Los aspavientos de los medios dominantes no lograban esconder que eran seis cunchos electorales prolongando la agonía pública; una minga de “cañeros” de noticiero por la que nadie apostó el precio de “un corrientazo”; un grupo presumiendo representar la “unión que nos pide el pueblo colombiano”, aunque parecía más una Unión Temporal para contratar con la Registraduría que una ofensiva política creíble, después de meses haciendo señales de náufrago sin que nadie les prestara atención.
El 3,7% de la Dávila en las encuestas es una catástrofe, tras un año de campaña engañándose con su espejito encantado de Gilinski y Uribe: las dos cartas que creyó le bastarían para ganar la presidencia: la desmedida ambición de una logrera. Hoy su soledad callejera da lástima. Me recuerda a “Juana La Loca” peregrinando por media España tras el ataúd de “Felipe el Hermoso”, en el cuadro que presidió la decanatura de mi facultad de derecho en la Universidad Nacional.
Los seis de la radio se dicen tecnócratas y outsiders, pese a pertenecer al aparato de César Gaviria, de Álvaro Uribe, de Vargas Lleras y del Conservatismo sin propietario. Pero son sinceros opositores al gobierno del Cambio, y en su respaldo a los “golpes blandos” de estado intentados por el congreso y las altas cortes contra el gobierno.
Su mayor error fue creer que hay votos neutrales en un país en el que la neutralidad política fue borrada por Uribe Vélez desde su gobierno. Porque la división extrema de nuestra sociedad es la herencia de su trabajo metódico: sobreponer la ideología religiosa a la política, y la agenda del capital y las ganancias sobre los derechos laborales y el bienestar social. Prolongar la desigualdad del pasado, en suma.
En lo sociológico, la gran obra de Álvaro Uribe Vélez consistió en hacer que grandes masas de la población transfirieran sus fidelidades religiosas a las de su persona, antes que a su partido. Lo logró posando de devoto de Ecce Homo, arrodillándose ante el monumento de los pastorcitos portugueses que vieron La Virgen en una cueva, y pidiendo la ayuda de Dios por nada y por todo con ojos fariseos. El taimado sabe que los creyentes militantes siguen al político que está cerca del escapulario, que al que les entregue tierra en propiedad para trabajar; que prefieren al que respeta las necesidades del alma, que al que atienda las necesidades terrenales de vivienda, salud, educación o trabajo digno.
Por ello creo que en Colombia hacemos ideología, no política; y que asistimos a las urnas a consagrar beatos que sostengan las creencias religiosas, en lugar de elegir gente que trabaje por el bienestar colectivo. La política aparece cuando entran en juego los intereses de los grandes capitales.
Y como era previsible, la alianza de Vicky & Cía fue flor de un día, pues al tercero del anunció de su conformación, Paloma Valencia aceptó gozosa la invitación y de un brinco se metió en la foto. La recién escogida por el Centro Democrático que contaba con la cifra miserable del 1,1% en las encuestas, llegó a hacerse con el pobre botín electoral de la “coalición de los neutrales”. La comadreja no tiene la culpa si la invitan a entrar al corral.
Con esa jugada, el uribismo transformó la Gran Consulta por Colombia en la plataforma de despegue de una candidata invisible en las cuentas preelectorales; y que ahora tendrá los votos del CD para ganar esa consulta el 8 de marzo, mientras los demás carecen de respaldos partidarios. Una perspectiva que de nada sirve al objetivo existencial del CD, que frente a su propia debilidad no se plantea ganar en la primera vuelta, sino impedir que lo haga el candidato del Pacto Histórico. Por eso Uribe advirtió a comienzos de enero: “El país no puede correr el riesgo de que Cepeda gane en primera vuelta”.
Esa eventualidad lo aterra. Y admite bajo veladuras que Paloma no tiene con qué superar a Cepeda – o quien gane la papeleta por el Frente Amplio –, a Abelardo de la Espriella, y quizás tampoco a Fajardo. Lo que habla también de sus errores. Ganó con Santos para su primer gobierno, pero luego fracasó con Zuluaga al oponerse a la reelección del “traidor” –; acertó con Duque sobre Petro en 2018, pero se descarriló con Fico en primera vuelta en 2022, y en segunda tuvo que votar por Rodolfo para detener a Petro, sin conseguirlo.
Son yerros forzados por el crecimiento paulatino del progresismo, y tres años y medio de ejecutorias populares de Petro. El rumor callejero se siente, y Uribe presiente que la candidata oficial del CD no pasará a la segunda vuelta, y clama para parar al PH entre todos, porque solo no le alcanza. No supo apreciar la anemia de su partido ni su propio descrédito – incluso entre sus aliados –, y para corregir la plana, manda a Paloma a robarse el nido de los “neutrales”, que ahora son el parapeto del ave desgreñada.
Y para completar sus males, la frágil candidatura de Paloma tampoco contribuye al triunfo de Abelardo o Fajardo, los dos pitchers que Uribe tiene en el bullpen. Abelardo es, por su procedencia y antecedentes, su candidato in pectore; pero con Fajardo garantizaría, al menos, sacar del poder al progresismo, evitando la ruina del liderazgo de Uribe sobre la derecha.
Las circunstancias limitan las opciones, y las presentes ofrecen pocas a la derecha colombiana. Abelardo de la Espriella metió a Álvaro Uribe en un laberinto cuando lanzó su candidatura sin que éste lo contuviera. Erró en su estrategia de jugar con varios alfiles en el tablero – Vicky, Fajardo, Abelardo y Paloma –, mientras el progresismo tiene un bloque en el Pacto Histórico, y espera crecer con la consulta de marzo.
Y el momento para desactivar el aparataje de guerra electoral que el “fantoche” cordobés montó, precluyó. Nadie parece poder controlar las ambiciones desatadas del abogado de narcos y lavadores de dinero, decidido a ir directo a la primera vuelta. Una veleidad que sería la ruina política del uribismo, que ha leído en el oráculo de los sondeos que Abelardo será derrotado por Cepeda en segunda vuelta.
Y aunque sus aliados en la derecha escuchan el clamor de Uribe desesperado, persisten en sus candidatos por separado. Ven la pata coja al perro, y creen llegar primero al desfiladero de mayo.
Álvaro Hernández V
Foto tomada de: La FM

Deja un comentario