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El colapso moral de Occidente y la urgencia de un nuevo orden mundial

9 febrero, 2026 By Carlos Julio Díaz Lotero Leave a Comment

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Las instituciones y el sistema internacional que han dominado los últimos 500 años se desmoronan hoy como un castillo de naipes. Este colapso es multidimensional: afecta lo económico, lo financiero, lo educativo, lo científico-tecnológico y lo social, arrastrando consigo el trabajo productivo, la seguridad social, y el potencial creativo de la especie humana, mientras nos sitúa peligrosamente ad portas de un holocausto nuclear.

Ante este abismo, surge la urgencia de un nuevo paradigma de seguridad y desarrollo que garantice una paz estable y duradera. La clave reside en que las potencias occidentales abandonen la confrontación y cooperen con organizaciones multipolares como el BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái. Solo a través de esta colaboración global se podrán resolver fenómenos como la migración forzada y el narcotráfico, ofreciendo a la población del Sur Global oportunidades de vida y trabajo digno en sus lugares de origen. Esta es la única vía humana posible para cimentar una nueva arquitectura mundial que promueva el bienestar y respete los intereses de cada nación.

La Red Epstein y el colapso moral de la élite occidental

Sin embargo, el trasfondo de este ocaso es fundamentalmente ético: asistimos al derrumbe moral de las élites occidentales. Este colapso queda evidenciado de manera contundente tras la liberación, por parte del Departamento de Justicia de EE. UU., de más de tres millones de páginas, 180,000 imágenes y 2,000 videos que documenta una red de abuso sexual infantil que trasciende lo criminal[i]. Estos archivos sugieren que la estructura de Jeffrey Epstein operaba como una sofisticada red de espionaje y chantaje político, vinculada a servicios de inteligencia como el Mossad de Israel, el MI6 del Reino Unido y la CIA de los Estados Unidos.

La fractura entre la razón y la moralidad se manifiesta hoy en todas las dimensiones de la vida pública: desde la política y la ciencia hasta el arte y los negocios. Esta desconexión queda personificada en la extensa y ecléctica lista de figuras vinculadas a la órbita de Jeffrey Epstein, que incluye nombres de la talla de Elon Musk, Bill Gates, Donald Trump, Bill Clinton y miembros de la realeza británica y noruega. La red alcanzó a líderes históricos como Peter Mandelson del laborismo británico, a estrategas como Steve Bannon y Howard Lutnick secretario de Comercio de Trump, y a figuras del pensamiento económico como Larry Summers. Incluso el mundo espiritual y tecnológico se vio salpicado, con nombres que van desde Deepak Chopra hasta el cofundador de Google, Sergey Brin y poderosos gestores de fondos especulativos de Wall Street[ii].

En el ámbito científico, la influencia de Epstein fue igualmente profunda. Según el New York Times, su círculo incluyó a mentes brillantes como Stephen Hawking, Stephen Jay Gould y Oliver Sacks. Sin embargo, tras este mecenazgo se ocultaba una faceta perturbadora: el supremacismo racial y el impulso de investigaciones eugenésicas. Epstein, de origen judío, promovía la mejora de lo que consideraba una ‘raza superior’, una visión que converge con el transhumanismo y el deseo de ingenieros moleculares como George M. Church de identificar genes alterables para crear ‘humanos superiores’[iii].

Esta ideología, que se entrelaza con las corrientes liberales contemporáneas como el wokismo, revela que la red de Epstein no era solo un esquema de abuso sexual, sino un nodo de poder donde la élite política —desde Ehud Barak y Benjamín Netanyahu en Israel, hasta Andrés Pastrana en Colombia— y la élite científica —como el premio Nobel Frank Wilczek o el pionero de la IA, Marvin Minsky— coincidían en un proyecto de dominación sin ningún contenido moral.

Un análisis de los documentos públicos relacionados con el caso Epstein revela denuncias que trascienden el delito de abuso sexual de menores. Los archivos judiciales contienen testimonios y referencias a presuntos actos de extrema violencia, incluyendo homicidios, prácticas asociadas al canibalismo y la celebración de rituales esotéricos[iv]. Estos hechos, en su dimensión cultural, pueden contextualizarse dentro de una tradición filosófica específica. La filosofía liberal moderna se nutrió de pensadores como Jeremy Bentham. Bentham, figura central del utilitarismo, promovió un hedonismo irracional como base de la ética, priorizando la maximización del placer sensorial como medida de la felicidad humana. Esta concepción se materializó en escritos polémicos, entre los que destacan dos panfletos: “Defensa de la Usura” y “Defensa de la Pederastia”.

Paralelamente, corrientes dentro del pensamiento liberal occidental, hostiles a la cosmovisión cristiana, encontraron en figuras como Aleister Crowley un exponente radical. Crowley, escritor ocultista promovió un individualismo extremo y practicó rituales mágicos que la cultura popular asocia con el satanismo. Junto a otros pensadores británicos de línea materialista y antiteísta, su trabajo representó un ataque frontal a la antropología cristiana, la cual sostiene la naturaleza espiritual y la dignidad sagrada del ser humano, otorgando así un fundamento trascendente a la vida y un propósito último a la existencia.

Este sustrato ideológico —forjado por la conjunción del utilitarismo (que equipara valor con utilidad) y el ocultismo (que desacraliza la existencia)— permite relativizar la dignidad humana inviolable. Este vacío axiológico es el preludio necesario de las atrocidades que han sido documentadas.

La Republica de Platón: un manifiesto para un nuevo orden

Para que la reconstrucción económica y social bajo un nuevo paradigma triunfe, resulta imperioso cimentarla sobre un renacimiento cultural urgente en Occidente. La hegemonía de la doctrina neoliberal ha erosionado y, en muchos casos, llevado al olvido y al pisoteo sistemático de las mejores tradiciones que dieron grandeza a nuestras respectivas naciones.

Es preciso reivindicar el legado de los períodos clásicos de Europa, reavivar el espíritu fundacional de la Revolución Americana en los Estados Unidos, rescatar los ideales libertarios de la lucha emancipadora hispanoamericana y honrar la épica de la lucha anticolonial contra el imperio británico. No se trata de un mero ejercicio de nostalgia, sino de rescatar y presentar al mundo la tradición de lo mejor que ha producido la humanidad en cada nación y en cada civilización.

Solo desde la fortaleza de nuestras mejores tradiciones podremos promover un diálogo genuino y enriquecedor entre civilizaciones. Este diálogo, fundado en el mutuo reconocimiento de valores universales, junto con una transformación económica radical, constituye la base más sólida y duradera para una paz universal.

Un referente inevitable para abordar las crisis contemporáneas es La República de Platón, obra que explora la naturaleza de la justicia, la organización del Estado ideal y el propósito de la vida humana. Hoy, más que nunca, cobran vigencia sus preguntas fundamentales: ¿Qué es la justicia? ¿Cuál es el propósito del Estado? ¿Cuál es la relación entre el individuo y la sociedad?

En el debate clásico entre Sócrates y Trasímaco, este último definía la justicia simplemente como ‘lo que conviene al más fuerte’. Este concepto parece ser el que domina hoy en las élites globalistas y se refleja en posturas como las de Donald Trump, quien ha sugerido que los límites de sus acciones no residen en el derecho internacional, sino en su propia moral subjetiva[v]. Frente a este relativismo del poder, Sócrates sostiene que la justicia es la armonía de la sociedad, donde cada clase cumple su función en favor del bien común. Para Platón, la justicia no es una imposición externa o una ley fría, sino una cualidad interna del alma: una armonía que se alcanza cuando la razón gobierna los impulsos.

Bajo esta premisa, los gobernantes deberían ser reyes filósofos; líderes que no buscan el beneficio propio, sino el bienestar de todos los ciudadanos. La reconstrucción del orden internacional y de nuestras naciones exige retomar estos ideales para hallar propósitos comunes en medio de la diversidad.

Todo parte de una coherencia interna donde la razón y las emociones humanas estén alineadas y no en conflicto. Para lograrlo, la educación es la herramienta fundamental. Platón propone un sistema riguroso centrado en la formación de la virtud, donde la música, la poesía y las artes no son meros entretenimientos, sino pilares para cultivar la sensibilidad y la racionalidad, evitando que los ciudadanos sean esclavos de sus impulsos primarios.

Debemos acudir a los mejores hitos de nuestro pasado para comprender el presente y proyectar un futuro que, a su vez, dote de propósito y forma a nuestras acciones actuales.

______________________________

[i] https://www.youtube.com/watch?v=ErUvH_QD_Zc

[ii] https://www.bbc.com/mundo/articles/c3r1rnx3xgqo

[iii] https://www.swissinfo.ch/spa/epstein-se-hizo-pruebas-gen%C3%A9ticas-para-obtener-materia-con-la-que-regenerar-su-cuerpo/90899330

[iv] https://elregio.com/Noticia/976493b1-c3e3-4302-89ae-324785e14686

[v] https://www.elmundo.es/internacional/2026/01/09/696041fce9cf4a615e8b4592.html

Carlos Julio Diaz Lotero

Foto tomada de: BBC

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