En Cordoba y su capital Montería, viven 2 millones de personas repartidos por sus 30 municipios y caseríos; lo hacen en condiciones espantosas de pobreza y de una aberrante concentración de la riqueza ganadera y de la tierra. La casta política de ese departamento es una de las más corruptas de todo el país, vinculada a las poderosas roscas de Bogotá, Medellin y Barranquilla; ahí tiene su hacienda el señor Uribe Vélez; el expresidente Santos está muy conectado con la maraña electorera de las casas electorales de allí; y los Char de Barranquilla proceden de esas tierras.
Ciertamente, el presidente Gustavo Petro, es oriundo de uno de sus municipios, Ciénaga de Oro, siendo la mejor y más auténtica expresión del movimiento popular y la resistencia social de la región; resistencia que ha tenido diversas manifestaciones en las últimas décadas con un papel destacado de los comunistas (del heroico partido Comunista Colombiano) y de las organizaciones maoístas, algunas de las cuales fueron cooptadas en su momento por el paramilitarismo hasta degradarse por la derecha como ha ocurrido en otros lugares del planeta.
Cordoba está viviendo desde la noche del 6 de febrero del 2026 una gigantesca tragedia invernal que afecta a casi 80 mil familias (350 mil personas) que lo han perdido todo (cultivos, viviendas y microempresas) por las inundaciones ocasionadas por las torrenciales lluvias propiciadas por un Frente frio que llega del ártico, que son corrientes frías de aire que desplazan el aire cálido, provocando lluvias, vientos fuertes o tormentas, lo que ha alterado radicalmente el cauce y el caudal hídrico de los ríos Sinú, San Jorge y Canalete, verdaderos ecosistemas del “hombre anfibio” del que nos habló tanto el inolvidable Orlando Fals Borda en su memorable producción sociológica sobre la resistencia en el rio San Jorge, en la historia doble de la Costa Caribe (ver https://sentipensante.red/letras/historia-doble-de-la-costa-tomo-1/ ) para resaltar la grandeza de la civilización precolombina Zenú reconocida por su avanzada ingeniería hidráulica ancestral (de canales y ciénagas), la orfebrería y la tejeduría de caña flecha, que bien se puede recuperar en el Museo del Banco de la República en Cartagena. Hoy los Zenú son como 310 mil personas, representando el 20% de la población indígena nacional con un creciente protagonismo político por sus luchas contra los terratenientes y ganaderos.
Esa población indígena y campesina es tal vez la más afectada por la tragedia climática en desarrollo que se ensaño entre la población ribereña del Sinú, San Jorge y Canalete, también alterado en su régimen hídrico por la presión de la apertura de las compuertas de la represa de Urra, cuya infraestructura administrativa esta penetrada o secuestrada por los poderosos clanes latifundistas y ganaderos de Cordoba, lo que hizo que el presidente Petro le pidiera la renuncia inmediata a su gerente, punta de lanza de los más oscuros manejos de la mafia eléctrica colombiana.
Desafortunadamente esta aterradora tragedia sorprendió el actual gobierno en condiciones de una aguda debilidad institucional en la infraestructura organizada para asumir estos fenómenos asociados con el cambio climático; pues, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y el Fondo de Adaptación (creado en el 2011 a raíz del fenómeno de la Niña) han sido socavados en su capacidad preventiva y de intervención por recientes escándalos de corrupción (Olmedo López y compañía), burocratismo y tráfico de influencias que sus dos principales líderes (Carlos Carrillo y Angie Rodríguez) quieren corregir con gran empeño y compromiso con el presidente Gustavo Petro y la comunidad cordobesa.
Horacio Duque Giraldo.
Foto tomada de: larazón.co

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