La crisis es total. Su descomposición en el último medio siglo comenzó cuando terminaron los cinco gobiernos del Frente Nacional, que dejó como herencia insurgencias y un narcotráfico en expansión económica, política y criminal.
Los años 1980 fueron de víctimas, tortura, recuerdos tristes, y silencio para que no ocurrieran más asesinatos selectivos, masacres y genocidios. Violencia por razones políticas, económicas y una cultura de barbarie. La indiferencia se volvió una actitud y la emigración el camino para no morir. En esa década asesinaron a quienes hubieran sido líderes y presidentes en los años noventa y en la primera década del siglo XXI.
En los noventa la violencia se combinó con el neoliberalismo y la expansión paramilitar liderada por el presidente de la primera década del presente siglo.
Luego la paz con las FARC desaceleró el conflicto, pero no lo cerró porque incumplieron con el acuerdo.
La guerra interna está reestructurada y localizada en las periferias del nororiente de Colombia que se conecta con el norte de Antioquia y de ahí baja por la región Pacífico hasta el Putumayo. Sin embargo, los frutos de la ilegalidad se manejan, distribuyen e invierten en las ciudades. La economía crece por la ilegalidad y no tanto por la productividad, la innovación y la reindustrialización.
En la medida que la combinación entre mercado, ilegalidad, corrupción y violencia se afianzó, el sistema político, vía decenas de partidos y de movimientos que conforman la economía de los votos y de los contratos con privados para capturar recursos públicos, la estructura de los partidos tradicionales se acabó.
Con Petro a la cabeza, el progresismo triunfó en las elecciones de 2022. Hoy tiene a Iván Cepeda como figura política, humana, ética y víctima de la violencia, a la cabeza de las encuestas por la Presidencia de la República.
Mientras el progresismo armó una coalición que derivó en el Pacto Histórico, los partidos y movimientos de la oposición volaron en pedazos. Cerraron sus centros de estudio, y otros nunca los han tenido. ¿Para qué pensar si las elecciones se ganan con dinero, falsa promesas y amenazas?
La consulta del 8 de marzo el día para negociar un lugar en la primera vuelta
Molesta ver el tarjetón de la consulta con 16 candidatos de tres corrientes.
Claudia López escogió un comodín para simular una consulta.
El bloque de “La Gran Consulta”, lo forman nueve candidatos que solo alcanzan el nueve por ciento de las encuestas. Todos dicen lo mismo, y el libreto es igual que en 2002: seguridad anti-democrática, confianza inversionista para mitigar la desindustrialización que promovieron el liberalismo y el uribismo, y rechazo a cualquier reforma social. Ganará Paloma Valencia y hará lo que le ordene Uribe.
Cierra la consulta el “Frente por la vida” creado hace pocos días, porque Roy Barreras no renunció a la consulta cuando el CNE le hizo trampa a Iván Cepeda, y a la carrera consiguió unos desconocidos para montar una farsa de consulta. Dividió al progresismo teniendo en cuenta que, a la primera vuelta, por la ley electoral, tienen que ir cada uno por su lado. Cristo y Romero hicieron bien en renunciar a esa consulta, con ellos y con otras y otros que declinarán su aspiración antes de la primera vuelta, el Pacto hará un nuevo Frente Amplio.
Hacia la primera vuelta
El 8 de marzo habrá quedado atrás, los tres ganadores de la consulta se sumarán a 19 candidatos más. Sin embargo, esa lista quedará reducida a 6 o 7 nombres a finales de marzo o comienzos de abril, porque las candidaturas son fichas de transacción.
La ultraderecha, por un lado, y la derecha y la centro derecha por otro, pondrán sus candidatos para sobrevivir a su dispersión.
En el progresismo hay más coherencia, transparencia y unidad. Cepeda, acompañando a los aspirantes del Pacto Histórico al Senado y Cámara, continuará aumentando el entusiasmo y el fervor de la población. Seguramente el Pacto alcanzará una gran votación, de pronto 55 congresistas en Senado y 86 en Cámara. Si no lo logran, estarán cerca de esas metas, entonces, serán ganadores y se sumarán otros con ideas afines. Su triunfo en marzo será la victoria en mayo.
Un segundo gobierno progresista debe hacer profundas reformas al sistema judicial y al sistema político – incluida la desaparición del Consejo Nacional Electoral y del Consejo de Estado, dice Cepeda -, y debe continuar en ascenso con su moderada línea ideológica, porque son muchos los cambios que se deben realizar de manera contundente pero gradual.
Últimas ideas
La polarización existe, la necesidad de un diálogo nacional, también. La furia verbal, mediática y física está en la oposición que a veces hace coro con el centro, encogiendo el espacio para el debate y un acuerdo nacional. Son iguales cuando se trata de insultar o de atacar al progresismo, que se muestra firme, con carácter, confianza, inteligencia, coherencia en las propuestas, conciencia de corregir errores, convicción en su trabajo por los más pobres y la clase media, responsabilidad en el abordaje de otros temas estructurales que han sido marginales, contundencia en sus discursos, y conciencia de un nuevo rumbo a la economía, a la sociedad y al estado.
Como dice Slavo ZiZek, en El cielo en desorden: “lo grave es que los espacios para compartir un terreno común se reducen cada vez más, lo que refleja que el espacio público va menguando poco a poco…. Una situación tan arriesgada hace que nuestro momento sea eminentemente político”. Esto no lo entiende la oposición en Colombia.
Jaime Acosta Puertas
Foto tomada de: El País

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