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Bud Bunny perrea y Donald Trump berrea

16 febrero, 2026 By Juan Carlos Monedero Leave a Comment

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En un momento en el que en EEUU si tienes aspecto de latino te detienen, Bud Bunny le dijo al mundo, incluidos los del Ku Klus Klan: estamos orgullos de ser latinos, de lo que somos y de dónde venimos. Si Trump o Epstein hubieran entendido la canción Ella perrea sola y se la hubieran aplicado, pues igual el intermedio de la Superbowl habría sido otro.

La intervención de Bud Bunny en la Superbowl ha sido algo parecido a que en el festival de cine independiente de Sundance, famoso por su heterodoxia, o en la Fiesta del Partido Comunista Italiano se estrenase un remake de Pretty Woman haciendo aún más énfasis en la idea de que da igual que tengas que prostituirte: porque siempre vendrá un bróker de Wall Street y te rescatará de las calles. Sería un insulto. Pues en el escaparate del capitalismo mundial, el malvado conejito Bud Bunny le ha dicho a Donald Trump, a Marco Rubio y al ICE que…. cómo era esto que dicen los mexicanos?… ¡Ah, sí! Que chingue a su madre.

Sin embargo, no son pocas las voces, desde la derecha y desde la izquierda, que dicen que todo es una trampa para incautos y que no puede salir nada bueno del espectáculo más representativo de la estadounidensidad.

Desde posiciones críticas se sostiene que estos espectáculos de entretiempo son herramientas de la clase dominante para gestionar las crisis políticas mediante una falsa contrainsurgencia. “Disparan a personas negras en las calles y luego te ofrecen a Beyoncé para que lo olvides. Disparan a venezolanos en las calles de Caracas y luego te ofrecen a Bad Bunny para que lo olvides. Así es el imperio estadounidense. Así es como siempre ha funcionado”, dicen las redes sesudos analistas.

En los años 70, un chiste en una revista en España salía un hippy con aspecto de intelectual, su pelo largo y sus gafas redondas, al lado un grupo de gente con aspecto de ser pobres y rurales y el muchacho decía: “no sé si esta gente se merece que me lea El capital de Marx entero”.

A los intelectuales les gustan más las cosas de la mente que las del cuerpo, y en sus círculos, tener forma de seta o de champiñón puede ser incluso un plus de inteligencia al sugerir la pérdida de forma humana una mayor conexión con lo divino que, suponen, está en las ideas. Cosas de Platón y su mito de la caverna que decía que los sentidos son malos y que asumieron los padres de la iglesia diciendo que entre la ciudad de Dios y la ciudad terrenal, la única deseable es la del cielo, a la que, tristemente, solo accederemos cuando nos muramos. Hubo un tiempo en donde el Apocalipsis y el paraíso iban a tener lugar en la tierra, pero desde que Roma se hizo religión del Imperio con Constantino, los sueños revolucionarios se quedaron para después del cementerio. La persecución de los migrantes en EEUU está haciendo del país un decorado propio de un camposanto. Bud Bunny se ha reído de su tristeza y ha soliviantado a los que se creen más listos porque son más graves.

Como dice Runas Dos Lunas, Bud Bunny “NO VENDIÓ CANCIONES: VENDIÓ IDENTIDAD CRUDA, sudor caribeño, UNA LATINIDAD QUE SE NIEGA A DOMESTICARSE.” Una protesta que nace de lo que piensa la cabeza y expresa, a niveles de terremoto, el cuerpo.

El show de Benito ha generado controversia. No olvidemos a los que ignoraron el evento -no pensemos que el mundo se detuvo a ver cómo se entretienen los gringos-.

Los más gozosos han sido los defensores de Bub Buny que disfrutaron de la “fiesta desatada”, del color de las banderas, del barrio representado en sus cervezas y su comida, del perreo reivindicado, de los guiños críticos con el poder sumiso en Puerto Rico, su falta de independencia y la mala gestión de su gobierno, de las críticas a la Gestapo de Trump que es el ICE y de esa amalgama de ruido, sudor y alegría que son tan propias del barrio latinoamericano, aunque Calvino les hubiera llevado a la hoguera en la ciudad de Ginebra en el siglo XVI y algunos también en el siglo XXI.

Entre los amigos de la hoguera está Trump y los del MAGA que echaron las muelas viendo a los “monos” que desprecian metiéndose en el comedor de sus casas con esa sensualidad explícita que tanto molesta a los que tenían que irse a la isla de Epstein a tener sexo, a poder ser con niñas, eso sí, sin que nadie les viera y molestara su puritanismo de opereta.

Como dice esta soprano italiana, Dos Lunas, ese torrente de realidad, de imperfección que recorrió tiktok y todas las redes sociales “TOCA EL NERVIO DE LA DECENCIA PERFORMADA que el mainstream exige a nuestra latinidad, Shakira domesticada bailando salsa, NO TRAP QUE INCOMODA Y EMPODERA”. Y en español.

Le dijo a los gringos: América no son solo los EEUU. Y en las Américas, sobre todo hablamos español y también portugués. Déjenme decirles, desde mi parte, que un orgullo compartir la lengua con ustedes. Y sé que no compensa la conquista, pero precisamente Bud Bunny representa esa protesta de siglos a la que nadie ha podido silenciar. Que es lo que hace mágica a esa intervención.

Con cuánta frecuencia la izquierda se aleja del pueblo al que usa para elevarse por encima de ese mismo pueblo. Ahí están los que dicen que ni el perreo puede ser emancipador ni un dispositivo esencial de la industria cultural norteamericana puede ayudar a la liberación ni estas pequeñas libertades pueden hacernos creer que la libertad existe, porque son pequeñas concesiones para poder tenernos sometidos el resto del año. Vamos, que si nos gusta la película Novecento o cualquier otra en el cine es porque hemos sido mordidos por los zombies, si escuchamos a Mozart en el sello discográfico Deutsche Gramophon es que nos hemos vendido a los descendientes de los nazis y si nos compramos un iphon es porque hemos renunciado a nuestros ideales. Buena parte de esta crítica tendría sentido, desde mi humilde entender, desde un discurso ecologista comprometido, pero estaría por demostrarse que los intelectuales que critican a Bud Bunny son coherentes cumplidores con los mandamientos del decrecimiento.

Lo que está probado es que esta semana, cuando en un taller de reparación de carros -de coches decimos en España- o en una oficina o en un supermercado, un trabajador pone música de Bud Bunny, es probable que el dueño, votante de Trump, le haya dicho que quite esa música que tanto ha enfadado en la superbowl al presidente del pelo naranja. Digo esto porque el reguetón, que evidentemente no es canción protesta, también tiene su función política cuando alguien le echa narices y en el más gringo de los actos en el momento más caliente de la persecución contra los migrantes, les dice en su cara: somos latinos, somos seres humanos, somos América, el amor puede más que el odio y chinga a tu madre, cabrón (esto último en forma de más gasolina).

Ya había apuntado maneras Bad Bunny cuando al recibir hace poco el Grammy a Mejor Álbum de Música Urbana, dedico sus primeras palabras al ICE de Trump:

«Antes de decir gracias a Dios, voy a decir “Fuera ICE”. No somos salvajes, no somos animales, somos seres humanos “

Bud Bunny ha arriesgado más en la superbowl molestando a los del MAGA que todos esos intelectuales que han guardado silencio ante el genocidio en Gaza o que buscan excusas para mirar hacia otro lado en el prometido genocidio en Cuba.

A los que les gustaría que el pueblo fuera en el metro leyendo a Hegel o que todos los peronistas entendieran a Laclau, déjenme decirles que las revoluciones nunca las han empezado los intelectuales señalando los abusos del poder, sino el pueblo llano que entendió que alguien estaba yendo contra los usos de la época. Y esos usos claro que se construyen con libros sesudos y profundos y con películas iraníes subtituladas, pero también nace la conciencia con alguien que, sin citas cultas, te ayuda a llevar jornadas laborales extenuantes con la sensualidad de su música y que un día, cuando menos te lo esperas, te dice: es hora de que empecemos a decir basta y que nos organicemos políticamente. Gramsci lo llamaba ir contra el sentido común dominante. En su cara. Para pasmo de Donald Trump. Bud Bunny ha dado un salto: ha usado su “popularidad” para “influir” en el sentido común de la época. Casi nada.

Así que Bud Bunny le ha dado la vuelta al sentido común anti-latinos en el sitio emblemático de los anti- latinos; ha dicho que el sudor del baile y el sudor del trabajo pueden regar flores transformadoras; ha regalado millones de sonrisas a los que tienen todos los días tantas razones para no sonreír; te ha hecho bailar al tiempo que hacía a millones orgullosos de ser latinos; un show, un pueblo, una reivindicación.

Si todos los cantantes, los influencers, los futbolistas, los beis

bolistas, los tenistas, los escritores o los actores hicieran una cuarta parte de lo que ha hecho Bud Bunny, en EEUU no gobernaría Trump, el continente latinoamericano no estaría tan amenazado ni los latinos estarían tan amenazados como están en Minnesota, en Minneapolis, en Texas, California, Florida, Arizona, Georgia o Cuba.

Juan Carlos Monedero

Foto tomada de: DW

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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