Entonces los dos finalistas serán, el uno de la izquierda, el otro de la derecha, “polarización obliga”, la lógica más natural en la lucha entre los partidos, sobre todo cuando van adquiriendo su fisonomía de “bandos políticos”, en esa azarosa construcción de su identidad.
En el de la izquierda no influirán para nada las Consultas; en el de la derecha, sí; no con seguridad, solo probablemente.
La carrera en la segunda vuelta tendrá lugar entre Cepeda Castro y de la Espriella; sólo que el puesto de este último se verá amenazado desde el propio 8 de marzo por la candidata del uribismo, si gana por supuesto la “Gran Consulta”, esa lotería de la derecha, entregada a Uribe Vélez, relamido de un anticomunismo compadrito y rural.
Las Consultas y sus variables
Con una pedregosa fragmentación, desperdigada en partidos, facciones y aspiraciones individualistas, las Consultas se han convertido en el mecanismo eficaz para la selección de candidaturas; así mismo para la decantación de los procesos en los que se despliegan las ofertas del “mercado electoral”.
A falta de democracia partidista y en ausencia del anacrónico “bolígrafo” del jefe natural, aquellas introducen la competencia y la participación ciudadana, dos factores atractivos que contribuyen a impulsar la candidatura triunfadora, a posicionarlas en la opinión pública y a despertar adhesiones, amarradas con vínculos eventualmente duraderos, frente a los retos venideros. De ahí, su éxito en la incorporación de electores, en la selección limpiamente arbitrada de candidatos y en la apertura de perspectivas auspiciosas para los mismos.
Así sucedió hace 4 años: Gustavo Petro acogió una Consulta en la izquierda, la ganó; luego de lo cual, redondeó la faena en la primera vuelta, para rematar con un espadazo la segunda: 11 millones, 300 mil votos, un tiquete entero para el palacio presidencial.
Sólo que ahora en 2026, el sucesor de Petro en la representación de la izquierda, Iván Cepeda, no participa en la Consulta correspondiente, algo que no le ha impedido escalar en las simpatías de los votantes. Es la razón por cual, la denominada Consulta en el Frente por la Vida, huérfana de su mayor carta en el juego, puede terminar en una frustración para los que se han comprometido con su suerte; resultado probablemente negativo que desvirtuaría los cálculos de quienes sacan de la manga un pronóstico, en el sentido de que todavía las Consultas están en condiciones de trastocar el tablero electoral; del mismo modo como el esfuerzo mental les da para pensar que un “político profesional” como Roy Barreras puede devenir un fenómeno e incluso “dividir” el campo de la izquierda, algo que no tiene mucho asidero en la coyuntura presente.
Otro cantar de escucha en el gallinero de las derechas, un campo en el cual, la Consulta respectiva puede cambiar en efecto el curso de la competencia.
En este caso, la candidatura de la senadora Paloma Valencia podrá dividir por dos los 10 u 11 millones de votantes pertenecientes a esa franjas de ciudadanos con actitudes más reactivas y conservadoras; franjas en las que sin embargo el desparpajado y ultra-derechista abogado de la Espriella lleva 4 meses colonizando con fortuna un territorio ideológico que abarca unos 4 o5 millones de electores: operación emocional, para capturar los imaginarios, con un efecto muy parecido al de Rodolfo Hernández, el mismo que hace 4 años terminó por desbancar a Fico Gutiérrez.
En cualquier caso, las encuestas después del 8 de marzo medirán el hecho de si Paloma, bajándole volumen a su radicalismo, tendrá el combustible suficiente para desplazar al “tigre” de las preferencias electorales, un tigre de gestos militares irrisorios que por cierto no sube en dichas preferencias por encima del 22%; pero tampoco experimenta descolgadas sensibles, en una demostración de consolidación, nunca por debajo de los 4 millones de votos, un “plante” de valor para la primera vuelta.
Las Encuestas
De acuerdo con las empresas encuestadoras, los ganadores de la primera vuelta serían, hay que repetirlo, Cepeda y Abelardo. Un promedio de los datos que presentan Invamer, Guarumo, GAD3 y el CNC, arroja un 33% para Iván Cepeda y un lejano 20% para Abelardo de la Espriella.
Con todo, si a este último se le sumará un 10% que hoy tendría Paloma, la competencia se emparejaría, en función de la segunda vuelta. En tal eventualidad, la pelea final sería definida por el voto de las franjas de “centro”, quizá un 25% del electorado.
El sistema de partidos
Un 33% de votantes de izquierda y otro tanto de la derecha; todo ello representa una fractura básica de orden ideológico, que domina, aunque no totalmente, el paisaje político; es un “clivaje”, una línea de alinderamiento predominante que determina los comportamientos bajo la polarización, dicho esto en forma neutra, algo normal en la formación o reestructuración del sistema de partidos. Una constitución del sistema en la que intervienen razones sociales, religiosas, culturales, políticas e ideológicas, según lo mostró en su momento el incisivo Stein Rokkan.
Esta polarización estaría cubriendo el 65%, tal vez un poco más, del electorado, fenómeno este que dejaría el 20 o 25% para los segmentos de “centro “, condenados por tanto a ser succionados, dentro de la confrontación mayor, la de la derecha y la izquierda. Esta es una polarización que poco a poco sustituye al ante-diluviano enfrentamiento entre el liberalismo y el conservatismo, una contraposición caduca que ya no cuenta para las definiciones presidenciales, pero que sigue exponiendo sus inercias en la composición del Congreso, en el que ciertamente seguirá prevaleciendo la fragmentación de minorías, no muy convenientes para la gobernabilidad, imposible sin grandes coaliciones.
Ricardo García Duarte
Foto tomada de: La Silla Vacía

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