Esta familia celestial llegó a convertirse en materia prima para fabricar instrumentos de hierro fundamentales para la vida diaria de los antiguos esquimales: puntas para lanzas y flechas, hojas de arpones y cuchillo, incluidos los de desollar presas de caza.
Para el siglo VIII los esquimales tuniit o dorset tenían un verdadero taller funcionando en torno a las partes del meteorito. Desde hasta 50 kilómetros a la redonda llevaron cientos piedras de diferente tamaño para martillar y formar las herramientas.
Esto cambió la dirección de una red de intercambio que habían llevado desde Siberia objetos de cobre forjados en Asia, hasta Alaska y Canadá. Los objetos de hierro meteorítico llegaron hasta Alaska, al menos dos siglos antes y también mucho después del arribo de los vikingos a Groenlandia en el siglo X.
A partir del siglo XII los artículos vikingos de hierro y bronce europeo se intercambiaban por carne de ballena, foca y caribú, marfil y pieles de narval y morsa. Además de controlar este intercambio, los esquimales inuit también consiguieron difundir entre ellos tecnologías de la cultura indígena norteamericana, de forma que un instrumento tan esencial y típico para los esquimales actuales, como es el arpón de punta giratoria, llegó desde el sur, desde los “pielroja”.
En 1897, el explorador estadounidense Robert Perry se apoderó de Ahnighito (la Tienda) que pesa 30 toneladas, de la Mujer y del Perro, invirtió en la construcción de una carrilera para transportarlos al litoral y llevarlos en un barco de carga a New York. Los vendió al Museo Americano de Historia Natural donde aún reposan como otro monumento al saqueo.
En 1927, el explorador danés Knud Rasmussen se llevó a Copenhague un fragmento de 3 toneladas conocido como Savik (cuchillo). En 1963, el investigador danés Vagn Buchwald encontró a Agpalilik (el Hombre) de 20 toneladas y lo llevóen 1967 al Museo Geológico de la Universidad de Dinamarca, donde aún se encuentra.
Groenlandia, siendo por ahora parte de Dinamarca, alberga una base aérea de Estados Unidos. El 22 de enero de 1968, un bombardero B-52 se estrelló a 10 km de la base y se perdieron cuatro bombas nucleares, causando contaminación radioactiva.
La Bebé y otros fragmentos de menos de 250 kilos están todavía en Groenlandia separados de su sagrada familia con la que siempre debieron haber vivido. Sobreviven con mucho temor porque creen que algún presidente declaró que son de él.
Héctor Mondragón

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