Uno de los cambios más visibles ha sido la transformación de las campañas políticas mediante el uso creciente de redes sociales y plataformas digitales mediante el uso de herramientas como Tik Tok, Instagram o X para difundir mensajes y movilizar votantes, lo que ha permitido ampliar la esfera pública y modificar la manera como se construye la opinión pública. Estos cambios se han traducido en una recomposición del liderazgo político, de tal forma que mientras surgen nuevas figuras en el escenario político, también pierden su representación en el Congreso figuras con gran visibilidad mediática, lo que sugiere cambios en las preferencias del electorado y una mayor volatilidad política.
Tal vez la novedad más importante de las pasadas elecciones para el Congreso ha sido la consolidación de nuevas fuerzas políticas y la reorganización del mapa partidista. Una de las consecuencias de la desaparición de figuras y fuerzas que no consiguieron renovar período ha sido la posible pérdida de personería jurídica de distintas colectividades políticas como las de Roy Barreras, Ingrid Betancourt, Comunes y el Partido Ecologista. El hecho más significativo es el fortalecimiento del Pacto Histórico que se consolida como la principal fuerza tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, lo que refleja el cuestionamiento al dominio tradicional de los partidos históricos condenados a desempeñar el papel de partidos bisagra en las coaliciones que se tejan en un Congreso fragmentado donde el uribismo se mantiene como principal fuerza de oposición y estará atento a un control político permanente.
Así mismo, junto a las transformaciones que se dan en el ámbito político, persisten prácticas muy arraigadas en la cultura política colombiana que alimentan maquinarias electorales lideradas por clanes familiares que fomentan el nepotismo y se nutren de redes clientelares en las regiones mediante las cuales continúan desempeñando un papel relevante en las elecciones legislativas y locales. Dos hechos llaman particularmente la atención. En primer lugar, el elevado número de candidatos cuestionados o investigados por la justicia pertenecientes a clanes políticos (45 en estas elecciones). En segundo lugar, el hecho de que, según el diario El Tiempo, clanes políticos tradicionales estarían en 8 de las 16 curules de paz creadas para representar a las víctimas del conflicto armado y elegidas por última vez en estas elecciones legislativas.
Finalmente, aunque la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea dictaminó que las elecciones fueron transparentes y bien organizadas, no faltaron los tradicionales lunares negros como ciertos actos de violencia y hechos irregulares que darán lugar a revisiones de los resultados y demandas. Valga la pena anotar, también que, aunque el abstencionismo cayó, sigue siendo superior al 50 por ciento del censo electoral. En otros términos, una gran parte de la población no estará o se sentirá representada en el Congreso, de modo que una tarea que espera a los nuevos congresistas es no desvincularse de las realidades de la población y tratar de interpretar sus intereses para mantener un diálogo constante con la ciudadanía.
Rubén Sánchez David
Foto tomada de: Bogota.gov.co

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