Handle With Care
Fragmento del video minocanal
duracion: 1’10»
Yosman Botero 2026
A propósito de la exposición de Yosman Botero «Handle with Care» en Galería Contraste – Barcelona.
El azul que cambió de poder
(Handle with Care · Yosman Botero · Galería Contraste, Barcelona)
Hubo un tiempo en que el azul cobalto no era un recurso, sino un privilegio. En el Antiguo Egipto, este azul se utilizaba en amuletos, joyas y objetos vinculados a la protección y a lo sagrado. No era un color de uso común. Estaba reservado a contextos específicos, muchas veces asociados al poder espiritual y a las élites. En Babilonia y Persia, aparecía en elementos arquitectónicos y decorativos que formaban parte de la escenificación del poder. No todos podían acceder a él. No todos podían utilizarlo.
Más adelante, en la China imperial, el azul cobalto alcanzó una dimensión aún más definida como símbolo de prestigio. La porcelana decorada con este pigmento no era solo un objeto bello; era un objeto de valor, regulado, producido y distribuido dentro de un sistema que reflejaba jerarquía, refinamiento y dominio cultural.
Este azul no era únicamente estética. Era acceso restringido, conocimiento controlado y capacidad de transformar la materia. Era poder.
Con el tiempo, este color fue identificado, analizado y finalmente nombrado. El cobalto dejó de ser solo una experiencia visual para convertirse en un elemento químico. Pero su nombre ya contenía una advertencia llamada: Kobold, así era como lo llamaban los mineros alemanes: un espíritu subterráneo que engañaba, que prometía plata y devolvía un material tóxico. Desde su origen, el cobalto ha estado atravesado por una tensión constante entre valor y peligro.
Hoy, ese mismo elemento ha vuelto al centro del poder, pero de una forma radicalmente distinta. Ya no es visible. Ya no es símbolo. Está oculto en la estructura misma del sistema tecnológico que sostiene nuestra vida cotidiana. Se encuentra en las baterías de litio que hacen funcionar los teléfonos, los ordenadores, los vehículos eléctricos y los sistemas de almacenamiento de energía.
El cobalto no es imprescindible en términos absolutos, pero es clave dentro del modelo de vida de base tecnologica que hemos construido, entre tod@s de alguna manera. Sin él, el cobalto, muchas de las tecnologías que definen el presente perderían estabilidad, eficiencia o viabilidad. Y en ese sentido, el cobalto forma parte de una nueva arquitectura del poder.
Este desplazamiento tiene consecuencias. Más de la mitad del cobalto mundial se extrae en la República Democrática del Congo, a menudo en condiciones que implican contaminación de suelos y aguas, exposición a materiales tóxicos, trabajo precario y, en algunos casos, trabajo infantil. El cobalto que sostiene el sistema tecnológico global también concentra una parte significativa de sus costes humanos y ecológicos.
El poder, no es neutro.
Es en este contexto donde la exposición Handle with Care de Yosman Botero introduce una imagen que condensa esta transformación con una precisión inquietante. En el vídeo central de la exposición – del que un fragmento acompaña este escrito -, Handle With Care (monocanal, 1’10’’, 2026), una serie de teteras de cerámica decoradas con azul cobalto giran lentamente. Son delicadas, refinadas, reconocibles. Remiten a esa tradición histórica en la que el cobalto estaba vinculado al valor, al gusto y al control de la materia.
Pero estas teteras son, al mismo tiempo, tanques de guerra.
No se presentan en acción. No hay violencia explícita. Lo que hay es una coreografía. Un movimiento suave, casi hipnótico, que se despliega acompañado por un fragmento de la Sinfonía n.º 9 de Beethoven, en la grabación de 1923 dirigida por Bruno Seidler-Winkler. No es una elección neutra. Se trata de la Oda a la alegría, el himno de la Unión Europea, uno de los símbolos más reconocibles de la idea de unidad, progreso y armonía compartida.
Pero aquí no se escucha tal como la conocemos.
El fragmento ha sido invertido.
Y ese gesto – como señala el propio artista- funciona como un desplazamiento anacrónico. La música, cargada de historia, de promesa ilustrada, de ideal colectivo, es alterada en su estructura temporal. No desaparece ni se destruye. Pero deja de avanzar en la dirección esperada.
Y en ese leve desajuste se revela la contradicción.
Lo que históricamente ha funcionado como emblema de cohesión y acuerdo se convierte en una materia sonora desorientada, que ya no sostiene el relato de forma limpia. La armonía permanece, pero su sentido se vuelve inestable. Como si el progreso al que remite ya no pudiera leerse en línea recta.
La danza continúa. La belleza se mantiene. Pero la estructura ya no es la misma.
Aquello que históricamente representaba refinamiento y poder cultural adopta la forma de una máquina de control. Y lo hace sin romper su apariencia. Sin renunciar a su belleza. Sin abandonar su delicadeza.
La tensión no está en el contraste. Está en la coexistencia.
Las piezas en los muros de la galeria, que acompañan el vídeo trabajan en la misma dirección. Construidas a partir de capas de materiales, imágenes y superficies, interrumpen la continuidad visual y obligan a una lectura fragmentada. No hay una imagen única, sino múltiples estratos que conviven sin resolverse del todo. Como si lo que vemos fuera el resultado de un sistema donde distintas realidades – lo visible y lo oculto, lo bello y lo violento, lo simbólico y lo estructural- se superponen sin integrarse completamente.
En este contexto, el cobalto deja de ser únicamente un material para convertirse en un hilo conductor que atraviesa toda la propuesta. En el pasado, fue un signo visible de poder: restringido, codiciado, controlado por quienes podían acceder a él. Hoy, sigue formando parte del poder, pero desde otro lugar. Ya no se muestra. Opera desde dentro.
Y es aquí donde emerge con más claridad la idea de control.
Antes, el control se ejercía limitando el acceso: quién podía usar el azul, quién podía producirlo, quién podía exhibirlo. El poder se hacía visible en la posesión. Hoy, el control se desplaza hacia la dependencia. No se trata de quién puede verlo, sino de quién puede prescindir de él. El cobalto ya no distingue a unos pocos; sostiene a todos. Y en esa aparente democratización se instala una forma más compleja de control: invisible, estructural, profundamente integrada en nuestra forma de vida.
Ya no es necesario imponer el poder cuando este se vuelve indispensable.
Quizá por eso el título Handle with Care adquiere todo su sentido. No se trata solo de la fragilidad de los objetos. Se trata de la fragilidad del sistema que los produce, los necesita y los normaliza.
El azul sigue siendo el mismo.
Pero el poder que articula, es diferente, pero sigue siendo poder, sigue siendo control.
Sandra Campos

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