontó de los caballos que los Ochoas – socios de su padre – pusieron de moda. Y anda en camisa y sombrerito de correría presentando a su candidata en casas comunales y callejones de mercado, con un bastón que produce lástima. Ahí, sentadito y sofocado mientras hablaba su “cándida” Paloma Valencia, se le escuchó ordenar a sus bodegas que hicieran llorar a una youtuber.

“No le cobren a Paloma mis errores”, dice con fingida voz tranquila y conciliadora. ¿A cuales errores se refiere, buen hombre? (preguntan en los cuentos infantiles de Andersen que Señal Colombia trasmite los domingos). Si los actos atroces cometidos por el paramilitarismo, el ejército y la policía mientras fue gobernador y presidente, no pueden llamarse  errores, ¿a cuáles se refiere en esa inesperada confesión? ¿Sus errores son propios de la jurisdicción de la JEP, o del confesionario?

La segunda que se disfrazó de noviembre fue Paloma Valencia. Primero se le vio “arrimarse” a la gran consulta para fingir que sería candidata del centro, y esconder su origen en la ultra derecha, disminuyendo el volumen de la lengua, no el odio del lenguaje oculto detrás de las formas. Y una vez “convertida” en candidata “de varios partidos y movimientos políticos”, según lo acuñaron los medios, en su vocabulario se repiten estimulantes palabras y frases fraternales como: trabajar por la unión, caminar juntos, queremos un lugar donde quepamos todos, vamos a trabajar para cuidar a los viejitos, necesitamos la reconciliación y dejar atrás los odios, etcétera y etcétera.

Escucharla es oír a otra persona distinta a la senadora belicosa que defiende el exorbitante negocio que las EPS han hecho con la salud de los colombianos; que con rabia votó no el referendo por la paz; que apoyó a Zuluaga, a Duque, a Rodolfo; la misma que demandó el aumento del subsidio mensual de los ancianos pobres, que se opone al aborto y niega a la comunidad lgtbqi+ el derecho a adoptar en la propia cara de Daniel Oviedo, a quien escogió como vicepresidente. Un derecho que Pachito Santos, ¡vean cómo son las cosas!, supo comprender mientras fue director de noticias en RCN, porque su naturaleza, al parecer, comparte mucho con esa comunidad.

Paloma Valencia quiere que se olvide su desprecio por los trabajadores urbanos, los campesinos y las minorías étnicas; que es enemiga de los derechos sociales por sangre, pues cuenta entre sus antepasados Valencia con un esclavista en el Cauca, y su abuelo Mario Laserna encabezó en Chicoral, Tolima, la rebelión oligarca liberal-conservadora contra la ley de reforma agraria aprobada en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo.

Para gran parte de la opinión, Daniel Oviedo perdió el disfraz en cuanto aceptó ser la fórmula vicepresidencial de la candidata del CD. Causó una gran decepción a un millón doscientos cincuenta mil personas, y quizás más, que creyeron ver en él un nuevo dirigente del centro político, como lo presentaba la prensa tradicional. Hasta entonces muchos ignoraban que se hizo en la cepa del uribismo, donde aprendió a servir a los intereses económicos del empresariado emparentado con el CD. Su inteligencia consistió en defender logros del gobierno Petro, y no comportarse con el odio de Vicky. Con la originalidad y espontaneidad brilló contrariando las otras ocho copias desteñidas del ideario político de Álvaro Uribe… y de su escapulario. Él y Gaviria dijeron “SI” cuando preguntaron si en Gaza había genocidio, mientras el resto levantó la paleta del “NO” encubriendo el sionismo. ¡Que venga Dios y lo vea!

Ahora, consciente del desgaste de su propia figura, y de que la chapa de su partido ya no puede por sí sola ganar elecciones, Uribe dice que “es necesario entender los nuevos tiempos, escuchar con atención y respeto las ideas diferentes, sin abandonar los principios que nos guían”. Y propone crear más de quinientos comités cívicos por Paloma, con gente independiente y de todos los partidos. Es la idea de un frente contra el progresismo, una “alianza nacional para salvar la democracia”, como tal vez la registren.

El hombre que decidió el rumbo de la política nacional por cerca de veinte años, y que con su estilo de gobernar llevó a la derecha colombiana al lugar más extremo en los últimos setenta años al provocar las tensiones más peligrosas para la nación, aspira a embaucar ingenuos en feria electoral. Podrá suceder que bajo el disfraz de apacible patriarca de la derecha moderada que estrenó Uribe Vélez, alguien llegue a descubrir el puñal que esconde a la sombra de la capa, y otro alcance a tirar la copa con vino ácido que nos ofrece su candidata.

Porque engaños son engaños y la culebra del uribismo sigue viva, como antes. “¡Oh ciudad de los gitanos! / ¿Quién te vio y no te recuerda?”

Alvaro Hernández Vásquez

Foto tomada de: CW+

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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